Secciones

Secciones

Reglas para comentar

1) Los comentarios ofensivos serán borrados
2) Los comentarios deben tener alguna relación con el tema del post
3) Se agradecerá el aporte de argumentos con referencias para que podamos ampliar el debate

28 de octubre de 2016

Salarios congelados para maestros del Estado

Las autoridades cubanas y los medios de prensa ya lo informaron oficialmente. El aumento salarial para el sector pedagógico, esperado para el segundo semestre de este año 2016, no se producirá. No hay condiciones económicas en el país, dicen.

Las últimas semanas previas al inicio del nuevo curso escolar, la prensa reflejó el recorrido de la ministra de Educación, Ena E. Velázquez, por el territorio nacional. Con los acostumbrados bombos y platillos se ensalzaron las maravillosas condiciones que tendría el estudiantado para entrar a las aulas en septiembre. Un elemento era reconocido, a medias oculto entre la letra pequeña, prácticamente todas las regiones presentaban, en mayor o menor medida, déficit de personal pedagógico.

El sector de la Educación es uno de los estandartes emblemáticos del modelo cubano. Su inexorable deterioro contribuye a la erosión del prestigio y aceptación del gobierno. Desde finales del siglo pasado arrastra el mencionado problema, desde que la depreciación de los salarios estatales arrojó a maestros y maestras al fondo de la pirámide socio laboral del país. Desde hace más de veinte años no aparecen luces al final del túnel para un sector que, paradójicamente, todos consideran esencial.
La economía cubana, tercermundista y subdesarrollada, se vio privada en aquel entonces de los masivos subsidios de la era del campo socialista. Desde entonces, no ha salido nunca verdaderamente del bache, pues ligeros alivios se ven sucedidos por nuevos períodos de recesión. En tales condiciones, no ha recuperado la capacidad de reflotar a un sector costoso y masivo como el educativo.

El éxodo de profesionales hacia otras actividades más lucrativas se ha convertido en un mal crónico. Se hace difícil reprocharles algo a esas personas. Su sacrificada labor apenas les garantiza exiguos sueldos, con los que se torna prácticamente imposible mantener un nivel de vida mínimamente decoroso.

En este panorama se han acrecentado, además, las políticas gubernamentales de racionalización de gastos sociales, subsidios y toda otra serie de estímulos concretos que podían ofrecerse a quien trabaje en Educación.

Los llamados a la conciencia y las promesas de mejores mañanas abundaron, los homenajes y las medallas se propulsan, pero no permiten mantener hogares, menores de edad, personas de la tercera edad, etcétera.

En los penúltimos meses había llegado a insinuarse la promesa concreta de una subida de los salarios. Esta ya se había producido en el sector de la Salud -y esto es algo sobre lo que valdrá la pena regresar. En el lenguaje oficial se volvía recurrente el lema de socialismo con desarrollo próspero y sustentable. Se calculaban tasas de crecimiento de tantos por ciento del Producto Interno Bruto. Se proclamaba un plan de desarrollo con vistas al 2030 -y sobre esto otro también valdría la pena regresar.

El proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos parecía justificar mayores esperanzas de bienestar. Y de súbito, cayó un cubo de agua fría con el anuncio de la imposibilidad de mantener crecimientos este año. Esta situación se confesó en la sesión veraniega de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Desde entonces, el incremento de los salarios en Educación podía darse por perdido, aunque se demoraran varias semanas en confirmarlo.

Lo que sí se implementó fue la extensión de impuestos sobre los ingresos a sectores más amplios de trabajadores del sector estatal, con exenciones para los que reciban menos de 500 pesos cubanos –unos veinte dólares.

El fenómeno producido engendra serias reflexiones. Una vez más, las esperanzas de la ciudadanía en general, y de educadores y educadoras en particular, se ven defraudadas. El fatalismo al respecto acopia otra fría y desagradable confirmación.

