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8 de diciembre de 2012

Para recuperar un legado trascendente

tags: activismo, afrodescendencia, altruismo, antirracismo, antropología, autogestión, cabildo, Cátedra Haydee Santamaría, Chekendeque, Cofradía de la Negritud, Cuba, derechos humanos, discriminación, educación, explotación, Lázara Menéndez, Maria del Carmen Barcia, Mario Castillo, religióno, religiosidad, Rogelio M. Díaz Moreno, Tato Quiñones
 
En la tarde de este sábado 8 de diciembre, fue realizado un hermoso encuentro en nuestra sufrida Habana. La reunión fue el producto de la labor de la Cofradía de la Negritud, la Cátedra Haydee Santamaría y el grupo Chekendeque, y tuvo como objetivo el compartir valiosos conocimientos relacionados con el desempeño de formas fraternas y de ayuda mutua entre los estratos más humildes del pueblo cubano a lo largo de un prolongado período histórico.
 
Protagonizaron el panel Maria del Carmen Barcia, Lázara Menendez, Tato Quiñones y Mario Castillo, para integrar un equipo que combina experiencia y prestigio académico con empuje, juventud, y entusiasmo en el campo de la defensa de los valores espirituales, las tradiciones y la historia de los cubanos y cubanas del heroísmo anónimo cotidiano. El público había sido citado, y acogió a los ponentes en la Casa de la Cultura de la Habana Vieja, en el barrio de Jesús María.
 
Los organizadores prepararon, con todos los participantes, un círculo horizontal e integrador, en el que fluyeron las intervenciones con una naturalidad y cordialidad que permitió obviar la falta de equipos de audio. La Barcia inició el conversatorio explicando el origen de la institución del Cabildo; introducida en Cuba por los colonizadores españoles, como un método de control socio cultural y político sobre la población de esclavos africanos introducida mediante la cruel y masiva trata negrera. Esta institución –típicamente urbana, dadas las condiciones de vida de los esclavos– derivó sin embargo, lenta pero firmemente, en un espacio que estableció lazos de fraternidad y resistencia entre los esclavos.
 
 
Tato Quiñones retomó la historia en el punto donde la dejó Barcia, para ilustrar el proceso de crecimiento y multiplicación que siguieron los Cabildos o Naciones a medida que se iban extendiendo las posibilidades y conciencia de las personas afectadas por el sistema oprobioso que representó la esclavitud, pero también a partir del fin oficial de aquella, cuando no desaparecieron las lacras del racismo y la opresión racial. Con anécdotas sumamente ilustrativas, testimonios de hechos que tomaron lugar justamente en las cercanías de ese mismo barrio Jesús María, emocionó a los oyentes que allí estábamos. De tal forma, conocimos sobre los empeños de aquellas personas que se propusieron sobreponerse a todas las dificultades, dominar con sus esfuerzos personales herramientas básicas de la cultura y la economía como el leer y escribir, y el montar un sistema de ayuda mutua basado en cotizaciones, celebraciones y otras formas organizativas. De tal suerte, mejoraban sus condiciones tanto para resistir las adversidades como para el establecimiento de formas autónomas de orgullo, de cultura, de sociedad y confraternización.
 
Lázara Menéndez ofreció importantes consideraciones sobre un tema frecuentemente manipulado como arma para demeritar las religiones de origen africano y a las personas que las practican, a saber, el componente de satisfacción personal que las acompaña en términos de bienestar. Ciertos tipos de análisis unilaterales critican a esa postura, sin permitirse reconocer que es totalmente legítima como cosmovisión que pone al individuo, y no a una deidad abstracta, como centro de su mundo. A nadie le extraña, señala, que se inviertan cuantiosos recursos extraídos a los fieles en el mantenimiento de suntuosos templos en otras religiones. Por otra parte, debe comprenderse asimismo que el carácter de resistencia forjado por esta filosofía también se erige contra las fuerzas y hostilidades que han solido pretender que estas personas se mantengan en condiciones de vida inferiores. También es fundamental recordar que en los refranes se recogen enseñanzas de sobrada justicia, como el reconocerles a todos los seres humanos capacidades y derechos semejantes para alcanzar objetivos de bienestar; tanto como reconocer que la solidaridad con el vecino y con el menos favorecido, son pilares vitales y principios éticos fundamentales de estas maneras de ser.
 
La interesante intervención de Menéndez también relacionó los modos de relaciones económicas propios de estas religiones con lo establecido en la sociedad en la que vivimos, marcado por la existencia de doble moneda y otras realidades que permean toda la vida de la ciudadanía. No olvidó recalcar la necesidad de remediar las incomprensiones que abundan en este campo, acompañadas de hostilidades. Para favorecer el entendimiento entre las personas, promover una mejor comprensión de las relaciones entre creyentes de distintas religiones o ateos y entre el ser humano y la naturaleza, enfatizó, debe partirse de la buena voluntad, de mantener la mente abierta, de no discriminar.
 
Mario Castillo, finalmente, recapituló sintéticamente cómo las tradiciones recogidas o formadas en estas organizaciones fraternales se replicaron y alimentaron posteriormente muchas de las experiencias de la clase obrera cubana. Grupos como la Federación Obrera de La Habana –fundada de manera nada casual en el mismo barrio– contaron entre sus combativos miembros con integrantes o descendientes de estas bravas personas, y la fortaleza, elasticidad e ingeniosidad desarrolladas durante siglos de opresión fueron grandes valores en las luchas contra los regímenes corruptos y los empresarios inescrupulosos que se sucederían en el poder.
 
Apurados por el implacable tiempo, se logró apretujar un rápido intercambio donde se añadió un poco a cada tema, evidenciándose el tremendo interés despertado por estos asuntos y, sobre todo, la necesidad de continuar estudiando, intercambiando y divulgando conocimiento alrededor de estas raíces tan importantes y tan poco conocidas de nuestra nacionalidad.