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6 de octubre de 2012

Las relaciones con la inversión extranjera y los emigrados: la cantidad de dinero es lo importante

tags Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, inversión extranjera, debate social, Por Rogelio M. Díaz Moreno, trabajo por cuenta propia, transparencia
 
Esta es una de esas noticias de las que no podemos tener una certeza cabal, entre nuestra mala conectividad a Internet y la acostumbrada opacidad del sistema cubano. Si las conclusiones que uno extrae a partir de la limitada información que posee, son erróneas, ¿a quién culpar?
 
Vamos al grano. Al parecer, el canciller cubano Bruno Rodríguez se habría reunido con un grupo de emigrados agrupados bajo la organización Cuban American For Engagement (CAFE), que se oponen al bloqueo, defienden la normalización de las relaciones entre los EEUU y Cuba y otras buenas ideas que desde aquí aplaudimos. Entre las cosas que el canciller les habría dicho el pasado 28 de septiembre, me llama sobremanera la atención la parte donde, según lo que me ha llegado, les explica que se rechaza la posibilidad de que ellos inviertan abiertamente en la economía cubana por un hecho bastante simple, el de que no pueden aportar lo suficiente: las cantidades anheladas de cientos y miles de millones de dólares a las que aspira el gobierno cubano.
 
Así enunciado, da la impresión de que los términos que asienta el gobierno cubano para que cualquiera venga a invertir acá son bastante simples… Usted traiga una cantidad de dinero indecorosa. Nosotros le vendemos, si nos ofrece lo suficiente, el Capitolio.
 
Uno se siente decepcionado. Después de tanta política e ideología con las que tiene que lidiar, se pregunta uno, ¿qué hay de la parte de los principios tales como esperar, por parte de las inversiones, que respondan también a intereses de protección laboral, social, de desarrollo, ecológicas, de las comunidades donde se inserten, y no sólo que sean voluminosas?
 
Uno se siente confundido. Después de tanto nacionalismo que nos incrustan en la cabeza, ¿no hay un tratamiento diferenciado para los cubanos que emigraron, alcanzaron un estado económico favorable, y quieren participar de las oportunidades que ofrezca el desarrollo económico del país?
 
Uno se siente intrigado. Después de que dicen que los municipios adquirirán autonomía, y que el gobierno central se debe sacudir muchas responsabilidades económicas y sociales a nivel de barrio ¿La entrada de muchos aportes pequeños y medianos no equivale a un aporte mayor, ni tiene un papel dentro del plan de desarrollo integral de toda la sociedad, ni se le permitirá convertirse en una fuente de empleo más que necesaria?
 
Uno se siente engañado. Después de saber que muchas personas con familiares acaudalados emigrados montan restaurantes, compran viviendas fastuosas y levantan otros tipos de iniciativas que exigen un capital, se piensa ¿será esto casualidad, o el canciller no quiere reconocer que el capital de los emigrados ya entra por esas vías?
 
Y como siempre, al final, uno se siente defraudado. Porque ni en el Granma, ni en los demás periódicos del gobierno –únicos legales en el país–, ni en las bitácoras de los blogueros oficialistas, aparece la noticia sobre este encuentro y las varias cosas que en él se conversaron, ni mucho menos una explicación más detallada de las opiniones del canciller, ni mucho menos un análisis crítico sobre la actuación de quienes deben representar y defender al pueblo cubano.

1 de octubre de 2012

Colaboradores

Tags: Cuba, derechos, dinero, educación, explotación, gratuidad, internacionalismo, Rogelio M. Díaz Moreno, salario, salud
 
El otro día tuvimos una visita especial.
 
Era un compañero que se encuentra cumpliendo una misión de esas que hace el personal médico cubano en los países allende los mares, y estaba de vacaciones por unos días aquí en La Habana. Nos contó muchas cosas interesantes.
 
Para empezar, los cuentos sobre otros países son siempre atractivos. El asunto ese de viajar a lo desconocido, más en un país como Cuba donde el hecho mismo del viaje es algo tan complicado. El interactuar con culturas diferentes, con otras perspectivas de vida, otros patrones de comportamiento, lenguaje, estética, gastronomía, en fin, siempre hay muchas cosas que aprender. Y la parte de atender médicamente a otras poblaciones, salvar vidas, aliviar sufrimiento… siempre una experiencia excepcional, ya sea con los compatriotas de uno o con seres humanos de otros países.
 
