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15 de septiembre de 2014

Qué significa el apoyo del oficialismo cubano al imperialismo ruso

Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

“La guerra, preparada por los gobiernos y los partidos burgueses de todos los países, se ha desencadenado”. Así comienza el texto de Vladimir Ilich Lenin dell año 1914, La guerra y la socialdemocracia rusa, del que voy a hacer uso y abuso en la presente diatriba.

Le veo una importancia estratégica a desentrañar bien las interioridades de las políticas que se mueven por sobre nuestras cabezas, semejantes a los cometas que andan engullendo mundos. En estos estudios, se torna invaluable la experiencia de los que –como Lenin– vivieron situaciones parecidas a las nuestras de hoy, y las desmenuzaron con sus implacables análisis, ejemplarmente marxistas y con el más fuerte sentido de clase proletaria como antorcha y brújula.

La situación de 1914, cuando se inicia aquella primera conflagración mundial, se parece bastante a la de hoy. Los países capitalistas, divididos en bloques, compiten desde mucho antes por el dominio geopolítico. El zarismo imperialista ruso, en uno de esos polos, enfrentó en su momento a un bloque de naciones europeas altamente desarrolladas.

El partido de los comunistas rusos se conocía como socialdemocracia. ¿Qué postura considera Lenin como la única digna para los socialdemócratas, en los momentos que el gobierno de su propio país invoca la defensa de “la madrecita Rusia”, e intenta monopolizar el patriotismo y la fidelidad de los ciudadanos súbditos?

Ante todo, declaró, le incumbe “el deber de poner al descubierto el verdadero significado de la guerra y denunciar implacablemente la mentira, los sofismas y las frases `patrióticas´ propagadas por las clases dominantes, terratenientes y burguesía en defensa de la guerra.

Bien fuerte ¿verdad? sobre todo porque Lenin mismo era ciudadano de aquel país. Se podía ganar los epítetos de traidor, y hasta un consejo de guerra. Ah, pero ya los sectores más avanzados de la clase obrera revolucionaria mundial habían asumido el descubrimiento, el hecho científico, de que la burguesía explotadora es internacional –hoy diríamos globalizada– y, en todas las naciones, comparte la misma naturaleza y el mismo objetivo de la explotación de los trabajadores. Igualmente, comprendían que la situación de sumisión de la clase obrera; su aparente y único destino de renunciar en el altar de los amos a su sudor, vidas y esperanzas, es una desgracia que atraviesa fronteras, climas y latitudes; de una manera únicamente comparable con la grandeza común de su capacidad creadora y solidaria.

Como se puede imginar, a Lenin no le costó trabajo desmontar la demagogia y la hipocresía de las oligarquías de los dos bandos opuestos en la guerra. Los cabecillas de uno y otro lado derrochaban discursos “civilizadores”, y de valores patrios, de libertad y cultura contra el despotismo y el militarismo del contrario. Sin embargo, los fines de todos esos cabecillas no podían ser más mezquinos y egoístas, dispuestos a dar cualquier cantidad de la sangre de los pueblos con tal de beneficiarse del saqueo y la conquista.

Frente a la ferocidad con que la censura y la propaganda se empleaban para dividir a los trabajadores de esos países y lanzarlos unos contra otros, Lenin resaltó el imperioso deber del proletariado consciente de salvaguardar su cohesión de clase y su internacionalismo. Se tornaba imperativo que las convicciones socialistas encararan el desenfreno chovinista de la camarilla “patriótica” burguesa de todos los países. De lo contrario, ya podían renunciar a toda aspiración emancipadora, democrática y socialista.

La principal derrota para la clase trabajadora, en aquella época, la constituyó la actitud, que Lenin tachó de oportunista y traidora, de los partidos de la Internacional Socialista que renunciaron a la consciencia de clase para ponerse a los pies de los gobiernos burgueses locales y apoyar a su bando en la guerra imperialista. Lo mismo de un lado que del otro. A Lenin no le tembló la pluma para escribir que lo que más le convendría, al proletariado ruso, sería una completa derrota de las fuerzas militares de la oligarquía de su país, del ejército del Zar; puesto que esto facilitaría la tarea de una insurrección revolucionaria y la instauración del socialismo.

Sería bueno que esos periodistas oficialistas nuestros, que se las dan de socialistas, leyeran un poquito a los clásicos. A la luz de una conciencia de clase trabajadora, no hay huecos para justificar la alineación con ninguno de los bandos imperialistas en las pugnas por el dominio mundial, ni entonces ni ahora.

