Secciones

Secciones

Reglas para comentar

1) Los comentarios ofensivos serán borrados
2) Los comentarios deben tener alguna relación con el tema del post
3) Se agradecerá el aporte de argumentos con referencias para que podamos ampliar el debate
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura Fantástica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura Fantástica. Mostrar todas las entradas

27 de marzo de 2008

Narradores jóvenes y hastiados

Los más de 100 escritores de América Latina y el Caribe participantes en el primer Festival Internacional de Narradores Jóvenes, celebrado en la capital de Cuba, se resisten a considerarse una "generación", si bien comparten cierta antipatía por las grandes editoriales.

Por Dalia Acosta

LA HABANA, mar (IPS) - Convocados por el estatal Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, estos jóvenes narradores dijeron que suelen esquivar las reglas del mercado del libro a través de Internet para trascender las fronteras geográficas, y coincidir en un tono con frecuencia desencantado ante la realidad y los paradigmas literarios.
"Ante la caída de la narrativa, de las construcciones ideológicas, lo que te queda es la ironía", dijo a IPS el guatemalteco Javier Payeras. "Si algo nos aúna es la ironía, la posibilidad de reírse de uno mismo, de la pose del escritor, de la idea de la escritura."
Payeras fue uno de los ponentes en el panel sobre las tendencias literarias de las nuevas generaciones de escritores, uno de los cuatro realizados en el Festival, que también abordó la relación de la narrativa latinoamericana con la realidad continental, su inserción en el mercado editorial y la labor de los talleres literarios.
En su conferencia, el escritor centroamericano, de 34 años, cuestionó la recurrencia de los "grandes temas", al tiempo que llamó a vivir el momento y tomar nota de las vivencias. "Registremos nuestra realidad concreta, la vida. Hablemos de la percepción que tenemos de lo que vivimos", observó.
A juicio de Marina Porcelli, argentina de 29 años, los escritores latinoamericanos tienen en común "una tradición literaria determinada". La presencia de figuras como Jorge Luis Borges (1899-1986), Gabriel García Márquez y Ezequiel Martínez Estrada (1895-1964) marcan, según la escritora, una referencia a lo social en la literatura que no se da en Europa.
Porcelli, colaboradora del suplemento cultural Laberinto del diario mexicano Milenio, presentó sus consideraciones sobre una nueva generación literaria argentina, inmersa en una crisis de identidad y que ha perdido la convicción en la posibilidad de incidir en la realidad desde la literatura.
El cubano Osdany Morales, de 26 años, señaló que las jóvenes hornadas de escritores de la isla tienen "en muchos sentidos más libertad creativa" que las precedentes.
En un ensayo basado sobre tres cuentos de narradores menores de 30 años, Morales consideró que, contrariamente a la tradición, las nuevas historias se sitúan en una especie de irrealidad ubicua.
"Parece ser que sus autores están tratando de distanciarse de una especie de compromiso que ha marcado la literatura cubana", apuntó Morales, arquitecto de formación. "Hay mucho más distanciamiento con respecto a una ideología o lo que puede ser una tradición."
La narrativa representada en el análisis de Morales, quien la calificó de "escapista" o portadora de un "hedonismo apolítico", está muy influida por las imágenes cinematográficas, la música y determinados iconos del mercado cultural.
En la inauguración del Festival, el día 24, el escritor venezolano Luis Britto defendió las "temáticas obsesivas" que caracterizan a la literatura latinoamericana y caribeña, entre ellas la historia, la conflictividad social, la violencia política, el exilio y la definición del ser.
La cita contó con el financiamiento de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación, la organización no gubernamental holandesa Hivos y Venezuela, así como el apoyo de instituciones culturales cubanas como Casa de las Américas, la Unión de Escritores y Artistas y los estatales institutos de Cine y de Radio y Televisión.
Según el comité organizador, el objetivo esencial de la conferencia era "buscar vías alternativas de intercambio y superar las limitaciones que impone el mercado editorial, que determina qué se publica y dónde se publica". Reconocidos intelectuales de América Latina y el Caribe seleccionaron a los participantes.
"El único modo de conocer escritores incipientes con uno o dos libros publicados es por medio de Internet", afirmó Porcelli, quien aplaudió la idea de organizar el Festival y la posibilidad de armar una red regional de escritores jóvenes.
"Ya sabemos cómo funcionan la políticas editoriales: son muy pocos los libros de editoriales independientes y de escritores que no venden que consiguen llegar a otros países", aseveró.
Según Jorge Enrique Lage, jefe de redacción de El Cuentero, revista del Centro Onelio, lo más importante del Festival podría ser, además de la elaboración de una antología de narrativa, "el vínculo" y "los intercambios posteriores por correo electrónico".
La proliferación de páginas web, blogs y revistas digitales en la región ha permitido, en cierta medida, la circulación de obras, textos de referencia y, en general, el conocimiento de las jóvenes generaciones dedicadas a la literatura, cuyo trabajo apenas aparece en el circuito internacional de grandes casas editoriales.
El Centro Onelio, fundado hace 10 años por el cuentista Eduardo Heras, aspira a convertirse en punto de confluencia de esas nuevas oleadas de escritores. Más de 500 jóvenes cubanos han pasado por esa institución, que ofrece conocimientos teórico-técnicos y experiencia práctica para ejercer el oficio de la literatura.
"Estamos a punto de organizar un curso internacional de técnicas narrativas", anunció Heras a IPS. Según el escritor, autor de libros de cuentos como "La guerra tuvo seis nombres" y "Los pasos en la hierba", el Centro ha recibido solicitudes de Panamá, Venezuela, México y otros países del área para extender la experiencia de los talleres, mediante clases presenciales o por Internet.
Ante el ascenso notable de la narrativa en Cuba, Heras estima casi realizado su sueño, pero quiere ver más allá. "Como dice Ivonne Galeano, la coordinadora del Centro, la única manera de conseguir los sueños es lanzarnos a hacer cosas imposibles. Eso es lo que estamos haciendo y vamos a seguir haciendo", aseguró.

20 de marzo de 2008

Si estás buscando desesperadamente algo...

Instrucciones para desempleados
  1. Abrir google.com
  2. Escribir: "encontrar un trabajo digno"
  3. No dar Enter, sino pulsar Voy a tener suerte... y despues lea todo el texto!
Instrucciones para ayudar a los USA en su lucha contra el terrorismo internacional 1
  1. Abrir google.com
  2. Escribir: "busco Armas de Destrucción Masiva (ADM)"
  3. No dar Enter, sino pulsar sobre Voy a tener suerte... y despues lea todo el texto!
Instrucciones para hallar vivienda
  1. Abrir google.com
  2. Escribir: "vivienda digna a precio razonable"
  3. No dar Enter, sino pulsar Voy a tener suerte... y despues lea todo el texto!

Instrucciones para ayudar a los USA en su lucha contra el terrorismo internacional 2

  1. Abrir google.com
  2. Escribir: "busco a Osama Bin Laden"
  3. No dar Enter, sino pulsar Voy a tener suerte... y despues lea todo el texto!
Busca otras cosas difíciles de encontrar en http://www.noseencuentra.com/index.htm

17 de enero de 2007

Yasmín: Los chichiricú del charco de mi corazón

¿Hay o no novelas para niños? La pregunta entronca con la definición de novela y de niño.

Si usted cree que un niño es un casi- humano sin más capacidad que la imitación y una novela un largo y complicado relato con fragmentos ensayísticos y ochocientas páginas: pues no hay novelas para niños.

Mas si usted piensa que un niño es una persona que, a pesar de sus pocas experiencias vitales, posee mucha curiosidad y persistencia, y una novela es un relato que construye un universo propio, que justifica sus peripecias, personajes e ideologías de manera explícita: pues entonces un niño puede leerla, e incluso habrá historias que parezcan escritas para ellos, y a partir de ahí los adultos tendrán que leerlas a escondidas o por estricta prescripción profesional. Eso ha ocurrido con Astrid Lindgren, Christine Nöstlinger, Ligia Bojunga Nunes y otros autores, ellos empezaron narrando y luego los editores les etiquetaron.

A lo que voy es que la literatura es una, y su percepción cuestión de sensibilidades, no de edad. Debe ser por ello que me alegra la reedición de Los chichiricú del charco de la jícara, volumen de Julia Calzadilla Núñez que, en 1987, llevara a imprenta Casa de las Américas. Los chichiricú regresan ahora con el sello Gente Nueva, editados por Norma Padilla Ceballos e ilustrados por Yoel Moreno y Aurioles Pupo.

