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20 de mayo de 2012

Se podía haber evitado

tags: Cuba, migración, economía, empresa estatal, cooperativa, trabajo por cuenta propia
 
Rogelio M. Díaz Moreno
 
Uno de los fenómenos que más ha empobrecido nuestro país en los últimos dos decenios ha sido el flujo migratorio, fundamentalmente compuesto por personas jóvenes, cuya calificación profesional típica es elevada y, por supuesto, en plena edad reproductiva. Numéricamente, se puede estimar en cerca de treinta mil personas al año, desde inicios de la década del noventa del pasado siglo. Por ese caño se han derramado cuantiosos recursos invertidos en la formación de esas personas pero, sobre todo, se ha perdido la posibilidad de que el trabajo creativo de esas personas enriqueciera material y espiritualmente a nuestra sociedad. Como elemento de igual o mayor importancia, este problema agrava la situación demográfica de una población profundamente marcada por el envejecimiento y decrecimiento. Todo esto, sin mencionar el desgarramiento individual y familiar, el dolor de la separación, las dificultades de adaptación tanto de las personas que buscan los nuevos horizontes, como de los que quedan atrás, privados de la amoroso soporte que supone un hijo, una hermana, un amigo.
 
Un pensamiento incómodo aguijonea la mente, que sugiere que este fenómeno se podía haber evitado o, al menos, mitigado en buena medida. Hace demasiado tiempo que se hizo evidente, para todo el que no mantuviera los ojos firmemente cerrados, que bajo los esquemas estatalistas –que no socialistas– de la economía, la regla general con algunas excepciones establecía que las únicas garantías de cobijo estaban extendidas a la mediocridad conformista; a aquellas personas cuyas aspiraciones no estuvieran muy alto; trabajadores manuales o intelectuales que con un sueldito ínfimo pero estable, más un par de prestaciones sociales estratégicas y lo que se pudiera sustraer taimadamente del centro laboral, se dieran por satisfechos. Han tenido que pasar más de veinte años desde el inicio del Período Especial –o del regreso a la depauperada normalidad, podría decirse– para que se estabilizara un mínimo de respeto por la iniciativa privada en la forma del llamado trabajo por cuenta propia. Y eso, bajo la presión actual para el Estado que significa la decisión de despedir a más de un millón de sus trabajadores, y la necesidad de dejarles vivir de algo mejor que el delito. Aún así, el antaño todopoderoso Estado no ha desbloqueado sino las franjas más precarias del espectro de actividades económicas posibles, aquellas de oficios básicos de baja calificación –tan dignos como los de alta, pero poco halagüeños en términos intelectuales y únicamente remunerativos debido a la extraña situación que experimenta nuestro país. Para los profesionales jóvenes que buscan un empleo a sus dotes trabajosamente cultivadas, emprender iniciativas económicas más sofisticadas, apenas se cuenta a estas alturas con las vagas promesas de estudiar y dejar establecido, algún día, la posibilidad de formar cooperativas fuera del ámbito agrícola.
 
Vamos a hacer un par de especulaciones de cómo hubieran ido las cosas, si la política hubiera sido distinta. Nótese que haremos énfasis en empeños de colectivos bajo términos cooperativos, que consideramos como formas avanzadas de gestión socialista, en contraposición con las formas estatales y saludablemente distanciadas de empresas privadas, basadas en la explotación capitalista de los trabajadores por los dueños.
 
Se partió de una situación en la que miles de ingenieros, técnicos, personal calificado en general, se encontraban estancados, mayoritariamente en trabajos de escasa productividad e interés, además de la pobre remuneración y la imposibilidad de modificar sustancialmente el orden de las cosas en sus centros laborales. Esta última osadía constituye todavía hoy un imposible desafío a las inexorables autoridades. A ese grupo no se puede dejar de añadir, en igualdad de condiciones, al sector de obreros vegetando en fábricas de tecnología obsoleta, de producción detenida por los frecuentes desabastecimientos de materias primas, repuestos, combustibles y hasta por abarrotamiento de los almacenes ante la mala gestión de las otras instituciones estatales encargadas de la comercialización. Esta ha sido la cantera fundamental de la emigración, en todo este tiempo, ante la falta de una mejor opción. Ah, pero ¿qué hubiera pasado si, digamos, desde fines de esa década de 1990, cuando ya se pasó el golpe más duro tras la caída del campo socialista, se hubiera comprendido las potencialidades en ese conjunto de personas? ¿Qué tal que se les hubiera permitido agruparse autonómicamente, en centros de producción y servicios cooperativos, dedicados a satisfacer de una manera indiscutiblemente más eficiente las necesidades malcubiertas por instituciones estatales?
 
