Secciones

Secciones

Reglas para comentar

1) Los comentarios ofensivos serán borrados
2) Los comentarios deben tener alguna relación con el tema del post
3) Se agradecerá el aporte de argumentos con referencias para que podamos ampliar el debate

19 de marzo de 2012

Para ayudar a cambiar la Constitución

Tags: Cuba, debate, Constitución, trabajo por cuenta propia, cuentapropismo, Marino Murillo, cambios, explotación del hombre por el hombre, Conferencia Nacional del PCC, poder popular, actualización del modelo económico, democracia, gobernabilidad, consenso, socialismo, sociedad civil
 
Inexorablemente, se impone por estos lares la conciencia de un hecho cierto, esto es, la necesidad de efectuar cambios en la Constitución cubana. La concatenación de medidas y leyes nuevas emitidas o modificadas sin prisa, pero sin pausa, como gusta de decir Raúl Castro, han hecho de Cuba al 2012 un país con diferencias significativas a la versión de la carta Magna modificada por última vez hace diez años.
 
No nos vamos a detener demasiado en enumerar los cambios ocurridos, porque haríamos de esta una lectura demasiado larga; además, todo el mundo sabe a qué nos referimos. La libertad de disponer de propiedades; la renuncia del Estado a proteger universalmente el empleo y las necesidades de la población a través de subsidios y el auge de la iniciativa privada arropada con el término de "trabajo por cuenta propia" (TCP) han determinado unas transformaciones ciertas, y ahora todos esperan que la libertad para viajar se demore lo menos posible en completar el novedoso panorama.
 
Vergonzosamente, se podría señalar también que la versión vigente de la Constitución no prohíbe explícitamente ninguna de las libertades recientemente adquiridas o por adquirir, y que sus limitaciones eran más bien… bueno, eran otras. Menciono todo eso porque hay que  ver el panorama lo más completo posible para entenderlo mejor.
 
Las realidades nuevas que sí se apartan más de la letra y el espíritu del gran texto son las relacionadas con el alejamiento contemporáneo del Estado del papel de papá benefactor, y del espacio abierto a las formas de trabajo donde los individuos crean roles independientes de aquel y surgen otras relaciones de producción, entre individuos particulares,  de naturaleza no socialista. Sin contar, que habría que contar, con la intervención de los capitales extranjeros desde el puerto del Mariel hasta Moa y Nicaro, pasando por los polos turísticos y soyeros. En estos campos se han desarrollado una serie de realidades que vuelven inevitables el cambio de la Constitución, para poder entrarlas "en caja". Hay quien dice que primero se debía haber cambiado la Constitución para que autorizar después las nuevas situaciones, pero el criterio que prevaleció fue el de que esas eran nimiedades.
 
El primer título que concebí para este material era "Ayudemos a Marino Murillo a cambiar la Constitución". El chiste, que puede no hacerle gracia a algunos, pretendía hacer alusión a la escena de la Conferencia Nacional del PCC celebrada hace poco, donde el delegado Ángel Bueno expresó su preocupación justamente por el acápite constitucional donde se proscribe la explotación del hombre por el hombre, inseparable de la relación entre patrón y empleado en el área del TCP. Aunque algún delegado declaró que el TCP no implicaba la tal explotación y, por tanto, no habría que cambiar nada, al final Murillo resumió algo así como que "bueno, a lo mejor hay que cambiarla por las necesidades de la actualización del modelo económico cubano".
 
Esta última actualización o transición o como se le quiera llamar es, eso sí, una necesidad que nadie discute. Y va a llevar cambios en la Ley Superior, como ya lo ha comentado de paso Raúl Castro. Entonces, a uno le pasan por la cabeza estas ideas cándidas: ¿qué tal si empezamos a conversar entre nosotros, en toda Cuba, desde todo el pueblo y sus ciudadanos y ciudadanas, sobre cuáles son los cambios que pensamos que vendrían mejor en la Constitución?
 