Eventualmente llegamos al asunto prosaico del dinero. Les están pagando, nos refirió, doscientos dólares mensuales. Además, les acumulan poco más de cien pesos convertibles –aproximadamente equivalentes a dólares– adicionales, en una cuenta aquí en Cuba. Por otra parte, nadie les ha dicho oficialmente cuánto recibe el Estado cubano por su labor aunque, extraoficialmente, se dice que la cantidad es de siete mil quinientos euros al mes.
 
No me extraña, entonces, que nadie se anime a decirles la cifra oficial, ni así fuera la mitad de eso. Aprendan, Rockefeller, Bill Gates, que ustedes son unos niños de teta en eso de exprimir el trabajo de sus empleados. Uno saca una cuenta burda, más de siete mil euros de ganancia al mes, por veinte y cuatro meses, da ciento sesenta y ocho mil euros, que se embolsa el gobierno. Los colaboradores recibieron, entre tanto, menos de ocho mil; de los cuales, la mayor parte la habrán gastado en sustentarse a sí mismos en aquel país en condiciones bien modestas.
 
Puede argumentarse que el presupuesto del gobierno cubano atiende muchos fines sociales, y sería verdad. Pero ese presupuesto no sale del aire, sale del fruto del trabajo de personas como estos colaboradores, y parecería justo que a los que más aportan –en las difíciles condiciones de dejar atrás familia y hogar–, les tocara un poco más. Y la parte más ultrajante de este chiste: cuando estos compañeros regresen finalmente a la patria, luego de cumplir la misión, va a seguir existiendo un "susodicho" que les diga que no tienen derecho a reclamar derechos acá en Cuba, mejores salarios, posibilidad de viajar y demás, porque siempre estarán "en deuda con la Revolución, que les ha dado educación y salud gratis".

27 de septiembre de 2012

La otra noche tuve un sueño especial

La otra noche tuve un sueño especial.
 
Andaba yo por un paisaje cualquiera y mis pies se separaban suavemente del suelo. Me elevaba, primero unos centímetros, luego decenas y centenares de metros. En la tierra, bajo mi mirada, se empequeñecían casas, personas, bosquecillos, tal como se aprecia en un avión que despega, o en esas fotos de satélite de alta resolución. Percibía en mí una exultación no exenta de un poco de temor.
 
Desde aquella noche, he permanecido varias jornadas con el recuerdo y la inquietud de aquel sueño. Como mis sueños suelen tener alguna relación con mis vivencias, como sospecho le ocurre a la mayor parte de las personas, me di a la tarea de repasar los acontecimientos de los últimos días para tratar de descubrir qué había causado esta particular visión.
 
Los contados viajes que he tomado, no debían tener relación con la actual situación, puesto que ocurrieron hace bastante tiempo y, en mi sueño, estaba yo bastante al descubierto, sin la sólida pared de un avión por medio. Se lo achaqué por un tiempo a los últimos paseos que hicimos al mar en el verano, a pesar de que no me había alejado tanto hacia lo hondo y, además, el fondo del mar visto desde la superficie es muy distinto. Después de mucho repasar detalles y circunstancias, llegué a los momentos de las últimas veces en que he ido con Rogelito al parque.
 
Resulta que en el parque hay un aparato que no es más que un armazón de hierros entrecruzados, apto para que los niños trepen de manera vertical o desplazándose lateralmente. Los niños de la edad de Rogelito y algo mayores, no suelen dirigirse a ese aparato, o las madres y abuelas –van pocos hombres al parque con sus hijos– los detienen y desvían. Yo, por el contrario, llevo un tiempo animándolo a que lo encare, claro está, conmigo bien cerca.
 
Las primeras veces que Rogelito llegó al armazón, no se animaba a subir más allá de uno o dos escalones, barrotes o como podamos llamarle. Al llegar allí, bajaba. La última vez fue distinto.
 
Ciertamente bajó después de llegar al acostumbrado, segundo escalón. Sin embargo, a diferencia de las veces anteriores, esta vez repitió el intento y subió un nivel adicional. Volvió a bajar. Se le notaba concentrado, con una decisión nueva en su corta vida. Volvió a subir, y llegó hasta el cuarto escalón.
 
