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4 de junio de 2009

www.revolución-multicolor-2009.cu: CUBA VS HOMOFOBIA. Lo que sube, lo que hay y lo que falta

Por Norge Espinosa Mendoza

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Hace un año justamente estábamos aquí, ocupando un espacio que por largo tiempo pareció imposible, infranqueable, inhabitable. El 17 de mayo del 2008, la espera, y las estrategias de confrontación hasta ese momento sostenidas como maniobras básicamente persuasivas, se quebrantaron en los cientos de rostros que inundaron el Pabellón Cuba y el Cine Teatro Astral para dar perfiles y no máscaras a ese frío por ciento de la población cubana que dejaba de ser una vaga estadística para transformarse en personas reales, genuinas, dignas de un respeto que no cabe en una simple campaña de salud o en la conmiseración mal escondida de la palabra tolerancia. Hace un año, repito, comenzaba una oleada de fervores y pasiones diversas a replantearse quién era quién, y cómo asumía una nación siempre en juego de valores el dilema de la sexualidad. Del cuerpo como síntoma y como signo. De las leyes de ese cuerpo, y de la reescritura, piel sobre piel, de toda libertad individual.

2

El 16 de mayo de 2009 es cosa diferente. A doce meses de aquel impacto, que desató criterios, debates, alcanzó a la pantalla televisiva y la prensa escrita de la Nación como antes no había ocurrido, el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia en Cuba se ha celebrado para dar fe de lo avanzado, de lo que emerge, de lo que tenemos para sostener ese discurso como uno más entre todos los que deben incluirse en un concepto auténtico de Patria, y de lo mucho que falta por hacer. O más bien, por dejar hacer.

El equipo de trabajo encabezado por Mariela Castro Espín desde el Cenesex vino organizando los acontecimientos del 16 de mayo con varios meses de antelación. En un diálogo que asumía los resultados en pro y en contra de la inesperada visibilización de un asunto tratado por lo general a sotto voce, se enlazaron especialistas, promotores de salud, artistas, funcionarios, entidades y voces que acabaron decantando un programa múltiple, que ganaría en simultaneidad durante las 24 horas que a lo largo del país, en la capital y varias provincias, tratarían de reavivar lo conseguido un año atrás.

Por ello, en La Habana, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba asumió una jornada de lecturas, paneles, presentaciones, que concentraron la discusión sobre diversidades sexuales y respeto a las mismas desde conceptos artísticos. El Cine Club Diferente, proyectado por Frank Padrón en el cine 23 y 12 cumplía un aniversario en estas fechas. En varias sedes universitarias se promovían debates y se movilizaban ideas como adelanto de este día, desde inicios del año. El Pabellón Cuba acogió las acciones de convocatoria masiva, presentando las campañas que el Centro Nacional de Prevención y otras instituciones vienen encaminando, al tiempo que colocando allí a representantes de grupos como Oremi, HSH y transgéneros que podían interactuar con el público de modo abierto, tras la apertura del día con un pasacalle del grupo Gigantería. El Cine Astral, nuevamente, presentaba en la noche a transformistas, unidos esta vez a figuras tan notables como Rosa Fornés y una agrupación tan destacada como el Ballet Lizt Alfonso. Un concierto del grupo Aceituna sin Hueso, en el próximo cine La Rampa, cerraba un día de alta temperatura, en el cual La Habana misma se diversificó en espacios para que el público interesado fluyera con entera libertad de un sitio a otro: desde una función a cargo de Teatro de las Estaciones en la sala Hubert de Blanck a la sala Villena de la UNEAC y de ahí al Pabellón, o viceversa.

Todo ello ocurrió el 16 de mayo, como víspera del 17, fecha oficial de este acontecimiento en otras naciones del mundo. El corrimiento del día, como señal que quiso no robar publicidad a los festejos por los 50 años de la Reforma Agraria en Cuba, no bastó para que se diera suficiente información sobre el intenso programa. Detrás de ese silencio pueden oírse otras voces, quizás mucho más sordas.

3

Es indudable que la ampliación del programa exige nuevas estructuras internas a todos los implicados en lo que ya va significando en Cuba el Día Mundial de Lucha contra la Homofobia. La incorporación de acciones inéditas, de artistas y personalidades que van acercándose de manera voluntaria al proyecto y proponen un saludable crecimiento del mismo, demanda capacidades que rebasan ya la simple coordinación de una serie de actividades. La respuesta del público, a pesar incluso de la fallida campaña promocional que dejó saber poco de qué ocurriría en cada sede, declara que la ansiedad y necesidad auténtica de este momento en la cartelera anual de eventos no es una frivolidad pasajera, morbosidad sobre un tema siempre delicado o mera diversión de “raros” que genere un caos o preguntas improductivas. El paso dado en el 2008 no debe convertirse en actitud estática, sino en un continuo quehacer que vaya dibujando el terreno según se avance, puesto que resulta claro que el discurso de salud no basta para dar seguridades a un grupo social que quiere lo que todos: garantías, legalidades, voz propia y capacidad de diálogo con las otras voces que hacen la textura de una Nación.

No comprender ello es obrar en el vacío, alimentar una ingenuidad que no va con este tiempo, o con los ejemplos que en este tiempo, incluso en países donde la postura hacia la diversidad sexual es más retrógrada que en Cuba no puede impedir la visibilidad de esas nuevas fuerzas. La contradicción evidente entre un proyecto que este año asumió mayores fórmulas de convocatoria y la escasa aparición de las mismas en la prensa y medios de difusión es un síntoma claro de las fisuras entre la idea y la idea de la Vida que sostienen unos y otros. Si el país ha sido capaz de asumir el concepto inclusivo que se advierte en este proyecto, ha de ser también capaz de conectarlo a todos los otros índices de publicidad y responsabilidad con la cual debe tratarse a lo que, ahora mismo, responde a una necesidad auténtica de sí mismo.

