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1 de octubre de 2013

Rechazo público a proyecto de restauración capitalista

Por Rogelio Manuel Díaz Moreno y Dmitri Prieto Samsónov. Fotografías de Isbel Díaz Torres
 
Porque estamos en contra de la explotación capitalista. Porque rechazamos los intentos de despojar a la clase trabajadora de sus conquistas, alcanzadas a lo largo de décadas y siglos de arduas luchas. Porque repudiamos las maniobras de quienes intentan retornar, a Cuba, un sistema de dominación basado en el egoísmo, la enajenación, la discriminación y la represión de las libertades de la ciudadanía.
 
Con todas estas razones como fondo, integrantes del Observatorio Crítico fuimos en la mañana de este domingo, 29 de septiembre de 2013, al céntrico parque habanero de El Curita. Concretamente, se trataba de debatir y llegar a consensos sobre las actitudes a tomar ante una propuesta legislativa que parece favorecer tanto a los intereses de sectores de la burocracia gobernante, como de quienes abogan abiertamente por un futuro capitalista para Cuba. El proyecto de Código Laboral, de probable aprobación en la próxima sesión del Parlamento cubano, es el pilar alrededor del cual pueden enlazarse cordialmente los proyectos de futuro de esos polos de nuestro panorama político que suelen aparecer como opuestos: el de quienes que empujan el proyecto de Código y el de los otros, que guardan sobre él un silencio cómplice.
 
Las cláusulas del muy cuestionable proyecto de Ley laboral aportan todas las condiciones para el florecimiento de las relaciones de explotación, incluso más descarnada que en muchos de los países llamados capitalistas. A la vuelta de más de cincuenta años de un proceso declarado socialista, estamos abocados a una "reforma laboral" que empodera fuertemente a la empresa privada (nacional –hoy disfrazada de "trabajo por cuenta propia"- y extranjera) con nuevas posibilidades para la clásica explotación de trabajo asalariado; y con una reducción tal del poder y los derechos de los trabajadores y sindicatos, que constituye el ensueño de los patrones capitalistas del mundo. Estas posibilidades son actualmente el objeto de la nuestra más intensa campaña de crítica y denuncia, como puede encontrarse en nuestras recientes publicaciones y como hacemos público en todos los espacios que se ponen a nuestro alcance.
 
A grandes rasgos, estas fueron las motivaciones y el hilo conductor de la actividad. Se repartieron volantes entre los transeúntes, y eran de apreciar las expresiones de repudio cuando se les preguntaba si deseaban el regreso del capitalismo. La campaña que llevamos a cabo, guardamos la convicción, deberá conducir al mayor número de personas posible, a replantearse la actitud de apatía con que se abre paso al eventual proceso de desmantelamiento de los derechos de la clase trabajadora. Ante el ordenamiento de la nueva clase capitalista y su política, atomizadora de las resistencias individuales y colectivas al autoritarismo y la burocracia, levantamos la bandera de una sociedad auto-organizada por trabajadoras y trabajadores libres, que no es una ilusión trasnochada para almas inocentes, sino el proyecto trascendental de un pueblo laborioso, luchador y crítico, que decide sus destino en cada centro de trabajo y cada comunidad, con la solidaridad como lema central.
 
La actividad no estuvo exenta de la vigilancia policial y al terminar, cuando empezábamos a dispersarnos, agentes de la policía reclamaron su identificación a varios de nuestros compañeros. Los agentes, numerados con las chapillas 06466, 06281 y 06241, tomaron nota cuidadosa de los datos de identidad de estos compañeros, pero se negaron a informar acerca de alguna razón concreta para este acto.
 
Por nuestra parte, nos corresponde mantener la firmeza que exigen el valor y la justeza de la causa que defendemos. No nos conduce ningún afán de protagonismo egocéntrico, y nos encantaría que los nuestros fueran apenas unos más, entre muchas voces y brazos alzados en pro de la defensa, desarrollo y profundización del sistema social que se requiere para lograr un mundo mejor. A pesar del éxito temporal de la nueva burguesía, en la desmovilización de la resistencia popular, apreciamos que la población humilde y trabajadora mantiene igual rechazo al capitalismo y al autoritarismo, y en distintos lugares del país ya se han elevado protestas contra lo que pudiera llegar a ser una nueva estafa. Cada ciudadano o ciudadana puede ofrecer su aporte en esta causa.
 
