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31 de marzo de 2012

Que alguien me explique

Tags: Cuba, economía, política, Marino Murillo, marxismo
 
El eficiente Marino Murillo ha hecho unas declaraciones interesantes en el marco de esto de la visita del Papa. Según dijo el vicepresidente del Gobierno cubano, en una conferencia de prensa, en nuestro país no ocurre ningún cambio político, solo económico. A lo mejor los periodistas lo acuciaban un poco con aquello otro que había dicho Ratzinger acerca de la obsolescencia del marxismo antes de llegar aquí –pura especulación mía, dado que en Cubadebate no pusieron las preguntas de la prensa. En todo caso, las acotaciones de Murillo dan para un festín.
 
Según esta posición, las medidas tomadas por el gobierno –eliminación paulatina del racionamiento de alimentos subsidiados, cierre y racionalización de millones de puestos de trabajo, apertura a la actividad económica de la empresa privada nacional, etc., son solo acciones económicas, sin ninguna repercusión política. A estas alturas alguien se pregunta si no será verdad que, en efecto, el gobierno cubano le da la razón al Papa y acabó de tirar por la borda la pretensión de proceder según la filosofía del materialismo, como lastre innecesario en su acelerada carrera hacia… hacia alguna parte. Porque decir que esas medidas económicas no tienen ningún cariz político es algo muy serio. Por favor, ¿cómo se pueden sostener esas afirmaciones en un contexto de pensamiento de izquierda y del poder de un partido que se califica de comunista?
 
Voy a recapitular un par de ideas a ver si alguien me demuestra que lo que pasa es muy simple y que yo no entendí. Renunciar a que el Estado se esfuerce porque todos los ciudadanos tengan un trabajo digno no solo rompe un compromiso de cincuenta años de este sistema con la población, sino que hay hasta que analizarlo muy finamente a la vista hasta del programa del Moncada. Sin un empleo estatal garantizado y sin bienes básicos subsidiados, los perdedores de la economía de la calle –y aquellos que laboran para el estado por salarios de pobre nivel adquisitivo– dependerán de una suerte de subsidios (más en el terreno de las promesas que en el real, hasta ahora) a personas, como decir mecanismos de caridad del Estado, que no derechos ciudadanos.  Asumir que la mitad de la fuerza laboral del país no va a estar en empresas públicas implica, también, una reducción brutal de las capacidades del Estado para planificar y dirigir directamente la economía –para bien o para mal, porque muchos piensan que el Mercado lo va a hacer mejor. Por lo tanto, se tendrá que recurrir a mecanismos muy distintos de los hasta ahora usados para extender proyectos que impliquen fuerzas masivas a nivel nacional, llámese polos tecnológicos, turísticos, los sistemas educativos y de salud, vías de transporte y telecomunicaciones, entre otros. Todo lo relacionado con las contradicciones entre los trabajadores y los empleadores tendrá que ser redefinido. Pero dice Marino Murillo que nada de eso es política.
 
Que alguien me explique, porque me siento perdido. Marx dijo que la política no era sino la expresión concentrada de la economía. Los principios del neoliberalismo que nos intentan imponer los poderes globales transnacionales nos machacan con un discurso donde se niega el carácter ideológico, clasista, imperialista, político, de sus postulados, para disfrazarlos de recetas técnicas y de etapas inevitables de desarrollo económico. ¿Hemos decidido dejar de lado al fundador del comunismo científico? ¿Vamos a usar los mismos conceptos del FMI? ¿Queremos o no construir una sociedad nueva, de un carácter económico e, inexorablemente, político, distinto y superior?
 
Los cambios "económicos" a los que se pueden aludir, en este contexto, alcanzan una profundidad y trascendencia tales, que ya resulta de aceptación generalizada la noción de que van a requerir cambios en la Constitución de la República. Que alguien me explique qué puede ser más político que esto. Tal vez Murillo lo decía en respuesta a los comentarios del Papa peyorativos respecto al marxismo, corriente filosófica que se supone que siga la clase trabajadora cuando alcanza el poder tras una revolución. Con alguna interpretación tortuosa de por medio, se podría creer que se le replica a Benedicto de una manera que "reivindica" al marxismo ya que, supuestamente, "solo" se retocan puntos económicos y no políticos del sistema. Sin embargo, si hay algo consistente en El Capital y los trabajos que le siguieron, es el desarrollo, la explicación, de los principios y funcionamiento de la economía política. En ninguna parte del camino recorrido de entonces a acá, se han separado los materialistas de esta unión dialéctica.
 