La leyenda de los chichiricú, como las de los güijes y otras criaturas del imaginario rural cubano, pueden ser rastreadas en el pasado, hasta remontarse a las regiones africanas e ibéricas de donde provienen los actuales habitantes de nuestra isla, pero esa es labor para los antropólogos, historiadores y similares. Lo importante es que Julia Calzadilla aprovecha el cuento de la pareja de duendes negritos llegados desde la Costa de Guinea para viajar por una tierra maravillosa llamada Cuba.

En esta novela, estructurada sobre cortas peripecias aventureras, conoceremos a los chichiricú, por supuesto, la forma en que viven y se ríen, la forma en que se les debe llamar y de cómo sacan cuentas, donde se embrollan letras y números. Pero en el camino de esa pareja bullanguera se cruzan (y no por casualidad) con los pájaros, ríos, peces frutos y flores de Cuba, llamados por sus nombres y ubicados, como al descuido, en la geografía nacional.

Del Toa al Cuyaguateje van andando los duendes, y en su cruce con los humanos priman alegría y solidaridad. Las tradiciones que Cuba tomó de sus ancestros como la rumba y los papalotes, se insertan ágilmente en esta historia de magia y fantasía, llegan con metáforas sencillas, casi siempre relacionadas con los elementos de la naturaleza, lo que da a los cortos de corazón una pista para etiquetar el libro.

En realidad sabemos que Julia escribió el libro para todos los que aún podemos ver a los chichiricú.

Publicado por primera vez en Cubalitraria (http://www.cubaliteraria.com) en el invierno de 2003.

29 de diciembre de 2006

Yasmín: Hombres Lobo fuera de Hollywood, entre superstición y realidad

Para Isaac Asimov y J.R. R. Tolkien
aunque ninguno escribió
sobre este tema demasiado en serio

I LA REALIDAD

En el filme británico “La locura del Rey Jorge” se recoge un breve período histórico de grandes tensiones, coinciden la Declaración de Independencia de las Trece Colonias, en 1776, y la repentina falta de cordura del rey Jorge III, circunstancias que trajo grandes quebraderos de cabeza al gobierno y promovió intrigas al por mayor en la Cámara de los Lores y la Familñia Real. De acuerdo a investigaciones contemporáneas, el Rey de Gran Bretaña padeció durante esa semana un ataque de Porfiria –enfermedad de naturaleza genética (auto–sómica dominante) asociada a las familias con prácticas endogámicas y que afecta el funcionamiento del grupo HEM o el grupo HEMO de la hemoglobina, elemento encargado de transportar el oxígeno de los pulmones al resto del organismo. Uno de los síntomas más elocuentes, despreciado por los facultativos de aquel momento, y harto significativo para los investigadores del siglo veinte, fue el inusitado color de la orina del monarca: azul. Por supuesto, el grupo HEM es un complejo ferroso y en el caso específico de la Porfiria Aguda Intermitente, el exceso de hierro derivado de su no fabricación era eliminado del organismo por los riñones.

Todo esto poco tendría que ver con el asunto que se anuncia en el título de no ser porque, también según los investigadores del siglo veinte, los verdaderos Hombre Lobos padecen –probablemente- algún tipo de Porfiria, si su mal es físico. Dejemos que los hechos hablen por si mismos, a continuación se enumeran algunos síntomas generales de este grupo de patologías:

• Fotosensitividad: las porfirinas libres se acumulan en el tejido cutáneo y reaccionan fácilmente con la luz, causando lesiones diversas (la variante Aguda Intermitente no, pues las porfirinas van al caño con la urea, tuvo suerte el Rey)

• Hirsutismo: para proteger la piel de la exposición directa surge pelo en lugares no habituales como dorso de los dedos, palma de las manos, nariz, mejillas, etc.

• Variaciones en la pigmentación: Surgen zonas de pigmentación excesiva o despigmentación aleatorias y el esmalte de los dientes se tiñe de rojo.

• Combustión espontánea aparente: Si hay exposición prolongada, las porfirinas acumuladas en la piel absorben la energía de la luz (en cualquier longitud de honda) y reaccionan con el O2 del organismo liberando O, luego este oxida de forma violenta los tejidos más expuestos (yema de los dedos, nariz, labios, encías, piel de las extremidades) llegando a generar flamas y humo.

Cualquier persona familiarizada con los mitos del horror habrá reconocido ya características físicas de los Hombre Lobos y/o Vampiros. Ahora, trate de imaginar el impacto en la psiquis de un caminante solitario, durante cierta noche oscura de cualquier siglo:

Por un recodo del camino surge un ser cuyas manos están manchadas de sangre –es sangre suya, pero usted no lo sabe-, se acerca un poco y, bajo la difusa luz nocturna reconoce una cara peluda –totalmente peluda-, con la boca permanentemente abierta por la falta de labios. Los dientes están al descubierto, rojos y de apariencia mayor que la normal por la falta de encías. Donde estaba la nariz, hay sólo dos agujeros tétricos que, en cada jadeo entrecortado, liberan una secreción sanguíneo-purulenta.

¿Se quedará a prestarle ayuda, o huirá despavorido, listo a convertirse en Cristiano, Budista, o Adventista del Séptimo Día? Para qué negarlo, yo echaría a correr, y seguramente esa fue la actitud de muchos. Podemos incluso suponer que el mito de los Hombres Lobos fue cimentado por “encuentros” como el arriba descrito.

Hay aún otra enfermedad que genera una imagen cercana a la del Hombre Lobo arquetípico, se trata de la Hiperticosis Languinosa , esta produce el crecimiento excesivo del vello corporal, incluso en la cara. En el siglo veinte fueron famosos dos niños de Loreto (Baja California, México) con este mal. Ambos, conocidos como “Los Niños Lobos”, se incorporaron a un circo norteamericano para mantener a su familia.

Hasta aquí hemos mencionados dos tipos de padecimientos –un grupo de enfermedades y una patología específica- que provocan cambios asociables a la imagen del Hombre Lobo. Sin embargo, al mencionar la relación entre la locura del Rey y nuestro asunto aclaramos “si su mal es físico”, no fue sólo una frase. En efecto, las personas pueden enfermar hasta parecer lobos o pueden tener al Lobo en la cabeza. En este caso nos enfrentamos a la Licantropía : desequilibrio psicológico que lleva al ser humano a creer que es un lobo y actuar en consecuencia, cometiendo crímenes como el asesinato y el canibalismo. La sintomatología de estos enfermos es marcadamente psicosomática:

• Se comunican por aullidos

• Comen carne cruda y ansían la carne humana

• Manifiestan marcada agresividad

• Padecen espasmos musculares que afectan de manera especial el rostro, de modo que exponen los dientes y adquieren una expresión feroz

Casos documentados que coinciden con tal comportamiento son, entre otros: Jacques Rollet (Caude, Francia, 1598), Jean Grenier (Francia, principios del siglo XVIII) y el Adolescente de Eccleshall (Straffordshire, Gran Bretaña, 1975)

Jacques Rollet: En 1598, en una zona desolada y desierta cerca de Caude, unos campesinos franceses tropezaron con el cadáver mutilado y manchado de sangre de un chico de 15 años. Un par de lobos que habían estado devorando el cadáver huyeron hacia unos matorrales cuando los hombres se acercaron. Los persiguieron... y casi inmediatamente encontraron un hombre medio desnudo acurrucado en los matorrales, con cabellos largos, barba descuidada y uñas que parecían garras, manchadas de sangre fresca y restos de carne humana.

El hombre, Jacques Rollet, era un ser patético, un débil mental que padecía apetitos caníbales. Estaba desgarrando el cuerpo del muchacho cuando fue sorprendido por los campesinos. Es imposible determinar si aparecieron o no lobos en ese caso, o si aquella imagen fue fruto de la imaginación de los campesinos. Pero lo cierto es que Rollet creía ser un lobo, y mató y devoró a varias personas bajo la influencia de esa alucinación. Fue sentenciado a muerte, pero los tribunales de París anularon la sentencia y le encerraron, caritativamente, en un manicomio, una institución donde hubieran debido terminar sus días la mayor parte de los hombres-lobo, en vez de ser ajusticiados.

Jean Grenier: Era un chico de 13 años, retrasado mental y con una fisonomía canina muy marcada: sus mandíbulas sobresalían y se le veían los colmillos debajo del labio superior. Creía ser un hombre-lobo. Una tarde aterrorizó a unas niñas diciéndoles que, en cuanto se pusiera el sol, se convertiría en lobo y las devoraría. Pocos días después, una niña que había ido a cuidar las ovejas por la noche fue atacada por una criatura que, en su pavor, confundió con un lobo, pero que era, como se supo después, Jean Grenier. La niña lo golpeó con su cayado y huyó.

Cuando éste prestó declaración ante el tribunal de Burdeos, confesó que dos años antes se había encontrado con el diablo en el bosque, había firmado un pacto con él y había recibido una piel de lobo. Desde entonces había vagado como un lobo después de la puesta del sol, volviendo a su forma humana durante el día. Grenier confesó también que había matado y comido a varios niños que había encontrado solos en el campo, y en cierta ocasión había entrado en una casa y se había llevado a un bebé de su cuna.

