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8 de marzo de 2016

Definiciones perentorias ante el VII Congreso



Ya estamos a las puertas del año 2016, con la perspectiva de la celebración del VII Congreso de “el inmortal” (el Partido Comunista Cubano, PCC, para los que no están al tanto de la terminología). Hasta ahora, lo que más se ha destacado en el proceso asambleario que recorre las provincias, es la preocupación de la alta dirigencia por la producción de boniato y esas cosas. Y yo tengo atravesado entre ceja y ceja, que sería esencial que los militantes de esa organización no dejaran la oportunidad de aclarar un par de puntos programáticos.

Me parece que la benemérita institución debería, con carácter prioritario, aclarar su carácter clasista. Me explico. Supuestamente, hasta hace poco en Cuba todos éramos trabajadores, ya fuera de la ciudad o del campo, manuales o intelectuales, proletarios o campesinos. Pero llegaron los tiempos de las actualizaciones, y ahora florece la clase “emprendedora”, la economía abiertamente privada, con sus empresarios, desde los más pequeños hasta los no tan pequeños.
Y yo me pregunto lo siguiente. Supongamos un nuevo capitalista de estos, con su negocio, sus proletarios empleados, con todo el paquete, que quisiera, pidiera, su ingreso al PCC. También puede tratarse de alguien que ya era militante, y que ocurre que se vuelve dueño de un negocio de estos, dígase un restaurant, una hacienda que explota braceros, lo que sea.

Supongamos que sea una persona respetuosa de las leyes actuales. Que paga sus impuestos regularmente; socialmente aceptado en su comunidad; haga la guardia del CDR; que ayude a los viejitos a cruzar la calle; aporte para la pintura de pintar la escuela, y que sea hasta buena gente, vaya. Yo me pregunto, cuál será la respuesta del núcleo del Partido correspondiente. Cuál será la política al respecto de tal miembro de una clase antagónica al proletariado, que pida su ingreso al Partido que se consideraba, hasta cierto punto, del proletariado.

Quisiera saber, de paso, de qué lado se pondrá el Partido en los casos de conflictos laborales entre trabajadores y patrones en ese sector de la economía privada. Si quienes trabajan en uno de esos negocios deciden, digamos, de hacer una huelga contra quien los explota, qué lado podrá contar con la solidaridad partidista.

También quisiera saber cómo se enfocaría el principio del internacionalismo proletario, si se diera un caso como el siguiente ejemplo. Supongamos que a los trabajadores de la cadena hotelera Meliá, en España,  se les llena la cachimba de guizazos y van a la huelga por mejoras laborales. Y piden ayuda a sus hermanos de clase cubanos, del mismo ramo, en nombre de ese internacionalismo, como en los buenos tiempos de las Internacionales.

Este tipo de definiciones me parecen, justo ahora, más importantes para el Partido, que seguir con los intentos de dirigir el cultivo del boniato como en los últimos 40 años. Yo pienso que es mejor que las cuestiones de la producción se les dejen a quienes trabajan. Que será mejor que el Partido se concentre, en cambio, en definir los asuntos ideológicos, de la administración del poder, de la participación y demás. Que termine de clarificar si se consideran capaces de dirigir la construcción de un proyecto socialista o si se mantienen en la postura de que nadie sabe cómo construir tal cosa. Luego, las personas trabajadoras tendrán elementos concretos reales, mejor información, para juzgar si vale la pena prestar su apoyo a esta fuerza.

Se me antoja que conozco de antemano la respuesta. Después de todo, la aplastante mayoría del Parlamento cubano validó el infame Código de Trabajo neoliberal, vigente aquí hoy. Y los miembros del Parlamento que votaron a favor de tal engendro, eran total o casi totalmente, militantes del PCC.  De todas maneras, no es lo mismo que uno se lo imagine, a que el Congreso, como máximo órgano de poder de tal institución –bueno, en teoría– defina tales posturas.

Es verdad que reconocer oficial y explícitamente tal cuestión puede resultar un poquito dificultoso. Porque equivaldría a reconocer que no constituyen un partido proletario, comunista en el sentido marxista; ni siquiera socialdemócrata. Si acaso, una organización social-cristiana o algo parecido.

En fin, que se supone que éste es el tipo de definiciones importantes para los Partidos, en tiempos como éstos, de “actualizaciones”. Para poder confiar en que se sabe quién habla, y a nombre de qué ideología.

22 de enero de 2016

Décimas de Juan el Bobo sobre la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista



No sé si alguna vez ustedes se habrán encontrado con Juan el Bobo. Este es un amigo mío, con el que de vez en cuando me siento a hablar sobre las boberías de la vida. Es un tipo sencillo, que vive por la Loma de los Zapotes, por donde mucho mataperreamos en nuestros tiempos de infancia. Nunca destacó mucho en la escuela pero, cuando abría la boca, el profesorado sentía que se abría la tierra delante de ellos, por los comentarios medio raros que hacía. 

