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2 de abril de 2011

Una visión sobre esas cosas espantosas que dicen están pasando en Fukushima (IV, final?)

Para poner en perspectiva todo lo que está sobre el tapete en el tema de la energía nuclear, incluyendo las recientes causas de apasionamiento alrededor de los sucesos de Fukushima, es preciso manejar la información desde todas sus facetas. El análisis del problema que realice la persona convencida de antemano de que tiene las respuestas, tampoco arrojará el resultado mejor orientado; si acaso, revelará nuevamente las convicciones previas del sujeto, y arrastrará tras sí al profano o enajenará la posibilidad del debate colectivo abierto y científico.

En lo que avanzan las labores de reconstrucción de la golpeada nación japonesa, en lo que los sobrevivientes intentan recuperar los cuerpos de los seres queridos para darles sepultura, la discusión sobre el empleo de la energía nuclear alcanza un nuevo ciclo. Sus enemigos acérrimos intentan aprovechar las secuelas del accidente de la central atómica para “demostrar” la necesidad de sustituir y eliminar hasta el último reactor de la faz de la tierra.

Para estas personas, no es necesario hacer un análisis comparativo de los riesgos y potencialidades de las distintas tecnologías. Lo nuclear es malo porque sí, y es más malo que todo lo demás, y no hace falta para demostrarlo más que lo que ocurrió en Chernobil y ahora en Fukushima. O cerramos todas las plantas atómicas hoy o moriremos mañana, pasado mañana a más tardar.

La arena pública ya está viendo los efectos de este accidente en la nueva ola de impopularidad que se abate contra el empleo de estos combustibles. En Alemania, España, y otros lugares, de pronto el tema se vuelve más espinoso que un erizo para los políticos. La política, sin embargo, es un pésimo marco para planificaciones peliagudas, puesto que las pasiones barren con facilidad las endebles trincheras de la razón y la lógica. Para empezar, en los países mencionados no ocurren terremotos.

La razón última del accidente de Fukushima fue el terremoto de fuerza 9, más poderoso de los últimos ciento y tantos años, más el posterior tsunami. Es Japón zona sísmica por excelencia, y las centrales electronucleares se calculaban también contra esos riesgos. Así, ni siquiera el violentísimo temblor desestabilizó a Fukushima, que vino a ser afectada fundamentalmente por la rabiosa penetración del mar… y la posterior imposibilidad de recibir energía eléctrica de emergencia desde un exterior igualmente devastado. Si se hubiera escogido un lugar separado del mar por solo 5km para erigir esta planta, hoy no estaríamos atormentados por este asunto, solamente por las restantes secuelas del desastre natural que barrió con casas, escuelas, hospitales, fábricas, etc. ¿Nadie se ha planteado que debiéramos dejar de producir civilización?

La contaminación radiactiva parece ser el demonio que prueba la maldad definitiva de esta industria. Los gruñidos de los detectores de radiación despiertan un eco de rugidos a lo largo y ancho del planeta. A juzgar por los más sensacionalistas, pareciéramos estar en medio de una hecatombe. Contrariamente a esto, los dos trabajadores más afectados por la radiación ya fueron liberados del hospital donde se atendieron quemaduras generadas por laborar entre los charcos con radioisótopos en la recuperación, ignorando las señales de sus contadores personales. Otra veintena de trabajadores recibieron dosis menores, tal vez causando gran conmoción, pero dentro de límites que no causan ninguna preocupación entre los familiarizados con el tema. Para dar una referencia, en medicina se usan dosis de ese orden para algunos estudios diagnósticos y dosis mucho mayores para tratamientos de distintas enfermedades.