Una cuidadosa investigación del tribunal probó que esas declaraciones eran ciertas, por lo menos en lo que se refería al canibalismo. No hubo dudas de que los niños desaparecidos habían sido comidos por Jean Grenier y tampoco de que el pobre tonto estaba firmemente convencido de que era un lobo.

Eccleshall: En 1975, los diarios británicos estuvieron llenos de extraordinarios informes acerca de un joven de 17 años, residente en Eccleshall (Staffordshire), quien, creyendo que se estaba transformando en un hombre-lobo, puso fin a sus padecimientos mentales clavándose una navaja en el corazón. Uno de sus compañeros de trabajo dijo en la investigación que el joven le había llamado por teléfono antes de morir. «Me dijo -contó el testigo- que su cara y sus manos estaban cambiando de color y que se estaba transformando en hombre-lobo. Calló, y después empezó a gruñir.»

II EXTRAORDINARIAMENTE PODEROSA

Hasta ahora, hemos recopilado fragmentos de lo que diversos médicos, patólogos y psicólogos deducen, lo que podríamos llamar “Hechos Científicos”. Pero tres enfermedades –dos de ellas genéticas– no explican los 30 000 casos reportados en Francia de ataques o avistamientos de Hombres Lobo entre 1589 y 1610, por citar un período breve. En las reacciones y temores de los denunciantes actuaba algo más.

No olvidemos que la Licantropía –de ahora en adelante usaremos los términos de Licantropía y Hombres Lobo como sinónimos, ya que lo son en el campo de lo fantástico– deviene fenómeno “popular” a partir de la Edad Media y que afectaba, sobre todo, a las masas iletradas y siempre al borde de la hambruna de las zonas rurales de Europa Occidental y Central. Para ellos había dos grandes males: la pérdida del ganado –la mayor fuente de riqueza– y la condena eterna –advertida por los sacerdotes una y otra vez. El enemigo del ganado era el Lobo: animal astuto, que caza en manada y reta al hombre con sus estrategias. El enemigo de la salvación es el Hereje, que contamina con su presencia el rebaño del Señor.

Fue fácil entonces que las supersticiones pre-cristianas se agigantaran hasta que fuera común considerar a los Hombres Lobo como equivalentes de Hechiceros y Brujas. La casa de todos ellos está estrechamente relacionada, así como sus juicios y posteriores cremaciones. Tal vez por eso sea Francia, país de brujas por excelencia, donde se registran mayor cantidad de sospechas y procesos que dejan un rastro de interminables cuestionarios, llevados adelante por los inquisidores con celo digno de mejor causa. Era casi seguro que, una vez puesto bajo sospecha por la Santa inquisición por el delito de Licantropía, se terminaba en la hoguera, ahorcado en el mejor de los casos. Comente Elton B. McNeil al respecto en La psicosis (1970):

Esas actitudes reflejaban una psicología influida por la creencia de que «los dioses enloquecen a quienes quieren destruir.» La locura, como expresión de la voluntad de Dios, se convirtió en una epidemia. Su cura consistía en un ritual religioso cuyo propósito era usar a los psicóticos como blanco de la persecución religiosa y reafirmar el valor de los benditos, inocentes y puros. Eran benditos quienes denunciaban a las personas que habían vendido su alma al diablo. La clásica «caza de brujas» fue un subproducto de la búsqueda de la salvación.

Las actas de juicios contra Hombres Lobos –automáticamente culpables de Pacto Demoníaco, Asesinato y Canibalismo– se conservan hasta hoy, en ellas puede hallar el investigador coloridas y minuciosas descripciones de las creencias populares respecto a los usos y costumbres de estos seres. Al cabo, son perceptibles tres visiones básicas del mal: la licantropía nata, la licantropía voluntaria y la licantropía involuntaria. Las tres están documentadas desde la antigüedad, aunque la mitología medieval incorporó algunos elementos. De hecho, la primera leyenda que se ocupa del tema en Occidente llega de Grecia y se refiere a Lycaon, primer Rey de Arcadia.

Lycaon fundó un culto pagano a los dioses del Olimpo y en sus ceremonias cometía atroces asesinatos: al ofrendar personas inocentes a su supuesto Dios y ofreciéndoles su sangre como prueba de su devoción.

Cuando las historias de las atrocidades que cometían Lycaon y su grupo llegaron a oídos del dios Zeus, este decidió investigar si eran ciertas las brutales historias que le narraban. Al comprobarlo, se presentó ante estos y les reveló su identidad para pedirles explicaciones y administrarles un castigo, los miembros del culto enseguida le hicieron ofrendas para enmendar sus atroces ceremonias, pero Lycaon no creyó que se tratara de Zeus y, para probar si era en realidad la deidad que anunciaba ser, le preparó un festín consistente en carne de niño, pensado que, si era el verdadero Padre de los Dioses, se daría cuenta enseguida y rechazaría la comida, ya que el canibalismo era un pecado muy grande en la cultura griega.

Zeus reconoció inmediatamente en que consistía la cena y la repudió, ante esto y para evitar su ira, Lycaon huyó al campo. Una vez allí el castigo le alcanzó y, lentamente, comenzó a transformarse es un hombre lobo.

El término licantropía, que designa a las personas que se creen lobos, deriva del nombre Lycaon.

Herodoto, el llamado Padre de la Historia , escribió en el siglo V a.C. que los griegos y escitas asentados en las costas del Mar Negro consideraban a los nativos magos. Aquellos seres extraordinarios se transformaban en lobos durante unos días cada año. Fuera de ese período cambiaban de humanos a lupinos a voluntad y fácilmente. Aparte de este testimonio, referente a “Bárbaros”, para los griegos de la Época Clásica el Hombre Lobo era un ser humano poseído por el antinatural deseo de comer carne humana que, por artes mágicas hallaba la forma de tomar la apariencia lupina y así aplacar su horrible apetito. Una vez transformado, el licántropo poseía la fuerza y astucia de un lobo salvaje, pero la voz y ojos humanos, detalles que permitían reconocerlo.

Entre los romanos todo el asunto era asociado a la magia, aunque Virgilio (siglo I a. C) lo clasifica de superstición, coinciden con él Propercio y Servio. En El Satiricón , Apuleyo cuenta una historia de Hombres Lobo.

Las tradiciones griega y romana coinciden en que una de las causas de la licantropía –en este caso involuntaria– es el castigo por sacrificar víctimas humanas a los dioses. Es un castigo por el execrable pecado de asesinato y canibalismo –los oficiantes comían parte de la carne ofrecida– y existían paliativos medico–mágicos. En esta línea tenemos el testimonio de Plinio, quien detalla una cura: La víctima debe ser llevada a la orilla de un lago y nadar hasta el lado opuesto. Allí se transforma en lobo y recorrerá los campos bajo esta forma durante nueve años en compañía de otros de su especie. Si durante este período se abstiene de la carne humana, recobrará su forma original, aunque esta no esta dispensada de los estragos de los años a la intemperie.

Con el descubrimiento de América, en 1492, las culturas del Nuevo y Viejo Mundo chocan violentamente, el mito del Hombre Bestia, de amplia difusión en este continente, no es una excepción. El fenómeno, es despreciado en los medios oficiales, como toda manifestación cultural autóctona, pero a los conquistadores de a pie –amedrentados por la lejanía, la pobreza, la interminable amplitud de los espacios americanos y los misteriosos animales que les asaltan– les impresionan las leyendas de los indígenas. Es así como el Hombre Coyote –una de las transfiguraciones del Nahual– sustituye al Hombre Lobo en los miedos nocturnos y extiende el poder –real o supuesto– de los animagos americanos.

Nahual viene del azteca “Nahualli”, que significa “Lo que es mi vestidura” o “Lo que es mi piel” y se refiere a la habilidad de transformarse en animal. Cada pueblo o ciudad tenía al menos uno de estos hechiceros, encargado de curar y practicar magia benéfica en general. Su presencia era usual en las comunidades Kakis, Tarahumaras y Seris. Con la llegada del Imperio Azteca los nahual fueron puestos bajo la protección de Texcatlipoca, dios de la muerte y el sacrificio.

La Santa Inquisición comenzó a perseguirlos, pero la gente temía y respetaba su poder y les protegía, en especial dentro de las comunidades indígenas. Así sobrevivieron los nahual hasta nuestro tiempo, estrechamente asociados el coyote –el lobo americano–, pero se dice que también pueden transformarse en lince, toro, águila u otras aves.