Teniendo en cuenta que este es un proceso tan intrínseco, tan propio de la democracia y al poder popular, el ponerse a generar y debatir estas ideas desde y por la población es lo que más sentido tiene. Que se pronuncie todo el mundo. No importa que momentáneamente se ponga esto bullicioso y aparentemente desorganizado. Siempre será mejor que desayunarnos un día, con que se formó o se va a formar una "Comisión" a cuyos miembros no nos presentan, que va a "estudiar" el asunto para entregarnos el paquete ya completo para plebiscitarlo íntegro, con posibilidades escasas o nulas de modificaciones efectivas por parte de la ciudadanía; a la manera que obra el tarimero del Mercado Agropecuario que nos dice, "esto es lo que hay: lo tomas o lo dejas". Al final, claro que siempre las propuestas formales las hace una Comisión o Asamblea o lo que sea, pero nuestro aporte consistiría en dotar a este órgano de material para trabajar, además de que debemos exigir desde ya que estos delegados sean elegidos por votación popular.
 
Ya yo había comenzado a pensar en cuáles propuestas tenía para las dichosas modificaciones. Las tengo medio concebidas pero, dado que ya el preámbulo ha resultado lo suficientemente enjundioso e ilustrativo de mis motivos, a la manera de los guionistas pícaros, voy a dejar mis propuestas para la segunda parte de este trabajo. Allá nos vemos, caso de que les resulte de interés.

17 de marzo de 2012

Bubuscopio Pascuence

Tags: Estatismo, Cuba, debate, ciudadanía, salario, MINSAP, agricultura, alimento, actualización del modelo económico, papa, patrimonio, CENCREM, Oficina del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, Convento de Santa Clara, socialismo, derrumbe, Iglesia, Benedicto XVI, SIDA, visita de Benedicto XVI a Cuba, marxismo
 
Una conocida nos refiere que trabaja en un país africano, como parte del PIS –Programa Integral de Salud– por el cual especialistas médicos cubanos prestan servicios en esas naciones. La compañera recibe, a su regreso a Cuba, unos 600 CUC por cada mes trabajado, equivalentes más o menos a dólares. Muchos vemos ese arreglo como algo ventajoso, porque tal suma equivale aproximadamente a dos años y medio o tres, de salario en este país. Así reuniendo, es factible proponerte construir un cuartito, comprar un vehículo, mejorar la dieta en la casa y algunos otros pequeños sueños que ayudan a vivir.
 
El Estado cubano le cobra mensualmente al par africano, por los servicios de su… (¿cómo se le llama a una persona, cuya fuerza bien calificada de trabajado es objeto de una operación de alquiler entre otros dos entes?), 4 500 USD. Ah, pero todo está bien justificado: además de que somos un país afectado por un malvado bloqueo, el Estado cubano le asegura a los hijos y nietos de esta doctora, diariamente, un litro de leche; esto es, hasta el amanecer del día de sus séptimos cumpleaños. El Estado mantiene también los servicios médicos para toda la población de manera gratuita. El Estado, no los trabajadores del sector de la salud, con nuestros míseros salarios de quince CUC mensuales.
 
Afectado por diversos factores siempre externos, siempre ajenos, nuestro sacrificado Estado puja por satisfacer las necesidades básicas de la población, que le agradece correspondientemente. Por ejemplo, en la alimentación. Si alguna vez nuestro Gobierno se ve en la cruel situación de no poder ofrecer un alimento suntuoso a los cubanos, con gran alegría todos participamos de la decisión de hacer el sacrificio y renunciamos al lujo. Por ejemplo, la papa. Varios medios de prensa (el Granma, el Juventud Rebelde, Cubadebate, que son los que yo leo) han reflejado cómo los altos costos de este cultivo han obligado, primero, a suprimirlo de la distribución normada subsidiada –la libreta– y cómo esto ha causado un gran regocijo; segundo, cómo se han restringido drásticamente las siembras del alimenticio tubérculo. Se afirma que las tierras no ocupadas serán empleadas en la producción de otras viandas y vegetales. Yo me preparo para lo que viene: se afirmó lo mismo cuando se decidió liquidar la mayoría de los centrales azucareros y se abandonaron los cañaverales, solo que el subversivo marabú sigue negado a ser comestible por los humanos.
 