¿Que queda contaminación en el ambiente? Pues… sí, se regaron ciertas cantidades de Yodo y Cesio, fundamentalmente, y cantidades menores de otros elementos como Plutonio. Tampoco hay que entrar en pánico porque una agencia de prensa reporte “detectaron niveles de plutonio 10 mil veces por encima de lo normal”. Se cayó en ese lugar una gotica, par de miligramos, del susodicho elemento, y ya eso es suficiente para que se cuente esta elevación y más. Lo que no quiere decir que podamos dormirnos en los laureles, que tampoco, la región necesitará un proceso de monitoreo y descontaminación de los puntos más conflictivos. Se ensució también, lamentablemente, el entorno marino. Las comisiones de la Agencia Japonesa de seguridad nuclear e industrial, con el acompañamiento del Organismo Internacional de la Energía Atómica, estudian minuciosamente la cuantía del desparrame. Puede ser aconsejable dejar descansar la tierra de cultivos unos meses. Tal vez traer agua de beber de las regiones cercanas durante un tiempo. Pero no me vengan a decir que esto es mucho peor que las contaminaciones causadas por los desastres de la industria petrolera y del carbón. ¿Cuánta contaminación causó exactamente la detonación de la plataforma Deepwater Horizont, incidente donde perdieron la vida cerca de veinte desdichados? ¿El hundimiento del buque Prestige? ¿La zozobra del Exxon Valdez? Esto, para mencionar sólo los más conocidos. ¿Cuántos muertos en Nigeria por los conflictos y la irresponsabilidad ambiental de las grandes petroleras, cuántos en Ecuador? Los accidentes en minas de carbón, con su secuela de muertos e incapacitados, son tan frecuentes que ya no son noticia –para no mencionar que los gases de efecto invernadero, resultado de la quema de combustibles fósiles, están descongelando los refrigeradores del planeta.

Vamos a suponer que no hubiera existido Fukushima. Que no se hubieran construido nunca las plantas atómicas donde Japón genera aproximadamente el 30% de su electricidad. ¿Cuánto petróleo, cuánto carbón se hubiera quemado allí? ¿Cuántos millones más de toneladas de dióxido de carbono, sulfuros, metano, liberado a la atmósfera? ¿Cuánto más por arriba estuvieran hoy las temperaturas del mundo? ¿Cuánto peores hubieran sido, en la última década, los huracanes, las sequías, las inundaciones y otros eventos climáticos extremos causantes de hecatombes masivas ? ¿Cuántas lluvias ácidas más hubieran caído sobre el delta del Yang-Tse, el Mekong, sobre los bosques y las nieves del monte Fujiyama, sobre la fauna marina? ¿De verdad que lo ocurrido en Fukushima –donde no se ha reportado hasta ahora un solo muerto– es peor que todo esto?

Vamos a seguir en esta vena. Si vamos a renunciar a la energía atómica por el uso y peligro de las radiaciones, ¿deberíamos renunciar también a su uso en la medicina? Porque en accidentes relacionados con esta rama, han muerto y sufrido más personas que en toda la historia de la energética nuclear. En un simple ejemplo, el accidente de la ciudad brasileña de Goiania, provocó un desastroso reguero de Cesio-137 por un barrio popular de aquella ciudad, con varios fallecidos y decenas de personas con secuelas. Toneladas y más toneladas de tierra y suelos tuvieron que ser removidos en aquella ocasión. Pero la vida en Goiania se repuso, continúa, y tomadas las medidas que el accidente enseñó, la medicina sigue sirviéndose de estas herramientas únicas en su lucha por servir al hombre.

Cada jornada de marcha de las distintas industrias basadas en las fuerzas atómicas, deja lecciones. Las jornadas marcadas por circunstancias extremas, como accidentes, son aún más aleccionadoras. Por ejemplo, podemos confirmar la necesidad de asegurarnos de la seguridad natural, geológica, hídrica, de los lugares donde se vayan a ejecutar determinadas construcciones. Podemos comprobar la necesidad de someter a las grandes compañías al escrutinio público, para evitar que traten de engañar al público para proteger sus intereses -no solo a la Tokyo Electric Power Co., sino también a la British Petroleum, a la Royal Dutch Shell, a Chevron, Halliburton, Raytheon, el Bank of Scotia, el Santander y el AIG. A la General Electric, a Gazprom, a ETECSA y hasta a etcétera. Aunque para aprender esta lección no hacía falta esperar al terremoto.

Que el paroxismo no nos impida meditar y reflexionar y poner cada cosa en su justa medida. El mundo de la energía 100% renovable es muy bonito, y la búsqueda de tecnologías eficientes más, pero hay que trabajar muy duro todavía, y mucho tiempo, para sustituir porciones significativas de lo que hoy producen las tecnologías de combustibles fósiles y nucleares. Para no mencionar que la minería y la industria de transformación del silicio, elemento fundamental de las celdas solares, contamina más como resultado de sus procesos químicos industriales, que la propia energía nuclear –¿qué sorpresa, eh, a que no todos sabían eso?

