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16 de agosto de 2011

Plan para conseguir la transmisión de partidos internacionales de béisbol en la televisión cubana

Tags: deporte, prensa, cuba, béisbol, fútbol, televisión, ET
 
Situación
 
A este servidor, como a muchos cubanos, le gustan casi por igual el béisbol y el fútbol. Como nuestro país es bastante bueno en el primero y una nulidad en el segundo, la balanza se inclina fácilmente hacia el deporte de las bolas y los strikes.
 
La televisión cubana trasmite con frecuencia juegos de fútbol internacional, como el reciente Madrid-Barcelona. En cambio, los juegos de béisbol de equipos de otras latitudes, parecen no existir para la prensa cubana, y no solo la televisiva. Todo el mundo puede imaginarse por qué, pero yo fui más lejos: desarrollé un plan malévolo y maquiavélico para volver inevitable la trasmisión de los juegos de las Grandes Ligas y otros que sean de interés en un país de tanta tradición de esta actividad y de tradicional proyección internacionalista.
 
Paso número 1 de mi plan
 
Los extraterrestres aterrizan en España. Abducen a Leonel Messi y a Cristiano Ronaldo. Les extraen células madre y luego los liberan sin mayores daños, con 10 millones de astrocréditos y artesanías de la Osa Mayor a cada uno como compensación.
 
Paso número 2
 
Los marcianos dejan España y, a continuación, aterrizan en Cuba. Abducen al equipo cubano de fútbol en pleno. Les implantan las células madre anteriormente extraídas de los mencionados genios.
 
Paso número 3
 
El equipo cubano gana la Copa de Oro de la CONCACAF por goleadas de no menos de 7 goles.
 
Paso número 4.
 
Este es el más doloroso, pero hay que hacer algún sacrificio porque nada es gratis en esta vida. Si no lo creen pregúntenle a Sebastián Piñera. Este paso consiste en que el equipo cubano de fútbol deserta en pleno, contratado por deslumbrados buscadores de talentos. Un deprimido oficial de la Seguridad del Estado regresa compungido y solitario al aeropuerto José Martí, y sus superiores lo mandan a desyerbar soya a Ciego de Ávila por no cumplir con su obligación de cuidar a los muchachones.
 
Paso número 5 y final
 
Los cubanos integran los equipos del Real Madrid, el Barcelona, el Bayern de Munich, el Olympic de Lyon, etc., etc., y se vuelve imposible para la TV cubana pasar un juego de fútbol sin que se se vea a nuestros compatriotas haciendo las genialidades que sus implantados talentos les permiten. Como ya da lo mismo, se empieza a pasar también los juegos de los Yanquis de Nueva York, los Bravos, los Orioles, etcétera.
 
Me han señalado algunas dificultades en este plan, así que he desarrollado un plan B
 
Paso número 1 del plan B
 
Los marcianos aterrizan en Inglaterra, y secuestran a los principales talentos del Manchester United...
Rogelio M. Díaz Moreno
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Físico, poeta y cuerdo
http://bubusopia.blogspot.com/
 
"Yo dono rosas, oro no doy"

9 de agosto de 2011

Quo Vamos

tags Cuba, cuentapropismo, descentralización, Estatismo, Marino Murillo
 
Busqué estos días la transcripción del discurso de Marino Murillo en la recién concluida sesión de nuestra Asamblea Nacional, pero me cuesta trabajo encontrarla. Aparece un sitio con algo que parece una grabación para escucharla, aparece un discurso del susodicho en el Parlamento en el 2009, pero este discurso particular no lo encuentro. Sin embargo, lo retransmitieron una vez por televisión y mi memoria, que tiene su propio sentido del humor, retiene una serie de detalles que son de ampanga.
 
De hecho, si yo fuera el Gobierno cubano, me sería difícil evitar la tentación de impedir que el discurso apareciera en mis medios oficiales de prensa que, como sabemos, son todos los que circulan legalmente en Cuba. Las cosas que recuerdo que dijo ese hombre, no son como para celebrar precisamente. Lo que es más penoso, que se vienen a reconocer y a tratar de poner algún remedio a problemas que tienen decenas de años y han estado todo este tiempo expuestos a la vista de todo aquel que no mantuviera sus ojos firmemente cerrados.
 