Si por fin, dentro de poco, se llega a instaurar la posibilidad de empresas cooperativas, se verá que el panorama no se transforma de un día para otro. La consolidación de los colectivos lleva su tiempo, tiempo de aprendizaje, de reajuste, de disolución inevitable de los proyectos menos viables. Esa etapa hubiera podido vencerse a estas alturas, de haber empezado a tiempo. Con el entusiasmo que la posibilidad de ganarse, por uno mismo y con sus esfuerzos, una vida honrada y satisfactoria en términos materiales y espirituales, la sangría de la emigración que buscaba esa posibilidad allende los mares se hubiera reducido considerablemente. Lo que es más, algunos de los que se fueron y no tuvieron el éxito esperado, se hubieran animado a regresar. Por supuesto, esto requeriría de paso de una política responsable respecto a la migración.
 
A estas alturas, hubiera sido posible que el Gobierno no tuviera que plantearse el despido de esa cantidad de trabajadores, porque ya se encontrarían trabajando en este sector. La producción de bienes y servicios se estaría efectuando en instalaciones mucho más eficientes que lo que se ha venido haciendo. Las pérdidas millonarias por subsidios a las ineficiente empresas estatales se hubieran reducido al mínimo imprescindible para garantizar el funcionamiento de determinadas necesidades sociales; por el contrario, los ingresos al fisco se habrían estabilizado en una magnitud creciente y capaz de cubrir las inversiones en salud, educación, infraestructura, etc., que normalmente se coordinan a nivel centralizado. El país, en pocas palabras, estaría ahora en una posición mucho más ventajosa en términos económicos y sociodemográficos.
 
Queda de estudio individual responder a las cuestiones de por qué tarda tanto en desbloquearse este camino; qué daño le está infligiendo a nuestra sociedad esta demora, y qué opinión se merecen sus responsables.
 
 

12 de mayo de 2012

Día contra la Homofobia y contra el Capitalismo

Palabras clave: Cuba, Jornada contra la Homofobia, movimiento Indignados, Socialismo, anticapitalismo, Observatorio Crítico
 
Hoy tuvimos un día agitado acá en La Habana. Como se hace ya tradicional por estas fechas, se celebra la Jornada Nacional contra la Homofobia, y este sábado se hizo la marcha que llena de colores a la calle 23 en el sector conocido como La Rampa, desde el cine homónimo hasta el Pabellón Cuba. Allá fuimos con las banderas arcoiris y hasta enarbolamos el cartel de los CHEHOs, o Cubanos Heterosexuales Enemigos de la Homofobia, que captó el foco de muchos lentes.
 
La conclusión de la marcha en el Pabellón incluyó las palabras de Mariela Castro Espín, la reconocida directora del CENESEX, y la lectura de la declaración del Grupo Hombres por la Diversidad. En general nos reunimos y alegramos un buen grupo de amigos.
 
Después hicimos una media en Coppelia y partimos para otro compromiso. Este de la tarde estaba relacionado con el movimiento mundial de los Indignados, que para hoy tenían convocado actos en todos los países donde se manifiestan, y nosotros (el Observatorio Crítico) habíamos decidido patentizarles nuestra solidaridad en su lucha contra el capitalismo y la explotación. La actividad estaba convocada para el parque de Salvador Allende (Carlos III) y Belascoaín, al lado de la efigie de Carlos Marx, a quien pensábamos dejarle flores, cantar La Internacional y ese tipo de acciones. Algunos miembros del OC comentamos también que se puede citar como motivos de indignación para los cubanos, –y sin ningún tipo de zozobra, porque no somos de los que hablamos de eso todo el tiempo–, al bloqueo estadounidense contra nuestro país, que afecta sobre todo a las personas más humildes; a la protección de aquel gobierno a terroristas como Posada Carriles; al ensañamiento en el castigo contra nuestros cinco compatriotas, etc.
 