Y si las secuelas de la energía a base de petróleo y carbón son malas, peor aún es la falta de energía, que sufre sobre todo el Tercer Mundo. Sustituyendo lámparas incandescentes por ahorradoras, tal vez un hospital disminuya su consumo de 5 a 3 megawatt. Pero todavía hace falta producir esos 3 megawatt, o se morirán los pacientes en apoyo vital, se morirán otros pacientes por no poder realizarse los análisis necesarios; se morirán, en fin, por falta de energía. Un frigorífico protege de la hambruna estacional: necesita energía, y no la de unos panelitos solares, ni la de un molino de viento que se detiene cuando este no sopla. Y así sucesivamente.

Antes de criminalizar a la energía nuclear y usar a Fukushima como estandarte, aún en esos países donde la tierra nunca ha ni estornudado, pensemos un poquito en todas esas cosas.

29 de marzo de 2011

Una visión sobre esas cosas espantosas que dicen están pasando en Fukushima (III)

Cada día que pasa desde el terremoto de Japón, las noticias desde ese país mantienen a la humanidad informada conmocionada por la magnitud de la tragedia experimentada por aquellas personas, a la vez que inquieta por los sucesos de la planta atómica accidentada en Fukushima. Continuemos nuestros comentarios de lo acaecido a partir del día 20.

Se recordará que los recuperadores estaban haciendo grandes esfuerzos desde el día mismo del sismo y posterior tsunami, para mantener refrigerados a los reactores y a las piscinas de combustible usados. Las mayores dificultades estaban dadas por la falta de suministro eléctrico estable e incendios y estallidos de gases inflamables que se producían esporádicamente, lo que obligaba a evacuaciones de personal por motivos de seguridad. Como consecuencia, además de reportarse algunos heridos, empezaban a detectarse niveles de radiactividad por las regiones cercanas.
En los días siguientes se vivió aproximadamente una continuación de esta situación. Se continuaron los esfuerzos por enfriar con agua bombeada desde tierra y mar, y se extendieron los monitoreos de la radiactividad por las regiones aledañas, encontrándose niveles superiores a lo permisible en plantíos de vegetales y muestras del agua de mar. Estos hallazgos refuerzan las preocupaciones sobre el estado técnico de alguno de los reactores, posiblemente afectados por las explosiones y el intenso calor del combustible atómico insuficientemente refrigerado. Se trabajaba intensamente por reponer el suministro de energía eléctrica desde el exterior a los sistemas ingenieros de la planta, lo que no era nada sencillo por el panorama de desolación dejado en toda la región por el terremoto y el tsunami.

En los monitoreos periódicos de radiactividad, las dosis detectadas demostraban por momentos tendencias decrecientes. Esto indica que se habrían escapado cantidades limitadas de radioisótopos desde los reactores, que forzosamente irían agotando su actividad a medida que se desintegran. El hecho de que se fueran diluyendo en el medio ambiente también amortigua considerablemente su peligrosidad. Téngase en cuenta que en el entorno natural existen también fuentes radiactivas de baja intensidad. Esto no quiere decir que se deban dejar de tomar todas las medidas que la prudencia aconseje para aumentar la protección pública, como bien saben los japoneses que siguieron en alerta.

Aunque algunos estaban confiados en exceso. Unos obreros de la recuperación ignoraron en un momento dado las alertas de los detectores que portaban de altos niveles de radiactividad en los charcos de agua que atravesaban y, como consecuencia, tuvieron que ser atendidos y tratados por quemaduras por radiación. Las autoridades, compréndase la Agencia de seguridad industrial y nuclear japonesa y los directivos de la compañía, orientaron extremar precauciones y se monitoreó más estrechamente la radiación recibida por el personal en labores. Según estas, unas 20 personas habrian recibido una dosis de 100 milisieverts, lo que es una dosis notable en términos relativos, pero sin consecuencias determinísticas para la salud. Esto de determinístico quiere decir que, con una dosis así, no se corre un riesgo inmediato de sufrir ningún problema, pero a largo plazo, pasados un número de años, aumentan algo las probabilidades de sufrir algún tipo de afectación a la salud. La noticia tranquilizadora era que, en los exámenes conducidos en el centro de salud de Kawamata a los niños de la zona de evacuación, no se encontraron señales de sobreirradiación.