La corrupción alimentada de burocratismo y la manía del hipercontrol que agrava los problemas en vez de resolverlos recibieron sus respectivos fuetazos. Si se empieza por la agricultura, fueron de notar en el discursante los centenares de miles, hasta millones, de hectáreas de tierras cultivables que se cubrieron de marabú frente a la mirada de unos ministerios de agricultura y azúcar totalmente incapaces de controlar el avance del espinoso arbusto. No quedó más remedio que repartir estas tierras entre particulares, lamentablemente con veinte o más años de retraso respecto al momento en que empezó a hacerse notar más seriamente el problema. Problema, por cierto, que no termina con el cambio de propiedad del medio de producción hacia unas manos más eficientes, porque el fruto de estas se pierde con demasiada frecuencia al volver a caer en el mismo vórtice de ineficiencia de los sistemas estatales, llámense Acopio o Frutas Selectas, cuyas estructuras fueron el blanco de otras palabras dinamiteras: a volarlas en pedazos llamó Murillo, para que los productores puedan comercializar libremente sus mercancías, por ejemplo, a los hoteles, porque las instituciones oficiales son causa reconocida de sangrientas erogaciones subsidiadoras por parte del Estado.
 
Los materiales de construcción y su comercialización fueron también abordados por Murillo. El hombre reconoció que mientras se trató de mantener una venta subsidiada de estos, en los expendios "todo el mundo sabe lo que pasa". Enlacemos con la situación de las instituciones administradoras de todo lo que tenía que ver con la vivienda, si uno tenía que hacer alguna gestión de permuta, donación, lo que fuera: o se demoraba un universo o, para resolver rápidamente, "todo el mundo sabe lo que pasa". No era útil aumentar la cantidad de control, más bien por el contrario, se creaban más trabazones y corruptelas administrativas con cada intento.
 
Para no parar en esas, también Murillo comunicó la decisión de pasar al sistema de turismo común y corriente, posiblemente en pesos cubanos sin subsidios, la aplastante mayoría de la capacidad de alojamiento en villas, moteles y demás de los distintos organismos, pues su uso adecuado era, de nuevo en palabras de Murillo, "incontrolable". "Como todo el mundo sabe", lo que pasaba era que mucho dirigente y funcionario y socio y familiar pasaban sabrosas vacaciones y paseos pagados por Liborio. Ahora por lo menos, dos cosas buenas pasarán, que todo el que pueda pagar tendrá un acceso normal, y una empresa estándar recaudará ingresos normalmente.
 
Y para no quedarse a pie o con cucarachas en la cabeza, explicó Murillo que ha salido bien el experimento con los barberos y los taxis, ese de dejarlos a su aire, dejando que vivieran oficialmente de cobrar lo que el mercado determinara por el servicio, en lugar de un sueldo fijo más lo que no oficialmente les diera el mismo mercado. No había manera de controlar aquello, y "todo el mundo sabe" lo que pasaba con el precio de los pelados y de los paseos. Ahora, en vez de mantener esos servicios, el Estado recauda impuestos a su cuenta.
 
Todas estas ideas expresadas suenan convincentes y pareciera que los chicos del Gobierno se vuelven listos. Ah, pero uno se preocupa un poco por varios motivos cuando lo piensa mejor.
 
Según lo que también se ve en la prensa, en muchas reuniones y procesos asamblearios partidistas y de todo tipo, mucha gente parece que perdió la más reciente seña, y sigue exigiendo más y más control, hasta llevar supuestamente la supervisión personalizada y continua al pie del mismo trabajador que está en el surco o frente a un torno, para controlar todo lo que éste débil cristiano hace o deja de hacer. Uno no sabe si indignarse con estos fariseos o si reírse de la futilidad del intento. De lo contradictorio. De lo deshonesto. Porque ya ellos comprobaron, "como sabe todo el mundo", ya reconocieron públicamente, que bajo su sistema de omnicontrol lo que tienen es un controlito malo, una hiperinflación de estructuras aberrantes que estorban el buen desempeño de cualquier iniciativa productiva o de servicios, y según lo que vemos están empezando a remediar algunas, las más dramáticas, de la manera más burda, esto es, cediéndole potestades a particulares que lo hacen mejor, que permiten a las personas desenvolverse más libremente, al menos a primera vista. ¿Para qué hablar tanto entonces de los remedios viejos y reconocidamente malos? ¿Qué suerte de alquimia desprestigiada están reivindicando aquellos fanáticos acérrimos del control?
 