III LA REALIDAD NO ES TODO LO QUE HAY

Tras tanta bibliografía –escéptica, prejuiciado o ingenua, según el caso– y seguros de que no descubriremos nuevos continentes con inesperadas leyendas de Hombres Bestias, tal vez podamos intentar resumir las características básicas de este persistente fenómeno:

Maneras de Adquirir la Licantropía

• Por Nacimiento

• Ser hijo de un Hombre Lobo

• Ser séptimo hijo de un séptimo hijo

• Ser Séptimo hijo varón consecutivo (Esta creencia generó infanticidios en Argentina hasta la segunda década del siglo XX, fue atacada por legislaciones de la República y acciones de la Iglesia)

• Ser hijo de un matrimonio incestuoso de primer grado

• Nacer la noche del 24 de diciembre

• Por Adquisición Involuntaria

• Ser mordido por un Hombre Lobo

• Ser víctima hechizo de bruja o mago

• Sufrir castigo divino por pecado de canibalismo

• Por Adquisición Voluntaria

• Personas con poder animágico (los nativos del Mar Negro en el siglo V a.C y los Nahual en el actual México)

• Mediante un ungüento de hierbas mágicas (Península Escandinava)

• Ir al bosque, clavar un cuchillo de cobre en un árbol y bailar alrededor de él cantando ciertos conjuros (Rusia)

• Comer carne o cerebro de Lobo

• Vestir piel de Lobo

• Llevar un cinturón hecho de la piel de un delincuente ejecutado

Tipos de transformaciones

• Cíclica

• En Europa occidental y Central se cree que siguen el ciclo de la luna. El carácter del licántropo varía con el satélite y su cuerpo se transforma en la noche de plenilunio

• En el norte de Argentina y el sur de Brasil –la llamada Triple Frontera– se cree que el Lobisón se transforma por primera vez a los trece años, entre la media noche y las dos de la madrugada del Viernes de Cuaresma. Durante ese tiempo vaga por el campo y se alimenta de carroña, a menos que tope con un ser humano.

• Continua

• Entre los romanos el Hombre Lobo debía vivir nueve años en forma lupina y abstenerse de carne humana para sanar

• En Finlandia la forma de lobo es provocada por hechizos y permanece día y noche hasta que el hechizo se agota o es roto cuando el licántropo es reconocido y llamado por su nombre o alguien le ofrece pan para comer

• Voluntaria

• Los habitantes del Mar Negro –afirma Herodoto– se transforman a voluntad porque son magos

• Los Nahual dejan su forma humana por un tiempo determinado para sus fines. Hay, al menos, tres versiones sobre el método:

• Una asegura que el brujo simplemente desaparece y se encarna en el cuerpo de un animal ya existente siempre hay una afinidad psíquica entre el chamán y el animal en el que se transforma.

• Otra dice que se "fragmenta", para lo cual se desprende de parte de su cuerpo (los ojos, las piernas, un brazo o, incluso, los intestinos). Si se quiere acabar con un Nahual el mejor método es seguirle, observar donde realiza su transformación y robarle la parte del cuerpo de la que se desprendió. De este modo le será imposible volver a su forma original y al amanecer morirá.

• Y la tercera afirma que el cuerpo dormido del brujo permanece en su casa, mientras su espíritu vaga en la figura de animal. En este caso, para evitar que alguien toque su cuerpo dormido, el nagual debe dar siete volteretas.

En el caso de las transformaciones continuas y cíclicas, de origen involuntario o natal, se coincide en que la persona no tendrá recuerdos muy claros sobre ese lapso, pero conserva las heridas o marcas adquiridas, y tarda en recuperarse.

Maneras de Enfrentarlo o Protegerse

En la tradición europea medieval no se precisan métodos especiales, pues se lo cazaba como a un Animal Abominable, nada más. Sin embargo, alguna bibliografía invoca tres recursos: un metal, un símbolo y un elemento básico del universo.

• La Plata: Las armas de plata, u objetos de plata en función ofensiva, le dañan como a los seres comunes el hierro, el plomo o el acero.

• El Pentágono: Delinear con sangre de animal una estrella de cinco puntas define un espacio a salvo del licántropo.

• El Fuego: Los ahuyenta, sacando a flote su lado animal. También pueden ser quemados hasta morir.

IV DESPUES DE TODO

Puede que la historia acabe aquí.

Al menos de la historia mítica (literaria y oral) de los Hombres Lobo concluye más o menos de esta manera. Si nos detenemos en este punto la conclusión lógica será que la tradición se apoya en la ignorancia y las alucinaciones, que su influencia en el imaginario cultural de Occidente es tan avasalladora que solo el mito vampírico le planta cara. Podemos aún mencionar al infeliz Pilles Garnier, ex–convicto francés, licántropo y brujo confeso –confesó durante un “tranquilo” interrogatorio inquisitorial–, asado en 1573 por los asesinatos de trece niños.

También está la opción de recordar a los muchos actores que, siguiendo los pasos de Boris Carloff, se transforman para nosotros ante las cámaras –yo prefiero a Michael Jackson como Hombre Pantera y a Jack Nicholson como Licántropo. Sin embargo, deseo terminar esta agotadora recopilación con dos casos donde el límite del saber y la magia se confunden para alumbrar verdaderos misterios.

La Bestia contra el Mal

En Europa tienen larga data las sociedades guerreras secretas (que ya no son tan secretas), al parecer, una de las más feroces surgió en el antiguo mundo escandinavo: los berserker ("camisa de oso") y ulfhednar ("pellejos de lobo") saltaban al combate semidesnudos, cubiertos de pieles y poseídos por un furor sagrado. De acuerdo con la tradición, en todo “ejército” nórdico existía un grupo de doce soldados a los que "el hierro les pudiese herir ni el fuego quemar". Tenían la capacidad de no sufrir heridas y seguir luchando durante días con el mismo ímpetu que al empezar la batalla –casi seguro a base de una ingesta de hongos alucinógenos que les impedía distinguir entre amigos y enemigos en el campo de batalla.

Algunos los vinculan con una secta adoradora de Odín, empeñada en figurar dentro de la “Cacería Salvaje” que el dios presidía. Eso es conjetura. Se sabe con certeza que eran muy solicitados como mercenarios en tiempo de guerra. A pesar de su capacidad bélica, los vikingos en general no les consideraban compañeros de armas, ya que su tipo de actuación poco tenía que ver con la ética del guerrero, donde primaban los conceptos de lealtad y fidelidad, astucia e inteligencia.

Su apariencia y fiereza llevó a muchos a creer que se trataba de seres mitad hombre mitad bestia y tal creencia devino pilar para la leyenda de los Hombres Lobo. De hecho, de ahí también deriva la tesis de su estrecha vinculación con Odín, cuyos espíritus ayudantes son dos cuervos y dos lobos: Gere (“Glotón”) y Freke (“Voraz”).

En la mitología nórdica, la tormenta es una tremenda y estruendosa partida encabezada por Odín, sus ayudantes y otros espíritus, contra las fuerzas del mal. Participar en la "Cacería salvaje", a la derecha del dios, seguido por las doncellas guerreras, las valkirias; los muertos caídos en combate, los einherjar; multitud de lobos y otros seres sobrenaturales, era el destino de los berserker y ulfhednar muertos en combate.

El culto sobrevivió a la ola cristiana y el deber de enfrentar al Mal en este y el otro mundo permaneció. Al menos eso se desprende de las declaraciones que prestara el anciano Thiess, un Hombre Lobo lituano, durante el juicio celebrado en su contra en Jürgensburg (1691). El y sus compañeros, se transformaban en lobos tres noches al año para combatir al diablo hasta "el fin del mar", es decir, el infierno.

Según el anciano, cuando los Hombre Lobo mueren van al cielo, y si no fuera por su intervención, el diablo asolaría la tierra, ganados y cosechas. Tanto los Licántropos lituanos como los alemanes y rusos –afirmó– odiaban al diablo, se consideran los "perros de Dios" y su labor era de mayor provecho para la sociedad que las de los mismos sacerdotes. Su testimonio fue corroborado por un joven de Riga, quien afirmaba que en su condición de lobo había combatido contra brujas.

Los berserker y ulfhednar eran reales, como real era su sueño de alcanzar la “Cacería Salvaje” de Odín o devorar brujas y demonios para la gloria de Dios. Ellos habían decidido llevar dentro de si el espíritu del lobo y la fe los alentaba.

La Bestia contra el Rey

Otro caso real, que escapa por tanto a nuestro frágil modelo, es el de la Bestia de Gévaudan, que devoró a más de 120 personas entre 1764 y 1767, y pasó a formar parte de la mitología de la región. Tal fue el horror desatado que Luis XV tomó cartas y declaró el suceso “Asunto de Estado”.