Consideramos que en su forma actual el Proyecto de Código NO PUEDE SER APROBADO porque atenta contra conquistas esenciales de las clases trabajadoras de Cuba y Nuestra América.
 
Rechacemos  la aprobación de este Código, por ser restaurador del capitalismo en su forma más descarnada, por sus contradicciones, discriminaciones, omisiones y graves violaciones constitucionales.
 
Afirmemos el derecho a la autogestión de quienes trabajan y al autogobierno en la sociedad toda.
 
Exijamos la publicación de todos los Reglamentos asociados a esta ley sean públicamente evaluados y discutidos.
 
Exijamos agregar regulaciones sobre el derecho a huelga y la lucha sindical por el aumento de salarios y todos los derechos legítimos de quienes trabajan.
 
Cualquier propuesta final debe ser sometida a Referendo Popular.
 
Para hacer llegar sus sugerencias escriba a:
 
 
Parque El Curita, Centro Habana, 29 de septiembre de 2013.
 
 
 
 
 
 

28 de septiembre de 2013

Defiéndanse contra... mis enemigos

Un nuevo corto audiovisual presenta, al ciudadano cubano, a proyectarse más activamente ante lo que se puede apreciar como maltrato en determinadas instituciones del Estado.
 
Toda la trama ocurre en el salón de espera de una institución indeterminada, donde una secretaria "guarda" el orden, atrincherada en un inexpugnable buró. Ante ella, un grupo de personas aguarda, presumiblemente, para realizar alguna gestión burocrática. Algo raro se aprecia en sus rostros, que tienen la boca borrada.
 
Una persona aparece por el fondo y hace entrega de un paquete a la secretaria. Obviamente, un soborno que le abre las puertas a la solución de su problema. Tan solo una persona de entre los que aguardan, único que no aparece con la boca borrada, se activa en contra de la alteración. Frota los rostros de los demás, lo que les devuelve a la normalidad. Los rescata así de la condición de ciudadanos indefensos al abuso, y pareciera triunfará al fin la justicia.
 
Cuánta desfachatez.
 
La tesis subyacente de este corto es que la principal causa del maltrato es la indolencia de los funcionarios de menor rango. Que el deterioro ocurre en el piso más bajo de la pirámide verticalista del sistema cubano, y que los ciudadanos interesados tienen el poder y el deber de arreglar el problema. Algo similar he visto publicado, respecto al tema de los timos a los consumidores en diferentes mercados de alimentos o mercancías industriales. La prensa oficialista insiste en que lo único que debe hacer el consumidor, para resolver su problema, es defender sus derechos a ese nivel.
 
Solo que no es así.
 
Empecemos con la suposición de que la secretaria, y el resto de los funcionarios de la institución del primer episodio, cumplieran disciplinadamente su papel en el último eslabón de una cadena institucional, sin aceptar sobornos o componendas. Los ciudadanos que allí acuden seguirán bastante indefensos frente a la parafernalia de leyes, resoluciones, circulares, prohibiciones, regulaciones, etcétera, que enyugan sus vidas con todo el peso de una  burocracia totalitarista.
 
Añadamos a esto que los ciudadanos  acuden a cada uno de estos lugares, a sabiendas de que tratan con "poderes superiores". Que van a intercambiar con la fuerza del Estado, que siempre tiene la razón. Que las estructuras formalmente previstas para la reclamación contra abusos, están a cargo de los mismos intereses responsables por los abusos en primera instancia.
 
Enfrentarse personalmente al funcionario que tiene las llaves de la solución de tu problema es, entonces, una mala idea. Para colmo, los dolientes que acuden a la oficina no se reconocen entre sí, no se tienen por tanto confianza. Pueden imaginar, perfectamente, que los demás harán lo que puedan por resolver egoistamente su problema. Están atomizados, divididos, más allá del intercambio o el diálogo intrascendente o hasta indignado, frente a un abuso que se sufre en común. Es exactamente igual al dilema del prisionero. Y es el resultado de la imposición de un sistema donde predomina el más fuerte, desde una posición de poder establecida, o fomentada, o permitida por la gestión del mismo Estado.
 