Un pequeño porcentaje de los ciudadanos rusos se ha vuelto rico o muy rico, multimillonario. Poseen cuentas bancarias e inversiones por todo el Occidente, donde pasan sus vacaciones y hasta residen, en mansiones y palacios, con excelente acogida entre las élites locales. Así se demuestra, una vez más, que los capitalistas no tienen una patria más real que el espacio trasnacional del dinero y la ganancia.

La oligarquía rusa contemporánea, en su enfrentamiento con la OTAN, no persigue un fin diferente al que perseguían los nobles boyardos, terratenientes, acaudalados aliados del zarismo de antaño. Las escaramuzas diplomáticas, comerciales y hasta militares que emprende en su oposición a Occidente, no persiguen mejorar las condiciones de vida del pueblo trabajador, ni sus libertades y derechos, sino asegurarse la satisfacción de sus infinitas ambiciones mediante la continuidad del dominio de los recursos en aquella parte del mundo. Y si es posible, ampliarlos. Esa, y no otra, es la motivación de su actual invasión al territorio de la vecina república de Ucrania. Esto también se cumple con absoluta simetría, por supuesto, dentro del otro bando.

El verdadero valor que la oligarquía rusa concede a los derechos y las libertades de los pueblos, se puede apreciar en lugares como la república de Chechenia, que aspiró a ser independiente. Los bombardeos, desplazamientos forzosos, las masacres de todo tipo cometidas allí no tienen nada que envidiarle a la actuación de los estadounidenses en Vietnam. Ah, con la diferencia de que en Chechenia el ocupante sí logó imponer su fuerza.

A esta élite rusa no le importará enviar a la guerra, una vez más, a los trajinados de uniforme, a la carne de cañón en la que nunca figurarán los hijos de los grandes burgueses. Como mismo no le importará a los pejes gordos de la OTAN. Unas y otras cúpulas calcularán, desde sus suntuosas y bien guarnecidas residencias, el balance de ganancias y pérdidas de los conflictos. Cuando este reporte más de las últimas que de las primeras, se reunirán en algún palacio en Davos u otro lugar afín, para hablar de su amor por la paz y de la necesidad de poner fin al derramamiento de sangre que provocaron con sus ambiciones.

Entrar en relaciones con uno u otro grupo de países es potestad soberana de cada nación, por supuesto, y se debe atender a los intereses propios en instancia no secundaria. Bien es cierto que el gobierno ruso nos condonó una huelga de una tonga de pesos, que no la brinca ni el abuelo de todos los chivos. Pero valdría la pena recordar que las riquezas que consumimos, para acumular esa deuda, la creó la clase trabajadora soviética; no los políticos de cuello y corbata que hoy dicen representar la nación mientras la expolian todo lo que pueden.

En esa vena, no debemos olvidar que los dirigentes rusos ya nos han utilizado como peón de cambio en la arena geopolítica, por lo menos tres veces: para resolver la crisis de octubre; cuando renunciaron a defender algún tipo de política internacionalista al desmoronarse la Unión Soviética y cuando recogieron los bártulos de la base de Lourdes. ¿Quién puede dudar que nos vayan a dar la espalda nuevamente cuando les convenga más a ellos, y nosotros quedemos en la peor situación? ¿Qué tipo de lealtad les debemos? Nuestra hermandad, nuestra fraternidad como socialistas, debe ser con la clase trabajadora rusa, china, latinoamericana; con las personas trabajadoras en el seno de cualquier nación de Asia, África, Norteamérica y Europa –y también de las naciones que componen la OTAN. En esa clase trabajadora encontrará nuestro pueblo la verdadera y legítima solidaridad. 

Que nuestro gobierno y sus heraldos apoyen incondicionalmente la actuación del régimen de Putin, deja muy mal paradas a sus pretensiones de defender algún tipo de ideales socialistas. Tal actitud constituye un oportunismo y una traición imperdonable a la clase obrera, la que sufre de la explotación de esa oligarquía chovinista y militarista; la que pondrá los muertos de la guerra sin recibir ningún beneficio excepto el recrudecimiento de la explotación y los recortes de sus derechos civiles y personales con el pretexto de las situaciones de emergencia creadas. No lo dirá solamente este impertinente, sino otro nacido en 1870; en un poblado llamado entonces Simbirsk y después Ulyanovsk, si es que la burguesía de su país no lo ha rebautizado nuevamente, por razones de mala conciencia.

6 de septiembre de 2014

¿Quién metió a la Iglesia en mi televisor?

Varias personas me habían comentado, en las últimas semanas, haber visto una película de tema bíblico, en un espacio de la televisión de los domingos. Justamente, el pasado domingo encendí mi televisor a tiempo de ver las escenas finales del largometraje, con Russel Crowe, que representa el mito del Arca de Noé.