Pues bien, ahora le han entrado ínfulas de poeta folclórico. Imagínense que el otro día hablábamos del fin del año, del gobierno, la Asamblea del Poder Popular y esas cosas. Nada más que a mí se me ocurre tocarle el tema del reciente discurso de Raúl Castro. Ése en el que dijo que, en el Pleno del Comité Central del Partido (Comunista de Cuba), ya se había analizado la propuesta de "Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista".

Al otro día, Juan el Bobo se me apareció con las decimillas estas que les muestro ahora. Díganme ustedes si ese hombre no va a acabar mal un día de estos.

Décimas de Juan el Bobo sobre la Conceptualización
Ya entregó "la Comisión"
el fruto de su trabajo.
Ya podemos, los de abajo
aplaudir con emoción.
La Conceptualización
es ya propuesta concreta.
Ya nos pusieron las metas,
y nos dan hasta el camino
cual poderoso adivino
en prodigiosa carreta.

Pero, me pregunto yo,
si es que se puede saber
unos detalles, tal vez
¿quién nos "conceptualizó?
¿Quién, por ventura, escogió
a gente tan importante?
Supongamos, un instante,
que no cuadran los "Conceptos":
¿Qué nos toca hacer, al resto?
¡¿Obedientes, ir delante?!

Los "Conceptos" garantizan
–dicen– la prosperidad
con sostenibilidad
y que no nos demos prisa.
Y, si se oye la risa
de los que ya prosperaron,
no se ofusquen los hermanos;
no se tornen irascibles
por la parte sostenible
que es la que ellos nos dejaron.

12 de enero de 2016

Venezuela, los sabihondos y la contundencia de las sencillas verdades



Sobre las pasadas elecciones en Venezuela se habló muchísimo y todavía hay gente por ahí traumatizada. Yo quería dejar algún comentario mío, en ese tiempo que nuestro blog estuvo censurado. Yo quería, simplemente, referirme a un contraste que me resultó muy ilustrativo.
Por un lado, tuvimos a nuestros ideólogos oficialistas de siempre, los Ángel Guerra y compañía. Antes y durante el día de la votación, aquellos anunciaban a bombo y platillo que el pueblo venezolano “educado gracias a la revolución chavista”; “sabía cómo defender sus intereses y valores mediante las armas de la democracia”; “derrotaría a los sectores malvados, vendepatrias, de la oposición”; e “iba a darle otra gran victoria”, al gobierno amigo del nuestro. Ello, a pesar de que dominaban perfectamente la información sobre los sondeos serios que auguraban todo lo contrario –y que a los cubanos de a pie se nos ocultaron, por cierto.

Después de conocidos los resultados, la retórica de tales señores se hundió a niveles más profundos de incoherencia, con una escasez de ética peor aún. Culparon de todo a la guerra económica de la oposición y a la injerencia estadounidense. En realidad, estos factores fueron muy reales, pero ya se podían haber dado cuenta y tomado mejores medidas en defensa de su proyecto, antes y no el día después de la elección. En todo caso, ahora se desbordan de exhortaciones para que el pueblo se alinee con el presidente, que defienda las conquistas, que detenga el avance de la oligarquía derechista. Pareciera que los que votaron por los contrarios al gobierno de Maduro fueron unos marcianos, de visita temporal, que ya regresaron a su planeta.

El colmo fueron ciertas comparaciones de estos intelectuales, que dejaban al Liborio de allá como el gran malagradecido. Supuestamente, los votantes por la oposición habrían preferido las promesas de pantalones y abundancia de otras pacotillas, que hacía la oposición, ante las computadoras y las viviendas y todas las otras mercedes que el magnánimo gobierno había repartido.

Pero Telesur dejó ver un pequeño filito de otra realidad, que valió mucho más que cualquier cantidad de explicaciones y demagogias. Se trató de una reunión del presidente Maduro, con representantes de las bases de su partido. Allí se paró, en un momento dado, un hombre, que habló con mucho dolor, mucha humildad.

Yo lo percibí como una persona sin una refinada o erudita formación académica, bien lejos de los Atilio Borones y demás de esa laya. Porque habló con palabras sencillas, que puedo recordar no al pie de la letra, pero sí clarito clarito, su mensaje.

Que la dirigencia venezolana tenía que revisarse a sí misma, desde la vicepresidencia hacia abajo. Que en la base estaban cansados de tanta reunión de muchas horas donde se hablaba, se hablaba, pero no se resolvían los problemas. Que el vicepresidente Diosdado Cabello les había prometido, varias veces, visitar su región para atender los problemas que los agobiaban, pero nunca había cumplido. Y que al final pasaba que aquel que criticaba algo, entonces (era acusado de que) era un contrarrevolucionario.

