
El síndrome de la paranoia me quiso atacar en la librería principal de La Cabaña, cuando un señor ya mayor me cuestionó severamente al verme fotografiando cubiertas de libros y quiso saber si yo contaba con las autorizaciones necesarias. Dios de los incrédulos, qué lento cambian ciertas cosas.
Los socios de la Ciencia Ficción estarán de lo más contentos, ellos que se la pasan con el complejo de Cenicienta en la literatura cubana, y resulta que los pude sacar en buenos espacios del Cañonazo y seguro estarán también por Cubaliteraria.
Tiro alguna foto regodeándome en la felicidad de este oficio donde está uno tan rodeado de colegas chicas guapas, y después de escuchar el panel de racismo me percato que volví a sacar el mismo boniato.
Me ha encantado en esta feria ver a más niños con aventuras de Guaso y Carburo y muñequitos de Elpidio Valdés y menos con la Sirenita, que en otras ocasiones. No es que odie la sirenita, pero si los tiburones se la comen –con la compañía Disney incluida–, bueno, allá ellos.Como no les cumplimos hoy una promesa de publicar una actividad de los alemanes, me voy a andar con cuidado, no vaya yo a terminar esta jornada kaput. Finalmente, esta tarde se lanza el libro de Moreno Fraginals, que fue un importantísimo historiador de este país y además el libro está muy bueno y tiene muchos materiales interesantes. (Casualmente) Moreno es mi abuelo, pero como se sabe, los elogios entre abuelos y nietos son estrictamente imparciales.
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