La responsabilidad de proteger el Patrimonio histórico y cultural de una nación, pensamos algunos que no hemos acabado de actualizar nuestras arcaicas mentes, debería ser un deber fundamental del Estado. Qué equivocados estamos, puesto que esas son tareas mucho mejor desempeñadas por los cuentapropistas o, mejor dicho, por la empresa privada del magnate Eusebio Leal. El Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología, CENCREM, no daba sino pérdidas, poblado de haraganes que se negaban a ser productivos y a rescatar eficientemente piezas de altísimos valores a cambio de ese estipendio llamado salario que alcanza para comprar mensualmente los productos de la libreta, más dos libras de carne y un par de jabones de olor. El CENCREM, como buena institución estatalmente dirigida y administrada, nunca tuvo la potestad de gestionar autónomamente la administración de sus necesidades; dependió siempre de asignaciones que no se hacían: recursos que llegaban tarde, insuficientes y errados; sin poder aspirar a una fracción de lo que ingresaba por sus servicios y con los trabajadores más enajenados que se pueda concebir, negados a trabajar "para el inglés". El único resorte que se le permitía evocar para mejorar sus oportunidades eran los llamados a la conciencia, con las consecuencias que era de prever, y las culpas cayendo sobre los que menos tenían que decidir.
 
Fieles a la tendencia presente, con un gobierno mirando cada día con mayor agrado la efectividad de la empresa capitalista ya no considerada inescrupulosa, el CENCREM ha sido oficialmente disuelto y sus funciones pasan a la Oficina del Virrey, perdón, del Historiador de la Ciudad de La Habana. De paso, Eusebio Leal se convierte en el próximo dueño del Convento de Santa Clara, grande y célebre edificio de nuestra historia, ex – sede del CENCREM. Uno mira al panorama de otros países donde los capitalistas les cierran sus centros a los trabajadores y estos los ocupan de vuelta y piensa. Y piensa…
 
Esta es otra, relacionada justamente con la historia y el patrimonio. Tal vez, si el gobierno hubiera tenido un poco de previsión y hubieran acudido al negocio de construcción del señor Leal, se hubiera podido evitar una situación embarazosa. O tal vez no es para tanto, pues no hay nada que con un buen manto de silencio no se pueda hacer desaparecer. Porque lo cierto es que el desalojo, por derrumbe o amenaza de derrumbe, del edificio de la esquina de las calles 23 y 12, en el municipio capitalino de Plaza, no es factible de ver como un caso más de los muchos que les caen en la cabeza a sus infortunados moradores. En la planta baja de ese edificio se encuentra la tarja escultórica que rememora que, en esa esquina, el 16 de abril de 1961 –vísperas de la épica de Playa Girón– se concentró una multitud enardecida por las agresiones criminales de mercenarios cómplices del imperialismo yanqui y, en histórico discurso del Comandante en Jefe, Fidel Castro, se proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana. Presagio ominoso, donde los haya.
 
O tal vez no. Tal vez, para sobrenaturalidades ya tengamos el flanco cubierto. Ahí está la bondadosa, la caritativa, la amorosa Iglesia Católica. Aunque a algunos padres se les haya ido la mano en eso de ser amorosos con sus ovejitos. En fin, que el sistema ex – marxista y el Vaticano se abrazan carnalmente. Este condena el bloqueo, aquel le otorga el acceso a los medios masivos de divulgación. Viene un Papa a dejarse besar las manos y el gobierno laico trasmite misas y navidades y filípicas con el eterno mensaje eclesiástico, y pareciera que solo unos pocos recordamos razones para afear el panorama; que nos empañamos en amargar el discursito empalagoso de la iglesia católica y su cabeza recordando que detrás se agazapa una ideología –Jesús nos ampare, qué palabrita tan fea– conservadora, reaccionaria, violadora de los derechos de las mujeres, de las minorías, discriminadora de las religiones y culturas de origen africano; francamente lesiva para la vida y la salud de las personas en tanto su desaprobación de los condones debilita una barrera contra la propagación de infecciones de transmisión sexual, SIDA incluido; hipócritamente incapaz de recapitulación y arrepentimiento efectivo de sus complicidades con crímenes contra la humanidad como la trata negrera, la santificación de la esclavitud, el apoyo a regímenes dictatoriales atroces como Somoza, Franco, Pinochet, entre otros; la oposición a tantísimos procesos de liberación en todas partes del mundo como Haití, Nicaragua, Cuba; sus indulgencias con Hitler, su antagonismo mortal con las fuerzas socialistas de cien países a lo largo de la historia… ¿de veras hay que enumerar más?
 