A esta peligrosa altura de casi un metro –lo que mide él, hoy día– volvió a practicar la retirada, pero solo para volver a trepar. De esta manera, intento tras intento, iba subiendo cada vez un poquito más. Hasta que llegó a la cima.
 
Para él, era la primera vez que llegaba tan alto, solo. Bien, claro, yo estuve allí en todo momento, a pocos centímetros, listo para aguantarlo, pero cuenta como que él escaló solo. Él suele subir y pararse a veces sobre mis hombros, pero siempre bien agarrado por mí, dentro de la casa y, en última instancia, yo no levanto más que 1.72m hasta mi coronilla. En cambio, ahora llegaba con sus propias fuerzas hasta unos dos metros y medio, al pináculo de aquella cosa y miraba alrededor, a la vez asustado y orgulloso. El suelo se vería, desde allá, más lejos de lo que había estado nunca; el horizonte, expandido hasta el infinito.
 
Cuando di con aquel recuerdo, comprendí de donde salieron las visiones que tuve aquella noche. Yo soñé las emociones de mi hijo.

25 de septiembre de 2012

Observatorio bajo fuego -pero a nosotros nos protege Changó

tags: actualización del modelo económico, anticapitalismo, autonomía, burocracia, capitalismo, censura, crítica, Cuba, debate, democracia, democracia socialista, derecha, derechos ciudadanos, diálogo, Enrique Ubieta, filosofía, información, Isbel Díaz Torres, izquierda, Jorge Ángel Hernández, manipulación, marxismo, periodismo, polémica, reformas
 
En estos días nos han renovado el dudoso honor de convertirnos en blanco de las diatribas feroces de algunas personas descontentas con la labor del Observatorio Crítico (OC). De la animadversión de Enrique Ubieta ya conocíamos, por intercambios anteriores parecidos, y ahora se le une la artillería epistolar de Jorge Ángel Hernández.
 
Jorge Ángel Hernández (JAH), usual animador de la bitácora Oggunguerrero, dispara despiadadamente contra nuestro espacio a través del texto enviado a su colega Ubieta. A este último, lo felicita por "arrostrar valientemente feroces batallas ideológicas, contra enemigos inicuos" (nosotr@s). De tal forma, nos toca el turno de replicar. Como, a decir verdad, la carta de JAH no contiene ningún argumento nuevo, cabe hacer poco más que refrescar nuestras acostumbradas posiciones en el actual contexto.
 
Lo primero que tengo que expresar es la indignación que me producen estos autotitulados Defensores de la Fe y la Verdad Revolucionarias. Esta época debería estar signada, en teoría, por la batalla contra los sujetos que constituyen, según la tajante definición del Presidente Raúl Castro, los principales enemigos del proceso revolucionario, a saber, la mentalidad burocrática, el autoritarismo, el secretismo y demás lacras que desde el Observatorio nos hemos dedicado a fustigar. Se supondría que personas que presumen de tan raigal "revolucionareidad" fueran nuestros estrechos aliados para el fin principal, aún cuando se divergiera en cuestiones de formas y tácticas. En lugar de esto, los adalides de la voz oficial mantienen la misma mentalidad que el Primer Secretario del Partido llamó a cambiar, celebrando cuanta disposición se efectúa desde el poder (con minúscula, como le gusta a Ubieta) gubernamental a todos sus niveles y en todos sus aspectos, como si fuera la última proclamación del Evangelio, y procurando atajar a cuanto infante descarriado procura sacar el piececito de la cuna, que es donde único podría estar "a salvo" bajo la mirada severa del Papá.
 
Antes de enfilar sus cañones contra nosotros con tanta saña, JAH debería meditar en que los Orishas detestan la mentira y la doble moral, por lo que ciertos empeños harían mejor en no invocar su protección. El texto que perpetra no es otra cosa que un muestrario de tergiversaciones, acusaciones y ofensas vacías, falto de otras ideas, que no hace sino concedernos más aún el crédito y la razón. Por lo menos, Ubieta tuvo el mérito de aportar un punto importante al reconocer que "la izquierda revolucionaria todavía no acaba de superar la parálisis teórica en torno a sus errores y desvíos históricos". Nada más que por eso, ya no me cae tan mal. Aunque yo hice la salvedad de que debía referirse a la izquierda tradicional, enquistada en mecanismos autoritarios de dirección y comando, esta confesión pudiera servir de base al debate y consenso requeridos para rectificar errores y retomar empeños con ideas renovadas. Por su parte, JAH no percibe o parece muy contento de permanecer en la tal parálisis.
 