El Cenesex y sus colaboradores han enfrentado, durante el proceso de creación de esta jornada, las preguntas lógicas de una plataforma que se dilata. Las carencias y soluciones económicas, pragmáticas, que deben apuntalar cada proyecto, han ido haciéndose visibles e imprescindibles en la marcha, en el día a día de esta reelaboración de lo que el año pasado dio sus primeras señales. La próxima convocatoria del Día Mundial de Lucha contra la Homofobia en Cuba tendrá que defenderse en un trabajo interno de producción más sólido, en la veracidad de las capacidades organizativas de sus integrantes e implicados directos, y en la ineludible elaboración de un discurso que pueda llegar a todos sin la necesidad de discutir sus esencias para ganar el espacio de promoción que a toda verdad le resulta impostergable.

4

Lo que sube y lo que hay es un público directo al cual hablar: una generación de muchas edades que es, más allá de gays y lesbianas, gente común y dispuesta a mostrarse sin tapujos en un espacio público para autorreconocerse y dejarse ver. Desde esa primera expresión es que debe defenderse la autenticidad de este acontecimiento, porque el país, si bien alzado sobre ideas (o ideales) descansa en las personas que convierten esas ideas en fórmulas flexibles de vida y coexistencia. La mayor raíz de lo que puede leerse en la celebración de este día brota de ahí, del profundo sustrato en el cual la Nación debe reformularse dialécticamente a partir de todo lo que la compone, sin prerrogativas que accionen como obstáculos en la ganancia real de lo que somos.

También de ahí brota una dificultad mayúscula, porque ampliar la galería de representación hacia límites que no hace muchos se decían negados, pasar de considerar al margen solo como margen a colocarlo en un mayor punto de visibilidad, exige otras discusiones. Tras el 17 de mayo del 2008, numerosas cartas se dirigieron a las máximas instancias del país, no precisamente para elogiar la iniciativa de un Día como este en nuestro homofóbico y muy convencional calendario. La Iglesia católica, a través de su revista Palabra Nueva, distribuyó un largo texto en el cual no se ocultaba un escozor de muy turbias consonancias. La homofobia es miedo, terror a que el otro, siempre marginado o burlado, tenga de pronto voz y rostro de persona, ocupe nuestro lugar, nos exija una estatura y un trato que pensábamos ahorrarnos. En Cuba mucha gente sigue pensando con el sexo antes que con el cerebro. Es algo, que, cómo no, también puede aplicarse a muchos homosexuales. Y es que el llamado a un crecimiento, a una nueva madurez, es para todos. No solo para el que discrimina sino también para el discriminado, o el que se autodiscrimina, o discrimina a sus propios iguales. El eco de este día es un reclamo verdaderamente grande. Demasiado grande, para algunos. Incluso puede serlo para las capacidades de quienes impulsan un nuevo estado de cambio al respecto. De ahí que el reto sea tan alto. E imprescindible.

Lo que sube y lo que hay es que tomarle el pulso al país para decidir cuándo obrar y cómo exponer ciertos conflictos no debe retardar determinadas aperturas. Si bien es cierto que la diversidad sexual no es cosa que se airea con igual comodidad en un ambiente metropolitano que en otros de voluntad más reacia, que no ubicados únicamente en provincias alejadas de la capital; el paso dado impone ahora un concepto más cuidadoso en el manejo de términos, y partir de la familia como núcleo a analizar y multiplicar es una necesidad sin la cual no se ganarán otros debates. La calle, la escuela, el espacio de convivencia y aprendizaje deben funcionar como catalizadores de actitudes concretas, que aún recelan ante estos temas y se abroquelan antes que filtrarlos. Es así que un número alto de la población puede sentirse invadido cuando se repite un mensaje hasta la saturación, induciéndolo a incluir en su hoja de vida un respeto hacia algo de lo cual apenas se le ha hablado. Para muchos, la homosexualidad sigue siendo un delito penado por la Constitución, que hace ya tanto dejó de considerarla como tal. Hacer viable un mismo aire, una misma respiración entre todos los canales que conducen el oxígeno sobre la Isla para abordar estos dilemas, requerirá de mucha paciencia y obra. Hacia arriba, hacia abajo. Hacia muchos puntos cardinales.

5

No pude estar en todo a la vez; y mis responsabilidades como coordinador de las actividades de la UNEAC en este 17 de mayo me robaron ciertas cosas que envidio sanamente a quienes las vivieron. Con todo, estuve en el pasacalle de Gigantería que supo robarse la calle desde 23 y L hasta el Pabellón Cuba, bajando en zancos y golpes de color un espacio público que logró movilizar al público enterado y no enterado hasta la sede central. En 17 y H, los artistas cubanos demostraron que la cultura es un territorio ganado hace mucho para dialogar sobre temas escabrosos que siguen eludiendo con una terquedad francamente incomprensible una parte de nuestra prensa y otras zonas del dejar ver cubano.

Víctor Fowler discutió, más que los números de la revista de Sexología que presentaba, el proyecto mismo del Cenesex en atención a sus retos. Los poetas y narradores convocados confirmaron que la calidad es imprescindible para la defensa de asuntos que no bastan, solo, como consigna. Varios de ellos vinieron desde provincias, reconociéndose en sus presencias las de otros que, poco a poco, han ido abriendo este panorama desde un silencio cada vez más quebrantado. El tratamiento de la homofobia en la visualidad de las artes cubanas contemporáneas introdujo provechosas ideas en el diálogo con Danáe Diéguez, Píter Ortega y Eduardo Hernández: uno de los tres fotógrafos que, junto a Juana Mora y Alejandro González, colmó las paredes de la sala Villena en la que se desarrollaron estos encuentros. Lástima que el tiempo no alcanzó para prolongar el debate que se avizoraba en esos criterios: una deuda para el próximo año en el que, al parecer, sería útil no hacer coincidir en el mismo día el programa de la UNEAC y el del Pabellón, para permitir a todos una participación más amplia. La presentación del CD Fátima, reina de la noche, que contiene el relato homónimo de Miguel Barnet producido por Habana Radio, fue el preámbulo de la sorprendente visita de travestis y transformistas a esa sala, que se vio invadida por el cuerpo otro, deseable y deseante.