Dijo aquel hombre, y yo lo vi por Telesur, con estos ojos que se los van a comer los gusanos.

12 de noviembre de 2015

El ciclo progresista latinoamericano que se acaba o no y la baza marxista (II)


La imposibilidad de las clases trabajadoras de implantar su predominio a nivel nacional representó una seria limitación en estos movimientos latinoamericanos. Tener que fungir de vagón de cola de los grupos políticos policlasistas, capitaneados por la mediana y pequeña burguesía –anti neoliberal, pero no anticapitalista– , les inhibió el desarrollo independiente, no solo en las arenas nacionales, sino a la hora de coordinar esfuerzos y luchas a nivel regional. El proletariado y el campesinado tampoco tendieron al establecimiento de alianzas internacionales de carácter clasista desde las bases.

En cambio, todos los mecanismos de unión continental potenciados (CELAC, UNASUR, MERCOSUR, etc.) se establecían a esos niveles de las élites. Los mecanismos de integración comercial, de inversiones, de infraestructura, han sido cuidadosamente atendidos. Se alcanzaron, eso sí, acuerdos para la circulación de mercancías y capitales, en el marco de los mercados y circuitos; se trabajan los aranceles y se fomentan los bancos. Incluso, con el protagonismo notable de Venezuela, se establecieron condiciones económicas inéditas para acceder a recursos básicos clave –el petróleo—por parte de varias naciones de limitados caudales. Una vez más, debe reconocerse que esto permitió la reducción sensible de los niveles de pobreza, lo que se reflejó en el apoyo popular a estos gobiernos.

Aun así, no se produjo significativamente, una mayor unión entre los sindicatos de unas y otras naciones, o de las fuerzas partidistas de trabajadores, que se tradujeran en tácticas y estrategias comunes para el avance de los intereses particulares de la clase trabajadora y el enfrentamiento a las fuerzas de la burguesía reaccionaria a escala continental. No se han alcanzado, ni siquiera, acuerdos generales para el movimiento libre de personas entre todas estas naciones.

En cambio, se refozó inexorablemente el papel subordinado del continente ante el mercado mundial, con su papel principal de exportador de materias primas. Esto se puede confirmar con el ejemplo fresquito del acuerdo comercial, firmado por Ecuador, con la Unión Europea. La comisión de Comercio Internacional del Parlamento europeo elogió a aquel país por su trabajo en pro del mejoramiento de las condiciones “de los sectores productivos orientados a las exportaciones”, según un reporte de DPA. Otro ejemplo es el de Chile de la presidenta “de izquierda” Bachelet. Recientemente, se inauguró el mega - acuerdo comercial Trans-Pacífico, negociado en secreto, entre países de muy distintos grados de desarrollo, desde superpotencias como Estados Unidos, Canadá, Australia, hasta naciones subdesarrolladas como Perú y el mismo Chile. Para no hablar del “hermano país que construye el socialismo con sus peculiaridades”, Vietnam.

El efecto lógico de todo esto sería debilitar la capacidad de pueblos y personas trabajadoras ante el avance de la reacción. El golpe de estado propinado al ex presidente Zelaya en Honduras fue un ejemplo especial de todos los problemas señalados.

El hacendado Manuel Zelaya llegó a la presidencia de Honduras en el 2006, tras una campaña antineoliberal, mas no anticapitalista. Se ganó el apoyo electoral de las mayorías, con los argumentos de revertir los peores efectos del neoliberalismo, avanzar hacia una reforma agraria, y medidas de beneficio social en la medida de “lo posible”, sin salir del marco capitalista. Era el típico caso donde, a los críticos radicales, se les respondía prácticamente con el mismo argumento de los “clásicos” del neoliberalismo: no hay otra alternativa, lo demás son idealismos, etcétera. Honduras se hizo socio del ALBA y de PetroCaribe. Pero, en cuanto Zelaya se insinuó un tilín más radical que lo que la oligarquía estaba dispuesta a resistir, fue defenestrado en un abrir y cerrar de ojos, en el 2009.

La clase trabajadora hondureña no contaba en esos momentos con una organización de masas, poderosa e independiente; que llevara un trabajo organizado año tras año, para hacer converger a las masas hacia un programa revolucionario consecuente –y a los mismos soldados del ejército, que no debemos olvidar que salían de las mismas filas de campesinos y obreros pobres. Sus representantes participaban del conglomerado mixto alrededor del gobierno, atraidos por el programa de reformas de beneficio social y las vagas promesas de una reforma agraria. Si alguien opinaba que la postura debía ser más radical, se pueden imaginar como lo iban a criticar por andar en “izquierdismos de cafetín”.