La mejor arma que se le ocurre a JAH para flagelarnos es el considerarnos unos críos incapaces de percibir la compleja realidad, esa misma que él obviamente entiende tan bien. De ahí deriva varias metáforas que nos aplica, pretendiendo descalificar así la mayor parte de nuestros argumentos. Esta imagen, sin embargo, es poco congruente con la realidad: Los miembros del OC son trabajadores responsables de este país, con bien ganado prestigio como profesionales en sus centros de trabajo; miembros del OC han ganado cuatro, de los últimos ocho, concursos Pinos Nuevos, en distintas modalidades de la literatura, el ensayo y la divulgación; han ofrecido conferencias y han fungido satisfactoriamente como panelistas en congresos y otros eventos auspiciados por la Asociación Hermanos Saíz, la Latin American Studies Asociation (LASA), la revista Temas y el Centro Teórico-Cultural Criterios. Naturalmente, esto no debe considerarse tan importante al lado del aspecto humano al que prestamos la mayor prioridad, con toda la humildad y sinceridad que seamos capaces de sostener, de forma tal que nuestro mayor orgullo es participar en los empeños de la nación por construir un futuro más luminoso, a través de la lucha contra las discriminaciones, por la creación de una conciencia ecológica, y del arraigamiento social de los ideales y prácticas más auténticamente socialistas de libertad y democracia por, de, y para las personas trabajadoras.
 
Con toda su sapiencia, JAH todavía no es capaz de explicar –ni lo será, mientras siga empecinado en enterrarse en las obsoletas pero lacerantes trincheras del neoestalinismo– cómo es que en cada rincón de la sociedad cubana estallan esos problemas que deberían estar resueltos hace más de cuarenta años. Desde esa limitada perspectiva no se puede comprender por qué muchos chicos, si bien van a una escuela gratis por el día, juegan descalzos en calles llenas de huecos por la tarde; no se entiende cómo han proliferado los ancianos que encuentran su sostén en lo que recogen de los latones de basura; no se le encuentra una explicación lógica a los problemas crónicos de viviendas, a la escasez de comida, a la falta de transporte, todo ello en un país donde la prensa ventea el éxito de un modelo –el mismo que recién nos enteramos que "nadie sabe cómo construir"–; ni se puede hallar una forma de atraer a las jóvenes generaciones que ponen en la emigración sus mejores esperanzas, mientras el país envejece aceleradamente.
 
Recomiendo a JAH la lectura de la "Carta Abierta del Servicio de Cirugía del Hospital Calixto García al compañero Raúl Castro", para que aprecie el deterioro de esa otra conquista blasonada que es la Salud Pública, y el precio personal del sacrificio que deben hacer las personas que sostienen en sus hombros, desde la base, la pesada carga que ello significa, sin una recompensa o remuneración personal realista. ¿Leyó JAH, por cierto, lo que pensaba el Ché sobre el estímulo moral al trabajador que no puede mantener decentemente a su familia con el fruto de su trabajo? Que me perdone JAH, pero yo no creo en esas protestas que me hace de pobreza e igualdad suya y de su colega con los seres más humildes del pueblo, cuando Santiago Alba Rico cuenta, en el tabloide que dirige Ubieta, cómo este invita a sus amigos extranjeros a pasear en su automóvil a Viñales (¿o fue a Soroa? da igual); o se refiere igualmente en público a tanto viaje que hace por el mundo, sin temor al parecer a congestionar las vías aéreas.
 
En esta desgastante defensa, todavía tenemos que hacer notar cómo hemos retado repetidamente a JAH y sus semejantes a responder a las urgencias más apremiantes del momento y la sociedad actuales, sin recibir nunca respuesta. Enarbolando su incondicionalidad como la suprema virtud, aquellos no encuentran contradicción alguna entre el discurso ofrecido de socialismo e independencia, y la política seguida de recortes sociales, despidos, cesiones de derechos nacionales a capitalistas no estadounidenses (y no a los mismos estadounidenses, por razones que tienen que ver con el bloqueo, no por cuestiones de principios, como se le ha escapado a varios funcionarios).
 