En la sala Hubert de Blanck, gentilmente prestada por sus responsables, Teatro de las Estaciones alzaba su homenaje al poeta de Granada: en Federico de noche espectadores de cualquier edad reconocían al autor de Romancero gitano y El público.

En el Pabellón Cuba, no dejaron de fotografiarse personas que se veían a sí mismas como parte de una idea que adelantaba saludos y calor. Roxy Rojo, la maestra de ceremonias de las noches del Mejunje, tomó por asalto el escenario para contar su descacharrante biografía cubano-rusa y ganarse aplausos infinitos.

En la noche, Rosa Fornés demostró lo que ya no necesita comprobarse: que es una mujer incombustible, cantando en vivo ese himno suyo y de todos que es Sin un reproche. Y dejó el escenario del Astral para que Paloma, Samantha, Mimí, Chaveli, Orianna y tantas otras apariciones se confundieran con las batas rojas de las bailarinas de Lizt Alfonso, hasta que Estrellita se convirtió en Edith Piaf y paró al público con un Milord inolvidable. Afuera, mientras el espectáculo dirigido por Carlos Díaz se desarrollaba (esta vez más breve y no por ello menos emotivo que el del pasado año) quedaba una cantidad de personas que hace pensar en la necesidad de un teatro mayor para la gala venidera.

La medianoche estuvo a cargo de Aceituna sin Hueso. Noches antes, la peña de la cantante Rochy estuvo dedicada a este día. La Fundación Ludwig anuncia otra exposición conectada al acontecimiento. En el cine 23 y 12 apenas cupo la gente cuando se llegó al aniversario del Cine Club Diferente.

Más que un día, fue un estado de ánimo. El agotamiento, el estrés, los disgustos, el esfuerzo físico y síquico… todo eso se convirtió en mí en otras emociones, cuando, al concluir la gala del Astral vi a tantos, tantas, tanto, saliendo del teatro. Para esas personas, a las que no conozco, a las que no pregunto sexo, ni preferencia, ni edad, ni otras cosas, estamos trabajando. Todas esas personas son una Cuba que se refracta y se multiplica. Trabajar para ellos no será nunca suficiente.

6

Por supuesto, estas líneas finales quiero dedicarlas a lo que falta. No porque en las anteriores no haya mencionado carencias internas y logísticas, salvadas en buena medida por el apoyo infinito de la UNEAC, el MINCULT y la UJC de las cuales no hay que abusar, sino aprender en alternativas de producción. Lo que falta es, quizás, coraje.

Coraje y sentido cívico, para que todo el mundo sepa que esto se hace en pro no solo de gays y lesbianas, sino de un país que no es solo geografía, estadística o masa abroquelada. La vergonzante ola de silencio que nuestros periódicos y nuestra televisión han arrojado sobre el hecho que comentan los medios de prensa internacionales con una insistencia cercana al estruendo, es uno de esos elementos que nos hace pensar cuánto nos falta. Se me dirá que en Juventud Rebelde apareció una breve nota, que varios sitios webs informan de algún modo, dan cobertura sobre algunos de los acontecimientos: recuérdese cuán limitado es en Cuba el acceso a esos espacios.

Con todo respeto: no es suficiente. El efecto negativo del pasado año opera en este como un muro que impidió que la televisión diera siquiera una entrevista a la directora del Cenesex, y el spot que apareció en la “pequeña (pero tan influyente) pantalla” era tan neutro que pecaba de inocuo. La programación de las diversas sedes no fue informada a cabalidad (solo el Hurón Azul dio cuenta de lo que ocurriría en la UNEAC). Lo triste es que sí hubo una campaña promocional que se elevó a las instancias que debían difundirla, y eso quedó paralizado, o demediado, bajo los efectos de temor de lo que aún algunos rumian sobre el inesperado impacto de la edición pasada de esta fecha en Cuba.

El año pasado me quejaba de la aparente ineditez de ciertos acontecimientos, de cómo, de la noche a la mañana, parecía surgir una acción que no tomaba en cuenta antecedentes de valía. En este, se ha trabajado para ampliar el diapasón, incluir muchas de esas voces, tomar en cuenta esas experiencias. Y es el aparato promocional del país el que se repliega para no acoger estas propuestas de intercambio. Para colmo, la cercanía con la fecha del Día del Campesino, el Cubadisco, el ejercicio Meteoro y tantas otras cosas, no ayuda a comprender que el mismo respeto que puede merecer todo ello, no debe faltar a una pieza más de lo que el país también asume.

En su edición vespertina del pasado domingo, el Noticiero Nacional de Televisión repasó el acontecer de la semana en Cuba y nada se dijo de lo sucedido, a solo una cuadra del mismo estudio en el que se genera el programa, a favor de la diversidad sexual en Cuba. En ese mismo espacio ignorado, uno de nuestros más influyentes nombres de la política advirtió que el socialismo era por esencia un proyecto inclusivo. Ojalá muchas de esas mismas voces de tanta influencia enseñaran a algunos no menos influyentes cómo demostrarlo. El silencio es también un síntoma de la homofobia.