 

Muchas personas se quejan de lo que pueden ver los menores de la familia en ciertos programas que reflejan realidades que no son de su agrado. Hagamos el ejercicio, para ver cómo se puede aplicar a esta película sobre el Diluvio. La divinidad del Viejo Testamento se enfada porque las criaturas (que Él mismo hizo) se han comportado muy mal. Vamos a obviar la contradicción o inconsecuencia de que el Omnisapiente lo debía haber previsto, desde que zumbó a Adán y a Eva fuera del Edén. Entonces aplica un remedio ¿santo? Un verdadero planeticidio, con aquella inundación que no contempla niños, mujeres o ancianos. La película hace despliegue de un alto nivel de truculencia y efectos especiales, que trasmiten de lo más bien el mensaje traumático de que con Jehová el Exterminador no se juega.

 

Vamos a recapitular cuidadosamente este asunto. No pretendo con este escrito, en lo más mínimo, hacer una diatriba anticristiana ni nada de eso. Pero sí tengo mis razones para molestarme con los criterios de selección de esta programación.

 

El sistema que hoy en día determina que se abra un espacio regular para el cine bíblico, es el mismo que ayer censuraba escenas o películas, porque incluían un contenido religioso y le aplicaba una tijera de manera absolutamente inmerecida. Aquello era igualmente absurdo, porque trataban de mutilar espacios legítimos de la realidad, solo que el totalitarismo tenía la veta del ateísmo mal comprendido. En el día de mañana, pueden llegar a esa oficina del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) unas personas con una filiación de fe distinta, e imponernos su creencia particular en la programación.

 

La televisión cubana es oficial, es estatal, es pública, y es monopolio y responsabilidad del Estado. De un Estado laico, si vamos a creer todavía a la Constitución. Los artículos 8 y 55 establecen la separación de Iglesia y Estado; la igualdad de consideración para todas las creencias y religiones, y la libertad que tiene la ciudadanía cubana de profesar cualquiera de ellas, o ninguna.

 

Con este fundamento, se puede cuestionar que el ICRT decida trasmitir, en un espacio regular, materiales parcializados con una doctrina específica. Esto constituye una violación de la libertad religiosa de las personas que no profesan esa fe en particular. Por cierto, que viola también la libertad de las personas que sí la profesan, aunque sea menos evidente, porque obra en detrimento del carácter neutro que debe conservar el espacio público, colectivo, plural.

 

Cuantas veces sea necesario, repetiré que no me motiva ningún sentimiento anticristiano o de censura. Defiendo que, quien lo desee, debe tener toda la libertad de consumir, producir y divulgar los materiales religiosos que estime convenientes, como individuo o como congregación de esa fe. Debido al origen de nuestra población y cultura, además, con frecuencia será difícil soslayar reales obras de arte que se despliegan a partir de un trasfondo compuesto de estos temas. Por poner ejemplos simples y contundentes, los cuadros de los santos en los museos, la poesía de San Juan de la Cruz, los cantos gregorianos, un dulce Ave María… Estos constituyen patrimonios de la cultura que atesoramos, y esperamos trasmitir a las nuevas generaciones el fervor que nos despiertan a muchos.

 

Tampoco hay que cerrar la puerta a la posibilidad de que, en el futuro, una parte de los largometrajes religiosos u otras obras contemporáneas, se incorporen a esta relación por sus propios valores. Ahora bien, no hay que apresurarse a imponer en este espacio, obras explícitamente doctrinarias y a las cuales el tiempo no ha dotado aún de una respetable perdurabilidad en cuanto a la capacidad de movilizar los sentimientos humanos.

 

Vuélvase a notar la responsabilidad de un Estado Laico que debe tratar equitativamente todas las creencias. Nadie podrá negar la existencia de obras semejantes, pero relacionadas con las creencias del sincretismo cubano, las musulmanas, las de la Nueva Era, entre otras igualmente respetables que existen en nuestro patio. ¿O vamos a decir que, como algunas tienen mayor cantidad de practicantes, tienen más derechos que las otras?

 

Esta tendencia de los domingos se une ahora a las ocasiones en que han decidido trasmitir misas católicas por los días de Navidad, igualmente por la televisión del Estado. Por este camino se naturaliza la discriminación de otras creencias y de las personas sencillamente ateas. No olvidemos que una doctrina religiosa particular puede ser portadora de un paquete de conceptos morales y éticos que no concuerda en su totalidad con los paquetes de otras doctrinas o el de la persona que no tiene ninguna. Y que esos conceptos son exaltados, con no poca frecuencia en detrimento de los espacios y potestades de los demás. Por ejemplo, ya existen en nuestro país dos días feriados en honor de una religión específica, y ninguno dedicado a otros cultos igualmente populares. Es un deber ciudadano prevenir y oponerse a esta otra violación de nuestras libertades y derechos.