Y hay otras aristas del asunto que no son menos inquietantes. Si existe cierta persistencia en la calificación de estos cambios, ocurridos y por ocurrir, como meramente económicos, se facilita la tarea de los que aspiren a acaparar el proceso de diseño y conducción de las dichas transformaciones. Las amplias capas de la población trabajadora son poco duchas y hasta ignorante en temas monetario financieros, al decir de los sofisticados tecnócratas en cuyas manos se encontrará el asunto. Persuadidos, todos los demás, de que sus aspectos están al alcance solo de los versados en las ciencias de la Economía y de que no constituyen la cuestión política más delicada y trascendental que enfrentamos en nuestra tiempo, será menos probable que espíritus inquietos y fastidiosos como el de este autor estén haciendo incómodos reclamos de participación ciudadana y democrática en su planificación y control.
 
Que alguien me explique.

28 de marzo de 2012

Cuba, la Iglesia y los derechos

 
Por Fernando Ravsberg
 
Cuando el Papa Juan Pablo II visitó la isla hace 14 años sorprendió a muchos cubanos al tratar de explicarles algunos dogmas de la Iglesia Católica, como la condena del aborto o de las relaciones sexuales fuera del matrimonio.
 
Benedicto XVI llega a Cuba mientras el parlamento nacional debate un Código de Familia que reconoce los derechos de la comunidad LGBT, incluyendo las uniones entre personas del mismo sexo, algo a lo que el Vaticano se opone.
 
La Iglesia Católica cubana asegura que hay puntos que no son negociables, principios sobre los que no están dispuestos a entrar en debate. Sin embargo, algunos de estos temas sí se están discutiendo en Cuba y despiertan muchas pasiones.
 
En su blog, el físico Rogelio Díaz critica al gobierno por promover a una Iglesia, cuya ideología es "conservadora, reaccionaria, violadora de los derechos de las mujeres, de las minorías, discriminadora de las religiones y culturas de origen africano; francamente lesiva para la vida y la salud de las personas".
 
Mientras que el periodista comunista Francisco Rodriguez, creador del principal blog sobre diversidad sexual, "Paquito el de Cuba", utiliza la ironía. En Facebook llama al Papa "pastor alemán", en referencia a una raza de perros.
 
Pero fue Yasmín Portales, una intelectual cubana, editora, bloguera y activista por los derechos de la comunidad LGBT, la primera voz que criticó públicamente la visita de Benedicto XVI, del que recordó su pasado nazi, su actual homofobia y el machismo.
 
No hay negociación
 
El Obispo Juan de Dios Hernandez es uno de los cuadros más preparados de la Iglesia cubana, Licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, Maestro de novicios de La Compañía de Jesús, director espiritual del seminario y del Centro de Espiritualidad.
 
Monseñor explicó que hay principios que para la Iglesia Católica no son negociables, "apostamos por la vida desde el vientre de la madre y para nosotros eso no es negociable como tampoco es negociable la homosexualidad".
 
El Vaticano prohíbe también el uso de condón en las relaciones sexuales y, según explica el Obispo, ese es otro "tema no negociable, en el sentido de que afecta evidentemente el principio ético del valor que tiene para la iglesia el acto sagrado del sexo".
 
Nos explica que "el sexo para nosotros no es cualquier cosa, es una realidad sagrada dentro del matrimonio y eso tiene que ser vivido  de una manera correcta. Sabemos que eso no gusta y nos quita cuantitativamente fieles pero son principios".
 
Sin duda, algunas de estas prohibiciones le restan fieles en la isla donde, según esos cánones, la mayoría de los cubanos vivirían en pecado mortal. Como explica la investigadora Iliana Hosch, la idiosincrasia del cubano y los dogmas de la iglesia católica no encajan bien.
 
En Cuba el aborto es legal desde antes de la revolución, el divorcio es uno de los pocos trámites sencillos, las relaciones sexuales fuera del matrimonio son masivas, La Salud Publica promueve el uso del condón, las operaciones de cambio de sexo son gratuitas y Mariela -la hija del presidente- encabeza la lucha por los derechos de la comunidad LGBT.
 
Prejuicios, religión y política
 
La intelectual cubana Yasmín Portales explica a BBC Mundo que la prohibición del condón vulnera  "los derechos de las mujeres y de los hombres a decidir sobre sus cuerpos y sobre el número y el espaciamiento de los hijos",  además "pone en peligro toda la lucha mundial contra el SIDA".
 
El Papa se opone también a las uniones de personas del mismo sexo aduciendo que son un atentado contra la preservación de la especie pero Yasmín considera que "las cosas verdaderamente peligrosas para nuestra especie son el hambre o la guerra".
 