Los funcionarios de la burocracia, los vendedores y administradores de mercados, los decisores ene temas de Vivienda, Comunicaciones, Salud, Educación, Empleo... manifiestan por demás una notable unidad. Por el contrario, las posibilidades de "resolver" mediante amistades, sobornos, etcétera, tienden cuñas de desunión entre los desiguales estratos de solicitantes, usuarios, clientes, estudiantes, pacientes... El héroe que saca en el mercadito su pesa para comprobar la mercancía es mirado con asombro y preocupación por posibles represalias. La persona trabajadora teme alzar la voz en el puesto de trabajo. El infeliz que no conoce a nadie ni tiene un peso para regalar un cucurucho de maní, languidece tras décadas de gestiones para que el sistema, al que ha dedicado una vida de trabajo, le arregle la azotea de la casa en peligro de derrumbe. Si acaso, alguien envía una carta a un medio de prensa que la publica con gran alharaca. Esto, en ocasiones, tiene la capacidad de generar una reacción puntual, pero no amenaza la continuidad del problema.
 
Ah, pero qué distinto sería si los consumidores, estudiantes, pacientes, solicitantes, no tuvieran reparos en acudir a una asociación de defensa de sus derechos. O fundarla, cuando lo que exista no satisfaga sus necesidades. Una red, o más de una, auto organizada por los interesados, horizontal y democrática, con el reconocimiento jurídico legítimo en cualquier sociedad que se precie de democrática. Independiente de los poderes del Estado-Gobierno, solo obediente al interés de la población, que es el interés de la nación.
 
No sería el bálsamo milagroso cúralo todo, pero la protección de los derechos de los ciudadanos tendría mucho que ganar con ese tipo de estructuras. Su actuar, a través de debates, reclamaciones, negociaciones o conflictos legales cuando no quede otro camino, obligaría a replantear las condiciones de atención a los trajinados de hoy. Condiciones que irían más allá del mero tramitar de una cuestión o mecanismo burocrático: se produciría el cuestionamiento mismo de la validez de esos mecanismos agobiantes, que restan libertad a la persona. Las instituciones del Estado-Gobierno tendrían que empezar a escuchar y acatar las voluntades populares, en cuanto a acercar la solución de los problemas de la vida cotidiana, en vez de fabricar otros.
 
Por supuesto, que unas estructuras así están muy lejos de los intereses de unos estratos autoritaristas interesados en mantener y perfeccionar su privilegiada situación. Tal amenaza es inadmisible. ¿La ciudadanía se encuentra insatisfecha por el nivel de los servicios que la acompañan? Eso también es una amenaza para las altas autoridades, pero no tanto como el empoderamiento de la ciudadanía. De eso nada. Que se desgaste el ciudadano, luchando desnudo contra el tenderillo y el inspector corrupto. Y así se matan dos pájaros de un tiro, porque ese inspector sobornable y ese tenderillo también perjudican la placidez y los réditos del dominio. Defiéndanse, ciudadanos, parecen decir. Pero, cuidadito: solo contra aquellos que también me representen problemas a mí; nunca contra mí.
 
Por suerte, esto no podrá ser siempre así.

25 de septiembre de 2013

La subida del transporte viene cantada

Tengo la impresión de que una nueva subida del precio del tansporte público en Cuba no se hará esperar mucho.
 
El precio formal del pasaje, para los ómnibus urbanos, es de 40 centavos de peso, en la llamada moneda nacional. El equivalente, unos 2 centavos de dólar, podría parecer ínfimo, hasta que uno averigua lo que recibe el trabajador cubano como salario: el equivalente a aproximadamente 20 dólares.
 
Pero si el precio formal es de esos 40 centavos, pagarlo cuesta bastante más trabajo que eso. Uno debe echar las correspondientes monedas en la alcancía del ómnibus. El chofer, además de su estresante labor, debe presionar a los pasajeros a pagar –y su remuneración depende de lo que recaude. Pero la moneda fraccionada, en este país, solo se puede encontrar en los bancos, y hacer para ello largas y tediosas colas. Y los bancos están abiertos, sobre todo, durante el mismo horario de trabajo que el resto de los centros laborales.   Anteriormente existía, en la guagua u ómnibus, la figura del conductor, que siempre contaba con suficiente menudo para el vuelto, pero esta fue proscrita por las altas autoridades, bajo el argumento de que estos le robaban al Estado gran parte de la recaudación. La mayoría de los ciudadanos, entonces, entrega resignada una moneda o billete de un peso, o mira entre lastimero y desafiante al chofer y no paga. Yo, particularmente, alterno ambas acciones, como para lograr una especie de balance, y además pido bastantes aventones o "botellas".
 