 

En resumen, que aplaudo a cualquier congregación religiosa que desee ejercer, sinceramente, su culto y su proselitismo por sus propios medios. Incluso, se pudiera contemplar que sostengan, con sus propios medios, sus propios espacios en los medios de divulgación modernos. Si en estos medios se aporta la debida información sobre el objetivo y la fuente de sus programas, permiten la elección informada al consumidor. Pero de la televisión del Estado, me sacan a la Iglesia.

4 de septiembre de 2014

Proxima edición de Festival de Música de Cámara Leo Brouwer podría ser la última


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Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

En uno de los tantos sitios donde se discute el reciente escándalo de los estudios Abdala, el comentarista Silvio plasma una noticia inquietante. El contexto sugiere que este comentarista es el mismo Silvio Rodriguez, y expresa que la próxima edición del Festival de Música de Cámara Leo Brouwer sería la última en celebrarse.

Nadie duda que Juan Leovigildo Brouwer Mezquida, comprensiblemente más conocido como el maestro Leo Brouwer, es una de las glorias de la cultura de este país. Cumplió este 2014, 75 años de una fecunda carrera como guitarrista, compositor y director de orquesta. Paradójicamente, la divulgación de su obra no ha estado a la altura de la calidad y los honores conquistados. En el 2009, Isabelle Hernández, esposa de Leo Brouwer, se hallaba preocupada por la escasa divulgación de su música en Cuba. Decidió, entonces, promover un festival dedicado a su obra artística. Ante la favorable respuesta de músicos, participantes y públicos, el evento adquirió carácter seriado. Incluso, han surgido festivales análogos en Japón, México y Brasil.

La edición de este 2014 estará dedicada, por supuesto, al 75 aniversario del maestro Leo Brouwer. También se honrarán fechas como el 450 aniversario de William Shakespeare; el centenario de Julio Cortázar, Octavio Paz y Nicanor Parra; los 45 años de Juan Formell y los Van Van; los 45 años del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, el 130 aniversario del teatro Martí y otros hitos de la cultura nacional y mundial. En el programa, se combinarán manifestaciones artísticas tradicionales con otras contemporáneas, como conciertos, conferencias, ciclos de cine, teatro, exposiciones plásticas, flash mobs y video arte. En el programa se anuncia, además, que por primera vez en Cuba se realizarán noches blancas del flamenco, jazz, trova, rumba y son, “que hacen del evento un maridaje perfecto de músicas inteligentes”.

La ciudad de La Habana acogerá este evento entre el 26 de septiembre y el 12 de octubre, especialmente en las salas de los teatros Karl Marx, Mella, Martí, cine teatro Miramar, la Basñilica Menor de San Francisco de Asís y la sala Ignacio Cervantes. El Festival pretende arroparse con un diseño de concepto alternativo, incluir tendencias y géneros poco frecuentes en las programaciones de otros festivales tradicionales de música de cámara. Algunos de los participantes serán Liana Fernández (pianista), Jordi Savall (Viola de gamba), Horacio Franco (flauta), Ricardo Gallén (guitarra) y, por supuesto, el homenajeado.

Pues dará tristeza y enojo, pero esta parece ser la última vez que tal celebración tendrá lugar. De acuerdo con el comentarista Silvio, “ellos mismos dieron la noticia”. Es posible que la prensa cubana oficial ofrezca cobertura al evento, pero dudosamente divulgue o profundice en las causas de su temido deceso. Los que hacen este festival, abunda Silvio, no reciben todo el apoyo que necesitan.

Es conocido que el proceso de reformas que realiza el gobierno cubano incluye recortes y racionalizaciones económicas en todos los campos. Manifestaciones culturales y artísticas como la música de cámara son poco proclives a ofrecer beneficios económicos, más bien necesitan de subsidios y recursos materiales. No es de extrañar, aunque sí de lamentar, que los tecnócratas en el gobierno descarten otra pieza de nuestro patrimonio, como el Festival de Música de Cámara Leo Brouwer, como una “baja colateral” en su proceso de “eliminación de gratuidades y subsidios indebidos”. Silvio realiza un llamado universal a dejar atrás las causas que pueden separar a las personas y a unirse para luchar por la cultura.