A decir verdad, varios miembros del OC estábamos nerviosos, porque en los días anteriores habíamos recibido una serie de mensajes "medio raros". Imagínense que nos habían tratado de contactar personas que olían a disidentes de estos que defienden los principios del mercado y el pluripartidismo en Cuba: en fin, los ideales capitalistas, asegurándonos su apoyo. ¡¿Para una actividad anticapitalista y de homenaje a Carlos Marx?! Bien, hay que reconocer que era algo raro. Compañeros de la Seguridad nos habían contactado, recomendándonos no realizar una actividad que se prestara a provocaciones.
 
No se le puede permitir a la derecha decidir qué hacemos los revolucionarios
 
La postura consensuada por los compañeros en el OC fue que no podíamos permitir que por provocaciones de grupos de la derecha, ajenos a nuestros objetivos, se suspendiera la actividad. ¿Dónde vamos a parar los revolucionarios y socialistas cubanos, si los capitalistas empiezan a ser los que nos permiten o no hacer nuestras actividades? Así se lo explicamos a los compañeros de la seguridad.
 
Así que se fue para el parque. Llegamos un poquito antes de la hora señalada y elegimos para esperar, sentarnos en unos muros a la sombra, a pocos metros de varias personas posiblemente atentos a lo que pudiera ocurrir. Estábamos decididos a liberar nuestra alegría, nuestro coraje, nuestros sentimientos anticapitalistas. En un momento dado se nos acercó una persona que se presentó como periodista independiente y, aunque le respondimos diplomáticamente algunas preguntas discretas, se marchó cuando le manifestamos que no conocíamos personalmente a una figura por la que nos preguntó, la que, según él, estaba al tanto de algún tipo de amenazas que nos debían haber llegado.
 
Cuando ya estábamos todos reunidos, a las dos de la tarde, nos dirigimos a la efigie de Marx en el muro del parque, le depositamos las flores y establecimos nuestros principios al son de La Internacional. Estamos por hacerle una versión en rumba o en reguetón a ver si nos la terminamos de aprender, pero por el momento funcionó bien con el arreglo tradicional.
 
El Partido Comunista nos manifiesta su apoyo
 
Cuando ya estábamos por recoger, una persona que se unió a nuestra actividad y que, a decir verdad, no le estábamos dando mucha bola porque no lo conocíamos, nos reveló que era el secretario del Partido de la localidad, y que estaban satisfechos por presenciar las iniciativas de un grupo revolucionario, de jóvenes y veteranos, que nos manifestáramos dentro del cumplimiento de la ley por esos ideales que compartimos, contra esos fenómenos del mundo capitalista, en solidaridad con el movimiento mundial de Indignados, etc. Sus palabras convocaron un aplauso para los compañeros de la seguridad que, ciertamente, alejaron las tiñosas que más nos preocupaban. También intercambiamos sobre las experiencias de participación en las marchas del pueblo cubano por los Primero de mayo, y se recordó el aniversario reciente de la victoria sobre el fascismo del heroico pueblo soviético. Al final se quedó hablando con un par de compañeros nuestros sobre museos y figuras de la historia y el sindicalismo cubano, pero nosotros partimos, porque tenemos un nené que atender, y mucha, pero mucha tarea doméstica por delante este fin de semana.

4 de mayo de 2012

Virulencia por argumentos

tags Encuentro de Blogueros Cubanos en Revolución, Observatorio Crítico de Cuba, Yasmín S. Portales Machado, Rogelio M. Díaz Moreno, Jorge Ángel Hernández, internet, Cuba, debate, autoritarismo, blogs, censura, contrarrevolución, democracia, diálogo, izquierda, manipulación, participación, revolución, socialismo, sociedad civil
 
Como parte de la polémica desatada luego del Encuentro de blogueros celebrado recientemente en Matanzas, Jorge Ángel Hernández (JAH) ha cruzado espadas un par de veces con Yasmín Silvia Portales Machado. En su última entrega, JAH ha desatado un feroz ataque contra la Red Protagónica Observatorio Crítico de Cuba (OC). No es nada nuevo, para nosotros los miembros del OC, recibir estos ataques periódicamente, y casi hacemos una rutina de desmontarlas usando nuestros argumentos y razones que son expuestas públicamente.
 