Es verdad, se puede tratar de creer en el mejoramiento humano, la capacidad de rectificación, pensar en un futuro más positivamente; trabajar en dirección de una sociedad más inclusiva y que fuerzas antes enfrentadas, se vean más como componentes valiosos, respetables e iguales, del mismo país; pero también se le puede llamar al pan, pastel, y al vino, sirope. Y ahorrarnos el trabajo.

12 de marzo de 2012

Donde se habla de la explotación del trabajo asalariado, los Estados y otros demonios

Tags: Cuba, explotación de trabajo asalariado, socialismo, Programa del Moncada

La sensacional conferencia de Aurelio Alonso en el evento "Pensamos Cuba" de estos días puede, una vez que se divulgue lo suficiente, dar mucho de qué hablar. A raíz del fomento a la economía privada que toma forma en nuestro patio, yo he montado una matraca sobre los efectos corrosivos que introduce la explotación de trabajo asalariado en una sociedad que se precia de socialista, y no perdí la oportunidad de preguntarle al reputado filósofo su opinión, en el debate subsiguiente a su exposición.

La respuesta añadió todavía más leña al fuego que el orador ya había prendido. El ponente subrayó que estaríamos viendo no más que una extensión de esa explotación del trabajo asalariado, puesto que los empresarios privados no harían más que lo mismo que ha venido haciendo el Estado Gran-dueño de Todo. Como para abrasarnos con más inquietudes, nos preguntó a los presentes –miembros de la Asociación Hermanos Saíz– si alguno de nosotros se sentía "dueño" de Antillana de Acero; si teníamos alguna idea de por dónde se hallaba la productividad de esa empresa o sobre cómo incrementarla; si nos preocupaba el no saberlo o si alguien nos lo había reprochado alguna vez. Evidentemente, Antillana de Acero no puede ser mucho de nuestra propiedad pero, entonces, ¿a quién pertenece?

Así que el problema de la explotación de trabajo asalariado que tanto me importuna no va a venir con un cambio muy sustancial por el hecho de que el dueño de Antillana sea Clitemnestra Pla, Tibor Galárraga o un Estado al que no le preocupa compartir su administración conmigo. Todavía no fuera tan grave, si esta exclusión fuera conmigo y otros igualmente ajenos a las peculiaridades del procesamiento del hierro y el carbono; lo desastroso es que se excluye toda iniciativa de autogestión o cogestión del colectivo obrero que labora en la empresa de marras, los que sí llevan trabajando en ese puesto décadas, que le saben al asunto un montón y que, según la Constitución, son también dueños de ese medio de producción. Esos trabajadores simplemente están ahí, sujetos a la dirección de los cuadros designados por autoridades superiores; entregando su fuerza de trabajo a cambio de un salario y generando plusvalía que se queda en el Estado.

Empresas estatales hay también en países capitalistas, miembros radiantes de las instituciones financieras internacionales de la economía del libre mercado. Los obreros de esos centros son, obviamente, explotados por la clase capitalista de sus naciones, si bien a través de mecanismos un poquitín diferentes que cuando el dueño directo es, pongamos, Warren Buffet o Carlos Slim.