26 de agosto de 2014

Silvio Rodríguez denuncia abandono de estudios de grabación Abdala

Los medios digitales cubanos amanecieron este lunes con una denuncia sorprendente para muchas personas. Se trata de un material del famoso trovador cubano Silvio Rodríguez, relacionado con la situación de los estudios musicales Abdala. Las instalaciones de Abdala se encuentran en peligro de cierre, alerta el músico, debido a una venenosa enredadera de trabas burocráticas.

 

Las buenas relaciones de Silvio Rodríguez con el entonces presidente Fidel Castro, le permitieron impulsar decisivamente la fundación de esta institución. Incluso aportó un capital sustancial de su propio bolsillo. Por esta razón gozaba de cierta independencia de las autoridades del gobierno, fundamentalmente del Ministerio de Cultura (Mincult). Al parecer, como parte de la campaña de fortalecimiento de la institucionalidad que realiza el nuevo presidente, alguien tomó la decisión que los estudios Abdala se sujetaran a la égida del Mincult.

 

Este proceso comenzó hace unos ocho meses, explica el trovador en su bitácora Segunda Cita. Por exigencias de procedimiento, Abdala perdió partes fundamentales de su autonomía, entre ellas, poder pagar sus cuentas. Sin embargo, ninguna autoridad dentro del Mincult asume esas responsabilidades entretanto. Abdala, que es capaz de producir suficientes ganancias, no puede abonar desde entonces su cuenta de la electricidad, y la empresa eléctrica le ha retirado el servicio.

 

Rodríguez señala que el buen funcionamiento del centro contrastaba con la incompetencia de muchos burócratas del gobierno, los que además se resentían de la autonomía de los estudios. Las malas artes de estos funcionarios contribuyen con seguridad al empantanamiento actual de Abdala, acusa. El músico se queja de haber realizado innumerables gestiones para intentar hallar soluciones y ha sido rechazado. Silvio Rodríguez compara el daño que esta situación crea, con el de los planes contrarrevolucionarios de la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA).

 

El blog Segunda Cita no es fácilmente accesible a los cubanos, por las consabidas limitaciones de Internet. La reproducción de esta denuncia en sitios nacionales .cu, como Cubasí, le da mayor alcance. Un detalle oscuro es que un grupo de comentaristas ha replicado con ataques al artista, no relacionados con el cierre de Abdala o tergiversando las razones del mismo claramente expuestas.

 

Uno puede tener cualquier opinión, buena o mala, sobre la figura de Silvio Rodríguez. Incluso, hay personas que reconocen repudiar facetas de él como persona pública y, sin embargo,  admirar su extraordinaria obra artística. Sin embargo, este asunto afecta a muchas más personas. Los estudios Abdala han contribuido al desarrollo de muchos talentos musicales del país, con grabaciones, discos, apoyo, etcétera.

 

Incluso los que no sientan simpatía ninguna por el autor de Unicornio¸ Ojalá, Solo el amor y decenas de otros extraordinarios éxitos, pueden reconocer el doloroso golpe que este problema le asesta a la cultura nacional. Los que se ceban a manera de buitres en el cuerpo de Abdala son miembros de una burro-cracia que no aportarán, en toda su vida, un ápice al bienestar espiritual del pueblo. En cambio, sí medrarán con el daño que inflijan, mientras la estructura autoritaria del gobierno y el poder en Cuba permitan ese tipo de política.

 

PD. Dicen las buenas lenguas que ya lo llamaron quienes podían, y la cosa va en vía de solucionarse satisfactoriamente.

24 de agosto de 2014

¿Al capital, los derechos que nunca disfrutó el trabajo?

Las inversiones de capital de ciudadanos cubanos, en la economía local, serían la gota que colme el vaso de la transformación del confuso sistema cubano actual, hacia el capitalismo común y corriente.

 

Está en el blog de Silvio Rodríguez, que ya se le pasó lo de necio y decidió no morirse como vivió. Está en las columnas de Guillermo Rodríguez Rivera, que tiene la desfachatez de invocar al Ché Guevara como apoyo. Esteban Morales también lo apoya, a pesar de que no puede sino incrementar las diferencias sociales que ha denunciado en sus artículos. Está en los artículos del reputado economista José Luis Rodríguez y, tal vez, en las líneas de una ley general de inversiones que cocina Marino Murillo a espaldas del pueblo cubano. Está, finalmente, en el camino del aparente sentido común pues, después de los hoteles, los celulares y la Internet, es el único “derecho” que faltamos por recibir quienes nacimos acá.