Otro motivo de preocupación surge porque uno no sabe, no lo dicen, se lo ocultan, hasta dónde están dispuestos a llegar en esta ofensiva a lo Marino Murillo. ¿Cuál o cuáles van a ser los próximos sectores "a descontrolar"?
 
Recientemente se mostraron mayores flexibilidades a los pequeños empresarios surgidos con el auge del cuentapropismo, que sean empleadores de otros asalariados. ¿Estará explícitamente establecido el límite de tamaño de la actividad económica que la sociedad considera adecuado que se libere de controles, para empezar a funcionar de manera particular, tal vez explotadora de otros proletarios, esto es, capitalista? A ello nos puede llevar a una idea expresada anteriormente por los adalides modernos del desentendimiento por el Estado de un número de funciones, aquella según la cual el Gobierno no se debe meter a regular las relaciones entre  individuos. ¿Aún cuando estas se encarrilen por moldes neoliberales a pequeña escala?
 
¿Llegaremos al punto en el que el Estado se confiesa incapaz de mantener el control sobre todos los sectores, de los cuales igualmente "todo el mundo sabe" que también están en crisis? Y, si es así, ¿se liberarán estos sectores a las fuerzas del mercado? ¿Quo Vadis (dónde vas)? o, mejor dicho, ¿Quo vamos, Murillo?

4 de agosto de 2011

¿La cultura no tiene momento fijo?

Tags: Cuba, cultura, TICs, enajenación, literatura, música

El otro día iba yo en un ómnibus de la ruta del P4. Atestado, a la hora en que
mataron a Lola, en una de estas radiantes tardes de verano. Las personas, que
luego de haber esperado largo tiempo en distintas paradas, se habían podido
subir superando a otros menos pujantes en las consiguientes moloteras, no iban
de buen humor. Casi todos estresados, acalorados, pensando seguramente mal del
gobierno, por lo menos del ministerio del transporte. Y yo, no.

Yo, desde que llegué a la parada, había sacado mi librito de cuentos de
Junichiro Tanizaki. Relajadamente me había puesto a leer, abstrayéndome del mal
ambiente. En el momento de llegada del ómnibus, aplicando las lecciones del arte
marcial oriental, conseguí que la fuerza de los demás fuera la que me hiciera
entrar por la esquiva puerta. Agarrado de cualquier forma a un tubo con una
mano, seguí disfrutando de los ambientes de geishas, samuráis y valles sembrados
de arroz, en lo que unas mujeres prorrompían en obscenidades a mis espaldas, en
ardiente discusión por un asiento de embarazada. Yo, abstraído. Unos señores
mayores más adelante, vomitando sapos y culebras posteriores a un intercambio de
empujones, y la magia de la literatura me las transformaba en haikus. El chofer
enojado denostando a los morosos en el pago con frases poco pedagógicas, y yo
abstraído, pensando en cómo contarle a mis amigos, aficionados a la lectura como
yo, el singular romance de Flor de Cerezo en Primavera.

Qué culto, qué buena manera de aprovechar el tiempo, eh. Si lo presento así,
claro, según la filosofía de algunos periodistas intelectualosos de nuestros
medios nacionales. Ahora, cambiemos algunas palabras.

Literatura, por música. Libro, por dispositivo reproductor MP3 o audífonos de
celular con la prestación cancionil (ojalá, eh). Junichiro Tanizaki por Elton
John, Vivaldi, Michael Jackson, Enya, Buena Fe o Los Aldeanos. Amigos
aficionados a la lectura, por seguidores de una cuenta -soñada, por ahora- en
alguna red social.

Ipso facto, puedo visualizar los ceños de aquellos periodistas de ahorita, cómo
se fruncen. Ya no verían el abstraído, distraído, soñador, que practica aquello
de que la cultura no tiene momento fijo. Ahora verían a un obtuso consumista,
que pierde las oportunidades de estrechar relaciones reales con las personas de
verdad, para refugiarse en un mundo ficticio, y enajenante.

