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11 de septiembre de 2008

Entre ciclones

Fernando Ravsberg, BBC Mundo, La Habana, 2008/09/11

Ésta es una nota que me hubiera gustado no tener que escribir nunca, la hago en medio de la penumbra y el silencio de una ciudad sin luz, después de una larga noche de calor y mosquitos que me permitió pensar mucho.

Mientras yo escribo bajo el confortable techo de mi casa, alrededor de 250 mil familias lloran la pérdida de sus viviendas en medio de la incertidumbre de no saber cuándo contarán con los materiales necesarios para reconstruirlas.

Los campesinos vieron impotentes como los vientos destruyeron sus platanares y las aguas se terminan de llevar ahora mismo lo poco que se había salvado, el esfuerzo de un año de trabajo doblando la espalda bajo el duro sol tropical.

La ayuda empezó de inmediato, antes incluso de la salida del huracán Ike del país, el gobierno sacó de los almacenes las reservas de guerra y empezó a repartir comida, tejas para techar, madera y clavos, lo básico para que cada uno construya un refugio.

Sin embargo, no será suficiente, las Naciones Unidas calculan que las pérdidas por el paso de los huracanes Gustav y Ike oscilan entre los 3.000 y 4.000 millones de dólares, una suma increíblemente grande para un país tan pequeño.

Se trata de una verdadera crisis humanitaria y así parecen comprenderlo incluso muchos de los enemigos políticos del gobierno, anticastristas de Miami, disidentes internos y el propio candidato Barack Obama piden a Bush una tregua en el embargo económico.

No solicitan asistencia del gobierno federal, solo quieren que se les permita ayudar con su dinero a sus familiares, para lo cual hace falta que Washington levante las restricciones que tiene impuestas a los viajes y a las remesas familiares.

Es que los huracanes derribaron todo de forma indiscriminada, bajo sus embates cayó la casa del presidente del Comité de Defensa de la Revolución, la vivienda de un disidente preso, la escuela del pueblo y el muro de la iglesia, nada escapó.

Continúo escribiendo y el silencio persiste, nunca hubiera pensado que iba a extrañar tanto la bulla del edificio que hay junto a mi casa, desde el que normalmente oigo la telenovela, la música o el toque de santo, todo al máximo volumen posible.

Quien necesita ayuda es el pueblo cubano, la gente de a pie, los que vivían en casas precarias, de techo de tejas de fibrocemento o en bohíos hechos con tablas y hojas de palma. Son los más pobres, los que no podrán levantarse solos.

Es a ellos que beneficiará la ayuda que ya enviaron Rusia, España, Venezuela y Timor Oriental y que prometieron Brasil y México. Servirá para techar sus casas, para acercarles alimentos y ayudarles a volver a cultivar sus tierras.

Pero todavía la ayuda es poca, yo diría que mínima con respecto a lo que hace falta, y los cubanos se merecen ese apoyo porque pocos pueblos tienen una historia de solidaridad ante los desastres como la de esta pequeña isla.

Por una vez quiero tomar distancia de la política, no pretendo discutir las razones de La Habana para enviar ayuda a otros países porque hoy no se trata de apoyar al gobierno, se trata de asistir a los hombres y mujeres que nos asistieron en Asia, África y América Latina.

Porque esos dos ancianos que perdieron la cosecha bien pudieran ser los padres de la enfermera que lo inyectó a Ud. en las montañas de Pakistán y la casa que perdió el techo tal vez sea la de ese medico que lo atendió en medio de la selva guatemalteca.

Son la 10 de la mañana del miércoles y el cielo está tan gris que parece un anochecer, la lluvia sigue cayendo constante sobre el suelo ya empapado, la gente del edificio de al lado ya se levantó pero apenas se oyen sus voces, hoy la tristeza parece abarcarlo todo.

Blog Cartas desde Cuba: http://www.bbc.co.uk/blogs/spanish/2008/09/entre_ciclones.html

1 comentario:

Boris dijo...

Hoy un comentarista de la televisión dijo que tal vez el desastre ayude a remover viejas trabas. Ojalá. Se cumplirá aquello de "no hay mal que por bien..." Con el ciclón se fueron también buena parte de las esperanzas de mucha gente. Ahogados... nos vamos quedando, dispersos, y solos.