Si ya antes de esto las escuelas andaban cortitas de personal docente, imagínense cómo seguirá la tendencia. Y si les cuesta algún trabajo, auxilíense con otras noticias, confesadas en voz igualmente baja, sobre la muy pobre demanda de las carreras pedagógicas en todo el país -a pesar de que prácticamente las regalan en las universidades correspondientes.

Ahora cabría añadir otras inquietantes aristas relativas al tema. Se conoce que, bajo la licencia de repasador/repasadora por cuenta propia, se extiende el negocio de maestros/as particulares. ¿Qué tipo de giros introduce este sector?

Es evidente que el fenómeno de diferenciación social se refuerza con el deterioro de la educación pública y el florecimiento de establecimientos de educación privados. Estos últimos presentan una gran diversidad.

Muchos los constituyen solamente pedagogos o pedagogas que trabajan en sus viviendas, a nivel individual, que atienden a unos pocos jóvenes cada vez, en una o dos materias de un nivel escolar más o menos específico.

Otros constituyen verdaderos conjuntos, organizados con sistematicidad y complejidad, que agrupan varias personas en calidad de repasadores y atienden a decenas de adolescentes para impartirles conocimientos de todas las asignaturas, de varios grados, y en locales especialmente acondicionados. Los hay para cubrir todo el rango académico local, desde la educación preescolar hasta la universitaria.

A cualquiera de esos establecimientos particulares acuden los retoños de las familias suficientemente solventes, en el horario posterior al de las deprimidas escuelas del Estado. Con estas clases privadas, reciben una formación tan completa, que lo único que les falta es la potestad de títulos oficialmente validados, para lo que todavía los o las jóvenes tienen que acudir a la escuela oficial y rendir los exámenes correspondientes.

Esto explica algo, en mi opinión, del porqué el sector de Educación (público) continúa en las condiciones precarias en las que está. La élite tiene asegurada la educación de su descendencia, y no ejerce tanta presión para poner remedio a un problema que poco la afecta.

Con el paso de los años, las desigualdades se naturalizan en nuestras calles. Al “pobretariado” le toca la escuela estatal, y que se las arregle. Quienes tienen más recursos, quienes ya se distinguen del resto por sus condiciones de vida, solvencia, vivienda, etcétera, ahora se distinguirán cada vez más por la mejor formación e instrucción.

Esto se traducirá indefectiblemente en menores oportunidades para “la plebe” de superación, de acceso a entornos profesionales con buenas oportunidades. A los de abajo, se les estrechan otros caminos para sobresalir, como no sean los de algunas actividades turbias o resaltar como artista o deportista y servir al entretenimiento de masas.

Simplemente, el sistema burocrático estatal actual se confirma como incapaz de resolver el problema de la Educación pública. Lleva más de veinte años en las mismas, y cada atisbo de esperanza se desvanece con nuevos y más tristes tropiezos. Se necesita una sociedad dinamizada, con todo el potencial de sus fuerzas productivas en florecimiento, libre de ataduras, para poder generar cambios radicales en tal situación.

Por su parte, el sector pedagógico necesitaría urgentemente de una cohesión gremial efectiva, con representantes sindicales legítimos y comprometidos, capaces de dialogar directamente con el resto de los actores sociales y políticos del país.

Solo así podría alcanzarse un consenso sobre las inyecciones de recursos imprescindibles para mantener un sistema educativo universal, de calidad, que promueva la superación de todos y todas, con inclusión y justicia social, y un nivel de vida para sus gestores, maestros y maestras, a la altura de la dignidad del trabajo que desempeñan.

20 de octubre de 2016

Una vez más por Periodismo de Barrio



El colectivo Periodismo de Barrio ha publicado una denuncia seria, sobre las dificultades encontradas en el intento de realizar cobertura noticiosa en las provincias afectadas por el reciente huracán Mathew. [1]

Periodismo de Barrio es una flor sobre el actual lodazal del periodismo cubano. Si Jehová no perdonó a Sodoma porque no se encontraron los suficientes justos, perdonaría al gremio noticioso antillano al ver a este lindo, valiente y maravilloso grupo.