Consecuentes e inconsecuentes por igual, que me perdonen si prefiero cualquier
mundo al de aquel P4 a la hora a la que mataron a Lola.

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El enemigo brutal

[tags Cuba, Raúl Castro, democracia, debate, socialismo, imperialismo,
burocracia, contrainteligencia, contrarrevolución, lineamientos, sociedad civil,
Rogelio M. Díaz Moreno]

Cuando Raúl Castro dejó pasar el 26 de julio sin considerar que valiera la pena
pararse en el estrado a decir algo que no fuera interesante, y mandó en su lugar
a Machado Ventura, yo tuve la esperanza de que se estuviera reservando para la
Asamblea Nacional del Poder Popular, como ya hizo una vez. En efecto, el pasado
lunes, en el espacio institucional preferido por él, el General en Jefe puso a
todo el mundo a alucinar con su discurso.

Más allá de la bomba de la reforma migratoria, de la que no sabemos mucho en
realidad, o de la anécdota de la justa restitución de la compañera afectada
aparentemente por prejuicios antirreligiosos, a mí me motivó de manera singular
el significado del pronunciamiento de Raúl, cuando dijo literalmente, "Más de
una vez he expresado que nuestro peor enemigo no es el imperialismo ni mucho
menos sus asalariados en suelo patrio, sino nuestros propios errores". Fíjense
si fue literal, que lo puse aquí copiando y pegando de la versión publicada en
Juventud Rebelde. Y de esa concepción, y de las ideas que giran alrededor de
eso, se pueden sacar conclusiones que no cabrían en muchos folios, mucho menos
en este reducido escrito. Eso sí, empiezo por advertir que no me voy a cansar de
sacarle lascas a esa frase.

Porque si ya nuestro peor enemigo no es el imperialismo –y sus subordinados
locales-, sino otro, urge dedicar al combate contra ese otro enemigo mayor los
recursos de la nación que sean necesarios, en cuantía mayor aún que los que se
dedican a la lucha contra el viejo enemigo que ya no es el mayor. Que no es poco
decir: para empezar, contrarrestar la amenaza imperial es la principal tarea
asignada en Cuba a las Fuerzas Armadas. También la mayor organización de masas
de nuestro país, los Comités de Defensa de la Revolución, con 7 millones de
afiliados más o menos, ubican en esos viejos enemigos su razón principal de
existencia. De ministerio en ministerio se contempla un panorama uniformemente
belicoso: todo el sistema educacional está montado sobre una ideología que
repite hasta el cansancio la necesidad de ser antimperialistas; el sistema de
Salud Pública circula documentos rectores donde se señala con más saña a la Casa
Blanca que al dengue; las instituciones culturales parecen deslomarse
defendiendo la humanidad, y esos son los que uno más conoce.

Así que si se va a ser consecuente con lo que dijo el Presidente, hay que
dedicar recursos a combatir "los errores" con mayor prioridad, energías y
dedicación aún que lo que se les dedica al viejo enemigo, porque ahora el nuevo
representa un peligro mayor para la sociedad cubana y el socialismo que se
anhela. Y no debe ser sencillo concebir, o dirigir, fuerzas más poderosas que el
Ejército, el Gobierno, el Estado todo, enfocado contra ese nuevo enemigo. Si de
veras se reunieran fuerzas de esa magnitud, de verdad que pobrecito el nuevo
enemigo, lo van a hacer puré de talco. Más aún, teniendo en cuenta que,
teniéndolo aquí adentro, cerquita, no tendrá para dónde escapar o dónde esconderse.

El quid está… bueno, hay muchos quids, y están en muchas partes. Para empezar,
el Presidente tiene que usar un lenguaje políticamente correcto. Yo, que soy un
pelagatos, me puedo tomar mayores libertades. Para empezar, puedo señalar que
donde Raúl dijo sólo "los errores", va todo el contenedor de otros agentes que
ha señalado en otras ocasiones, cada vez más descarnadamente. Para ilustrar, y
usando otros términos de este mismo discurso: "la resistencia burocrática, la
barrera psicológica formada por la inercia, el inmovilismo, la simulación o
doble moral, la indiferencia e insensibilidad y que estamos obligados a rebasar
con constancia y firmeza".