El macabro escenario era la población de Aveyron, enclavada en la región montañosa del Gévaudan, en el centro de Francia. La bestia solía arrancar de un bocado la cabeza de sus víctimas –lo cual puede darnos una idea de su tamaño–, casi todas mujeres y niños. Le calcularon 100Kg de peso y el pueblo pensaba que era el mismo demonio.

El primer ataque de la bestia se produjo el 30 de junio de 1764 y su primera víctima una niña de 14 años, Jeanne Boulet, ese mismo verano se cobró más vidas y asesino 2 niñas más, 2 niños y una mujer de 32 años. En invierno el número de víctimas se incrementó hasta alcanzar el pico de dos asesinatos por semana. Nadie logró atraparla, a pesar de las insistentes batidas de campesinos y la insistente pesquisa de los cazadores de toda Francia atraídos por la inmensa recompensa que ofrecía el Rey.

Al cabo de un año –cincuenta y cuatro víctimas después– el monarca decide enviar a la élite del ejército real, los "dragones". Fueron movilizadas cuatro tropas de caballería con el fin de realizar una batida que acabara de una vez con la bestia. No tardaron en chocar con el ser, pero atraparlo era otro cantar.

El jefe de una de las tropas quedó sorprendido al ver a la bestia, según su descripción “Era casi tan grande como un caballo, pero infinitamente más rápida y ágil”. Tras tratar de abatirla a disparos, concluyó que las balas no eran capaces de traspasar su piel. Otras descripciones le señalaban como “enorme lobo de aspecto muy extraño, con el lomo rayado, una línea negra que le recorría desde el cuello hasta la cola, cuerpo de color rojizo, morro afilado, una cola muy larga, fuerte y extraordinariamente móvil, unas fauces desmesuradas”.

Se desató una masacre de lobos, pero las muertes no cesaron. Llegaron cazadores expertos de toda Europa, pero ninguna técnica usada logró abatir al animal que –era claro a estas alturas– no actuaba en absoluto como un lobo. Finalmente fue muerta, dicen que con una bala de plata hecha tras fundir una medalla de la Virgen. El monstruo fue llevado ante el Rey, y embalsamado.

Se le describió finalmente como algo parecido a un lobo gigantesco de fauces enormes. Uso el término “se le describió” porque años después sus restos desaparecieron de palacio, dejando campo abierto a la leyenda.

No podemos saber con seguridad que era La bête del Gévaudan, pero puso en jaque a Luis XV por dos años y medio. Durante ese período, los clérigos afirmaron que la bestia solo atacaba a las jóvenes más lascivas, los nobles acusaron a los gitanos de haber dejado escapar cualquier bicho de su zoológico ambulante, los campesinos especularon sobre un misterioso terrateniente que, años antes, trajera de África mastines asilvestrados, lobos, leones y tigres. Las muertes cesaron, pero el misterio quedó.

Una respuesta posible está en el filme francés de aventuras “El pacto de los lobos”. La obra recrea las tensiones políticas y humanas de la época a trav és de una reconstrucción bastante plausible de aquel drama. Para los realizadores, La bête era un depredador africano, entrenado para atacar personas, punta de lanza de una conspiración del clero y la nobleza más reaccionaria contra Luis XV. Creíble, pero poco mágico.

Yo prefiero pensar que la bête era Sleipnir –el caballo de ocho patas del bello Odín–que vagaba por la tierra en busca de hombres y mujeres dispuestos a continuar la eterna partida. No olvidemos que Odín, procede ódr, término que viene a significar sabiduría mágica e inspirada, pero también furia.

La Habana, abril–mayo de 2005

Bibliografía Consultada

http://www.escalofrio.com/n/Hombres_Lobo/

http://www.lodesconocido.com.mx/cripto_vamp_hlobo.htm.

Publicado por primera vez en el Guiacán Literario, sitio de literatura fantástica en Cuba (http://www.cubaliteraria.com/guaican/cronicas/hombres_lobo.html), en el verano de 2005.

6 de noviembre de 2006

Yasmín: Lo macabro del erotismo inmutable

Para Fran y Odwen, adoradores de Lestat

“He atravesado océanos de tiempo para encontrarte.”
Francis Ford Coppola

“¿No comprendes que cada uno de nosotros
lo abandonaría todo por tener vida humana?”
Anne Rice

Como la mayoría de las cosas importantes para Occidente –Cristianismo, Matemáticas, Petróleo, Budismo, Motos Yamaha, entre otras– los primeros vampiros literarios llegaron desde el Oriente. Aunque los no-muertos viven en la tradición oral de diversos pueblos del orbe desde que se tiene memoria, corresponde a la literatura oriental la primicia, con las bellas y crueles vampiresas de Las mil y una noches, y la colección Cuentos del Vampiro, de la India. No interesa en este trabajo tanto el origen de la mitología y literatura vampíricas como el análisis de algunos caracteres recurrentes entre estos personajes en los siglos XIX y XX. Amparados por tal objetivo saltamos en el tiempo y llegamos a 1816.

En la villa de verano que alquiló el poeta Byron durante ese año, cerca de la ciudad de Ginebra, se reunieron el escritor Percy B. Shelley, su esposa Mary, Polidori, médico de Byron, y algunas personas más. Dice una fuente tan poco digna de confianza como la Enciclopedia Británica de 1956 que:

“Se propuso –¿propuso Byron, propuso Shelley?– que varios de los invitados escribieran una novela o relato acerca de lo sobrenatural. El resultado de este proyecto fue que la señora Shelley escribió Frankenstein, Byron el inicio de una narración sobre un vampiro –¿conviene decir aquí que tal acusación pendió sobre el poeta?– y Polidori un cuento llamado “El Vampiro”, cuya autoría fue atribuida frecuentemente al mismo Byron en años pasados.” (Volumen XX, p. 483).

La apuesta de aquella noche –dicen que llovía– cambió la historia de la literatura fantástica, de horror y de ciencia ficción, huelga decirlo. En el relato de aquel médico, como más tarde en la historia de seducción “Carmilla” y en la novela Drácula, se asientan las bases del arquetipo vampírico literario de los siguientes ciento cincuenta años. Como buen europeo de principios del XIX, para Polidori el entorno de la civilización se limitaba a Europa Occidental, y solo el Mal podía venir del Oriente, de lo Desconocido. A lo largo del siglo la idea del vampiro como condenado errabundo que viene a sembrar el mal entre la gente honesta, civilizada –y rica– de Europa, se fortalece, codificando en el no-muerto el miedo a la Cultura Otra.

Mina Harker dirá: “era todo tan salvaje, misterioso y extraño”, y Van Helsing, el sabio, no duda en llamar al Conde Drácula desde “bárbaro” hasta “cerebro infantil”. Es por esta capacidad de síntesis para el odio que la novela epistolar Drácula completa la imagen del instrumento del Mal al cifrarlo en un arruinado aristócrata de Moldavia que ataca a una honesta burguesa británica “Tan veraz, tan dulce, tan noble, tan desinteresada” que todos los personajes masculinos se enamoran de ella, incluso el Conde.

Así, Drácula puede leerse con perspectiva marxista, y reconocer el enfrentamiento entre clases sociales por el Poder; puede leerse con perspectiva romántica, y reconocer la soterrada historia de un amor cuyas fuerzas superan al tiempo y la muerte –y gracias al Señor de los Ejércitos por permitir que Coppola y su equipo filmaran ese ángulo de la historia–; o puede leerse con perspectiva erótica, y reconoceremos al oscuro objeto de la pasión en lucha frente a las convenciones sociales.

Acaso sea por ello que Stoker no puede evitar que su personaje Mina pierda la compostura al referirnos su primera visión del Conde:

“Su cara no era una buena cara; era dura y cruel, y sensual, y sus grandes dientes blancos, que se miraban más blancos por el encendido rojo de sus labios, estaban afilados como los de un animal.”

¿Qué clase de palabras son “sensual”, “encendido rojo” y “animal” en el Diario de una dama victoriana “cuyas verdades pueden ser buenas lecciones para los hombres del mañana”? Vaya percepción tan carnal, contradictoria en una mujer admirada por hombres tan remilgados que, incluso, dudan en forzar la puerta de la habitación donde Drácula le chupa la sangre porque ¡no es correcto irrumpir en el cuarto de una dama! Por suerte tales “contratiempos dramáticos” son salvados por el equipo cinematográfico de 1992, versión en que Mina llega a dudar de su carácter: “Tal vez en realidad soy mala y no merezco a Jonathan”, piensa en camino a su apresurada boda en Bucarest, mientras trata de olvidar el romance con su amado Conde, un hombre que la conmueve más de lo conveniente. Pero todo esto es la obra de hombres y mujeres del siglo XX.