Elaine, Julio, Geysi, Mónica, me encantan los artículos de ustedes, el humanismo, la sensibilidad. Gracias a ustedes me acerco a seres humanos y realidades de mi país que, a pocos pasos de mi universo cotidiano, no conocía. Me río e impresiono con la chispa de un agricultor orgánico; descubro que Francisca se escapó del cuento de Onelio Jorge Cardoso; repaso los pro y los contra en el conflicto de los alimentos transgénicos; aprecio uno de los atolladeros del bloqueo estadounidense en la adquisición de alimentos por parte de nuestro país y me sensibilizo con un vecindario resistente a las agresiones del mar y la burocracia.

Por tan hermoso bregar, sabemos que les tocará recibir su mala cuota de flagelaciones. Cometen una y otra vez el pecado de vivir sus vocaciones a plenitud, sin permitir cortapisas a su libertad ni al servicio que nos rinden con su labor.

Recientemente, pasamos unos días de espanto; particularmente, los habitantes del extremo oriental de Cuba. Un terrible meteoro se ensañó con esa región. Y ustedes fueron a donde yo quisiera estar ahora, porque así somos en este país: vamos a donde las personas más necesitan ayuda, consuelo, amor.

Las sospechas e incomprensiones, el autoritarismo y la burocracia de siempre se les atraviesan en el camino. Afortunadamente, no estamos en esas sufridas tierras hermanas de Latinoamérica, Rusia y algunos otros lugares, donde el periodista que cae en las manos de fuerzas de seguridad y paramilitares encomienda alma, integridad física y hasta la vida a la deidad que pueda protegerle. Aún así, duele bastante que hayan sido retenidos, cuestionados, zarandeados por compatriotas incapaces de comprenderlos.

Las envidias y abyecciones del pantano colindante no se hacen esperar. Los niveles superiores emiten la orden, y los sumisos escupen contra una luz que les ciega. La voz de ustedes no es bienvenida entre los guardianes de la Fe.

El medio oficial del país desborda imputaciones inicuas. Les reprochan que llegaran después que pasara lo peor; que no estuvieran en el ojo del monstruo. Que no hacen falta más periodistas nacionales que los designados por las autoridades. Y que para extras, ya están los extranjeros.
Tales imputaciones solo revelan la pequeñez de alma del heraldo que las trasmite. Los medios oficiales nacionales y los extranjeros acreditados, contaban con los vehículos, los alojamientos y todo el apoyo necesario para garantizar su seguridad, como detalla minuciosamente el mismo autor de Granma.[2] Acercarse temerariamente al fenómeno, sin tales condiciones, solo pondría en riesgo las vidas de quien perpetrara imprudencia tan capital y, probablemente, también las de otras personas.
Ahora los medios nacionales –oficiales– nos darán la misma cara que ya conocemos. Personas, víctimas en verdad, que solo parecen sentir como emoción la necesidad de vocear vivas y hurras. Los medios extranjeros, tan ensalzados por el colonizado periodista de Granma, reportaron unos pasajes de efímera trascendencia y ya partieron tras el próximo evento noticioso. Por otro lado, también podemos esperar la otra hornada, el reportaje de sesgo contrario: los que buscarán medrar en la desgracia y el sufrimiento como buitres en la carroña, para volver a presentar a este país como el infierno sobre la tierra; porque eso les rinde algún dividendo.