Todo recomienza en el día de mañana. El festejo del pasado año no fue idéntico a este, que tuvo su color propio, sus propios errores y hallazgos. En el 2010 otros se sumarán y también otros añadirán su propia cuota de conflictos. El Día Mundial de Lucha contra La Homofobia es una hora particular en la voluntad con la cual la Nación se pregunta cosas a sí misma. Nosotros somos la voz de esa Nación: una voz múltiple y coral, pero no monocorde o indiferenciada. Que quien quiera oírnos, pueda reconocernos en esa línea múltiple de voces: eso es lo que falta. Aprender a coexistir no debiera ser tan arduo. Pero lo es: aquí y fuera de aquí, tampoco nos engañemos. Que nos acompañe, en este esfuerzo, la seguridad de saber que en tantos lugares otros se atreven a dar el mismo paso.

Tomado de NotiG 112, La Habana, 19 de mayo de 2009.

25 de mayo de 2009

Sometidas en nombre de Dios

El tratamiento de la mujer en las Iglesias va desde la ordenación a la violación de derechos. Tras la discriminación está el control de su sexualidad. La falta de vocaciones puede impulsar el cambio en la Iglesia Católica.

País-. Si la mujer es la mitad del cielo, como dicen en China, aquí, en la Tierra, el protagonismo femenino en el ámbito de las religiones oscila entre el infierno de las teocracias -la de los talibanes en Afganistán, por ejemplo-, el paraíso de algunas Iglesias protestantes, que permiten la ordenación de ministras, y el limbo en que se encuentran en la mayoría de confesiones: sin papel, supeditadas o relegadas a un oscuro tercer plano, cuando no víctimas de violaciones cometidas en nombre de algún dogma. Si la paridad en Occidente avanza con la ayuda de leyes, plantear siquiera una justa correspondencia con los varones en la mayoría de religiones del mundo supone aún una utopía. Sólo unas pocas confesiones minoritarias, de creación o implantación recientes, conceden a la mujer un papel algo más que testimonial. Son casos contados.

La reciente cumbre de la Alianza Atlántica dio la última voz de alarma al respecto. El nuevo código de familia chií adoptado por el Parlamento de Kabul (Afganistán) supone una condena para las mujeres de la etnia hazara, la mayoritaria de esa confesión. El documento da luz verde a la violación dentro del matrimonio y consagra la absoluta tutela del varón sobre la mujer. Nada de libertad de movimientos, ni derecho a la educación y la salud sin el control omnímodo del hombre. Pero no es necesario ir tan lejos: los matrimonios concertados -en el Islam o el hinduismo-, los códigos que prescriben una determinada vestimenta y conducta y, en el peor de los casos, los horribles crímenes de honor son rémoras que no sólo discriminan, sino que convierten a las mujeres en víctimas de confesiones que no las contemplan como sujetos de derecho, sino como una posesión del varón.

¿Son machistas las religiones? ¿Son todas ellas discriminatorias hacia las mujeres? "No hay ninguna sociedad en la que las mujeres hayan tenido dignidad ni derechos fundamentales. De la misma manera, no conocemos ninguna religión que no discrimine. Las religiones nunca contradicen a sus sociedades", afirma Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Valcárcel señala que, pese a la existencia de muchos tipos de creencias, "ninguna religión es feminista, porque en ninguna de ellas a la mujer se le ha reconocido su libertad individual, y por tanto no ha tenido un papel prevalente. Sin embargo, algunas son más duras que otras". En su acepción de conjunto de normas que apuntalan la construcción social, ahí está el ejemplo del férreo sistema de castas del hinduismo. "Reencarnarse como mujer en el hinduismo significa que en una vida anterior se falló mucho y hay algo que purgar. Y no hablemos de las viudas hindúes, a las que antes se arrojaba a la pira funeraria del marido", señala Valcárcel. La práctica, prohibida ya por la legislación india, sigue vigente en numerosos lugares del país.

Las tres religiones monoteístas, o religiones del Libro -cristianismo, judaísmo e Islam-, acaparan la mayor parte de las críticas por discriminación, pero graduar en escalas de desprecio el comportamiento de cada una de ellas con las mujeres es arriesgado. Para Amelia Valcárcel, "el Cristianismo, al principio, era relativamente libre, pero en los siglos III y IV se impusieron los textos misóginos que arrinconan a la mujer. En el Corán hay cosas fortísimas, aparte de sacralizar la poliginia , el repudio o la prohibición de salir a la calle sin cubrirse".

¿Otra vez el velo, agitado como bandera? Escribe la intelectual y feminista egipcia Nawal Al Saadawi: "El problema es el velo de la razón. Hay que evitar perderse en debates inútiles como el del velo y abordar los verdaderos problemas". Por poner unos pocos ejemplos: los abortos selectivos -práctica habitual hasta hace nada en India y China-, los infanticidios femeninos, la falta de recursos, el menor acceso a la alimentación, la salud o la educación, enumera Amelia Valcárcel. Lo confirman datos de 2007 de UNIFEM, la oficina de la ONU para la mujer: entre 113 y 200 millones de mujeres están demográficamente "desaparecidas" en todo el mundo, víctimas de abortos selectivos e infanticidios o por no haber recibido la misma cantidad de comida y atención médica que sus hermanos varones. Capítulo aparte merece la consideración de la ablación o mutilación genital femenina, "que ya se practicaba en el Antiguo Egipto y no es monopolio de países musulmanes, pues también se hace en otros cristianos", detalla Valcárcel. En datos, según UNIFEM, más de dos millones de niñas son mutiladas genitalmente cada año. En la mayoría de los casos, quien ordena blandir el cuchillo lo hace convencido de que cumple con un precepto religioso.

El eje de la discriminación religiosa hacia las mujeres pasa consuetudinariamente por la vagina. "Tiene mucho que ver con el control individual y sexual de la mujer", dice Valcárcel. Igual que muchas tribus primitivas, en que la transmisión del parentesco se hacía por vía matrilineal, en determinadas religiones son también las mujeres quienes transmiten la pertenencia a ellas, de ahí que el control sobre su actividad sexual -y sobre los frutos de ésta-, resulte tan perentorio, además de sacralizado.