El Código de Familia que contempla los derechos de la comunidad LGBT está estancado en el parlamento cubano desde hace años y su presidente, Ricardo Alarcón, argumentó tiempo atrás que hay que tener en cuenta los sentimientos de los católicos.
 
"Muchos homofóbicos se amparan en el argumento de la iglesia para negar en el espacio laico de la Ley de Estado, los derechos a las familias homoparentales", dice Yasmín y recuerda que "los partidos comunistas del mundo tienen una larga historia de discriminación contra la mujer y de homofobia institucionalizada".
 
La bloguera afirma que "en este caso específico hay mucho oportunismo, parapetando un sentimiento propio, que se traduce como homofobia institucional, tras las muy argumentadas y bien conocidas posiciones homofóbicas de la Iglesia".
 
En su blog Yasmín le pregunta al gobierno cubano: "¿por qué tengo que tenerle cariño a un ex-nazi que está en contra del condón, del control de la natalidad, del divorcio, de las madres con empleo, de las familias homoparentales y de las personas LGBTI sexualmente activas?".

27 de marzo de 2012

Para ayudar a cambiar la Constitución (II)

Tags: Cuba, constitución, actualización del modelo económico, comunismo, capitalismo, economía privada

Un comentario de una amistad contiene una duda razonable, esto es, por qué concentrarnos en introducir modificaciones a la Constitución en vez de hacer respetar la actual. No cabe duda que un gran problema, de los muchos que hemos arrastrado, consiste en el desacato eventual de los preceptos del gran documento, pero todavía creo que el esfuerzo por reforzar su preeminencia no debe excluir su actualización.

En breve, pienso que no es posible ni deseable lograr que la Constitución en su forma actual, pueda ser seguida al pie de la letra, dadas las nuevas realidades que enfrentamos. Especialmente se puede evidenciar en el asunto de la necesidad de expandir el espacio a la iniciativa privada, que implica el reconocimiento a relaciones de producción de patrón-asalariado con una dosis inevitable de explotación de la fuerza de trabajo; ello es incompatible con más de un par de artículos, pero por un largo rato no se podrán revertir estas áreas de economía capitalista, así que lo mejor es reconocerlas y tratar de integrarlas lo mejor posible al proyecto general. Y para que todo cuadre bien, lo mejor es que la Constitución lo recoja y cuadre con ella, para no partir de una imposibilidad de base que ya lastre toda ulterior posibilidad de encajar lo que va y lo que no va. En otro orden de cosas, como se sabe, se pueden aprovechar los avances en las teorías y prácticas sociales y políticas, relacionados con los derechos de las personas y el modelo de nación a que se aspira, permiten redefinir y perfeccionar conceptos para progresar en esos campos.

Entremos en el meollo, entonces. Por acá tengo el volumen de la Constitución editada y vendida en el 2010. La he llenado de marcadores; aunque no pienso ir detallando o siguiendo excesivas formalidades, que para eso me falta, además, una formación en Derecho. Uno expone sus modestas ideas en la forma sencilla en que lo sepa hacer.

El artículo 3 del Capítulo 1, para empezar, tiene la famosa acotación producto de la reforma del 2002 o 2003; esa que afirma que el socialismo que ha resistido toda la maldad del mundo y ha demostrado que es lo más justo, novedoso y transformador que hay, por lo tanto se torna un sistema político y social y revolucionario irrevocable y que no volverá al capitalismo. La aplastante mayoría de los cubanos firmamos la llamada Iniciativa de modificación constitucional que dio pie para introducir este precepto, ante una convocatoria urgente efectuada a nombre de las organizaciones de masas. Ya regresaremos luego sobre este punto.

Es que esto del socialismo está muy relacionado con el tema de la propiedad de los medios de producción y no permitir la explotación del hombre por el hombre, cosa que está plasmada en el artículo 14. Dice este que todo el pueblo tiene la propiedad socialista sobre los medios de producción y se suprime la explotación del hombre por el hombre. El punto candente está en la mencionada ampliación, en Cuba, del sector de la economía privada, que introduce inevitablemente esta explotación con el apropiamiento de la plusvalía del empleado por parte del patrón. Hasta hace poco, se podía señalar tal vez que la apropiación de la plusvalía ocurría en las corporaciones con capital extranjero, pero ahora ya entra de lleno el capitalista nacional. Y si hay, al menos, cierta medida de capitalismo y de explotación, entonces se destruyen los cimientos de este artículo 14 y, de paso, aquello del carácter irreversible en el 3. En fin, un lío.