Por eso ustedes, que hacen verdadero periodismo, Periodismo de Barrio, han sido ya una parte imprescindible de lo que sucede allá. Lo que hayan logrado hacer hasta ahora, por poco que les parezca, tiene el mayor valor. Porque trataron de ponernos en contacto íntimo con aquellas personas, porque trataron de trasmitido la sensibilidad, el temblor, el dolor y la esperanza que allá se mezclan. Porque por ustedes habríamos conocido, tanto la lágrima de quienes vio volar por los aires todo lo conseguido en una larga vida de duros sacrificios, como el carácter, la solidaridad de esas mismas personas. La sensación de que el mundo te ha caído arriba y la resiliencia de quienes van a salir a resembrar los árboles caídos, compartir unos pescados con algún vecino y echar una mano para ayudar a otras personas más necesitadas. La entereza de los recuperadores de los servicios básicos y de las escuelas, de los cocineros y médicos, ahora dedicados a aliviar las secuelas del espanto.
Pueden ustedes conservar la frente en alto, una vez más. Han vuelto a honrar los valores de la juventud y el periodismo cubano. Han vuelto a favorecer acercamientos de corazones y lo volverán a hacer. Desde Observatorio Crítico y Bubusopía, nos sentimos honrados de apoyarlos. Ustedes no han sido silenciados, ni nadie los podrá silenciar.

1-      http://www.periodismodebarrio.org/2016/10/16/quienes-tienen-derecho-a-contar-un-pais/

17 de octubre de 2016

El más esclarecedor de los conceptos para el futuro de Cuba

Se ha hablado y escrito bastante, por estos días, de la llamada Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista. Los voceros oficialistas cantan sus loas sobre el maravilloso programa y de lo democrático que es el gobierno cubano al permitirnos discutirlo. Desde el bando opuesto, se le tacha de otra manifestación de autoritarismo y, a su debate público, de fútil montaje.

Como en otras ocasiones, no soy capaz de permanecer sin entrometer mis maledicientes pareceres. El problema es que, para hacer un análisis medianamente sustancioso del documento, hay que extenderse un poco más de lo que nos recomiendan. En el sitio de Observatorio Crítico he dejado algunas diatribas, proporcionales a las 15 impotables páginas de tabloide que portan la Conceptualización.

Para esta ocasión, solo quería referirme a un pequeño fragmento de esta, que creo de particular interés. El párrafo 169 constituye, a mi entender, el más significativo de los cambios conceptualizantes, pues define por primera vez en 50 y tantos años del actual sistema, que la persona de nacionalidad cubana, de carácter privado o privada, tendrá la potestad de invertir en una empresa de propiedad mixta.

Entre las contradicciones lógicas y sistémicas de nuestras inefables autoridades, esta ocupará un lugar destacadísimo. Luego podríamos ver los temas “menores” de la justicia, naturaleza y trascendencia del asunto.

La Constitución cubana y otros principios rectores que determinan el socialismo, incluida la dichosa Conceptualización, establecen que los grandes medios de producción son propiedad de todo el pueblo cubano. Mía también, por ejemplo, ya que formo parte del tal pueblo. Y que el Estado los administra, en mi nombre y representación. Ahora resulta que, si yo tengo disponible cierto capital, podré proponerle al Estado –mi representante en la propiedad de todas las empresas– hacer de una de ellas, un emprendimiento mixto, para hacerme co-propietario de algo que ya era mío.

Mientras yo era el propietario de la empresa estatal socialista, la dirección y administración de aquella estaba en manos de mi representante. Yo no podía entrometerme mucho. A lo sumo, si llega a ser mi centro de trabajo, podría expresar mi aprobación periódicamente sobre cómo van las cosas. Y hasta mi desaprobación, si no tuviera el temor de que la dirección del centro me declare “no idóneo”, “disponible” y perder el puesto. Yo no tenía ninguna potestad sobre dicha dirección, representantes de mi representante.

Al hacerme co-propietario en una empresa mixta, todo cambiaría. Saco de dinero por medio, podría cambiar a los directivos que me diera la gana. Podré establecer cambios en los modos administrativos, organización del trabajo, líneas de producción. En suma, podré ejercer, como co-propietario, derechos que antes, como propietario, no se me reconocían.