En las corrientes más conservadoras y rigoristas del Islam, la mujer es vista como fuente de desorden. De perdición. Otra vez el Islam. Hablábamos del pañuelo, y ahora del miedo atávico al poder natural -o sobrenatural, según quien mire- del cuerpo femenino, algo que no es exclusivo de este monoteísmo. Pero el Islam no debe ser colocado en el punto de mira como religión más discriminatoria, sostiene la intelectual tunecina Latifa Lakhdar. "Esa idea revela una cierta ignorancia".

La religión musulmana, que representa el monoteísmo más reciente, se sitúa en continuidad con los otros dos monoteísmos que lo han precedido. El judaísmo rabínico y el cristianismo de San Pablo no son más igualitarios respecto de las mujeres. "Lo que marca la diferencia no es algo intrínseco a la esencia de la religión en cuestión, sino más bien el proceso sociopolítico propio en que se inserta", cuenta Lakhdar, formada en La Sorbona.

Esta feminista establece el fiel de la controvertida balanza en lo que denomina "equilibrio de fuerzas". "Las mujeres, tras el establecimiento y la consagración histórica del sistema patriarcal, son las grandes vencidas de la historia y, por tanto, de la religión, porque los hombres han acaparado el fenómeno religioso y lo han instrumentalizado según el principio de preeminencia que les ha concedido la historia para someter a las mujeres", apunta Lakhdar. Y de ese desequilibrio de fuerzas, recuerda, ni siquiera se libran "las sociedades occidentales democráticas y liberales", donde persisten "bolsas de resistencia a la emancipación femenina". ¿Un caso concreto? "La polémica por el derecho al aborto".

Si en lo relativo a la formación intelectual y la acción moral las mujeres -las occidentales, al menos- están, en teoría, homologadas a los varones, ¿a qué obedece el desfase, o retraso, a la hora de desempeñar un papel activo en sus Iglesias? "Activo quiere decir oficial", recuerda la historiadora de las religiones canadiense Morny Joy, de la Universidad de Calgary; es decir, un papel reconocido por la comunidad y en especial por sus líderes (como, por ejemplo, la posibilidad de que sean ordenadas ministras y hasta obispas en algunas Iglesias anglicanas). "Pues supongo que, igual que hay tan pocas mujeres sentadas en consejos de administración de empresas, por el mismo motivo no las hay en las Iglesias: por temor a la pérdida o reparto de poder, un poder establecido", señala Maria Dolors Figueras, del Colectivo Mujeres en la Iglesia, que aboga por la paridad de sexos en la Iglesia Católica.

"Si el obispo Casaldáliga ha pedido públicamente la plena igualdad de hombres y mujeres en la Iglesia, y el cardenal Carlo Maria Martini está también a favor, somos cada vez más las mujeres que demandamos lo mismo desde dentro, porque la Iglesia somos todos, no sólo el clero o la curia. De hecho, en América Latina y África, muchas mujeres participan activamente en sus comunidades. La iglesia de base somos todos, y ya se sabe que para mover una pirámide hay que hacerlo por la base", dice.

Todas las expertas consultadas establecen un paralelismo entre la equiparación de hombres y mujeres en la sociedad civil y el secular retraso con que avanza la religión. "Han tenido que pasar siglos", recuerda Figueras, "pero en la sociedad civil está casi conseguido el marco legal de la paridad, sobre el papel al menos. En la iglesia sucederá lo mismo, pero con mucho retraso". Amelia Valcárcel considera que en las sociedades poscristianas, en las que se ha producido el divorcio entre Iglesia y Estado, hay al menos un lugar para el debate, en referencia, entre otros asuntos, a las recientes manifestaciones sobre la ley del aborto. "Porque en otros países no se puede ser ni siquiera ateo, ni apostatar, ni convertirse a otra religión. Y hay un grupo de naciones donde nacer mujer es una desgracia".

Lapidaciones, castigos a base de latigazos o amputaciones, repudios, divorcios unilaterales emprendidos por el varón -a veces con un mensaje de móvil a la esposa-, pérdida por parte de la mujer de la tutela de los hijos mayores de siete años en caso de separación o repudio. Códigos de familia sacados de la peor interpretación posible del Corán; testimonios orales en un juicio que valen la mitad que el de un hombre, o herencias reducidas a la mitad si la que la recibe es mujer. La variedad de discriminaciones y marginaciones para con las mujeres es infinita, pero como subraya Amelia Valcárcel, "estas cosas tan brutales suelen ser siempre de trazo grueso".

Otros aspectos más sutiles enmarcan el modelo tradicional de mujer en lo que se conoce como "las tres K" (en alemán, Kinder, Küche, Kirche: niños, cocina e iglesia); es decir, un ser vicario, volcado en la atención y la asistencia y privado de acción. En estos términos se manifestaba ante la asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, en 2005, la eurodiputada suiza Rosmarie Zapfl-Helbling, del Grupo Popular Europeo, para denunciar la variedad de discriminaciones que las creyentes encuentran en el Viejo Continente. "Los monoteísmos dominantes en Europa, con la excepción, quizá, de los luteranos, no apoyan verdaderamente la igualdad de géneros. Al igual que hombres y mujeres pueden ser iguales ante Dios, representan roles muy diferentes en la Tierra", recalca la eurodiputada, quien lamenta la exclusión de las mujeres a la hora de "tomar decisiones y asumir responsabilidades" en las Iglesias, en especial en la católica y las ortodoxas.

El papel de la mujer en las Iglesias actuales varía, pues, entre la reivindicación de la paridad y la violación de sus derechos en nombre de la religión. Zapfl-Helbling recordó en su alocución que la porosidad de los límites entre Estado e Iglesias permite, a veces, que también los no creyentes sufran el impacto de políticas restrictivas, inspiradas en códigos religiosos, y cita como ejemplos las legislaciones de países como Malta e Irlanda, eminentemente católicos, o el referéndum sobre la ley de fertilidad asistida en Italia, en 2005. Sin necesidad de ir tan lejos, ni de traer a colación el caso del bebé nacido recientemente en Sevilla para curar a su hermano mayor, sí pueden citarse las restricciones a la salud sexual y reproductiva de las mujeres según el país, y la religión, a los que pertenezcan.