 

Por la opacidad del gobierno cubano, no se sabe de hecho si esta medida está entre las contempladas por el mismo en su programa eufemísticamente llamado “actualización”. Además, una postura en el presente, no significa tampoco demasiado, dada la mutabilidad de criterios de nuestros gobernantes. Los crecimientos soñados de la economía no acaban de producirse. Puede que las atracciones extendidas recientemente ante el capital extranjero no reporten el resultado anhelado. Para el día de mañana, se pueden esperar giros más extremos todavía de las reformas que incluyan la bienvenida a una “burguesía nacionalista”.

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Ya me parece escuchar las explicaciones sobre lo adecuado de la nueva “modernización”. Que permitirá el crecimiento de la economía. Que no hay que temer que unos pocos progresen porque siempre habrá migajitas que se filtren hacia los de abajo.

 

No se puede abordar con justicia este tema, sin aclarar primero un montón de sub – entendidos que no están ahí de casualidad. Se habla del “derecho” de los extranjeros a las inversiones, por ejemplo de los brasileños. ¿Vendrá algún día a invertir un miembro del Movimiento Sin Tierras? ¿Un habitante de las favelas de Sao Paulo? ¿O vienen, más bien, capitalistas como esos de Odebrecht que aquí se les llama “buenos”, y arrastran allá cargos penales, por uso de mano de obra semi esclava en el empobrecido territorio del nordeste?

 

¿Cómo podría hablarse de algún tipo de derecho que no puede ejercer más del 90% de la población? El argumento de que el igualitarismo es malo tampoco justifica esta separación definitiva en clases de nuestra ya desigual sociedad. El capitalismo de estado que hemos vivido todos estos años culminará su evolución hacia el capitalismo simple y puro, sobre las mismas bases que promueve Wall Street.

 

Se ponen los pelos de punta al considerar el trastorno en las relaciones sociales. Los aspirantes a oficializar su disimulado señorío se hacen la boca agua. La pérdida de derechos laborales que se contempla hoy entre los empleados de los pequeños empresarios del llamado “cuentapropismo” se extenderá inevitablemente por las empresas regulares. En un colectivo laboral donde hoy nos tratamos como “compañer@s”, habrá mañana un par de personas a las que habrá que rendir pleitesía de “señor”. No porque sean mejores trabajador@s, más esforzados o sacrificados, sino porque tenían más dinero. ¿Y quién le va a llevar la contraria al nuevo patrón, acaso el sindicato?

 

Considérese dejar que un puñado de privilegiados, con la capacidad de invertir, se haga con el control de cuanto valga a nuestro alrededor. Teóricamente, la propiedad sobre los medios de producción, en Cuba, es del pueblo. ¿Quién se arroga la potestad de venderla, o de ceder derechos sobre ella? Empresas que construyeron nuestros antecesores, o bien llevan decenios operadas por ellos. ¿Con qué moral va a venir ahora una persona a decir “esto es mío, voy a cambiar aquello y voy a despedir a quien me de la gana”? ¿Cómo evitar luego la concentración de la propiedad en manos particulares? Cierto que el monopolio en manos del Estado ya es lo suficientemente malo, pero esto no es justificación para pasar de Escila a Caribdis.

 

Esta podría ser la oportunidad que esperan burócratas y políticos para obrar como sus colegas en la extinta Unión Soviética. Se volvieron millonarios de la noche a la mañana, mediante la malversación de las propiedades anteriormente estatales. No olvidemos que en nuestro aparato político-administrativo-corporativo, desde el presidente para abajo, todos o casi todos tienen familiares en el extranjero. Muchos tendrán conexiones con cuentas bancarias, recursos, fuentes de capital. Y los casos de corrupción han explotado tristemente, en los más altos niveles del Estado y del Gobierno, en la dirección de las corporaciones industriales, comerciales y de servicios, etcétera. Imagínense uno de esos adictos a las mieles del poder, con las manos sueltas en un proceso de inversiones privadas.

 

Ciertamente, nuestro país necesita un incremento sustancial en la generación de riquezas, con productividad y eficiencia. Nuestras empresas, descapitalizadas y obsoletas, necesitan de fuertes impulsos para mejorarse. Sin embargo, hay una fuente inmensa de energías sin explotar, una verdadera opción revolucionaria y socialista, única que nos puede sacar del bache sin precipitarnos irremisiblemente en modelos neoliberales.

 

Los nuevos patrones acapararán poderes gestores y administrativos sobre los medios de producción, por el mero hecho de tener dinero y ponerlo sobre la mesa. La justificación será que mejorará el depauperado estado de aquellos medios, la salud de la economía en general y siempre sobrarán las famosas migajitas que se caigan hacia los infelices. Se argumentará que la gestión privada obtendrá resultados muy superiores al reguero estatal de hoy, y por eso merecería esas potestades. En todo su resplandor, Don Dinero sería la nueva fuente de Derecho y legitimidad en la posible futura “modernización” del modelo socialista del gobierno.