Veamos ahora a las demás personas involucradas. El resto de la ciudadanía cubana, antes propietaria a través del Estado, de la hipotética empresa convertida en mixta, por lógica, pasa a ser también co-propietaria, conmigo. Sin embargo, no ganará en potestades en igual medida, más bien las perderá, puesto que yo, que invertí en el negocio como cualquier capitalista respetable, apretaré cuanta tuerca me sea posible para aumentar mi ganancia. Las leyes me permitirán racionalizar plantillas. Podré exigir mayores jornadas de trabajo, debilitar derechos laborales, y despediré a quienes no aumenten su rendimiento a mi gusto. Y si, a pesar de todo, no obtengo unas ganancias satisfactorias, retiro mi inversión, sin preocuparme del desastre que se forme atrás.

No faltan quienes argumentan que el capital extranjero goza de esas prerrogativas hace mucho tiempo. Y que no reconocer tales “derechos” a la ciudadanía local constituye una discriminación y una falta de sentido práctico. Los conceptualistas (y/o las conceptualistas, no se sabe), evidentemente, vibran en esta cuerda.

Estos argumentos ilustran hasta qué punto ha calado el “sentido común” burgués y capitalista y la naturalidad con que se asumen en la Cuba “socialista”. La visita del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, no fue más que una postalita, pues la sociedad de mercado hace mucho que barre con corazones y mentes por estos lares. La burocracia estatal es de sobra conocida por su falta de agilidad en la gestión empresarial. Su incapacidad en la conducción económica y administrativa no se debe remediar, sin embargo, con medidas de privatización disfrazadas.

Los derechos de gestión de la producción y reproducción de la vida material y espiritual que se debaten, no deben ser privilegio de unas pocas personas adineradas. No podemos ofuscarnos, no debemos creer que la libertad y prosperidad de una sociedad dependerán de que un ínfimo porcentaje de la población dispongan sobre tales prerrogativas ni a través de mecanismos administrativos, como la burocracia estatal ni por títulos de propiedad capitalistas. Socialícese la gestión y la administración, que la clase trabajadora la tome en sus propias manos, con su inteligencia natural y desarrollada a través de la educación.

El único pensamiento socialista coherente consiste en defender que la administración y gestión de los medios de propiedad, fundamentalmente los medianos y grandes, estén en manos de la clase trabajadora. De todas las personas que efectúan trabajo socialmente útil, sin supuestos intermediarios que en realidad usurpan la soberanía de aquellas. Con su urgencia por atraer financiamiento, la clase dirigente actual quiere vender el ejercicio de tales derechos, tan desesperadamente que busca compradores también en el único mercado que le faltaba por explorar, el de la ciudadanía cubana. Defendamos los derechos reales de los 99 %, no los supuestos derechos del 1%, que imponen la falta de derechos para el otro 99.

Los colectivos de personas trabajadoras pueden apreciar necesidades de financiamiento. Les pertenece una soberanía inalienable. Podrían negociar, por tanto, empréstitos con el resto de la sociedad cubana o con capitales extranjeros que acepten los riesgos, de acuerdo con la legislación.
Para concluir, planteemos la siguiente pregunta capciosa a las personas sagaces que nos leen. ¿Quiénes creen que serán los beneficiados con las primeras y mejores opciones de inversión, en las empresas semi-privatizadas del Estado cubano?

29 de abril de 2016

La participación “consciente”, el precio del derecho y el delegado de Marte



Uno de los mensajes políticos de la televisión cubana de estos días está para las antologías. Recuérdese que hace pocas jornadas terminó el VII Congreso del Partido comunista cubano, y el próximo 1ro de Mayo está a las puertas. En el mensaje de marras, una exaltada voz convoca al pueblo cubano al desfile, como muestra de la participación y el apoyo “conscientes” al gobierno y sus líderes. La voz omite un detalle. Las tesis discutidas en el Congreso empezaron su andar en el más estricto secreto y, solamente después de airadas protestas, se ha prometido su divulgación y debate popular, para una fecha futura, aún no definida.