De regreso a este socialismo o proyecto de socialismo, sobre el que ahora muchos repiten que es "un error" pretender saber cómo es, se hace evidente que no se debe confundir la socialización de la propiedad con su estatización. Si los trabajadores necesitan un Estado para la etapa de transición al régimen de libertad, igualdad, fraternidad –y justicia social y dos o tres cosillas más– el Estado tiene que diferir sustancialmente de los otros capitalistas. Aquí ya me lanzo a elaborar yo mis propias disquisiciones, saliendo de las palabras del ponente. Poca diferencia habrá si el Estado nuevo subvenciona servicios de educación y salud, porque algunos capitalistas también lo hacen. El Estado tendría que pertenecer realmente, y servir, y responder, y acatar la voluntad de los trabajadores libremente expresada; no pretender estar por encima y por delante de ellos, que lo tendrían que seguir entonces "incondicionalmente", "disciplinadamente", "conscientemente", para usar los términos más conocidos. Eso, en lo que se va extinguiendo el Estado.

Porque un par de cosas, pésele a quien le pese, sí se saben sobre las necesidades que tiene la etapa de transición a una sociedad socialista y, entre ellas, esa de la paulatina extinción del Estado. El que lo dude, después de acudir al más básico ABC del marxismo –aquel que se supone que conozcan todos los disgustados con el capitalismo y que anhelan su superación– puede entonces leerse la intervención de Fidel Castro conocida como Palabras a los intelectuales . Otra cosa que también se sabe, es aquella de la transformación de las relaciones de producción, tal que el trabajador ya no labore por un sueldo y deje al empleador que sea la plusvalía creada con su fuerza de trabajo, sino que algún otro mecanismo sea el que media entre su aporte a la sociedad y la satisfacción de sus necesidades.

En lo que llega ese mañana primoroso, hay que tener en cuenta que hay que irlo construyendo hoy. Si no, nunca llega. Entonces, ¿qué tal empezar por aquella letanía de autogestión, cogestión, cooperativización? Para mí, será siempre mejor que cerrar el centro y despedir a los trabajadores y empujarlos a emplearse con los capitalistas extranjeros o nacionales en ciernes, o privatizar lisa y llanamente la empresa de marras. El salario tiene que ir transformándose. ¿Cómo? Tal vez podría comenzarse compartiendo una fracción consensuada de las ganancias de las empresas (que sean capaces de obtenerlas) con los trabajadores, que así se sentirían mucho más motivados a ser eficientes y productivos y combatir la corrupción que a través de discursos y llamados políticos a la conciencia. A lo mejor no hay que ponernos a inventar el agua tibia ¿Qué tal si echamos un vistazo a las propuestas conocidas? Digamos, el programa del Moncada: "La tercera ley revolucionaria (a ser promulgada de haber triunfado rápidamente el alzamiento del 26 de julio de 1953) otorgaba a los obreros y empleados el derecho de participar del treinta por ciento de las utilidades en todas las grandes empresas industriales, mercantiles y mineras, incluyendo centrales azucareros". Dijo el mismo Fidel de ahorita, en La Historia me absolverá.

Díganme ustedes.

6 de marzo de 2012

El sindicato, el periódico y la maravilla del trabajo asalariado por cuenta propia sin contradicciones

Tags: trabajo por cuenta propia, explotacion, trabajo asalariado, Cuba, Trabajadores, debate político, socialismo
 
Cualquiera que lea nuestro semanario Trabajadores –superficialmente– se llevaría la impresión de que en el órgano oficial de la principal y única central sindical nacional reflejan una gran preocupación por la situación de los cubanos y cubanas que han engrosado, en los últimos tiempos, el sector del llamado trabajo por cuenta propia. Véanse notas recientes, "Crece el número de trabajadores no estatales"; "Atienden reclamos de trabajadores no estatales" y "Situaciones que están amparadas". Cualquiera diría que las fuerzas organizadas del Trabajo guardan una profunda preocupación por los y las integrantes del (no tan) nuevo sector de la economía cubana.
Pero resulta que a algunos nos parece que esta preocupación carece de un componente esencial. Todos los medios oficiales se pierden la oportunidad de analizar la cuestión de la persona, con licencia de trabajador por cuenta propia, que está contratada por otra en "igual" situación. Y eso que hasta el nombre les queda raro. Ni el empleado puede ser "por cuenta propia" si está en la empresa de un patrón, ni a este le queda bien aquel traje cuando es todo un pequeño empresario. Habrá quien crea que el asunto todavía no es para tanto, que no afecta a tantas personas ¿cómo puede saberlo, si no es tan fácil dominar las verdaderas cifras? pero, en cualquier caso, al estar previsto que en cuestión de algunos meses, más o menos, millón y medio o más compatriotas dejen su empleo estatal racionalizado, vamos a tener al lobo, bien crecidito, delante, muy pronto.