 

Este camino llevará a una profundización de las desigualdades sociales en nuestro suelo que se tornará ya completamente irreversible, además de injustas. ¿Acaso alguien cree, para volver sobre el tema del racismo, que las personas de todos los colores de piel tendrán igual oportunidad de sobresalir a la hora de realizar inversiones privadas? ¿Qué los flamantes empresarios privados no reproducirán y reforzarán estereotipos y discriminaciones contra mujeres, negros, mestizos, jóvenes, personas con sexualidades no heteronormativas, portadores del VIH, residentes de las provincias menos desarrolladas y un largo etcétera? Y no contamos ni siquiera, todavía, con una ley contra las discriminaciones que pudiera auxiliar a los de abajo.

 

La ignominia de una situación así sobrepasaría cualquier colmo, y revelaría lo bajo que han caído los ideales revolucionarios por acá. Las personas trabajadoras invirtieron aquí sus vidas, sus esperanzas, sus años mejores y peores, en empeños de producción y economía para una sociedad más justa. Claro está que, bajo el sistema totalitario y burocrático, las mejores inteligencias y esfuerzos no encontraban estímulos. La eficiencia y la productividad cayeron irremisiblemente, por más experimentos y consignas políticas que se concibieron. Las potestades autonómicas de la gestión productiva y administrativa, en manos de los colectivos de trabajadores, hubieran podido revertir este marasmo, pero fueron siempre negadas, por las políticas de centralización y monopolio estatal. ¿Ahora se ofrecerán estas prerrogativas, simplemente a cambio de una jugosa cantidad de divisas?

 

No debe ser nunca la posesión de dinero, sino el ingenio, el esfuerzo, el sudor de músculos y mentes en el trabajo creador, lo que garantice potestades de ese tipo. Todas las personas trabajadoras tienen a su alcance la inversión de estos valores humanos, sin falsos igualitarismos, con verdadera justicia, hacia un verdadero socialismo. Estos caudales inmateriales han de ser lo que efectivamente le granjee el respeto, la autonomía y la prosperidad a cualquier individuo y colectivo. En cualquier fábrica, taller, institución, la reproducción material y espiritual de este país, estará mucho mejor servida siempre por la autogestión y el control de quienes allí laboran y forjan la nación cotidianamente.  Bajo principios cooperativos y autonómicos, con libertad para superar cada obstáculo y proponerse metas superiores, a su manera y bajo su responsabilidad, no habrá límites para el desarrollo de las ansiadas fuerzas productivas. Estos mecanismos democráticos, horizontales y liberadores, son los únicos que señalan el camino para el incremento de la producción material y espiritual, para el crecimiento del bienestar bajo el socialismo.

 

17 de agosto de 2014

Unos niños muy ignorantes jugando con paquetes muy peligrosos

Primer escenario:

 

El portal Cubasí, específicamente, par de artículos del intelectual oficialista Jorge Ángel Hernández (JAH). JAH proclama abiertamente su desprecio por el pueblo, por el “vulgo”, al cual considera como poco más que un tumulto de chiquillos consentidos e ignorantes. Sus recientes escritos abordan el tema de una mercancía hija de estos tiempos, el llamado “Paquete” cuya popularidad, considera, es una prueba más de la inmadurez de ese pueblo. El Paquete, para los no enterados, consiste en un combo de películas, seriales, musicales y programas de participación y variados, casi todos estadounidenses, descargados de la Internet. Viene compuesto, adicionalmente, por una miríada de artículos de la prensa internacional. Este combo se reparte semanalmente, vía unidades de memoria USB u otro soporte informático, entre los interesados. Su costo es una cantidad drásticamente más barata que el precio de la Internet en las calles cubanas.

 

JAH considera que este Paquete es la última herramienta del imperialismo estadounidense para subvertir la política en Cuba. Que su arraigo en el público demuestra la necesidad de que éste sea educado y conducido más estrechamente por las personas “leídas y escribidas”(*) –como él, obviamente. Estos programas, afirma, vienen cargados del más perverso veneno ideológico, propagador de los vicios del consumismo de las sociedades capitalistas enajenadas. JAH se queja también del acto de piratería que esta actividad representa. Las reacciones contrarias de los lectores y comentaristas a sus opiniones le reafirman a JAH sus opiniones sobre lo perdido que está el ciudadano cubano y la urgencia de intervención por parte de una autoridad ilustrada.