Mientras, transcurre la peculiar dinámica de nuestro proceso de reformas o “actualizaciones”. El gobierno cubano anunció este viernes, 22 de abril, el fin de la prohibición a los nativos de esta isla, de tomar una embarcación marina para entrar o salir de ella. El vaso medio lleno, es que por fin se reconoce un derecho. Pero fíjense cómo fue la cosa.

En las negociaciones estas entre el gobierno de acá y los magnates de allá, llegaron al acuerdo de establecer líneas de crucero. La empresa Carnival, según lo que leí, sacó sus permisos, empezó a vender reservaciones. Pero ciudadanos y ciudadanas estadounidenses de origen cubano empezaron a formar pleitos. Parece que a ellos no les estaban vendiendo, por cuenta de la dichosa prohibición. Sin caer en idealizaciones, allá saben algo sobre defender derechos y oponerse a discriminaciones, y hacer pagar caro a las compañías que se “hacen las suecas”. [1] A Carnival no le quedó otro camino que poner un ultimátum. “O nos dejan llevar a Lola y a Liborito, o no hay crucerito” [2]. En pocas horas, los medios cubanos de prensa oficialistas anunciaron “la actualización” de la norma migratoria y el fin de la prohibición.

Repito, me alegra que haya llegado el reconocimiento de un derecho de uno. Como derecho al fin, es inalienable, aunque te puedan bloquear su ejercicio. Me entristece, por otro lado, la demora; y cómo esto demuestra la indefensión de la ciudadanía, acá, ante la autoridad. Y que para que le reconozcan un derecho a uno, le tenga que doler en el bolsillo a una compañía estadounidense. A lo mejor hay que hablar con la General Motors para que presione a La Habana para los derechos que nos puedan faltar.

Por último, quiero contar estas otras cosas que me pasaron por la cabeza. Esta noche vi un pedacito que trasmitieron, de uno de los debates –lo de debate es un decir– del reciente Congreso del Partido. Hablaban de la actualización del programa del Congreso pasado, conocido como “Los lineamientos”. Me llamó la atención un participante, que resultó ser también delegado del municipio de Amancio Rodríguez en la provincia de Las Tunas. En su circunscripción, existe una situación crítica con el abasto de agua, desde hace mucho tiempo.

El delegado esperaba poder ayudar. Por lo tanto, sugería que cierto lineamiento que responsabilizaba al Estado de “garantizar” el abasto del agua a la población, se enriqueciera con la palabra “sistemáticamente”. Yo seré el último en criticar la sabiduría de aquel delegado que, seguramente, es muy respetado. Pero no pude evitar recordar lo que me contó un amigo marciano que yo tengo. 

Resulta que mi amigo marciano vive en un canal al que llega poco agua, sobre todo porque la turbina correspondiente está rota. El gobierno central de ellos no la puede arreglar, pero prometió ponerlo en el presupuesto para el año X (el equivalente para nosotros viene a ser el 2030). Ante esto, los marcianos y marcianas de dicho canal se propusieron reunir, por su cuenta, cinco pesos marcianos por cada una de sus verdes cabecitas. El que no tenía cinco pesos dio cuatro, o tres, o hizo limonada para los que reunieron el dinero; pintó un cartel como propaganda o salió bailando el cha-cha-cha –baile muy popular en la tierra de los platillos voladores–. Con el dinero reunido, salieron y encontraron a quien les arregló la turbina o les consiguió una nueva. Y hasta lograron que les descontaran el dinero donado, de los impuestos respectivos de cada uno a fin de año. Y ya tienen agua.

Pero bueno, todo el mundo aquí en la Tierra, sabe que la gente en Marte es muy bruta. Que no tienen capacidad para hacerse unos buenos lineamientos, ni desfilar conscientemente en apoyo de unos programas que no han leído.

[1] Hacerse el sueco, expresión cubana relativa a sujetos que se hacen los desentendidos ante ciertos problemas.

[2] Lola, Liborio –diminutivo, Liborito–, personajes del folclor popular cubano.