JAH usa un lenguaje bastante complicado, propio evidentemente de su formación filosófica. Con certeza veo que yo no llego a esas alturas estilísticas, probablemente por mi formación en una carrera de ciencias técnicas, así que es posible que diga las cosas de una manera más sencilla y es posible que hasta malinterprete partes de lo que él dice. Bueno, pues ya me rectificará.
 
Por ejemplo, él dice que no pretende "acaparar la estricta verdad sobre cuestiones que con legitimidad nos planteamos una parte importante de cubanos que fuera del ámbito de la Red Protagónica Observatorio Crítico nos hallamos", dando a entender que el OC sí lo pretende. Esta sería la primera falacia. El OC no pretende acaparar la estricta verdad. Ni desea hacerlo, ni podría si lo intentara, pues entre sus integrantes se dan la mano personas de un amplio rango de criterios y opiniones que, sí, tienen como elemento común el anticapitalismo, el rechazo a la discriminación, la repulsa a que el poderoso abuse del pequeñuelo y un par de elementos más que nos ubican inequívocamente en la izquierda revolucionaria, pero nos diferenciamos –para nuestro mayor orgullo– en la variedad de caminos: algunos de nosotros nos decantamos hacia las corrientes marxistas o trotskistas; otros, hacia los ideales libertarios; un tercer grupo enarbola una pasión ecologista; otro grupo abraza los ideales éticos más hermosos y respetables presentes en la religión de Jesús de Nazaret, con su vigoroso desarrollo en la Teología de la Liberación; otros encuentran su realización en las actividades culturales y artísticas en las comunidades, y así por el estilo. Imposible, pues, que definamos Una Única Verdad, y que pretendamos que los demás nos sigan. Defendemos la unidad en la diversidad, y la diversidad dentro de la unidad. Del mismo modo que nos concebimos, deseamos ver a la sociedad de la que formamos parte.
 
Dice de nuestro espacio, "se actúa a la manera de los grupos de presión capitalistas, insertos en la más convencional idea de sistema de Partidos políticos". El adjetivo capitalista lo pone él, a contrapelo de la filiación que acabo de desgranar más arriba y en la que hacemos hincapié una y otra vez, donde se puede ver que hay de todo, menos capitalismo. Si alguien nos quisiera clasificar como grupo de presión, que coloque el adjetivo correcto: Socialista. Para convencerse de este credo, visítese nuestro sitio, en el que encontrará posicionamientos defendiendo al marxismo –hasta en los momentos en que los oficialistas lo dejaban tachar como "caduco", tan campantes–; textos que propugnan las cooperativas de trabajadores libres asociados como forma superior de organización colectiva socialista de las empresas en el comunismo; llamados a acompañar a nuestro Presidente, Raúl Castro, en la lucha contra el principal enemigo que tiene el socialismo en Cuba, a saber, la burocracia, el inmovilismo, el autoritarismo y otros males que el General en Jefe ha denunciado reiteradamente; entre otros trabajos que elaboramos a la medida de nuestras modestas capacidades.
 
Nuestra actitud se revela, abunda, "ya sea que empleen comportamientos éticos, culturales o de otro tipo como ejemplos, ya que teoricen sobre el sistema de relaciones sociales y su ejercicio político concreto". Creo que ya mencioné que un sector muy apreciado de nuestro grupo es un abanderado de los ideales del Jesús revolucionario y la Teología de la Liberación. Otros son apasionados militantes por el respeto a la diversidad sexual; otros protagonizan empeños loables contra la discriminación racial y hasta hay quienes piensan que se debe trabajar con las manifestaciones artísticas como el regueton para que, sin dejar de utilizar los ritmos y elementos populares del pegajoso género, encarrile sus proyecciones dentro del respeto a los seres humanos. Espero que esos elementos éticos y culturales no le causen desazón a JAH.
 