Del 24 al 25 de marzo la radiación depositada en las prefecturas japonesas cercanas a Fukushima continuaba disminuyendo. Los trabajos de técnicos y obreros lograban hacer llegar la electricidad a más y más sistemas ingenieros de la planta y aumentaban el control sobre la misma. En el agua de mar se encontraban eventualmente altos picos de radiación, particularmente de los isótopos Yodo-131 y Cesio-137. Este último es el más peligroso, porque se desintegra más lentamente y por lo tanto dura más tiempo irradiando. En el agua de beber los niveles detectados eran casi siempre dentro de los límites permisibles, y ligeramente por encima de lo recomendable para niños en alguna ocasión aislada. En el suelo y los vegetales también se dieron hallazgos importantes de contaminación radiactiva.

Para el 27 de marzo ya se bombeaba mayormente agua fresca dentro de reactores y piscinas de combustible, en vez del agua de mar usada en los primeros días. Esto indica mejor dominio de la situación. La presión y temperatura dentro de los reactores permanecía controlada y en ligero descenso a niveles más seguros También progresaba la restauración de los sistemas eléctricos. La contaminación radiactiva descendía en todos los frentes, aunque se mantenía la recomendación de evitar beber el agua superficial en siete localidades. Se recordará que varios países dictaron medidas contra la importación de alimentos y vegetales de origen japonés por temores relacionados con la contaminación.

El día siguiente, 28, una poderosa réplica sísmica en las cercanías de la electronuclear de Onagawa aceleró los corazones de muchas personas, pero el temblor de 6,5 grados en la escala de Richter no afectó los sistemas de la central. Se pudo modelar con mayor precisión la dirección de las corrientes de contaminación más significativas vía marina.

Este día, en una comunicación del director general del OIEA, éste destacó la importancia de mantener la comunicación clara, abierta y precisa en una crisis de esta naturaleza. Enfatizó la estreches en que trabajaron la Agencia japonesa y la mundial en el enfrentamiento al problema, así como agradeció la asistencia de otros organismos. En el marco de la conmoción, conminó a empezar a pensar en el futuro, en el fortalecimiento de los mecanismos de seguridad para el uso de la energía atómica, incorporando las lecciones aprendidas en Fukushima.

Poco después, ese día, se detectaron trazas de plutonio en el suelo cerca de la planta, pero no estaba claro si provenía de la planta o su origen venía de antes –en los suelos de todo el mundo existen naturalmente pequeñas cantidades de este elemento, más lo que se depositó como resultado de las pruebas de armas nucleares– y las cantidades encontradas no eran mayores de lo normal.

Al día de hoy, 29 de marzo, los niveles de radiación en todas las formas de monitoreo indicaban una sostenida reducción hasta límites cada vez más reducidos. Los dos obreros que sufrieron las quemaduras por radiación en la planta, habían sido dados de alta del hospital. El laboreo de los incansables y afanados trabajadores japoneses mete en cintura poco a poco a la descarrilada planta, aunque todavía queda mucho trabajo por hacer. En nuestro próximo post, trataremos de hacer un resumen y recoger nuestras reflexiones relacionadas con todo esto.

Continuará...

Para poner en perspectiva todo lo que está sobre el tapete en el tema de la energía nuclear, incluyendo las recientes causas de apasionamiento alrededor de los sucesos de Fukushima, es preciso manejar la información desde todas sus facetas.

28 de marzo de 2011

Una visión sobre esas cosas espantosas que dicen están pasando en Fukushima (II)

Pues bien, continuamos viendo qué más pasó en Fukushima, donde el terremoto del pasado 11 de marzo y el tsunami subsiguiente provocaron uno de los incidentes más graves en la historia de la energía nuclear. Unas cuantas cosas impactantes han pasado en estos días y es conveniente estar familiarizado con los hechos más representativos.

A la altura del día 12, muchos residentes y personas de todo el mundo no se habían podido recuperar del shock inicial, pero de todas maneras urgía atender la situación de la central electronuclear. Varios organismos internacionales estaban ofreciendo y concretando ayuda de diversas maneras, entre ellos el Organismo Internacional de la Energía Atómica. Dentro del reactor 1, el afectado más de cerca por la explosión del día anterior, empezó a bombearse agua de mar mezclada con boro, que es un elemento capaz de inhibir las reacciones del combustible nuclear. Se confirmaron además 4 trabajadores lesionados por esta explosión. Dos productos radiactivos resultado de las reacciones atómicas típicas en estos reactores, Cesio-137 y Yodo-131, , empezaron a encontrarse en las cercanías de la planta, obviamente con ciertos aumentos de la radiactividad local. La evacuación de personas en los alrededores ya alcanzaba a decenas de miles.