Cuando usted pone estos elementos en conjunto y constata cómo han conllevado a
todas las distorsiones presentes en la sociedad cubana actual, se da cuenta de
que no son simplemente "errores", o el fruto de la improvisación, o el
descontrol. El quid está en que casi todo eso es parte de la estrategia,
premeditada o espontánea pero inevitable, de una clase que aspira a enraizarse
parasitando el organismo republicano, bajo la etiqueta socialista o capitalista,
da igual, con tal de mantener ellos y sus descendientes todos los privilegios
alcanzables mediante la administración de todos los recursos e instituciones que
caigan bajo su mano.

Esta clase es la responsable de la resistencia que ha llevado a Raúl a expresar
decenas de veces, con rabia contenida, cómo los distintos acuerdos y propósitos
que podrían representar avances en la construcción de la sociedad soñada, quedan
engavetados, relegados, contenidos mediante murallas de justificaciones,
aplazamientos, golpes de mano de una burocracia ducha en la guerra de desgaste.
Esta clase, que llamamos burocracia a falta de un término mejor, constituye ese
enemigo que es el mayor de los enemigos para el pueblo cubano trabajador, más
que el imperialismo y sus acólitos. No son simplemente los errores porque, como
sabemos, casi nunca son realmente errores. Para seguir aprovechando el discurso
de Raúl, ¿acaso fue un "error" la medida tomada con la compañera cuyo caso se
refirió en esa ocasión?(1) Podemos estar seguros que la expulsión de esa
compañera fue absolutamente intencional; que los que se vistieron de
comecandelas criticando su condición religiosa pretendían sacarla del paso con
el pretexto que fuera, pues desde hace buen tiempo en nuestro país, está
bastante claro que las creencias filosóficas particulares de las personas, su
voluntad para practicar o no los ritos de cualquier religión, son una parte
inseparable de sus más elementales derechos. Así que aquí tenemos simplemente a
unos funcionarios inescrupulosos, poseedores de determinada posición de poder,
incómodos con una persona por X motivos, que se deshacen de esta con una excusa
que ni ellos mismos se la creen. Y también tenemos que las estructuras de
reclamación intermedias participan del mismo pastel, pues no corrigen la
arbitrariedad. Como tampoco fue un "error" la expulsión del destacado
intelectual, Esteban Morales, del PCC, ya afortunadamente rectificada. Como
tampoco es un "error" que la industria nacional no acabe de asumir la producción
de cientos de productos –implementos deportivos, instrumentos musicales, útiles
del hogar y otros, para mencionar solo los casos que han salido por el noticiero
de televisión, sino que en lugar de ello, funcionarios viajan año tras año a
firmar contratos con suministradores extranjeros, granjeándose comisiones y
otras prebendas. Como tampoco fue un "error" la importación de aquella máquina
barredora de nieve. Como tampoco fue un error el estancamiento del proceso
llamado del Perfeccionamiento Empresarial. Como tampoco son simples errores la
incapacidad nata de las estructuras de Acopio para hacer frente a la recolección
y comercialización de la producción agropecuaria –detrás de cada campesino que
perdió una siembra de arroz ya madurada, hay un soborno que no se pagó al que
trapichea con las máquinas cosechadoras. Como tampoco fueron simples errores los
del relajo formado en Cubana de Aviación; las arbitrariedades y desfalcos
cometidos al fragor de la llamada Batalla de Ideas, y muchos otros más de cada
rama económica y social del país que los especialistas pudieran explicar.

Hay entonces una fauna mucho más poderosa y malévola, detrás de lo que se
califica, por el momento, como "errores" y como "la resistencia burocrática, la
barrera psicológica formada por la inercia, el inmovilismo, la simulación o
doble moral, la indiferencia e insensibilidad". Todo eso es lo que constituye
hoy un enemigo para el socialismo en Cuba, más grande que el mismísimo imperialismo.