Nosotros podemos reconocer que la necesidad obliga a tomar medidas dolorosas, pero esa misma contradicción debe constituir ipso facto el campo más acuciante para el intelectual comprometido, que debe profundizar en causales y consecuencias, en variantes e implementaciones, y no olvidar nunca que no es alguien por encima o superior a "la plebe", sino una persona más, con alguna educación que lo favorece en ese aspecto. Y que esto último lo obliga más aún, si cabe, a cerrar filas con los menos favorecidos, con las familias a las que les retiran los subsidios sin subirles el salario; con los despedidos después de trabajar veinte o treinta años en el mismo centro y no saben ahora qué hacer; con los azucareros a los que les cerraron el central; con los ciudadanos carentes de acceso a los medios informáticos –80% de la población cubana, según la Oficina Nacional de Estadísticas– ; con aquellos a los que les alejan a varios kilómetros las escuelas y el policlínico por las racionalizaciones de turno –y que los que le tocan, no son los de buenas condiciones–; con los que no tienen auto y gasolina para pasear por Pinar del Río. El compromiso del OC estará perennemente con estos sectores a contrapelo de las falsedades de JAH, de quien cabe pensar que se uniría, sin chistar, a los mismos intereses proanexionistas de los que ahora nos acusa, en el momento en que así se lo indiquen los "niveles superiores".
 
Y todo esto, sin olvidar los "espurios mecanismos seudorrepublicanos" (como los considera JAH) de libertades ciudadanas de expresión, asociación, movimiento, sobre los que Cuba afirmó en Ginebra, al unirse al Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos en el 2008, que la Revolución triunfante en 1959 los había recuperado para el pueblo y que nuestra Constitución los acoge y protege en su articulado.
 
Enfrentar estos problemas significaría encarar verdaderos desafíos, y enemistarse posiblemente con autócratas adictos a las mieles del poder, mucho más amenazadores que los descamisados del OC. En comparación con aquellos, los compañeros del OC no tenemos otro respaldo que nuestra personal honradez y vivimos la precariedad material de cada cubano, aunada a la posibilidad de perder nuestros trabajos debido a la incomodidad de nuestras expresiones. Sin embargo, en el enfrentamiento con nosotros es donde JAH encuentra una actitud de gallardía y coraje digna de celebrar. De tal suerte, nuestros adversarios encuentran el mayor provecho en intentar agotarnos con estas estériles acusaciones y dejan escapar cada oportunidad de proponer sus visiones de consenso social, de libertades, derechos y democracias en el socialismo; a no ser para negar lo que hasta los niños deben saber, esto es: que el sistema socialista, para justificar su superioridad sobre el régimen anterior, debe recoger todas las conquistas alcanzadas en aquel por las luchas de las clases progresistas –dígase la clase obrera, los movimientos campesinos, los feministas– y elevarlas a un plano superior, completándolas en vez de rechazarlas de plano, como hace JAH cuando las tacha de "ilocuciones", "semántica vacía", y "esquemas de opinión de la ya experimentada guerra cultural".
 
Con estos propagandistas, bien lejanos del paradigma de periodista revolucionario que ha reclamado inútilmente Raúl Castro en varias ocasiones, mañana podrían anunciar el fin de  gratuidades en salud y educación (ya el Granma está preparando el terreno, al hablar de lo mucho que "le cuestan" al sacrificado Estado cubano) y JAH y compañía acordarían de inmediato que es una medida ejemplar y socialista. Le pueden vender otro par de provincias a Brasil para que instale maquilas y haciendas soyeras –¡reconociendo abiertamente que se aprovechan las ventajas de nuestra infraremunerada fuerza laboral! – y lo mismo. Y nosotr@s –el OC– podremos protestar nuestro desacuerdo para ser tachad@s, por ellos, de apátridas y antisocialistas.
 
Que te perdonen, JAH, los orishas, que saben que la mentira puede correr mucho tiempo, pero la verdad la alcanza en un día.