El accidente había sido calificado inicialmente como de nivel 4 en una escala donde el máximo, 7, había ocurrido solo una vez, en el fatídico Chernobil. El accidente de la Isla de las Tres Millas, en los Estados Unidos, había alcanzado la categoría 5. Después se vería que los japoneses estaban siendo un poco optimistas. En el reactor 3 hubo necesidad de liberar un poco de vapor de manera similar a la del reactor 1, y se le inyectó agua y agua de mar. En este edificio se empezó a acumular hidrógeno, que es un gas altamente combustible. Aunque se trató de disiparlo a la atmósfera, no se pudo evitar una explosión el día 14, con el coste de seis trabajadores heridos.

Una medida de precaución que se recomienda en estos casos es la ingestión de yodo por parte de la población en riesgo. De esta manera, los órganos del cuerpo propensos a acumular esta sustancia, lo hacen con una de origen confiable y no con la que pudiera haberse liberado del lugar del siniestro que emite radiactividad. Los japoneses, por tanto, empezaron la distribución masiva de este fármaco.

Los días siguientes verían la sucesión de esfuerzos por inyectar agua en los reactores con combustible y mantener niveles adecuados del refrigerante. Altos directivos de la Agencia nuclear japonesa y de la compañía ofrecían al público la información disponible con las recomendaciones adecuadas, aunque a los últimos la prensa y demás sectores sociales empezaron a presionarlos, ante la posibilidad de que hubieran ocurrido negligencias en la explotación de la planta. En el resto del mundo se producía un esfuerzo comunicativo similar a los más altos niveles. El día 15 trajo una complicación adicional.

No solo los reactores en funcionamiento se cubren con agua. El combustible nuclear utilizado y considerado como agotado se guarda en piscinas que también deben ocuparse de refrescarlo, pues todavía contienen mucha energía en reacciones que emiten cantidades considerables de calor y radiactividad. Se detectaron llamas alrededor de las piscinas del reactor número 4, con radiación emitida directamente a la atmósfera. Las explosiones de hidrógeno continuaban en uno u otro reactor, tal vez causando este incendio, que fue controlado en un par de horas. Los niveles de radiactividad se elevaron en la planta a niveles serios durante este período, y fue bajando paulatinamente, pero se evacuó a todo el personal no imprescindible. Todos los reactores se reportaban, oficialmente, como estables, apagados y fríos, y se continuaba rociando agua desde helicópteros, con cañones, desde el mar y, en general, como fuera que se pudiera.

Ahora bien, las réplicas al terremoto continuaban en otras zonas de Japón, algunas con tanta fuerza como 6 grados en la escala de Richter. Las plantas nucleares más cercanas a los nuevos epicentros resistían sin novedad. Entre fuegos, explosiones y dificultades con la refrigeración del agua, las piscinas del combustible utilizado en Fukushima en sus varios reactores se calentaban peligrosamente. Las complicaciones de todo tipo hicieron subir la calificación del accidente hasta el quinto nivel de la escala, ya similar al de la Isla de las Tres Millas. Llegado el día 20, seguían operando con generadores eléctricos de emergencia ante las dificultades del suministro de electricidad desde el exterior. Empezó a detectarse radiactividad por encima de lo normal en zonas alejadas decenas de kilómetros, en el agua, en la leche de las vacas, y en algunos vegetales de cultivo, la mayoría de las veces por niveles inferiores a los máximos permisibles establecidos por las autoridades como seguros, pero algunos traspasando estos límites.

Las unidades 1, 2 y 3 eran las que estaban en peores condiciones en este momento, y se creyó que los núcleos de sus reactores pueden haber sufrido algún tipo de daño. Las piscinas seguían preocupando a los recuperadores.

Continuará...

25 de marzo de 2011

Una visión sobre esas cosas espantosas que dicen están pasando en Fukushima

Varios conocidos, preocupados, nos recomiendan no salir en estos días a la calle sin necesidad, dejarnos lloviznar encima e, incluso, dejar de comer ciertos vegetales. Estas serían precauciones a tomar por consideración al accidente nuclear ocurrido en Fukushima, Japón, a raíz del terremoto ocurrido en el país del sol naciente, seguido del espeluznante tsunami cuyas imágenes impactarán durante largo tiempo.