Así las cosas, y dando por sentado que las religiones "no ayudan a la emancipación, porque son una fuerza social muy inerte y conservadora", subraya Amelia Valcárcel, ¿es o no una solución el sacerdocio femenino? Es más, ¿es la única meta? "Lo es para las personas religiosas feministas", cree Valcárcel. "Para aquella mujer que lo desee, la meta puede ser ordenarse, aunque a mí la pirámide no me convence. Si la posibilidad de ordenarse significa que no hay discriminación, adelante", dice Maria Dolors Figueras. La teóloga Margarita Pintos, que se inscribe en un cristianismo sin adscripción, "aunque procedente de la tradición católica", sostiene que la ordenación "no es la única meta, pero sí una muy importante para hacer de la Iglesia un espacio en el que la discriminación por razón de género y de sexo quede superada. Además, las mujeres somos mayoritariamente las transmisoras de la fe a través de los hijos, y también como catequistas. Por eso creo muy importante una buena formación teológica de las mujeres, para no ser correas de transmisión del sistema patriarcal que inunda las religiones".

Cuando, en 1979, la hermana Theresa Kane interpeló al papa Juan Pablo II, de visita en EE UU, sobre los méritos de las mujeres y su capacidad para ser ministras de Cristo, el pontífice replicó que la figura ideal para las mujeres en el seno de la Iglesia católica era la virgen María. Fue una manera de zanjar un debate que, al contrario que en el anglicanismo, apenas si ha alzado el vuelo. Puede no hacerlo nunca, o hacerlo a regañadientes, como política de hechos consumados, si el descenso de vocaciones crece, y otras cuestiones candentes como el celibato forzoso, vacían de seminaristas las aulas. "Podemos llegar a eso por necesidad, como podemos llegar también a tener sacerdotes casados. En el momento en que no los haya célibes, les permitirán casarse. La iglesia obedece a hechos consumados. Pero a mí no me gustaría que eso se produjese por necesidad o falta de vocaciones, sino por convencimiento", sostiene Figueras.

En el horizonte, pues, aparece un abanico de reformas necesarias para equiparar en derechos y obligaciones a hombres y mujeres no sólo en la calle o la familia, sino también en el interior de iglesias, mezquitas o sinagogas. Aunque Valcárcel subraya la resistencia al cambio, la socióloga Latifa Lakhdar cree "un sueño, pero no una utopía" la aplicación de las reformas políticas que permitan evolucionar "hacia regímenes democráticos, transparentes y respetuosos con la soberanía ciudadana de sus pueblos y que puedan permitir la emergencia de sociedades con fundamentos propios, no simplemente reproductoras de la alienación religiosa".

Casi nada. Un presente de trampas y un futuro proceloso. Pero abierto a los matices y, tal vez, a las verdades relativas. Las renombradas teólogas salidas del Concilio Vaticano II -la alemana Utta Ranke, la brasileña Ivonne Gebara, etcétera- trabajan en silencio. "En esto no todo es blanco o negro, ni sí ni no. No se trata de conseguir dos teologías, sino de dotar a la existente de una mirada femenina", señala Figueras. Como en otros ámbitos de la vida moderna, el reparto de papeles se impone también, tímidamente, en el mundo de lo sagrado.

Las confesiones más igualitarias

En mayo de 2006 medio centenar de mujeres fueron nombradas en Marruecos murchidats, o conductoras de la oración. Algunas corrientes modernas del judaísmo permiten la existencia de mujeres rabinos. La primera fue, en 1972, Sally Priesand. Las mujeres también pueden ser cantoras, así como presidentas de congregación.

La reverenda Li Tim-Oi fue la primera mujer ordenada sacerdote en la Comunión Anglicana. La consagración tuvo lugar en Hong Kong en 1944.

Actualmente hay ministras en la Comunión Anglicana; en algunas Iglesias anglicanas como la de Canadá y la episcopaliana de EE UU hay también obispas (esta última eligió a 15 mujeres como obispas en abril de 2008). En julio de 2008, la Iglesia de Inglaterra -cuya cabeza es la reina Isabel II de Inglaterra- acordó permitir la consagración de obispas.

Los cuáqueros fueron los primeros que repararon en la capacidad femenina para formar parte y dirigir la congregación. Ya en 1666, la cuáquera Margaret Fell se pronunció a favor de la ordenación y del papel de liderazgo femeninos de sus comunidades.

En torno a 1890, un colectivo femenino reformista redactó la Biblia de las mujeres, con una interpretación contemporánea.

Las confesiones más igualitarias son de implantación reciente; carecen de la estructura vertical y fuertemente jerarquizada de otras confesiones. Se trata de los bahai's y los brahma kumaris. Los primeros consideran que "la religión puede y debe servir como un agente de promoción femenina". La comunidad de los brahma kumaris fue fundada en 1937 y echó a andar con un comité de dirección integrado por ocho mujeres jóvenes. Hoy sigue siendo liderada por mujeres.

Tomado de C. A. 13-04-2009

15 de mayo de 2009

El clima acabó con los mayas y los vikingos

Los cambios en el termómetro del planeta, unidos al desprecio de la sociedad por el medio ambiente, han dictado el derrumbamiento de prósperas civilizaciones antiguas, como la maya, la sumeria y la de la isla de Pascua. Una lección para no olvidar.