En cuanto a los ejercicios sobre el sistema político social, tal vez JAH piense, como yo, que la Constitución de nuestro país debe ser objeto de algunos cambios, aunque en dirección opuesta a los que yo sugerí. Tal vez él desee descartar artículos como el 3, que reza "En la República de Cuba la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado"; o el 9, según el cual "El Estado realiza la voluntad del pueblo trabajador". Los miembros del OC sacamos una cuenta, esto es: que somos parte de ese pueblo, poseemos por nacimiento esa ciudadanía de la cual, según el artículo 32 del documento al que me he referido, "no podrán ser privados, salvo por causas legalmente establecidas" –aquí me toca esperar que la incomodidad de JAH no sea una de esas causas– y, por lo tanto, gozamos en igualdad de derechos con los demás ciudadanos –artículo 41– a compartir el ejercicio de la soberanía y a tener un pedacito de la voluntad que el Estado cubano debe realizar. Esto incluye, a mi modesto entender, aquellos ejercicios políticos y de relaciones sociales que parecen molestar a JAH.
 
Nuestro antagonista elucubra febrilmente y supone, verdad que sin mucha certeza, que los miembros del OC, insertados en la convencional idea de partidos políticos, "de pasar al poder, revertirían el socialismo en su nombre". ¿De dónde sacó él que pretendemos hacer algo así como un partido político y aspirar al poder? Hasta donde tengo entendido, ninguno de nosotros cree en el multipartidismo. No hay nada en nuestras actitudes que de pie a la aventurada suposición. Una impresión posible tras la lectura del material de JAH, es que aquel se disgusta porque nosotros abogamos por cambios en nuestro país. Bien, esto último es totalmente cierto. Pero no parece una razón para tomarla con nosotros. Si no los quisiéramos, estaríamos pasando un rato bien malo, porque el gobierno cubano está dirigiendo desde hace algunos años un proceso de cambios profundo y radical, sin prisa pero sin pausa. Obviamente, unos nos gustan más y otros menos, como es natural en una comunidad de personas disímiles con diferentes personalidades, y solemos manifestar nuestro placer o preocupación, según corresponda, en consonancia con los ya citados artículos 3, 9, 32 y 41.
 
Continúa JAH su sarta de acusaciones con que nuestro proyecto "recula sobre la historia para reinstaurar bases democráticas del capitalismo (dependiente sine qua non) en Cuba". Más baldones, pero que solo ensucian a quien los lanza. Si vamos a la historia, espero que no se niegue que el triunfo de la Revolución del 1ro de enero de 1959 tenía como supremo fin, la recuperación por parte del pueblo de su derecho a la soberanía y la democracia, a ejercer el gobierno y cambiarlo según éste respondiera a la voluntad popular y a la soberanía patria. La realización de masivos y exitosos procesos electorales, a partir del proceso de institucionalización de los años 1970, da fe de la justeza de este rumbo, una democracia socialista que no necesita del multipartidismo. Estos ejercicios de democracia y soberanía popular, perfectibles como todo en esta vida, ilustran el derecho del pueblo a seleccionar unos u otros candidatos, en dependencia del criterio que estos merezcan sobre cómo administrarán los asuntos públicos. A menos que JAH sea de los que sostienen que las elecciones en Cuba no tienen un significado real, tendrá que aceptar el hecho de que estas dejan claro, más allá de toda disquisición filosófica, que el ciudadano cubano tiene el derecho inalienable a influir sobre el curso de los asuntos nacionales, expresar su criterio y trabajar por el mejoramiento de la democracia socialista, como modestamente pretendemos desde el OC.
 
Me gustaría que JAH hiciera honor a la palabra de acudir al debate público "con menos pretensión de omnipotencia, menos beligerancia personal, menos egocentrismo". Pero las invectivas ha lanzado contra el OC me dejan claro que no nos considera un sujeto digno de su consideración, sino apenas una manada de ovejitas descarriadas que necesitan una buena tanda de azotes para regresar al redil. Esta persona, que hace gala de haber tomado como base de su pensamiento al marxismo, no ha hecho otra cosa que ofrecer una intensa lección de estalinismo. A pesar de todo y parafraseándolo a él, lo que me parece a mí que constituye una señal de que los tiempos cambian es que él, casi al término de su post, se las de de inclusivo, de participativo y de respetar al otro, aún cuando no pudiera manifestar esas bellas cualidades en nuestra particular situación.
 