En realidad, la magnitud del fenómeno y sus posibles repercusiones justifican que todos nos preocupemos por tener un nivel de información sobre el tema. Ahora, corre un gran torrente de versiones, informaciones, opiniones, recomendaciones y críticas de toda laya por los distintos medios, la prensa, Internet, con frecuencia intermediados por periodistas no especializados u otras personas con determinadas posturas respecto al tema que los alejan de una posición de imparcialidad. Consideré sería útil discutir los hechos ocurridos de manera comprensible, sin ser demasiado simplista y añadiendo algunas consideraciones de mi parte. Añado que muchos colegas físicos míos tendrían toda la disposición a dar estas explicaciones, e incluso con mejor nivel, a todos los interesados, aunque es posible que pocos de ellos mantengan blogs.

Lo primero a notar es que todo empezó a raíz de que la nación asiática fuera azotada por un terremoto fuerza 9, en primer lugar, y luego por un tsunami que arrasó con todo lo que encontró a su paso, varios kilómetros tierra adentro. Eclesiásticamente hablando, es como si Dios hubiera dado una patada en la tierra, primero, y después salpicó. Si estamos hablando de 10 o 20 mil muertos a estas alturas, en lugar de medio millón, es porque en Japón las cosas se construyen como debe ser. Compárese con el terremoto del 2009 en Haití, 100 veces menos intenso, a pesar de lo cual costó las vidas de 200 mil personas y un desastre de infraestructura que hoy en día todavía perdura en su mayor parte. Es importante poner las cosas en su contexto, antes de sacar conclusiones propias relacionadas con otros contextos donde existen otras condiciones. Para las explicaciones que estaré ofreciendo, me basaré en el estrecho seguimiento hecho por el Organismo Internacional de la Energía Atómica, que se puede consultar en la primera plana de su página web.

Entonces, se puede afirmar que si en Fukushima, en lugar de la planta atómica, hubiera existido cualquier otra cosa -por ejemplo, un molino de quimbombó- este seguramente se hubiera caído primero con el sacudón, y luego hubiera sido arrasado por el maremoto, sepultando a cuantos infelices hubiera encontrado por el camino. De la central nuclear, se puede afirmar que resistió bravamente el primer embate sísmico. Las cosas empezaron a ponerse malas después del paso de un torrente de mar enloquecido que no solamente hizo estragos en las instalaciones de la planta atómica, sino que arrasó con toda la infraestructura regional.

Esto ocurrió el día 11 de marzo. La Agencia de Seguridad Industrial y Nuclear de Japón se puso en el nivel más alto de alerta en cuanto se supo del temblor. Otras plantas nucleares de la región, Onagawa, Fukushima-Daini y Tokai, se apagaron automáticamente sin mayores afectaciones, aunque en la primera se reportó al principio un incendio.

A las 5 de la tarde de ese día se había ordenado la evacuación de las personas residentes en un radio de 3 km alrededor de la planta de Fukushima Daichi, que es la que nos ocupa, así como la orientación de permanecer bajo techo a los residentes hasta 10 km en las cercanías.

Aunque los reactores de Fukushima que estaban en funcionamiento (tres de seis) se apagaron, necesitaban un nivel de refrigeración, que en casos de accidente debía ser provisto por motores eléctricos. La red eléctrica regional, naturalmente, estaba colapsada y no podía suministrar la energía requerida. Los generadores diesel presentes en la instalación para suplir esta carencia habían sido seriamente afectados por el tsunami y tampoco podían satisfacer la urgente necesidad de energía para refrigerar los reactores. No obstante, rápidamente arribaron grupos electrógenos móviles para apoyar las labores de emergencia.

Dentro de los reactores del tipo de los de Fukushima, circula agua que se convierte en vapor y traslada esta energía a la turbina generadora de electricidad. Con el reactor apagado, el agua líquida circula y cubre el combustible nuclear para mantenerlo fresquito. Horas después del terremoto, dentro del reactor 1 empezó a elevarse la presión, indicando evaporación de esta agua a niveles peligrosos, y los controladores de la planta decidieron liberar un poco de vapor, filtrando la radiactividad en la medida de lo posible, para evitar un mal mayor –la explosión descontrolada de las tuberías. De hecho, en las instalaciones externas al reactor se produjo una de esas explosiones que ocurren por distintas causas en las plantas industriales de esta magnitud que sufren un golpe de tanta fuerza –combustión de gases o líquidos o cosas que se caen; esta explosión no produjo afectaciones al núcleo del reactor, pero sí asustó a mucha gente.

Continuará....