En el libro, Mina y su amiga Lucy son dos mujeres solas, sin defensas ante el Mal: las tentaciones de la sensualidad vampiresca. Mina sobrevive porque la llamada de su Deber Ser Social como “Esposa fiel” –eso le desea Drácula a Harker en el filme, ¡qué viejo tan cínico!– y su voluntad de mantenerse en el contingente de “mujeres buenas para hacer la vida feliz” se impone a su paulatino carácter vampírico.

No es más que una interpretación posible, que, por cierto, deja al descubierto un esqueleto moralista de lo más pobre en el libro, pero también confirma, paradójicamente, la capacidad seductora de Drácula. Él vence sobre Lucy, sola y escasamente protegida. Fracasa ante Mina, escoltada por cinco hombres cuyos roles caracterizan valores sociales que, tanto los personajes como el autor, consideran de suma importancia: Jonathan Harker es la Familia; Van Helsing es la Religión; Lord Arthur Holmwood refleja la Tradición; el doctor John Seward la Ciencia; y Quincey P. Morris el Colonialismo Anglosajón.

Durante muchos años los vampiros estarán asociados con ajos, cruces, agua bendita, estacas en el pecho, niebla, murciélagos y otros oscuros animales. En general, los tópicos que Stoker sistematiza marcarán libros posteriores, y una larga serie de filmes de fantasía y horror en ambos lados del océano durante la mayor parte del siglo XX. No es hasta mediados de los años ochenta que surge otro universo vampírico, totalmente divorciado en historia y usos de Drácula, su hija y compañía. A partir de Entrevista con el Vampiro los bebedores de sangre pierden de vista sus orígenes, se despiden de la divinidad y desembozan la androginia.

"Sí, hermano mío, –comenta en el tercer volumen un anciano de varios miles de años– perdona mi burla. Yo también las quiero; la bondad, la gloria. Pero probablemente no hay destino ni redención. Sólo hay lo que contemplo ante mí desde este antiguo y embrutecido paisaje: sólo nacimiento y muerte, y horrores que nos aguardan a todos."

Anne Rice es la responsable. Ella nos habla de criaturas surgidas en la época de la escritura cuneiforme que comparten nuestro tecnologizado ambiente contemporáneo y, con sus fabulaciones, se distancia de los ideales del Bien y el Mal que movilizaron a los “herederos” de Drácula. Ahora los vampiros se muestran tan desamparados y carentes de paradigmas como los hombres a quienes depredan; y hacen suyos, incluso, los rituales iconográficos de la cultura de masas:

“En París, iba a ver películas de «vampiros», y se rompía la cabeza intentando discernir lo que era verdad de lo que era falso. Todo aquello le resultaba familiar, aunque gran parte eran tonterías. El Vampiro Lestat había tomado su vestimenta de aquellas películas en blanco y negro. La mayoría de las «criaturas de la noche» vestían el mismo atuendo: la capa negra, la camisa blanca almidonada, el elegante esmoquin, los pantalones negros.
Cosas sin sentido, por supuesto, pero que le proporcionaban cierto consuelo. Al fin y al cabo, todos eran bebedores de sangre, seres que hablaban amablemente, que amaban la poesía, pero que sin cesar mataban a mortales”.

A cambio de eliminar la encarnación del Mal Moral en sus creaciones, la Rice les dota de una sensualidad sin límites que seduce a sus interlocutores humanos. He aquí lo que Daniel Molloy –el que hace las preguntas en Entrevista…– siente por Armand tras ocho años:

"Sin embargo, lo amaba. Amaba su piel fina y blanca, sus grandes ojos pardos oscuros. Lo amaba no porque se pareciera a un joven afable y pensativo, sino porque era horroroso, atroz, aborrecible, y bello al mismo tiempo. Lo amaba del mismo modo en que la gente ama lo perverso, por el escalofrío que causa en la médula de sus almas."

No significa todo ello que estos vampiros no sean trágicos. Lo son, pero por la razón inversa a los Condenados de Dios. Así como el ansia de poder y maldad guían las acciones del Conde, la falta de un superobjetivo real impide a los hijos de Akascha ser felices.

“¿Te das cuenta, Louis, de cuan pocos vampiros tienen verdadero vigor para la inmortalidad?” comenta Armand. Y es que la verdadera inmortalidad es una carga pesada, Marius le advierte a Lestat: “Pero cuando te haya dado todo lo que tengo para darte, seguirás estando exactamente como antes: seguirás siendo un ser inmortal que deberá hallar sus propias razones para existir.” El sentido trágico del Castigo Divino es solo sustituido por el sentido trágico de la pérdida de asideros. Es por ello que tanto Louis como Lestat revelan sus identidades, en desesperados intentos de reincorporarse al cuerpo social por medio de la publicidad: cuando Lestat salta a las pantallas y altavoces con su disco de rock –me refiero a los libros Lestat el Vampiro y La Reina de los Condenados–, está implorando reconocimiento, un sentido a sus doscientos años de pasión, “El Vampiro Lestat quería ser un héroe. Cuando cantaba, decía: ¡Concededme un significado! Soy el símbolo del mal; y si soy un símbolo auténtico, entonces sirvo al bien.”. Pero todo ello no son más que operaciones inútiles porque, para la Rice “Todo esto es un accidente, un error sin sentido” y, para completar su desmontaje, explica desde una perspectiva histórica la vinculación de los Bebedores de Sangre, en sus textos y nuestra realidad muy anteriores a Nuestra Era, con la religión cristiana:

“Cuando el Imperio Romano llegó a su fin, todos los viejos dioses del mundo pagano fueron considerados demonios por el Cristianismo dominante. Con el paso de los siglos, fue inútil decirles que su Cristo no era más que otro Dios de los Bosques, que moría y resucitaba igual que habían hecho Dioniso y Osiris antes que él, y que la Virgen María era, en realidad, una advocación más de la Buena Madre. La suya era una nueva era de fe y convicción y en ella nos convertimos en demonios, fuimos apartados de sus creencias igual que el antiguo conocimiento fue olvidado o mal interpretado.

Pero así había de suceder. Los sacrificios humanos habían horrorizado a los griegos y romanos. Yo mismo, como te he contado, había considerado espantoso que los celtas quemaran sus malhechores al dios en los colosos de madera. Lo mismo pensaron los cristianos. Entonces, ¿cómo podíamos ser considerados “buenos” nosotros, dioses que nos alimentábamos de sangre humana?

Pero la auténtica corrupción de nuestra naturaleza llegó cuando los Hijos de las Tinieblas se convencieron de que, efectivamente, servían a ese demonio cristiano y, al igual que los dioses terribles de Oriente, trataron de dar valor al mal, de creer en su poder en el desarrollo de las cosas, y quisieron concederle un lugar adecuado en el mundo.”

Vaya cambio de perspectiva, de pronto Drácula es la insignia de un desesperado intento por incorporar existencias eternas y depredadoras al Plan Universal.

Sin embargo, bajo las plumas de Polidori, Stoker o Rice, los vampiros conservan su capacidad de seducción. Ya sea por medio del engaño o el simple hechizo de los ojos, los mortales pierden la voluntad ante ellos. No se trata del simple poder mental que ejercen por igual Drácula y Marius, sino de los tormentosos sueños de la joven Lucy, de la fascinación que producen las hermanas vampiras en Jonathan Harker y el profesor Van Helsing, de la oscilante relación entre Daniel y Armand, de la hermosa noche de luna entre Mael y Jesse.

Podemos aventurar dos razones básicas para esta lujuria: la sensualidad asociada a la carne inmortal y la intuitiva atracción por lo prohibido que experimentan los hombres. Es llamativo cómo los testigos coinciden en atribuir las más contradictorias descripciones, llenas de una repulsión comprensible, donde se desborda la seducción. Veamos la descripción de Lucy Westenra, joven no-muerta:

“Su dulzura se había convertido en una crueldad terrible e inhumana, y su pureza en una perversidad voluptuosa. (…) Había algo diabólicamente dulce en el tono de su voz... (…) El cadáver parecía Lucy vista en medio de una pesadilla, con sus colmillos afilados y la boca voluptuosa manchada de sangre, que lo hacía a uno estremecerse a su sola vista. Tenía un aspecto carnal y vulgar, que parecía una caricatura diabólica de la dulce pereza de Lucy.”

Pero hay también referencias a un estilo, a una elegancia, un aire mundano que se atribuye a los inmortales. Jesse reconoce en Lestat una “lenta y ágil elegancia de sus movimientos, como si fueran más espíritu que carne”, y esa constante del movimiento sobrenatural, que imita al humano, es una de las tantas imitaciones sistemáticas de los no-muertos. Lucy adquiere, con el carácter asesino, “una voz suave y voluptuosa, tal como yo [John Seward] nunca la había escuchado en sus labios”. Lo mismo ocurre con sus cuerpos, detenidos para que Daniel pueda llamar a Armand “¡el reluciente maniquí de un jovencito!”. Todas estas imitaciones superpuestas de la realidad son susceptibles de ser leídas como una noble delicadeza que refuerza el encanto de seres bellos y peligrosos.