Ahora, ya que pasé el trabajo de repetir tantas explicaciones, me gustaría conocer cuáles son sus respuestas a las preguntas que nosotros hemos planteado en numerosas ocasiones, respecto a por qué los opinantes oficialistas, que se proclaman como los únicos marxistas y socialistas verdaderos, se han perdido las oportunidades de defender al marxismo cuando les restregaron el epíteto de "caducos"; o de rechazar un poco más explícitamente las tentaciones de acudir a los Saladrigas y sus compañías; cómo es que les parece tan inocente la restauración de la pequeña empresa privada que emplea trabajadores asalariados sin derechos, por ejemplo –que se conozca al día de hoy– a vacaciones o licencias de maternidad; y por qué parece que se hiciera oídos sordos al señalamiento de Raúl Castro acerca de que el autoritarismo, el inmovilismo y la corrupción son hoy el mayor enemigo que tiene la Revolución, mayor que el mismísimo imperialismo yanqui –que no es poco decir– y por qué no enfilan contra ese enemigo los cañones cuyas ominosas bocas dirigen contra nosotros, que seguimos los principios que nos dicta buenamente nuestra conciencia.   

1 de mayo de 2012

Seguidilla de una post lémica

tags Encuentro de Blogueros Cubanos en Revolución, Yohandry, La Joven Cuba, internet, Cuba, debate, anticapitalismo, autoritarismo, blogs, censura, contrarrevolución, democracia, diálogo, izquierda, manipulación, participación, revolución, socialismo, sociedad civil
 
El evento recién ocurrido en Matanzas que reunió a un grupo de blogueros alarga una cola medio rara. Algunos de los no invitados expresamos nuestro desacuerdo con la filosofía del encuentro, al que encontramos inquisitorio, pleno de falencias y de los discursos repetitivos de siempre. Obviamente, ello no gustó a algunos de los participantes y ejercen su derecho a la respuesta.
 
El blog de Yohandry, por ejemplo, nos echa en cara el ignorar el coraje que ellos, sostiene, tuvieron; así como soslayar el valor de los conceptos allí defendidos. Cuando menos, estamos desinformados, tenemos un seguramente desmedido afán de protagonismo y nuestros prejuicios y debilidades ideológicas nos conducen al lado equivocado de la dicotomía indignos-indignados.
 
Hay que decir que el primer problema que tuvimos, algunos de los que nos quedamos fuera del cónclave –y no por no haber enviado nuestras solicitudes– para enterarnos bien de lo que pasó, es que la mayoría del contenido se traspoló a unos sitios para nosotros esotéricos, unos espacios virtuales en Tweeter y Justin.tv a los que no tenemos acceso ni en nuestros sueños. Es posible que por ello hayamos sido un poco unilaterales en nuestras valoraciones, al contar solamente con lo que nos llegaba por los más prosaicos medios de la prensa tradicional y el correo electrónico. Parece que debemos pedir disculpas por nuestras discapacidades informáticas, que no nos permitieron comprobar la "valentía" de los reunidos que, al parecer, expresaron toda una serie de ideas que, sostienen algunos, resultaron muy audaces y revolucionarias.
 
Aún así, debo expresar una primera inconformidad con este juicio. No encuentro muy lógico que alguien que usa un seudónimo, que no firma con su nombre, que no se sabe quién es, y que por lo que escribe nunca se va a buscar un problema en el trabajo con el que mantiene a su familia –salvo que deje de escribirlo– se las dé de valiente. Así cualquiera. Todavía los otros compañeros del encuentro, se comprometen con sus discursos y hechos, personalmente, para bien o para mal. Pero Yohandry, que no toque esa tecla.
 
