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19 de abril de 2007

Memorias 2005: De cómo un hombre escribe de mi única certeza

Foto Andrés Barca

Hay, en el libro que devoré anoche, un elemento que me incomoda. El libro en cuestión es muy reciente, se trata de un volumen de cuentos que Letras Cubanas publicó dentro de la colección Pinos Nuevos este 2005: ¿Cómo le crecen los senos a las niñas?, del joven Demis Menéndez. El tema que me perturba, que me mantiene despierta para componer estas líneas, es el singular tratamiento de los personajes femeninos.

Debería ser sincera y decir que me da envidia, pero eso sería caer en el plano de lo personal. Para quedar claros: cada vez que lea “inquietante” o “incómodo” asuma usted que me come el demonio amarillo por no haber firmado este libro que ahora reseño.

Se trata de una serie de relatos conectados por las mujeres, por la visión femenina que signa los relatos. Por supuesto, este elemento unificador es ligeramente inesperado, en tanto el autor es un hombre, y se supone que la mirada genérica es algo de lo cual difícilmente puede desprenderse el escritor. Sin embargo, las diez narraciones tienen por protagonistas a las mujeres, y varias están narradas en primera persona por ellas mismas. No hay en la escritura de Demis –gráfica y ágil– sitio para esos lugares comunes que asocian al personaje femenino con una visión intimista y delicada, manera en que algunos suponen que todas las mujeres perciben el universo. Al contrario: los personajes de este joven comparten su edad (nació en 1980), sus ansias y carencias. Sus mujeres son, entonces, representantes de una generación apasionada, llegada a la adolescencia en un mundo de paradigmas tambaleantes, de ahí que se enfrenten al amor, el sexo o la política con pocas palabras y la intensidad de quien ha visto caer demasiados ideales como para confiar en lo que está lejos.

Tal vez sea por eso que los relatos de Demis remarcan su vigor con la elección de espacios cerrados o, cuando menos, claramente delimitados. Los apartamentos cerrados, y los parques son sus preferidos. Los primeros, como resúmenes de la personalidad de los personajes; los segundos, como espacio de encuentro y confesión. En las casas, apartamentos o habitaciones, cada elemento mencionado refleja la personalidad de sus habitantes, las descripciones adquieren así verdadera importancia en su apretada síntesis de referentes culturales y temporales que reflejan no solo a Demis, sino a una parte importante de su generación. Por otro lado los parques, diurnos o nocturnos, devienen sitios de entrega física y espiritual. Los encuentros románticos no son aquí el tópico recurrente de los filmes o novelas rosa, sino posibilidades hacia los más sorprendentes descubrimientos.

Hay en ¿Cómo le crecen los senos a las niñas? una apretada síntesis de los ideales y temores de la más reciente generación de cubanos. Jóvenes preocupados y ocupados por elementos más –¿o menos?– esenciales que “los mandados” y el desempeño productivo. Desgarrados por la emigración y los virus informáticos, alertas siempre ante la realidad, porque la certeza es para ellos una duda permanente.

Publicado por primera vez en el sitio de la Feria Internacional del Libro de Cuba (XIV edición, 12 de febrero de 2005 (http://www.cubaliteraria.cu/evento/filh/2005/)

1 comentario:

Demis dijo...

ahora desde la lejana cercanía de São Paulo, la ciudad que me abriga desde hace ya unos meses, sin olvidar a los amigos, aunque no hay otro modo de ir olvidándonos de nosotros mismos, y con ello, quien sabe cuantos recuerdos... a yasmín, otra vez...gracias...