Y si con el imperialismo nos consideramos en una especie de guerra permanente,
por la cual forzosamente no se puede vivir en las mismas condiciones que
cualquier otro país que viva en paz, qué decir del enfrentamiento con esa otra
clase enemiga. Siendo un enemigo más infame, por cuanto apuñala por la espalda
las esperanzas de sus compatriotas. Estando tanto más cerca por cuanto que está
en nuestro mismo suelo patrio. Obviamente nos ha hecho tanto o más daño que
aquel otro, el que está por lo menos a una distancia definida de noventa millas.
Y con una astucia maquiavélica, el enemigo más cercano ha conseguido que casi
siempre se culpe de todos los males, hasta ahora, al más lejano. Si hay algo de
lo que carece el pueblo –pero no ese enemigo cercano- es culpa del enemigo
lejano. Si los trabajadores simples no pueden tener internet, viajar por el
mundo y regresar a su patria, ejercer derechos elementales con sus pertenencias,
con sus iniciativas, sus energías, sus propias vidas –teniendo el enemigo
cercano acceso a todo eso- es culpa del enemigo lejano.

Para evitar que ese enemigo cercano siga emponzoñando a muerte nuestras
existencias, se requiere profundizar, radicalizándolo mucho más, el proceso de
modernización del sistema cubano. Hay que hacer mucho más que liberar ciertas
formas de trabajo por cuenta propia, y repartir tierras, y permitir el ejercicio
de algunos derechos de propiedad. Hay que hacer mucho más, porque tomar
decisiones como vender pedazos de país sin deliberación popular es
extremadamente peligroso. Por muchas razones y necesidades acumuladas, es que el
proceso de rescate nacional tiene que ser radicalizado. Radicalizado, esto es,
llevándolo a la raíz, al pueblo trabajador. Trabajadores obreros, estudiantes,
campesinos e intelectuales, todos recuperando la sociedad que una vez intentaron
construir para sus hijos. No hay que innovar tanto en realidad, no en cuanto a
los principios básicos al menos, porque algunos clásicos del marxismo como Rosa
Luxemburgo y Lenin en sus mejores tiempos, ya indicaron cómo el camino soñado
pasa por la democracia en la toma de decisiones y el nombramiento de todas las
autoridades, revocables en todo momento; libertad de expresión, la transparencia
de la gestión y rendición de cuentas de todos los niveles de autoridades
necesarios y legalmente establecidos al pueblo al que deben representar y, sobre
todo, servir.

Nadie crea que el enemigo cercano va a abandonar las posiciones de poder y los
privilegios que conllevan, sin una lucha mortal. Cuando, previa a la
intervención de Raúl, Marino Murillo hizo su informe sobre la economía cubana,
que lamentablemente no se encuentra fácilmente en la web, habló de volar en
pedazos ciertas estructuras burocráticas que se interponían en el camino de la
producción de los campesinos y el mercado del turismo. Quiero creer que esa es
una señal de la comprensión que se está imponiendo acerca de la única manera
posible de lidiar con la burocracia. Quiero creer en las palabras de Raúl cuando
repite que nadie estará por encima de la ley. Pero sobre todo, quisiera que se
acabara de tornar evidente para todos, que la lucha contra el enemigo cercano no
se puede llevar a cabo sin las fuerzas adecuadas, que tienen que resultar
necesariamente otras que no se encarrilen por los mismos mecanismos de la
burocracia y el paternalismo interesado; la lucha tiene que ser en posiciones
que no sean las escogidas y preparadas durante muchos años por el enemigo. El
poder del pueblo trabajador, expresado en la voz del pueblo, debe encontrar su
manifestación en la acción revolucionaria de obreros, campesinos, intelectuales,
disponiendo y administrando los medios de producción material y espiritual en
los que laboran, directamente, sin intermediarios de fidelidades problemáticas.

Tengo la convicción de que solo si se sigue este camino, podremos vencer a los
peores enemigos, y nuestro triunfo sobre ellos nos permitirá dar un salto
colosal hacia el proyecto soñado.

(1) Se omitió el nombre y la localidad de esta persona. Raúl explicó que ciertas
autoridades la habían removido de su puesto apoyándose de manera indirecta y muy
ladina en su condición religiosa; y su reclamación no fue escuchada por las
instancias de revisión hasta que no se dirigió a las Oficinas del Presidente del
Consejo de Estado.

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