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30 de septiembre de 2010

En un universo paralelo

Vamos a imaginarnos lo que podría haber ocurrido en un universo paralelo. En ese lugar transdimensional, la central sindical de cierto país estaría compuesta por personas similares a la de nuestro país, donde es de suponer que sean medianamente inteligentes. Desde hace una treintena de años, el problema de la inflación de plantillas en los centros de trabajo –todos estatales– podía ser, y era, detectado por especialistas, aunque nunca se les hizo (aquí) mucho caso. Tal vez allá tampoco habría necesidad de tomar medidas al respecto, dado que se recibían masivos subsidios de allende Moscú.

Hace unos veinte años, la cosa cambia, el muro se cae, los subsidios también. Momento difícil para hacer despidos masivos. Pero los investigadores de la situación económica y social siguen conscientes del problema, y es de suponer que sus resultados no están escondidos de la dirigencia sindical. Como que es hora de ir haciendo un plan.

Pasan otros diez años. Unos convenios muy ventajosos con Venezuela aseguran suministros vitales, pagados con el mejor recurso que puede ofrecer La Habana, servicios médicos en cantidad y calidad. Pero el abultamiento de personas en empleos poco o nada productivos, con remuneración del Estado –por mala que sea– continúa. De hecho, el discurso oficial se enorgullece y proclama públicamente que, a diferencia de los malvados países capitalistas, aquí “no se tira nadie a la calle”.

Fíjense cómo pasa el tiempo. La central sindical podía ver esto también. De hecho, cobra una cuota a sus afiliados, para mantener unas operaciones donde debe incluirse velar por los intereses de estos. Entonces, ¿qué tal ir tomando medidas? Por ejemplo, dando cursos de re-calificación. Negociar con el Estado la ampliación y diversificación de las actividades económicas realizables por las empresas donde más afecta el problema, cosa que los que diez años después “sobran”, fueran encontrando mejor empleo para sus manos y/o intelectos. Cambiar los planes de estudio en la educación media y universitaria, tal que se graduaran menos de los presuntos excluibles y más de los que todavía faltan. No quedarse, en fin, con las manos cruzadas y la vista en el cielo, esperando que la bomba no explote algún día. Pensar en posibilidades para ir resolviendo, gradualmente, el problema principal de sus afiliados: encontrar una manera socialmente provechosa de ganar un sustento decoroso, sin convertirse en cargas (desde hace mucho) desorbitantes y (hoy) intolerables para el presupuesto estatal.

Eso, tal vez, lo hicieron en aquel universo paralelo.

2 comentarios:

Té la mà Maria - Reus dijo...

un verdadero placer visitar tu blog
un abrazo desde Reus Catalunya

100 % Gusan@ dijo...

Bueno Rogelio. Cada día que pasa avanzamos más en la construcción del socialismo. Solo que ahora sí estamos tomando el camino correcto: el capitalismo.
Claro, en 50 años, el capitalismo dejó de ser así tan atrasado y despiadado y avanzó en protección y seguridad social. Ahora sí la era va a parir y no precisamente un corazón.
Oye, ¿Y qué han dicho sobre cuáles puestos "sobran"?
Me imagino que aquél ejército de trabajadores sociales que graduaron de corre corre tendrá las barbas en remojo.