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27 de febrero de 2008

Equidad de género, cuestión de hombres

Por Dalia Acosta
LA HABANA, feb (IPS) - Aunque podría parecer evidente, le necesidad de sumar a los hombres al empeño por alcanzar la igualdad de género en América Latina y el Caribe no resulta aún tan clara, pues no pocas personas creen que se trata de una cuestión concerniente sobre todo a los movimientos feministas.
La visión de las mujeres como las únicas víctimas del sistema patriarcal imperante en la región también ha dejado poco espacio a la consideración de las desigualdades que entrañan las construcciones sociales de lo masculino, cargadas de relaciones de dominación y subordinación.
"Mientras no involucremos a los hombres y sus masculinidades, vamos a estar cerrando círculos alrededor de las víctimas, que son las mujeres", dijo a IPS el cubano Julio César González Pagés, coordinador general de la Red Iberoamericana de Masculinidades.
Según su página en Internet, esa iniciativa regional realiza periódicamente "talleres con trabajadores sociales, estudiantes universitarios, policías, reclusos, grupos étnicos y raciales, dirigentes locales, entre otros, con la idea común de debatir sus principales problemáticas, y proponer alternativas de cambio para los hombres".
"Si abrimos el debate a los hombres vamos a ver que también somos víctimas de esta construcción, aunque seamos victimarios de las mujeres, y que hay inequidades entre los hombres, o sea, la violencia se reproduce, constantemente muta en muchos sentidos", señaló González.
Este profesor universitario inició sus estudios de género hace más de 20 años y es el pionero en Cuba en los estudios de masculinidades. Al poner en práctica sus conceptos fuera de la academia, ha encontrado resistencia de personas aferradas a los estereotipos, pero también una relación más armónica con su familia y sus amistades.
En sus clases en la Universidad de La Habana ha descubierto que lo más importante es la posibilidad de operar un cambio en lo personal y en lo colectivo, "si hay motivación para hacerlo". "Esa motivación viene dada por una reflexión, una convivencia grupal, algo visto en los medios, en algún lugar público", observó.
No obstante, advirtió, "tiene que haber un método, porque si no pasará como en lugares donde los talleres de la masculinidad han servido para reafirmar el machismo", y se ha producido una especie de "sofisticación de la inequidad", sustentada por herramientas metodológicas y teóricas.
González reconoce que, a pesar de la mayor visibilidad del discurso de género en medios de comunicación y espacios educativos, "los hombres siguen en posiciones muy parecidas". "No noto un cambio ni a nivel local, ni global", aseveró.
Según Isabel Moya, directora de la estatal Editorial de la Mujer, "hoy los roles de hombres y mujeres en la sociedad cubana en muchas ocasiones son híbridos, donde conviven formas nuevas con las viejas, pues, aunque se da una mayor participación de los hombres en las relaciones con la paternidad, sienten aún que ayudan en la casa".
"Cuba está en un proceso interesante, de reconstrucción, pero todavía los valores, los juicios de valor y los estereotipos tradicionales de lo femenino tienen un gran peso, porque 50 años (de sistema socialista) no son nada para cambiar 500 años de una cultura judeocristiana patriarcal", sostuvo Moya.
En cinco décadas de gobierno socialista, las autoridades cubanas han estimulado la plena inserción femenina en espacios antes considerados como exclusivamente masculinos, lo cual ha provocado un lento repliegue de los hombres y una progresiva pérdida de legitimidad social del machismo como norma.

Datos de la estatal Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba indican que las mujeres cubren 43,3 por ciento de los escaños de la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento) y cerca de 66 por ciento de la fuerza técnica y profesional. En cambio, son apenas 38,3 por ciento de los dirigentes y 27,3 por ciento de los concejales.
Tomás Rodríguez, profesor de la Universidad Tecnológica de Guayaquil, Ecuador, que está casado con una cubana, ha tratado de buscar en su matrimonio y en el seno de su familia "espacios de democracia plena, de equidad de responsabilidades, derechos y deberes".
Rodríguez, de 28 años, considera importante no abordar el tema en un clima de confrontación entre los sexos, a su juicio todavía prevaleciente. "No se trata de revertir poderes, sino de marcar tendencias de diálogo, de apertura, de respeto y, por supuesto, de equidad", sostuvo.
"No aspiramos a una sociedad en que las mujeres tengan el dominio, ni tampoco cambiar una sociedad machista por una que expulse al hombre o lo mande a la casa", señaló a IPS la periodista argentina Carina Ambrogi. "Queremos una situación de igualdad, donde la diferencia sea elegida y no impuesta", acotó.
Ximena Cabral, periodista y profesora en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, expresó que "al feminismo se le ha unido con lo radicalizado y no con una propuesta que hace hincapié en la política, la desigualdad, la impunidad y todas las cuestiones que trae vivir en estereotipos".
Su compatriota Gabriela Romero, de 33 años, ve como algo promisorio el estudio de las masculinidades, "pues creemos que es la forma de incorporar a los hombres", pero "no podemos obviar que como las mujeres estamos más sensibilizadas, seguramente llevamos la vanguardia en este tema", dijo a IPS.
"No se pretende la superioridad de lo femenino sobre lo masculino, sino que las personas, hombres y mujeres, encuentren un espacio para ser plenamente en la sociedad: con su orientación sexual, con su raza, con su discapacidad", remarcó Moya, reconocida defensora de los derechos femeninos desde la academia y la prensa de esta isla caribeña.
Tomado de Cuba a la Mano: http://cubaalamano.net/sitio/client/report.php?id=783

1 comentario:

Datura dijo...

Aun como hombres es largo el trecho por andar... nos falta ampliar las comprensiones de nuestro papel como agentes del sistema de genero imperante que nos convierte en victimarios y como desde allí es necesario cambiar nuestras practicas; pero mas aun, entender que la equidad es una figura social que también nos reconoce como sujetos oprimidos, restringidos y coartados de lo humano por tener que encajar en un modelo de masculinidad funcional al sistema tradicional