Sí. La intuición del peligro es algo que también perciben pronto los mortales, pero que acentúa su fascinación. Jonathan, casi desde el primer momento, se refiere a “ese vago sentimiento de inquietud que siempre tengo cuando el Conde está cerca”. Es precisamente la intuición del peligro, la posibilidad de ver el Mal encarnado en un cuerpo, ya sea el beneficiado con un Pacto Demoníaco o un sencillo depredador que rompe con toda convención social al no tener época, patria o vida a la cual guardar lealtades, lo que prefija al vencedor en este juego de seducción, juego asociado con la oculta o manifiesta inquietud de los mortales por la eternidad. Es así como Jesse decide jugarse la vida por ver y tocar Lestat:

“David, la verdad. Dime la verdad. ¿Has creído alguna vez en ellos? ¿O siempre ha sido una cuestión de objetos de artesanía, archivos y pinturas de sótanos, cosas que se pueden ver y tocar? Ya sabes a lo que me refiero, David. Piensa en el sacerdote católico, cuando pronuncia las palabras de la consagración, en la misa. ¿Cree realmente que Cristo está en el altar? ¿O simplemente es una situación de cálices, de vino consagrado y de un coro cantando?”

Es así como lo fundamental permanece incólume: la inmortalidad no es ninguna bendición. “Sé vivo, Daniel —afirma Armand—. Deja que, desde lo más profundo de mi corazón, te diga que la vida es mucho mejor que la muerte”, y la carta fundamental de los Bebedores de Sangre para ser aceptados es la capacidad atrayente de la belleza muerta. Es que con o sin Dios, el peligro es sensual. Permítanme terminar esta reflexión parafraseando a la Rice, haciendo mío su amor por los vampiros:

“Pero los hombres les aman cuando llegan a conocerlos. Los amamos incluso hoy. A los parisinos les encantaría ver un escenario como el Teatro de los Vampiros. Y los que han visto tu figura caminando por las salas de cine del mundo, Lestat, el pálido y mortal señor de la capa de terciopelo, te han adorado a su manera”.

Publicado por primera vez en el Guiacán Literario, sitio de literatura fantástica en Cuba (http://www.cubaliteraria.com/guaican/cronicas/macabro.html), en el 2004.

21 de octubre de 2006

Yasmín: Harry Potter, crónica de un segundo viaje

I Nunca más

Cuando llegó la madrugada del tercer día ya no daba más. Era el verano de 1994 y acababa de terminar el tercer tomo de El Señor de los anillos. Frodo se alejó de las costas de la Tierra Media y yo me prometí a mí misma que nunca, por ninguna saga, volvería a estar tres días en vela.

Me acerqué a las aventuras de Tolkien muchas veces entre 1990 y el 2003. Desde que el prólogo de Daína Chaviano a la edición cubana de El Hobbit me descubriera las bases de la fantasía épica. En 1994 descubrí El Señor de los Anillos en una biblioteca ilegal que alquilaba cada tomo a tres pesos por día. ¿Resultado?: tres días sin dormir, calzando mi escaso presupuesto con la velocidad de lectura.

La Comunidad del Anillo pronto se volvió mi comunidad. Supe de personas que tenían otros libros de este género, discutí, me asombré, especulé, leí mucho en más de diez años, pero ninguna lectura como aquella, hasta la llegada de Harry Potter. Cuando supe por un cable noticioso de la existencia de aquel niño mago que salvaba al mundo y de sus millonarias ventas, sonreí y pensé "Que poco conocen los ingleses su propia literatura. Hacer colas para eso, cuando han tenido a J.R.R. Tolkien toda la vida"

En unos meses alguien me prestó la copia impresa en computadora del librito. que tenía bastantes páginas. Me dijo que los otros tres tomos estaban en formato digital, en una máquina del lugar donde trabajo. Era viernes y yo necesitaba algo para leer entre sábado y domingo. Pasé unas treinta horas de aquel fin de semana en la oficinaleyéndolos: había traicionado la promesa de nueve años por un vil best seller..

El mito mesiánico, el arquetipo del bien y el mal, la historia de la Cenicienta, la novela de aprendizaje estaban ante mí. ¿Quién era esa mujer que había logrado fundir de manera tan eficiente el Nuevo Testamento, El Señor de los Anillos, los clásicos de mi infancia y a Enid Blyton, sin costuras, sin digresiones onerosas o ridiculeces morales? ¿Cómo había logrado atraparme? La única manera de responder era lanzarme de nuevo a un viaje que me prometí no repetiría, un viaje que ahora me llevaría hacia el universo de Harry y Albus Dumbledore como antes me había acercado a Aragorn y Sméagol en sus dudas y temores, un viaje de compromisos espirituales.

II El mito mesiánico estaba ante mí

Mencioné ya las cuatro fuentes que me saltaron a los ojos cuando Harry tomó el tren de regreso a casa tras el Torneo del Cáliz de Fuego y la trágica muerte de Cedric Digory. Pero merece la pena que explique como las reconocí en mi segunda lectura, que casi puede llamarse un largo viaje de varios meses por unas copias en PDF que atentan contra la integridad de mis sufridas pupilas.

Recuerdo que en séptimo grado acudí a cuatro o cinco clases de catecismo, en la Iglesia del barrio. Yo quería que alguien me convenciera de dos cosas:

  1. La existencia de Dios y su responsabilidad con los hombres
  2. La capacidad de Cristo para salvar a la humanidad (cosa poco evidente para mí después de 2000 años)
Nadie me pudo convencer en un mes, así que abandoné la Escuela Dominical. No fue hasta la tardía adolescencia que entendí el concepto de Dogma, que permite aceptar, con fe y sin ayuda, que los feligreses se comen el cuerpo de Cristo en cada misa o el mundo se sostiene sobre una tortuga, y a partir de ahí seguir hacia delante.

La Comunidad del Anillo pronto se volvió mi comunidadEn la literatura yo llamo Dogma a un hecho inexplicable, que deviene piedra fundamental de la trama, acuerdo tácito entre el autor y el lector. Nadie sabía en la pequeña Iglesia de la Guadalupe por qué debía ser David el heredero del trono de Israel y su descendiente el salvador del Universo; nadie sabe por qué Arturo debía hallar la espada y perderse en el laberinto del incesto; nadie -¿acaso Tolkien?- sabía por qué les tocó a tres hobbits el Anillo durante tres mil años; nadie sabe cual es la razón para que Harry Potter viva, pero es "El niño que vivió", y basta.

A partir de ahí todo va sobre ruedas, Harry ignora su poder y su destino, pero la "fuerza de la sangre" se impone y para los señores Dursley será insufrible el origen "anormal" de su sobrino.

Pero Harry ¡ajeno! Sus aventuras ni siquiera le hacen pensar en los Expedientes X antes de la llegada de Rubeus Hagrid. No es hasta el cuarto tomo que hallaremos una explicación tentativa para el papel mesiánico del protagonista: la antigua magia invocada a través del sacrificio de su madre. Durante tres libros y tres cuartos hemos visto al chico pasar de protegido de los muertos a descendiente de Slytherin, mientras las pruebas se acumulaban. Para mí la cosa aún no está clara, habrá que esperar a junio por La Orden del Fénix.

III El arquetipo del bien y el mal estaba ante mí

Las canciones de gesta y las novelas de caballería nos acostumbraron a la idea de que la épica es cosa del pasado, pero el Quijote y la Canción de Rolando eran cosa de "hoy" para su primer público. En su interior son reconocibles, al menos, estos elementos básicos: peripecias varias, personajes arquetípicos y polarización bien-mal. Tolkien, al sacarse de la manga el género de la Fantasía épica, parecía haber confinado las aventuras de ese mundo no-real a un entorno temporal prehistórico, o de un transcurrir cronológico propio. Pero la ciencia ficción literaria y cinematográfica, el manga y el anime, demostraron que los cánones de la épica, en tanto estructuras genéricas abiertas, pueden replicarse en cualquier dimensión espacio-temporal. Baste recordar para ello las sagas del planeta Dunde, o de La Fundación.

En toda novela de aventuras que se respete hay un héroe y una buena dosis de peripecias, que funcionan como pruebas para él y sus eventuales compañeros. Si la historia sigue esos derroteros pronto aparecerá El Malo, y el enfrentamiento final del Héroe con el Malo es el punto culminante que todos esperamos. La autora de esta saga no pierde tiempo: Lord Voldemort es mencionado sólo una página después que Harry (páginas tres y cuatro del primer tomo).