Independientemente de esto, el deterioro del servicio se acentúa sin remedios. El ministerio de transporte ha dispuesto varias medidas paliativas, que no soluciones, y todas tienen un denominador común: el precio más alto. Para empezar, están las guaguas llamadas "de trabajadores" –como si las otras fueran para los vagos. Estas otras guaguas deben trasladar a los trabajadores de ciertos centros de trabajo; fuera de ese horario, cubren irregularmente recorridos públicos, al precio de un peso. La mayoría del público se agolpa para abordarlas y paga feliz el abono, ante el alivio que suponen en una parada de ómnibus atestada y sin otras perspectivas. Total, si también pagan el mismo peso en la guagua que debía valer solo 40 centavos.
 
Por otra parte, también se han establecido recorridos con otros ómnibus que cobran 5 pesos. Una parte de estos trabaja bajo un régimen cooperativo y también son muy anhelados, a tal punto que rara vez se logran abordar por las limitaciones establecidas en la cantidad de pasajeros.
 
Volvamos al problema del pasaje de los ómnibus principales, los 40 centavos, el peso y el vuelto. Cada vez que se plantea el problema –por la parte oficialista– es para culpar a la holgazana y falta de ética población, por no abonar disciplinadamente los 40 centavos. Nadie se acuerda del principio "el cliente siempre tiene la razón" y que si un servicio cuesta tanto, yo no tengo por qué pagar más que eso. La responsabilidad de tener cambio para mi perfectamente legal moneda de pago, debe ser o debería ser del que ofrece el servicio, ¿no es así?
 
Las autoridades se han negado a aplicar otros sistemas reconocidos que funcionan en todo el mundo, como billetes prepagados, tarjetas magnéticas, etcétera, bajo el pretexto de la dificultad de la inversión inicial. Como si esto no costara menos de la milésima parte de lo que se invierte en adquirir los nuevos vehículos, y podría arreglar inmediatamente el problema de la recaudación.
 
Es verdad que, a 40 centavos, el pasaje está fuertemente subsidiado, desde el punto de vista de precios y costos. Pero desde el punto de vista del trabajador que gana la miseria que gana, más bien está equilibrado. Y vale la pena recordar que las ventajas de mantener subsidiado el precio del transporte público se han percibido en una tonga de países capitalistas. Más allá de la ayuda a los sectores de menores ingresos, está el hecho de que se facilite la actividad productiva, se contribuya a la protección del medio ambiente y se alivian las avenidas de gran volumen de tránsito. Pero me temo que el burdo discurso liberal de nuestros modernos reformistas va a ignorar también estos elementos.
 
El problema y la solución, me temo, se encarrilan al camino más fácil: uniformizar el precio del pasaje a un peso, y punto. Tal vez se haga alguna reorganización en las terminales, tales que los choferes queden aún más comprometidos a través de su salario, con el pago del pasaje por los pasajeros. De tal suerte, las autoridades se quitan de arriba el problema, poniendo una parte del pueblo a enfrentarse a otra.
 
No importa que esto signifique, para quien trabaja en el resto de los sectores laborales, un aumento del 250% o más del costo de su transporte habitual, para ir al trabajo más que nada. Vendrá oficialmente esta merma de poder adquisitivo, que en la práctica ya está prácticamente implementada. Y no cuenten con que el sindicato, la federación de mujeres, o los comités de vecinos en los barrios, eleven algún tipo de protesta.
 
Viene a la mente, como recuerdo esperanzador, que en la Cuba contemporánea sí se logró revertir, una vez, una maniobra encarecedora del pasaje. En Santiago de Cuba, la combativa negativa de la ciudadanía logró revertir un pretendido incremento de precios en el servicio de pasaje de los cocheros particulares de aquella ciudad. ¿Se podrá replicar esta experiencia, cuando se trate del servicio administrado por el Estado?