Para no resignarnos a hacer de la Constitución una declaración bonita pero intrascendente, no queda más remedio que ajustarla, porque la realidad no admite virar para atrás, a corto plazo, el papel del pequeño empresario capitalista cubano y explotador. Entonces, pienso que se debe reformular a tono con un sentimiento, que emane obviamente del consenso popular. En mi muy particular caso yo establecería en el artículo 14, algo así como que el sistema de economía socialista, al que se aspira, se basa en la propiedad socialista de los trabajadores sobre los medios de producción. De los trabajadores, no de todo el pueblo, porque no me interesa que los vagos sean codueños. Además, cuando digo que los trabajadores son dueños de una empresa, me refiero a los trabajadores de esa empresa –y sus jubilados–, no a los del trabajadores del otro lado del país que no tienen nada que ver, ni los funcionarios burócratas en una lejana oficina ministerial. El dueño de una finca es el campesino que la trabaja, y eso es socialismo y es bueno. Los dueños de las tierras y equipos de una cooperativa de producción agropecuaria en Mayabeque son los socios de esa cooperativa y no los campesinos de Camajuaní. Los dueños de la fábrica de sombreros de Guamuta, que sean los sombrereros de Guamuta.

El detalle de decir que ese es el sistema al que se aspira es para dar pie a reconocer que, dado el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, no se puede aún excluir la existencia de relaciones de producción no socialistas, esto es, el que haya empresas privadas. Así sean pequeñas, son privadas y son capitalistas y se basan en la explotación de la plusvalía. Bueno, pues existen, y no podemos prohibirlas ni enterrar la cabeza como el avestruz. Entonces el artículo habrá de reconocer esta necesidad, y dejar claro que el ideal de la nación es que aumente paulatinamente la preponderancia del sector socialista y a ello el gobierno le dedicará sus esfuerzos, celosamente. El sector privado, cumplirá las funciones que se conciban compatibles con los principios económicos generales: generar algunos empleos, productos o servicios sujetos al plan general; estarán obligados a ofrecer a sus empleados derechos laborales plenos; cumplir las leyes, ofrecer garantías suficientes a los consumidores y ese tipo de cosas; se le respetarán la propiedad, la libertad de empresa dentro de esos límites y así por el estilo. Al que no le guste, que no se meta a empresario privado sino que funde, en su lugar, una cooperativa.

Los tozudos hechos, hemos visto, son entonces los que han dado al traste con la famosa irrevocabilidad del sistema socialista del artículo 3. El sector de la economía privada, según lo programado en los planes del Gobierno, va a continuar su sustancial crecimiento durante los próximos años. En el mejor de los casos, tendremos un sistema mixto donde se mezclarán las formas de propiedad socialistas, estatalistas y privadas. Así que sin renunciar a la expresión de los deseos en el texto de la Carta Magna, hay que atemperarlos con la realidad.

Yo pondría en este lugar, para aportar mi humilde opinión, algo así como que la aprobación de la nueva Constitución, demostrará que el pueblo Soberano tiene la voluntad de construir un sistema socialista; que se adaptan las modalidades y ritmos de construcción de ese sistema a las condiciones objetivas del momento y, a la vez, se trabaja para transformar revolucionaria y dialécticamente esas mismas condiciones objetivas, para acelerar positivamente el proceso, con métodos y principios científicos que no violan las leyes sociales del desarrollo de las naciones o, en última instancia, que permiten corregir rápidamente los errores detectados.

En este o en algún otro lugar valdría la pena explicitar lo siguiente, aunque para muchos resulte obvio; esto es, que cada Constitución aprobada es producto de unas circunstancias históricas y unas generaciones específicas. Por lo tanto, en el futuro aparecerá la necesidad inexorable de transformarla. Desde el presente, es punto menos que imposible prever en qué dirección desearán o necesitarán efectuar tales transformaciones –aunque yo tengo un angelito marxista que me susurra al oído que sí es posible, pero solo le hago caso parcialmente. En todo caso podemos plasmar, en cada versión, recomendaciones para nuestros descendientes. Las recomendaciones, a mi modesto entender, contendrían estos principios de sentido común, derechos humanos y democráticos tales como hoy los entendemos: no demorarse más de lo necesario en entender la necesidad de los futuros cambios, más la necesidad de que toda decisión que se tome, que afecte a la nación, se efectúe por consenso de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, y que nunca resulte en el perjuicio de los seres humanos de los grupos menos favorecidos.