No necesitamos las predicciones del cambio climático para saber cómo el colapso ecológico puede acabar con una civilización; el pasado nos ofrece abundantes ejemplos: templos mayas abandonados, el fecundo Sáhara invadido por las dunas, imperios socavados por la salinización, culturas precolombinas arrasadas por El Niño, la isla de Pascua arruinada por la deforestación, los vikingos expulsados de Groenlandia por el frío. Las fechorías del clima cambiante componen un largo rosario de calamidades.

Del trasfondo ecológico de esas catástrofes hemos tardado bastante en darnos cuenta. Aunque hoy el cambio climático y sus consecuencias pesan enormemente sobre nuestro presente y futuro, durante mucho tiempo se consideró el medio ambiente un actor secundario en la historia. Preferíamos atribuir los derrumbamientos sociales a las invasiones, rebeliones o crisis económicas, minimizando el impacto de las sequías, las inundaciones o la desertización. Pero al factor ambiental ya no se le puede seguir ignorando.

Lo saben bien los arqueólogos, climatólogos y paleoantropólogos que han salido a revisitar el pasado. Han hurgado en los sedimentos del suelo y en el polen prehistórico, leído en los anillos de los árboles, interpretado muestras del lecho marino y escudriñado las fotos de los satélites. Con la información obtenida han reconstruido por ordenador algunas de las fluctuaciones climáticas que sacudieron la vida de nuestros ancestros.

Sus pesquisas arrojan nueva luz sobre los mitos de sequías legendarias e inundaciones de dimensiones bíblicas. Después de todo, no eran pura fantasía. Tomemos la épica sumeria de Atrahasis, del siglo XVIII antes de Cristo. Las tablillas conservadas en el Museo Británico dan cuenta de las sequías, las hambrunas y la desecación que se ensañaron con la cuna de la civilización. Los habitantes de la fértil Mesopotamia se toparon con un problema peliagudo: la salinización de sus tierras por el abuso del riego. Optaron entonces por sustituir el cultivo de trigo por el de la cebada, mucho más resistente a la sal. Pero con los altos niveles de evaporación, la sal siguió acumulándose y los suelos se ¿tornaron blancos?, dicen las tablillas. Así se acabó el momento de gloria de Sumer.

Las dunas del Sáhara encierran una historia parecida. Por el hielo de la cumbre del monte Kilimanjaro (Tanzania) sabemos que hace cuatro milenios una sequía azotó África durante ¡300 años! En el norte africano, la inmensa sabana tapizada de vegetación se transformó en el desierto que conocemos. Sus moradores emigraron al valle del Nilo, y donde pastaban elefantes y cebúes sólo transitaron camellos. Los científicos atribuyen el fin de las precipitaciones abundantes y estables a la alteración del régimen de vientos y lluvias, causada por las oscilaciones periódicas de la órbita terrestre, que hacen variar la radiación solar recibida en cada hemisferio.

Otra sequía monstruosa intervino en uno de los mayores enigmas arqueológicos: la desaparición de los mayas. Los sedimentos de los lagos del Yucatán conservan la memoria de una sucesión de sequías a partir del siglo IX, una de las cuales duró 150 años. De nada valieron los sacrificios a los dioses, las plegarias de los sacerdotes emplumados: urbes y centros ceremoniales fueron abandonados. Los investigadores de la Universidad de Florida (EEUU) responsabilizan del hecho al Astro Rey, a un ciclo de 208 años de mayor actividad solar que se desarrolló en aquellas fechas.

Tampoco salieron mejor librados los habitantes de la isla de Pascua. Entre los siglos XIII y XVII de nuestra era floreció allí una sociedad relativamente sofisticada; pero cuando desembarcaron los europeos en 1722 encontraron a los isleños hundidos en el hambre y el atraso; de su esplendor sólo subsistían las colosales estatuas de piedra. ¿Qué fuerza irresistible los devolvió a la barbarie? Ahora sabemos por el análisis botánico que una razón fue la deforestación. Sea por la tala desmedida, sea por la llegada de ratas que acabaron con sus palmeras, los nativos se quedaron sin materia prima para sus chozas, herramientas y canoas, y sin combustible para hacer fuego.

La destrucción de los bosques también tuvo parte de culpa en el súbito declive de la cultura de El Argar (Almería), una de las primeras sociedades urbanas de Europa Occidental. El polen y los rastros de carbón recogidos en la Sierra de Baza por José González Carrión (Universidad de Murcia) y sus colaboradores relatan el pasaje de un ecosistema de pinares y robledales a otro de matorrales y arbustos, con muchos incendios de por medio. La demanda de madera para la minería y de terreno para el pastoreo, sumada al exceso de población, empujaron a la cultura argárica al precipicio.

A veces el cataclismo lo produjo una combinación desafortunada. Hacia el año 1 600 antes de Cristo, un cóctel de terremotos, lluvias torrenciales y desertización barrió del mapa la cultura supe, creadora de las primeras pirámides en tierras americanas. El geólogo David Keefer y el antropólogo David Sandweiss, de la Universidad de Maine (EEUU), han encontrado las huellas del seísmo que erosionó los valles de la costa central peruana. A continuación, las lluvias de El Niño arrastraron el material erosionado al mar, formando una barrera de arena que luego los vientos enviaron tierra adentro. La franja costera devino en un erial, y el polvo se tragó a Caral, la urbe más antigua de América.

Señalar la capacidad humana para trastocar el medio ambiente no debe hacernos olvidar que, en ocasiones, la presión del entorno funcionó como acicate. "El clima poco benigno ayudó a modelar la civilización", afirma con rotundidad el antropólogo británico Brian Fagan, autor de El largo verano. Su obra abunda en ejemplos de cómo los cambios abruptos estimularon la adaptación humana, en especial a lo largo de los últimos 15 000 años de tiempo cálido.