Por los antecedentes que nos llegan a través de la conversación de Minerva McGonagall y Albus Dumbledore sabemos que el primer encuentro ha tenido lugar, con la victoria del Bien. Pero tras once años de paz Hagrid opina que El que no debe ser nombrado era "muy poco humano para morir". El campo de batalla ideológico queda definido cuando Draco Malfoy comenta con Harry sus sentimientos xenófobos respecto a los "sangre sucia" y ambos quedan en casas tradicionalmente enconadas: Gryffindor: donde "osadía, temple y caballerosidad" conforman casi al arquetipo del guerrero medieval (¿Les recuerda a Aragorn?) y el otro a Slytherin, porque "esa gente astuta utiliza cualquier medio para lograr sus fines".

No deja nada al azar la autora. Toda la familia de Malfoy ha estado en Slytherin por generaciones; mientras que Harry tiene por camaradas a dos chicos que resumen lo que aquel, como Voldemort, desprecia: Ronald Weasley es un hijo de magos, pero es pobre, honesto, y toda su familia viene de Gryffindor, mientras que Hermione es hija de dos "muggles", una "presuntuosa sangre sucia".

En cada año lectivo el Mal confirma los peores temores de Hagrid. Voldemort y sus secuaces tenderán trampas diversas a los tres amigos que defienden la honestidad y la igualdad, símbolos muy caros a la democracia occidental cuya cultura refleja J.K. Rowling.

IV La historia de la Cenicienta estaba ante mí

Ella tiene un sueño: que un príncipe maravilloso aparece y se la lleva lejos de las hermanastras; al final el sueño se hace realidad y de la chica estropeada por los trabajos domésticos surge un princesa perfecta, porque el amor todo lo puede. El mito de Cenicienta sigue alentando las ediciones del folletín rosa y su campeona olímpica Corín Tellado. Sin embargo, esa estructura late en más de un clásico.

Volviendo a los ya mencionados: ¿quién era David antes del Asunto Goliat?, un pastorcito soñador; ¿Y Bilbo y Frodo, tenían acaso algún precedente heroico aparte de Toro Bramador Tuk? Pero todos ellos soñaban con la aventura como algo difuso, aunque peligroso. Ahí está el "Principio Cenicienta", haciendo de un obrero pecuario y dos solterones burgueses héroes legendarios. No creo yo que sea criticable como recurso literario, menos en una aventura del mundo mágico.

De pequeño Harry soñaba que alguien le llevaba lejos de sus tíos para ser libre, para ser él. Esa oportunidad llega con el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Allí descubrirá sus propias potencialidades, de aquel chico "siempre flaco y muy bajo para su edad" surgirá un mago capaz de vencer a Dementores, Dragones y demás. El zapatito de cristal está aquí disfrazado de carta de admisión escrita en pergamino. ¿Ingenioso, verdad?

V El código de la novela de aprendizaje estaba ante mí

Harry ha elegido ser amigo de gente como Ron WeasleyDurante la secundaria leí muchas novelas inglesas de los años cincuenta, las firmaba una mujer llamada Enid Blyton, y sospecho que sus series me marcaron más de lo que admito en la vida cotidiana. Con ella descubrí cómo era vivir en colectivo, dentro de una comunidad etaria y no consanguínea. El ver como los años marcaban a los personajes, me ayudó a reconocerme madurando.

Acaso este sea el referente más cercano reconocible en las aventuras del joven Potter. Sus estadías en el internado, su verdadero hogar, nos permiten verlo crecer, madurar y calibrar cada vez mejor sus fuerzas y objetivos vitales. Con la biografía de "El niño que vivió" la autora nos muestra un camino lleno de peligros que conforman una personalidad. No se trata tan solo del origen mesiánico del protagonista, él ha elegido estar en Griffindor, ser amigo de Ron y Hermione, aceptar a Lupin a pesar de su Licantropía y a Hagrid aunque es un Medio-Gigante. Las disyuntivas serán cada vez más complejas, como compleja se torna la vida de un adolescente en camino a la adultez.

V Por qué me atrapó

Yo fui Harry Potter, o su versión delgaducha y gafada, antes de que él cumpliera los once años. También fui Hermione Granger, en su perfeccionismo, y bastante Neville Longbottom, con su torpeza y miedo -me alegro de no haber sido la quinta de seis hermanos. El caso es que fui un poco todos ellos, y creo que ahí estuvo la primera clave para mi comprensión del universo de la Rowling: en su texto un lector contemporáneo puede implicarse.

Harry Potter vive en mi mundo, el mundo del siglo XXI, y en su casa tiene teléfono, hay Nintendo, computadora, auto. Sus amigos usan vaqueros y Hermione es hija de un matrimonio de dentistas. ¿Se puede pedir algo más cotidiano? Las bases para una buena historia pasan por buenos personajes y la Rowling lo consigue al implicar a estos chicos comunes en una historia poco común, fantástica hasta decir no más, pero posible en tanto anécdota y de gran coherencia interna.

No ocurre lo mismo con mi admirado Tolkien, y me duele admitirlo. Pero los extractos del Libro Rojo nunca dejan de ser eso: memorias de una edad lejana, que un acucioso historiador nos devuelve. Esa era la intención del autor, y la escritura se ajusta a tal plan. Siguiendo las peripecias de nuestros héroes podemos desear ser como ellos, pero jamás pensaremos que Gandalf vendrá a proponernos un empleo de saqueadores acompañado de Thorin Escudo de Roble, y mucho menos que el anillo de tía Rosa puede resistir el fuego del hornillo y revelar palabras de inquietante carácter profético.

No pretendo igualarlos, pero para los seguidores de la fantasía épica no queda más remedio que hacer esa constante asociación mental. Aunque la Rowling sea lo suficientemente valiente para generar su universo mágico, un por ciento importante de sus lectores juegan con el precedente de Ilúvatar y sus criaturas.

Coincido con varios de los analistas de esta fábula en que la clave para que Harry deviniese fenómeno de masa, descansa en su cercanía para los niños y jóvenes medios de esta época, adaptados por los medios de comunicación a no proyectar su imaginación fuera de sus propias circunstancias sociales.

Me explico: Tolkien y sus seguidores recrean un mundo regido por valores distintos a los de la sociedad contemporánea. Aragorn o Arturo reflejan el ideal ético del caballero, incompatible con el ideal del hombre contemporáneo, básicamente pragmático, y de uso común en nuestro mundo. De esta manera incorporarse a la aventura de tales caracteres demanda el Tolkien se sacó de la manga el género de la Fantasía épicadescubrimiento y la aceptación de otra manera de ver el universo, relacionada con los conceptos medievales de servidumbre, honor, etcétera. Para los niños que crecieron viendo series de adolescentes canadienses o policías de New York, eso es difícil, implica un reajuste complejo en la escala de valores con la que se reciben las peripecias. Si a esto sumamos la dificultad intrínseca de textos llenos de intrigas y largos períodos temporales, para tales sujetos la aventura de la novela fantástico-épica es una odisea.

La Rowling vence esta primera barrera al situar a su protagonista en el Primer Mundo contemporáneo, el espacio arquetípico de las aventuras juveniles de finales del siglo XX. Luego lo pone en una circunstancia que nos recuerda al Oliverio Twist de Dickens y, paulatinamente, se separa de nuestro mundo. Pero a medida que introduce los rasgos fundamentales del mundo mágico se establecen similitudes que permiten reconocernos en aquel universo. ¿Ejemplo súper-simple? En la entrada de la tienda de varitas mágicas del Callejón Diagon se lee: "Ollivander: fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.C.".

Luego las aventuras se suceden, pero eso no es, para mí, lo más importante. Lo de las aventuras era esperado, todos sabemos que Harry, Ron y Hemione vencerán a Voldemort y los suyos. Al fin y al cabo Romeo y Julieta es una historia bien ridícula, lo impactante es cómo la cuenta el gran Willam. Si en el camino estos libros nos han nutrido de experiencias impresionantes, graciosas, instructivas y todos los adjetivos que usted quiera enganchar a un buen libro, la historia vale. Tal vez las aventuras de Harry Potterobliguen, a todos los niños que pueden comprarlas o piratearlas, a permanecer despiertos en el futuro y a descubrir la magia en sí mismos. ¡Bien por la inglesa!

Harry, Ron y Hemione vencerán a Voldemort y los suyos

Post Scriptum

Por cierto, al menos para una deudora de una cultura parcialmente subterránea (la africana), no es tan descabellada la posibilidad de personas no dependientes de nuestra tecnología, herederas de una cultura paralela y secreta. Los magos pueden estar ahí, como están los Orishas y los espíritus. ¿Por qué no?

Publicado por primera vez en el Guiacán Literario, sitio de literatura fantástica en Cuba (http://www.cubaliteraria.com/guaican/cronicas/harry_potter.html), en el 2004