Y para cerrar una entrega ya demasiado larga y mantener el suspense hasta la próxima, acabo aquí esta parte. Quedan montones de ideas por desarrollar en esto de actualizar la Constitución –el papel de las organizaciones políticas, la sociedad civil, los temas de género, los aspectos ecológicos, las relaciones del Estado con las religiones, etc.; ya veremos para cuánto me alcanzan las energías.

23 de marzo de 2012

Da la Benedicta impresión

Tags: Iglesia, Benedicto XVI, visita de Benedicto XVI a Cuba, marxismo, capitalismo, comunismo
El señor Ratzinger, conocido también como Papa Benedicto XVI en su calidad de cabeza de la iglesia católica, se une a una larga lista de figuras que han declarado en algún momento de sus vidas aquello de que "la ideología marxista no responde a la realidad, ha sido superada, hay que buscar nuevos modelos o respuestas". En entrevista a bordo del avión que lo conduce a Méjico, añadió que su Iglesia quiere cooperar en la construcción de esa nueva sociedad más justa, a la que puede aportar mucho con sus tradiciones de estar del lado de las libertades de conciencia y religión.
Todo aquel que haya leído al menos un poquito de estos asuntos de las filosofías, las ideologías y la historia de los siglos XIX hasta acá, puede recordar con mayor o menor nivel de detalle que al marxismo lo han considerado como pasado de moda y enterrado ya unas cuantas veces; casi desde antes que enterraran a aquel otro alemán que desatara al fantasma rojo sobre Europa.
Da la impresión, tal vez, de que lo más original de Benedicto es su sentido del humor. El régimen de explotación –de la mayoría de los seres humanos y de la naturaleza por parte de la minoría– que se erige como alternativa al socialismo no es ni más justo, ni más libre, y la constatación de estas realidades es tan vieja como la Revolución Industrial. Y si alguna institución puede y debe guardar un discreto silencio arrepentido cuando se hable de libertades de conciencia y religión, es aquella que propugnó la Inquisición, la quema de brujas y libros, la supresión de saberes, opiniones y culturas enteras que cometieron la imprudencia de estorbar en sus propósitos de dominio mundial.
Da la impresión, por cierto, de que Benedicto no es muy cortés. Se supone que está a punto de visitar este país que sigue calificándose de socialista y que continúa con un partido considerado comunista en su dirección.
Da la impresión, también, que anda medio desconectado del mundo que hierve a las puertas del Vaticano. Desde Seattle hasta San Petersburgo rugen las mareas de los Indignados, pasando por Madrid, Roma y Atenas, evidenciando que el 99% de las personas no resisten más a los modelos/respuestas neoliberales que hay que superar urgentemente, porque devoran las vidas de sus hijos y el futuro del planeta; más al sur, las primaveras árabes completan el panorama, para demostrar que con el despotismo draconiano tampoco se consigue sujetar a los pueblos al dogal de la explotación que, más al norte, se disimulaba con actos pretendidos de democracias y valores liberales, nunca concretados en las dimensiones humanas que reivindican revolucionarios y revolucionarias de todo el mundo.
Da la impresión, con seguridad, de que está muy seguro de sí mismo. Por decires mucho más ligeros que esos, le han cerrado a otras personas las puertas de esta Isla; para entrar, si son de afuera, o para salir y para otras cosas, si de adentro. De parte de Ratzinger, sin embargo, estas declaraciones no son una sorpresa –para los enterados– y por acá no se han divulgado mucho por los medios nacionales. Por el contrario, desde el inefable canciller hasta el último entrevistado del NTV se hacen lenguas de lo bueno que va a ser su visita y todo aquel discurso del amor –entendido a la manera de la Iglesia– y la fe, tan disonantes con el pasado reciente en el que todavía nos acordábamos con orgullo de la tradición laica de nuestra enseñanza, de la fibra racionalista de nuestro nacionalismo y del carácter dialéctico de nuestra ideología.
Da la impresión, después de recapitular en lo que está pasando en nuestro país, que estas declaraciones no van a tener mucha repercusión. Se les tirará el manto de silencio que es de esperar en las jerarquías del gobierno y la Iglesia local, que viven una dorada luna de miel. Todas tienen mucho que ganar con el respaldo que representa esta visita. No es cosa de que las primeras vayan a ser desagradables por fidelidad a unos principios; no es cosa de que las segundas se vayan a desesperar por atrapar a un pescado que se está cocinando solito en sus sartenes. Da la impresión, al hacer el resumen, de que, al menos en lo que se refiere a Cuba, al decir que el marxismo está pasado de moda, Benedicto tiene razón.