¿Ejemplos? El descenso del nivel del mar en la última glaciación, que creó un puente natural en el estrecho de Bering, a través del cual los asiáticos colonizaron el continente americano. O las fluctuaciones orbitales que hace 6 000 años debilitaron el sistema monzónico, abriendo una fase árida que movió las poblaciones dispersas a refugiarse en enclaves con agua, pastos y tierras productivas: los primeros núcleos urbanos.

En la cuenca del Ebro, en concreto, la crisis "forzó un cambio cultural, obligando a los cazadores-recolectores a volverse agricultores sedentarios", explica Penélope González, experta del Instituto Pirenaico de Ecología-CSIC. "El polen es un indicador clave, ya que la vegetación reacciona muy rápido a las modificaciones ambientales".

Cada movimiento del termómetro produjo ganadores y perdedores. Los refugiados del clima que se concentraron en las riberas del Nilo, huyendo de las arenas saharianas, formaron la masa crítica del florecimiento faraónico. En el siglo VII antes de Cristo, la entrada de una masa de aire cálido en el Mediterráneo favoreció el cultivo del trigo y propició el auge de Grecia y Cartago primero, y del imperio romano después; pero una variación climática posterior arruinó las cosechas de ese cereal, aumentando la vulnerabilidad de Roma a la presión de los bárbaros. La tendencia cálida entre el año 900 y el 1 300 -el llamado Óptimo Climático Medieval- apuntaló la prosperidad de Europa del Norte (¡los ingleses exportaban vino a Francia!), pero llevó a los Andes la sequía que arruinó la portentosa cultura de Tiahuanaco.

Por eso los especialistas advierten de que un "determinismo ecológico" sería tan miope como reducir el medio ambiente a mero telón de fondo. Los altibajos de las civilizaciones son más complejos; no reconocen una única causa. El ecocidio decidió la debacle en pocas ocasiones; la mayoría de las veces fue sólo la gota que colmó el vaso.

Por otra parte, no todas las culturas sucumben al desafío de un entorno adverso. Las travesuras de El Niño descalabraron la sociedad supe, pero en el Perú preincaico, el pueblo chimú salió adelante con una sabia gestión del suelo y sus recursos hídricos. En su libro Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras no, el geógrafo Jared Diamond relaciona el auge y posterior fracaso de las colonias vikingas en Groenlandia con el sucesivo calentamiento y enfriamiento del planeta en el curso de unos pocos siglos, y enseguida señala un ejemplo contrario: los esquimales, que supieron adaptarse mejor al mismo medio hostil. La última palabra, en definitiva, la tiene la organización social, su flexibilidad.

El catastrofismo retrospectivo presenta un peligro: llevarnos a ver desastres ecológicos donde no los hubo. Se ha llegado a imputar la extinción del hombre de Neandertal, hace 32 000-29 000 años, al enfriamiento registrado cuando el Atlántico se colmó de icebergs y las aguas polares irrumpieron en el Mediterráneo. Sin embargo, un estudio de las universidades de Leeds (Reino Unido) y Barcelona sostiene que, aunque las condiciones empeoraron en el norte europeo, el registro polínico de Gibraltar da fe de un clima más benévolo. "Los neandertales sobrevivieron a ese periodo frío", explica Isabel Cacho, una de las autoras del trabajo, profesora de la universidad barcelonesa; pero no niega la incidencia del medio ambiente: "Las poblaciones grandes y complejas que viven al límite de sus recursos se vuelven más frágiles a la variación del entorno. No hace falta un gran cambio climático para el derrumbe; puede bastar con la sobreexplotación de los recursos hídricos".

La arqueología nos enseña que el planeta viene calentándose y enfriándose cíclicamente (aunque eso nunca ocurrió de la noche a la mañana). La novedad es que ahora estamos alterando los ciclos; de ahí la utilidad de sacar enseñanzas de los desastres del pasado. Fagan destaca la lección de cómo la sequía puede desestabilizar una sociedad y llevarla al colapso. Otros enfatizan el desequilibrio entre población y recursos naturales. Jared Diamond subraya la incapacidad de los antiguos para entender y prevenir las causas del deterioro ambiental.

Fuente: C. A. 11-05-2009

9 de mayo de 2009

Ultimos andares de Rogelio, Yasmín y Stalker


Rogelio habla de el negro Obama: Conversando con un amigo, me percato que tiene grandes esperanzas puestas en el flamante presidente de los USA, y las refleja en sus comentarios. Y sí, no es difícil contagiarse del entusiasmo y energías que trasmite el ganador del título “Advertising Age’s marketer of the year for 2008”.

Yasmín de sus andares por La Habana sexualmente diversa y su embarazo:

Auril 2: Un Lunajod para viajar por La Habana: Ya tenemos coche para Auril.

Lo normal no es ser heterosexuales..., lo normal es buscar la plenitud: Me pasé la mañana en el centro “Juan Marinello”, donde sesionaba la cuarta parte de un evento de la Cátedra Antonio Gramsci: el Ciclo taller “Vivir la Revolución a 50 años de su triunfo”. Los temas abordados en cada sesión trazan un mapa categorial, un paisaje de las aristas de la sociedad que este grupo desea ir iluminando, desempolvado, incluso incorporar por primera vez al debate del “Socialismo made in Cuba”. Este viernes convocaban con “Género, Sexualidad, Racialidad y Religión: Cuatro frentes de emancipación para la igualdad social en Cuba”.

Stalker anda promoviendo las actividades del próximo fin de semana (15-17 de mayo):

El libro y la literatura, por una Cuba sin homofobia: El Instituto Cubano del Libro (ICL), participará de manera destacada en las actividades por el Día Mundial contra la Homofobia, 17 de mayo, concebidas dentro de la Campaña nacional por el respeto a la libre orientación sexual.

Primer aniversario del Cine Club Diferente: Doble sexualidad: ¿doble moral?

Programas de actividades por el Día Mundial de Lucha vs Homofobía: en el Pabellón Cuba, UNEAC, Sala Hubert de Blanck.