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21 de octubre de 2014

Una asistencia social para buscar con un catalejo


Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

El economista cubano José Luis Rodríguez pone a nuestro alcance un dato impactante. En un artículo del ex-ministro de economía, que el medio Cubadebate toma de Cubacontemporanea, Rodríguez despliega varias informaciones estadísticas del panorama nacional. Una de las cifras más significativas es la disminución de un 60% en los gastos de asistencia social y la contracción de casi un 67% del total de familias subvencionadas por este mecanismo.

Aquí viene a la mente, obligatoriamente, la canción del grupo Buena Fe, “Catalejo”. Esta pieza hace alusión a la enquistada costumbre de nuestra prensa oficialista de criticar lo que sucede en los países lejanos y ocultar los sucesos locales que causen preocupación. Ábrase al azar cualquier edición del Granma o sus retoños, que con seguridad se encontrarán las críticas más amargas contra los gobiernos estadounidenses, el español, el griego, el chipriota y un largo etcétera, por los recortes sociales que hubieran realizado. La cobertura sobre la situación de las personas pobres en esos países y su abandono por parte de los estados y las sociedades es masiva y gana gruesos titulares. En cambio, acá tenemos un tajazo de esta magnitud, y no ocupa más que una escondida frase, en un artículo reproducido por un medio de mucho menos alcance.

Hay que recordar que al inicio de la década de 1990, se repitieron hasta el cansancio las promesas gubernamentales de que ninguna persona o familia quedaría desamparada, frente a las dificultades económicas que se avecinaban. Esto era percibido como una muestra de la superioridad de una sociedad socialista, altruista, sobre las demás que eran capitalistas y egoistas. Evidentemente, la política cambió. La retórica pública alcanza cimas de incoherencia, porque con los truenos actuales no hay quien pueda hacer otra cosa.

Los afectados por los recortes en la ayuda constituyen, obviamente, el sector más vulnerable de la población cubana. Son el grupo más golpeado por la pobreza; por la disminución de la cuota de alimentos racionados y subsidiados –la conocida libreta–, por el aumento generalizado de precios en todos los mercados de bienes y servicios. En nuestra Asamblea Nacional del Poder popular se despliegan planes fabulosos, se proyectan las obras del futuro, se habla de las necesidades del crecimiento, pero se habla poco de estas personas. El lema de socialismo próspero y sustentable no va con ellos.

Se suele considerar que el subsidio a los productos no es muy productivo, puesto que acceden al producto subsidiado tanto el necesitado como el pudiente. Ese subsidio, en nuestro medio, se observa fundamentalmente en los alimentos de la libreta y el transporte urbano. Un lema que también ha estado de moda por acá es la de sustituir ese tipo de subsidio por aquel dirigido a las personas específicas que lo necesitan. A juzgar por lo expuesto por Rodríguez, ni el uno ni el otro.

De acuerdo a como se hacen las cosas en este país, en esa cifra se esconde una cantidad pavorosa de historias muy tristes. Los funcionarios de las regiones reciben un plan, según el cual tienen que disminuir su presupuesto en un tanto por ciento, y a recortar como sea, porque viene menos dinero del presupuesto y punto. Los subsidios de la Asistencia social se asignan a personas que no pueden trabajar por problemas severos de salud, física o mental; o a personas en mejor estado, pero dedicadas exclusivamente a atender las abrumadoras necesidades de algún familiar en esas condiciones. La modesta pensión que les pasa el Estado suele ser vital para no hundirse en la miseria. Y el periodista José Alejandro Rodríguez –no confundir con el primer Rodríguez– en no pocas ocasiones, ha revelado en el periódico Juventud Rebelde, los casos de retirada de pensiones a personas así.

Si tan siquiera se hubiera convocado el sentir de cada comunidad respecto a cómo repartir los poquitos recursos remanentes. Pero los insensibles mecanismos burocráticos son incapaces de respetar mandatos de democracia. Hubiera podido darse el caso, Dios no lo quiera, de que una persona atrevida exigiera redistribuir por ahí lo que gasta un ministro en un hotel; el organismo de deportes en una evento de escasa popularidad o lo destinado al próximo campo de golf.

En fin, que nuestra prensa oficialista seguirá con un gran catalejo para detectar los problemas en la Luna, Marte y otros lugares lejanos de las calles cubanas. Solo en las manos de la ciudadanía estará la posibilidad de voltear ese catalejo, para poder comprender nuestras propias vergüenzas y hacer algo al respecto.

3 comentarios:

Un interesado dijo...

Hola, me interesa saber si aún se encuentra en venta su libro:"El agua. Una polémica insoluble por naturaleza" y que precio tiene. Soy de México y me interesa adquirirlo, me habían comentado que solo lo podría adquirir en cuba, y es posible que un conocido que va viaje pueda traerlo pero me interesa saber dónde lo venden (libreria, dirección). Si no es posible por este medio ¿ha pensado en venderlo en la tienda de google play en formato PDF? Gracias.

Yasmín S. Portales Machado dijo...

si no deja una forma de contacto, no podemos contestarle

jesus dijo...

Hola, perdón mí dirección de correo es: al10527533@unadmexico.mx