Pues se produce el golpe de la extrema derecha. Los demás gobiernos progresistas latinoamericanos emitieron enérgicas condenas, implementaron una especie de boicot temporal, incluso expulsaron al gobierno de facto de Micheletti de la Organización de Estados Americanos. Pero no se produjo la respuesta revolucionaria necesaria. Pudiera haberse pensado en una huelga general, de haberse contado con las estructuras organizativas adecuadas, con el programa revolucionario adecuado y el soporte resuelto de las clases obrero - campesinas del resto del continente; hasta la derrota de la intentona golpista y la victoria del pueblo trabajador. Que esto no era una utopía, lo demostró la heroica resistencia del pueblo humilde hondureño, que por varios días se manifestó masivamente, y desafió al bien armado ejército, reclamando el regreso de su Presidente. Sin embargo, se impuso una negociación en la que las élites capitalistas llevaron las de ganar.

Al final, todo se arregló entre burgueses. Da una medida del asunto, el hecho de que la oligarquía hondureña denunció los tratados del ALBA… pero no los de PetroCaribe. A la larga, Zelaya aceptó unos acuerdos que devolvieron su partido burgués al terreno electoral, y no se ha vuelto a hablar de reformas sociales en Honduras. Actualmente se produce, de nuevo, una efervescencia anti corrupción que vuelve a demostrar enorme potencial de rebeldía entre las clases humildes, pero de nuevo falta el programa organizativo y movilizativo basado en principios del marxismo revolucionario.

Argentina, Brasil, Venezuela, han atravesado o atraviesan sus propias crisis, con sus diferentes características, pero derivadas de las mismas limitaciones. La derecha de esas naciones se aprovecha de debilidades similares de las fuerzas progresivas respectivas. Los partidos multi clase, pos neoliberales, alcanzan las presidencias respectivas, pero no se soportan en una base trabajadora que imponga el control obrero sobre los principales medios de producción. Por lo tanto, las derechas más rancias tiene la capacidad de maniobrar, generar movimientos masivos de contrabando, especulación de mercancías, fomentar y explotar las tendencias de corrupción en las estructuras autoritarias y verticalistas montadas por los gobiernos “izquierdistas”. De tal suerte, agravan las dificultades inevitables en unos sistemas, todavía capitalistas e inmersos en el inestable mercado mundial y aumentan el nunca ausente descontento social hasta provocar –al menos, eso intentan– la caída de tales fuerzas, bien sea por medio de elecciones o de la violencia. Las clases trabajadoras de uno u otro país, que no han establecido el tipo de alianzas internacionales de las que gozan las fuerzas capitalistas, no pueden hacer gran cosa por el vecino ni pedir su ayuda cuando sus propias bardas arden.

El acercamiento de los Estados Unidos y Cuba, después del pasado 17 de diciembre, es como el argumento final de Guerra Cabrera para “desmentir” lo del fin del ciclo progresista. Sin embargo, como se ha repetido hasta la saciedad, el imperialismo yanqui cambió de medios, no de fin. Y si de algo hay que preocuparse, será precisamente del entusiasmo de los empresarios, negociantes, capitalistas estadounidenses, que gestionan febrilmente en su Capitolio, la extensión de licencias y permisos para establecerse, invertir, hacer negocios y comprar y penetrar en este suelo todo lo que le permitan las laxas leyes cubanas de inversión extranjera, y el espíritu mercantilista de nuestras nuevas élites. Élites que le reclaman al presidente Obama que retire la base militar de Guantánamo, y le ofrecen a su Secretaria de Comercio, Pritzker, una base económica en el puerto de Mariel.

En resumen, que aún sin decantarse por una afirmación rotunda del llamdo “fin del ciclo progresista”, no se puede ignorar la urgencia de realizar el balance de las experiencias, conquistas, victorias y retrocesos de estos últimos años. Que no se pueden ignorar las lecciones históricas, no solo de este siglo y continente, puesto que mucha agua ha corrido bajo los puentes de las luchas de los trabajadores, los movimientos reformistas y las tentaciones hacia alianzas poli clasistas. Y que cada elección de camino tiene sus ventajas y desventajas. Que se puede eventualmente avanzar por una senda con algunas compañías heterogéneas, pero las fuerzas revolucionarias de trabajadores deben mantener la capacidad crítica, independiente de tales temporales aliados, “compañeros de camino”. Que no se debe perder la firmeza en el desarrollo de los principios científicos del socialismo marxista; ni descuidar el cultivo de los mecanismos y recursos propicios para sus propios fines, entre ellos, el internacionalismo del proletariado y el campesinado. Solo así se efectuarán los avances irreversibles hacia el destino final pues, de permitirse concesiones de principios hacia los eternos alegatos reformistas generados por las contradicciones internas de la burguesía, se facilitará indefectiblemente el estancamiento de cualquier ciclo o etapa de avances revolucionarios.