Ahora que me disculpen los allí reunidos. Tal vez sí resultó muy valiente reclamar, en esa reunión, información sobre las posibilidades de la ampliación del acceso a las tecnologías informáticas en Cuba –país penúltimo o antepenúltimo por sus estadísticas de ese tipo en América Latina–; el estado del cable de fibra óptica; cambios de mentalidades en los funcionarios que actúan como barreras para la participación de la población en general en la web 2.0 y ese tipo de cosas. Ahora, para ser consecuentes con ese espíritu, les solicito que compartan –por vías al alcance de los simples mortales– las respuestas que obtuvieron al respecto. De la misma forma, les preguntaré si piensan mantener activos esos loables propósitos y si nos informarán, como buenos periodistas revolucionarios preocupados, de lo que averigüen en el futuro; o si todo se quedó en el cerrado espacio de un evento por invitación, con la consiguiente y fea sospecha de que todo fue un montaje, autorizado y preparado, para dar alguna impresión a algún despistado.
 
Aplaudo al que sea consecuente con un credo sincero y desinteresado, ya sea abiertamente oficialista o alguien que prefiere trabajar por el socialismo y la revolución desde posiciones menos dependientes de la burocracia y de lo autorizado por los niveles superiores. Si alguien de la derecha lograra convencerme de que piensa que su ideología es la mejor para el país, y de que defiende un modelo nacional independiente con esas características, no sé si lo daría por bueno; en todo caso le respetaría su derecho a defender su criterio. En este momento, intercalo la siguiente salvedad, porque se está apelando a un material sacado de contexto para desacreditar a una de las partes: En su momento, la elección de Barack Obama despertó esperanzas en muchas personas del mundo, por la hazaña que resultó el que una persona negra venciera la imponente barrera racial estadounidense y resultara electo Presidente. Que luego el apresuradamente electo Nobel de la Paz, se tornara un conductor de guerras despiadadas y continuador de la política de hostigamiento contra nuestro país, no podía ser adivinado por quienes no poseemos bolitas mágicas. Que conste que la alternativa en aquellas elecciones, McCain, era de miedo.
 
Ahora me gustaría que aquellos que se las dan de valientes, de socialistas, y que se arroparon con el precepto de que la verdad es revolucionaria, respondan a los reclamos que se les efectúan y que intento reiterar de la manera más precisa para que no queden ambigüedades. No me queda más remedio que repetir algo obvio, esto es, que ser oficialista no es ninguna definición ideológica per se, y que para proclamar tan campantemente lealtad con unos principios, primero hay que tenerlos definidos.
 
1–Sería de la más alta conveniencia saber qué entienden estos blogueros como el Estado Socialista de trabajadores, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana. Este es el contenido del artículo 1 de nuestra Constitución. Los que defendemos sus preceptos, debemos concordar que su realización implica que las masas deben gozar en el socialismo, de los derechos, libertades y conquistas sociales y económicas que regímenes anteriores pretenden haber alcanzado, pero una extensión y profundidad inéditas en aquellos sistemas de explotación del hombre por el hombre.
 
2–Después que nos ofrezcan su versión de lo que entienden por socialismo, que hayan adoptado este idioma inequívoco que ya otros estrenaron de sobra, que continúen y nos expliquen hasta qué punto piensan ellos que vale la pena luchar por alcanzar estos ideales y contra qué obstáculos creen que vale la pena luchar. Ya sean aquellos que están a noventa millas u otros mucho más cercanos, por ejemplo: aquellos que denuncia sistemáticamente el periodista José Alejandro Rodríguez por las misivas que le llegan al Juventud Rebelde; los funcionarios demagogos e ineptos que dejan que en sus áreas de trabajo se caigan a trozos los hospitales, las escuelas, las viviendas con personas dentro –Marino Murillo reconoció en la Asamblea Nacional que cuando uno necesita una gestión en vivienda "todo el mundo sabe lo que pasa"–; que convierten en un calvario la cosecha y recogida de productos agropecuarios –de nuevo, Murillo llamó a "volar en pedazos a Acopio"–; los ministros, presidentes locales de gobierno y todos los demás que meten la mano en los recursos que el gobierno sitúa para inversiones en todos los campos, pero antes, y no después que el daño esté más que hecho, que la Contraloría los haya descubierto y nuestro presidente los haya tronado. Ayudar a Raúl Castro a defender el país de lo que el ha llamado reiteradamente como nuestro principal enemigo en la actualidad, no debiera ser un problema para estas almas, que entonces podrán contar como compañero de indignación, comprometido y leal hasta el tuétano, a un humilde servidor.