 

A este JAH no hay por dónde cogerlo, en realidad. En su trabajo hay más contradicciones que espinas tiene una tenca. La televisión cubana reproduce alegremente la mayor parte de los programas del Paquete, y eso no le parece un acto de piratería. Asimismo, su trasmisión por las antenas del ICRT (**) parecen tener el efecto mágico de despojar esos mismos programas del veneno que contienen cuando circulan informalmente. Ah, y si uno es un potentado de los que pueden pagar los precios oficiales del Estado cubano por la Internet, entonces parece que se adquiere la necesaria inmunización y se puede ver todo eso sin problemas. El baldón último que nos restriega JAH es nuestra supuesta inmadurez por no percibir y acatar su superior entendimiento.

 

Segundo escenario:

Voy al mercado de las calles 5ta y 44, en Playa, por una necesidad doméstica. Es pleno verano, y agencias turísticas cubanas usan el espacio para promover sus opciones comerciales. La propaganda es la más trivial: vaya a nuestros hoteles, mire qué bien la va a pasar, cómo va a poder consumir.

 

Unos niños con el atuendo de la compañía teatral La Colmenita montan un numerito de baile y actuación en un rincón de la explanada. Unas bocinas amplifican el audio y la animación. El conductor, sin el menor pudor, combina el acompañamiento al grupo artístico con la propaganda de las compañías comerciales presentes. Estoy seguro que JAH no encontraría nada incorrecto en este espacio, que no le llamaría a esto “promoción del consumismo”, ni manipulación de menores de edad para magnificar las ganancias de compañías mercantilistas.

 

Tercer escenario:

 

El ex – ministro de economía cubano José Luis Rodríguez (JLR) se mantiene como una figura influyente y respetada en los círculos políticos locales. Ha producido para el órgano Cuba Contemporánea la serie de artículos “Cuba y la compleja transformación de la empresa estatal”, reproducida en Cubadebate.

 

Al final de la tercera parte de esta serie, se une a la corriente de los que defienden la profundización de las reformas de mercado y capitalistas para el país. Dice JLR que debe dársele cabida a empresas mixtas con el sector no estatal. Esto de “no estatal” es el eufemismo corriente del oficialismo para evitar el delicado término “privado”. También sostiene Rodríguez que debería abrírsele espacio a la participación social en los flujos de remesa del extranjero. Interpreto yo que esto es una manera de repetir que las personas con esos recursos deben poder invertir en las empresas, en la economía cubana, como un inversor “normal”, como un capitalista común y corriente.

 

Se une JLR a una amplia lista de opinadores, tanto dentro del oficialismo como en la oposición, y fuera y dentro del país. Estos consideran que para que el país progrese, deben profundizarse las reformas de mercado aplicadas hoy a medias. Que el avance de la economía, de la productividad y la eficiencia, se magnifica proporcionalmente a las prerrogativas de los empresarios y los capitalistas. Y que el grupo de los capitalistas locales debe recibir semejantes derechos a los que ya tienen los extranjeros. Porque eso redundará, al final, en un mayor bienestar y prosperidad para toda la población.

 

¿Dónde hemos oído antes esas promesas? Yo recuerdo: en los procesos neoliberales que redistribuyeron la riqueza del mundo  a la inversa de Robin Hood. Lo experimentado acá sigue las mismas líneas generales: un grupo limitado, con ventajas de capital, relaciones, etcétera, ha acaparado medios de producción, poder económico e influencias, gracias a las –aún limitadas– reformas de mercado conducidas por el gobierno de Raúl Castro. Su nivel de vida se eleva, correspondientemente, en dirección a la de las élites del primer mundo. En cambio, la masa mayor de la ciudadanía ve reducidas sus capacidades de prosperidad porque se le retiran subsidios; se les limitan facilidades e instalaciones educativas, deportivas y culturales; se les despide de sus centros de trabajo o se les reducen sus derechos laborales. Las desigualdades sociales se disparan, y la población negra lleva la peor parte, al profundizarse la discriminación en los sectores más remuneradores como el turismo.  Claro, que cuando la élite de poder económico, político y financiero es además dueña de los medios masivos de divulgación, pueden crear una imagen de “opinión común” de que todo lo anterior es el mejor de los mundos posibles. JAH continúa entretanto sus diatribas contra el Paquete, sin que todo lo anterior parezca molestarle.

 

En fin, que oficialistas y opositores están de acuerdo en desarrollar más el capitalismo en Cuba. Las contradicciones solamente existen en que unos se benefician mucho, desde hace tiempo; y otros no están contentos por no poder acceder más al pastel.

 

(*) “Leida y escribida”, cubanismo para denotar una persona muy culta y erudita

(**) Instituto Cubano de Radio y Televisión