Y no me interesa ocultar mi disgusto, ante la consolidación del único tipo posible de relaciones de producción entre Dueños de Medios de Producción –unos más apabullantes y otros menos– y Dueños de Nada excepto su Fuerza de Trabajo: la explotación del trabajo asalariado, como se sabe de manera diáfana e incontestable desde los tiempos fundacionales del marxismo, sin importar con cuánta palabrería se adorne o distorsione esta realidad.

Quienes sacan provecho de esta situación siempre van a tener bellas palabras para adornarla, u oportunos silencios para ignorarla. Así hemos visto desde quien niega el carácter de explotación de este trabajo merced a ciertas políticas estatales de subvención universal de educación y salud –loables, pero sin relación con el asunto– hasta quien se enfoca, como en los materiales citados, en cuestiones numéricas, de mercados, o de negociaciones tributarias entre el Estado y titulares de licencias específicas. Estas últimas son valederas, naturalmente, pero remarcan más aún mi preocupación por lo que suceda en el interior de los nuevos minicentros de compraventa de fuerza de trabajo, cuando el empleado o la empleada piensen en vacaciones, maternidades, problemas de salud...

Allá va eso entonces. ¿Quién puede afirmar que estos no son sino viveros para pequeños capitalistas? ¿Quién puede hallar otra lógica en una relación donde tú haces lo que yo quiera, porque te pago un salario que necesitas para vivir y no tienes otra, y yo me quedo con la mayor parte de las ganancias que genera tu trabajo porque para eso soy el dueño del restaurante, de la finca, del tallercito mecánico con el torno –artesanal y todo, pero lo tengo yo y no lo tienes tú– y además soy el titular de la sacrosanta licencia?

Yo no voy a pretender ahora, está bien, que hayamos superado en nuestro desarrollo un punto que nos permita dejar atrás esas situaciones. En el año 1968 se cometió ese error de ingenuidad, voluntarismo o como lo quieran llamar, y miren que la desgraciaron. Pero de ahí a aceptar que sean una ganancia, va un largo trecho. Acoger cándidamente al pequeño capitalista le abre las puertas al grande; y sostener que con su buena voluntad va a resolver el problema del empleo le va a regalar la posibilidad de realizar "contratos basura", de despedir a los descontentos cuando le dé la gana o no le den tantas ganancias como las que aspira. En fin: pragmatismos tecnocráticos ciegos a fundamentos de justicia social y coqueteos con la filosofía del libre mercado para "salvar" a la patria… solavaya.

Una organización sindical que se precia de seguir el liderazgo de un partido político marxista debería desarrollar un poco más analítica y críticamente el enfoque de los fenómenos del trabajo que tiene entre las manos. De hecho, el mismo partido debería ser el más involucrado a la hora de reconocer con valentía y profundidad las realidades que han regresado. Reconocer los tozudos hechos como lo que son, es el primer paso para desarrollar mecanismos de compensación políticos y sociales que compensen la retirada obligada y rescaten, en la conciencia y en lo material, otros caminos de avance hacia el objetivo de una sociedad fundamentada en el bienestar y el trabajo colectivo, y no en el egoísmo y la explotación de seres humanos por sus congéneres. Eso, se si pretende ser consecuente con el credo comunista.

En la inevitable contradicción restablecida al  abrir la puerta al empleo de trabajo asalariado por cuenta capitalista, estado, partido, y sindicatos deben escoger de qué lado van a estar. En dependencia de la postura que se asuma en esa elección crucial, podrá evidenciarse quién apoya a una refundación del socialismo bajo bases democráticas modernas y quién defiende un taimado regreso al capitalismo disfrazado con algunas prebendas populistas.