23 de septiembre de 2013

La emancipación de los trabajadores: Una causa perenne

El Comité por una Internacional de los Trabajadores reconoce actuación del Observatorio Crítico en pro del empoderamiento de la ciudadanía
 
Por Rogelio Manuel Díaz Moreno
 
Los grandes intereses capitalistas que prevalecen en las sociedades contemporáneas, han conseguido una relativa prevalencia y hegemonía de sus mensajes e ideologías. La fuerza de la repartición imperialista del mundo, el peso abrumador del aparato mediático y propagandístico, unidos a la monumental estafa que significó el llamado socialismo real, han permitido este resultado. Un vistazo más profundo revela, no obstante, poderosas reservas de fuerzas y esperanzas para los explotados de la tierra.
 
Las causas no pueden ser más elocuentes. La crisis económica golpea hasta a sectores antaño considerados a salvo, con sus secuelas de desempleo, empobrecimiento, desamparo y hasta olas de suicidios. En el Tercer Mundo, grandes masas pelean por la inoperancia de los sistemas que prometían el progreso pero han producido, fundamentalmente, mayores catástrofes ambientales y ecológicas que todo lo conocido anteriormente. Por otra parte, el asombroso desarrollo tecnológico moderno, la acelerada conectividad e intercambio de nuestro planeta, también incentivan la identificación e integración de los esfuerzos globales en pro de cambiar las reglas del juego por otras más justas y humanas.
 
En un marco que se anticipó a la caída del Muro de Berlín, específicamente en abril de 1974, surgió el Comité por la Internacional de los Trabajadores, CIT. Los simpatizantes del hoy Partido Socialista británico fueron los impulsores de esta iniciativa, inspirados en el legado de las luchas de los trabajadores de los siglos XIX y XX.
 
El CIT percibió el daño que las políticas estalinistas infligían en el seno de los movimientos obreros internacionales. Se imponía la necesidad de desarrollar estrategias de democratización de los partidos que representaran a los explotados, de elaborar programas políticos coherentes con los anhelos de libertad y justicia social. Tales movimientos deben tener inexorablemente un carácter internacionalista, que abarque cada rincón en donde exista un trabajador con la capacidad de beneficiarse y aportar por la causa de sus hermanos de clase en todo el planeta. Estas ideas beben de las fuentes, como es natural, de los clásicos del marxismo, Marx, Engels, Lenin, Trotsky, y reconociendo los modernos desarrollos de los pensamientos altermundistas, ecologistas y progresistas de todo el mundo.
 
Con estas motivaciones, se produce el involucramiento de los compañeros del CIT en causas de luchas obreras y populares en numeros países. En el escenario contemporáneo no se perciben las condiciones para el desarrollo impetusoso y masivo de un movimiento tipo Internacional Socialista, con partidos de masas trabajadoras coordinando a escala global la ofensiva contra el neoliberalismo. Eso no quiere decir que no se presentan innumerables escenarios de intensos enfrentamientos. Actualmente, en múltiples lugares se manifiestan arremetidas de los explotadores, desesperados por mantener sus menguantes márgenes de ganancia, y esto evidencia la necesidad de la resistencia, tanto más efectiva cuanto más consciente, profunda y globalizadamente logre procederse.
 
En estos trajines, maduran las condiciones para la organización de movimientos populares, capaces de aprender de los errores del pasado, desmarcarse de ultraizquierdismos u oportunismos que dieron al traste con intentonas del pasado. Al mismo tiempo, se torna estratégica la unión, a nivel internacional, de fuerzas de movimientos con intereses similares. A este fin dedica la CIT sus mayores esfuerzos.
 
En el caso particular de nuestro país, la CIT nos ha manifestado su identificación con los principios anticapitalistas y de democratización ciudadana que propulsamos en el seno del Observatorio Crítico. La amistad entre nuestros movimientos se entreteje, entonces, con naturalidad, y tiene amplia arena para construir empeños comunes.
 
En el mes de diciembre de este año, tendrá lugar la reunión del Comité Ejecutivo Internacional del CIT. A este impresionado servidor se le asignó la tarea de representar al Observatorio Crítico. Hemos considerado, en nuestros análisis colectivos, emplear estas oportunidades para divulgar nuestros empeños. Particularmente, expondremos nuestros testimonios sobre la lucha más candente que se nos ha planteado en los últimos tiempos, acerca de la necesidad de dar un vuelco total al propuesto Código del Trabajo, al cual encontramos como una amenaza fatal para el desarrollo futuro del socialismo en nuestro país.