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29 de agosto de 2010

Descripción de un mural

Estaba sentado en un banco en un pasillo del hospital “F” de la especialidad de O., frente al mural de la sección sindical. Uno de esos murales que no se actualizan muy seguido. Era 16 de agosto. Recuerdo un par de elementos.

Dicen los especialistas en semiótica y esas cosas, que lo más importante de un símbolo va al centro. Lo que más se quiere que recuerde el visitante del hospital que mira el mural. Vale, la foto de los cinco héroes. Resalta, colorida.

En una esquina, arriba, derecha, una lista con lugares y fechas. Diablo Tun Tun, Casa de la Música… varios de ese tipo. Parece que el sindicato gestiona reservaciones para los trabajadores. Debe ser una oferta atractiva, pienso, sobre todo debe resultar una manera económica para un trabajador de disfrutar de cabarets prestigiosos de la ciudad. Lo de lugar popular me consta, porque mis conocidos que van a discos y esos lugares, los han mencionado. Lo de económico me lo deduzco, si no qué gracia tendría ponerlo en el mural.

Un artículo de periódico, una reflexión que pronostica la guerra. Daba una fecha concreta, un día de principios de julio.

Una noticia en una esquina, explicando algo del proceso de selección de jueces legos. Desde mi banco podía ver el titular. Es una particularidad del sistema de justicia cubano, de la que conozco poco, o sea, que el material podía interesarme.

Un cartel preguntaba, qué es un colectivo moral. Pero como que faltaba algo que respondiera. O se cayó el papel complementario, o la respuesta es algo difícil. Salió una mujer de una oficina cercana, con un papel, lo va a pegar en el mural. Tal vez el mural está en renovación y van a llenar los huecos, actualizar… no, no, el papel nuevo no responde a esa pregunta. La mujer regresa a su oficina y pasado un rato no había regresado. Me fui, tenía otros asuntos que atender.

21 de agosto de 2010

Haciendo la sinforma

Recordaba yo cuando, hace un tiempo, se hizo el último cambio al texto de nuestra Constitución, pensé que la declaración de “carácter irrevocable” no iba a convertirse nunca en un verdadero obstáculo cuando ellos quisieran hacer, je je, no “reformas”, que la palabrita tiene mala fama, sino “actualizaciones”, “flexibilizaciones”, “reestructuración”. Años después de aquel cambio mucha gente ha empezado a discutir mucho, los más audaces decían que las formas de propiedad cooperativa urbana no constituían problemas para el socialismo, los recalcitrantes se encasillaban en la pureza del estatismo, la conciencia y la disciplina y el acatamiento de la dirección del líder supremo –ver el Granma de los viernes– y el jefe en funciones no adelantaba un chícharo a nadie del potaje que estaba cocinando, que al fin reveló sorpresivamente en la última sesión regular de la Asamblea Nacional, lamentablemente trasmitida solo a pedazos por la televisión.

Como para demostrar que él también le sabe a eso de tácticas guerrilleras, se apeó con que dos semanas antes se habían aprobado “flexibilizaciones” más radicales que las que podía esperar el más lanzado; para más, en ese tiempo se había dejado que un subordinado trasmitiera un mensaje absolutamente conservador en el discurso a la nación del 26 de julio. No solo se había aprobado la ampliación del trabajo por cuenta propia, sino que hasta fuerza de trabajo asalariada se puede contratar ya. Autorización pura de la micro y miniempresas. Un chorro considerable de pequeños capitalistas, aunque sin mucho capital. Bueno, a primera vista, porque quién sabe. Y se deja de nuevo que los extranjeros compren casas de lujo anexas a bellos campos de golf.

A diferencia de cierta intelectual (una que hace una defensa muy rara de Esteban Morales) a la que le molesta mucho esto de los campos de golf, yo los veo como un negocio como los hoteles, donde hay que hacer un balance del costo-beneficio. Excepto que yo no sé lo que opina el resto del pueblo. Sobre las casas, me pregunto 1) si se prevé que los cubanos las puedan adquirir, dado que tengan el dinero (y de que los hay que tienen el dinero, los hay), y 2) si no se preve, cuánto tiempo va a demorar que el primer tramposo lo haga “por la izquierda”. Y si un extranjero va a tener ciertos derechos sobre una vivienda en nuestro país… no deberían ser más que los que tiene un nacional, que no son muchos.

Tal vez queda por esperar que los altos niveles concedan la limosna de informarnos los detalles de las decisiones, cómo se pusieron en la balanza los distintos criterios. A partir de qué fecha rigen esas flexibilizaciones, a qué sectores (¿entrará la actividad de alquiler de habitaciones? ¿corredor de permutas? ¿comerciante de productos agrìcolas?) podemos dedicar nuestros esfuerzos “cuentapropistas” que ya no son pequeño-burgueses (qué suerte que siempre hay un dirigente que explica cómo se aplican las leyes, vea a Expósito en Santiago cómo valida cosas imposibles en Guantánamo o Matanzas o La Habana, perdón, Mayabeque y Artemisa) si todos las podemos asumir como “segundo trabajo” (como autorizó hace poco otro Decreto-Ley), o solo los que no trabajan para ministerios seleccionados como Educación y Salud Pública. A ver si vemos bien por dónde viene la reestructuración, o las sinformas, o la actualización, o como le llamen.

2 de agosto de 2010

Respeto no, homofobia

Ciudad de La Habana, 31 de julio de 2010
 
A la dirección del periódico 5 de septiembre: 

Con dolor y asombro leí la columna "Homofobia no, respeto", del compañero Jesús Mena Aragon, publicada en la sección Opinión de este periódico (LA URL está fuera de servicio desde el domingo 1 de agosto). 

El autor despliega una serie argumentos homófobos, así como inexactitudes y falsedades históricas que avergüenzan a las personas que defendemos la Revolución tanto, o más, de lo que ofenden a las que estamos involucradas en la lucha contra la homofobia, el patriarcado y el racismo en todos los ámbitos de la vida. 

Desde las primeras líneas se puede reconocer la actitud atrincherada y reaccionaria de Jesús Mena Aragon cuando califica la propaganda contra la homofobia en nuestros medios de comunicación masiva de “abrumadora”, un “bombardeo”, una “conferencia magistral”, elemento que identifica con tazas alarmantes de discriminación. 

Más adelante Mena miente –y flaco favor hace la mentira al socialismo– al afirmar que en la Cuba revolucionaria no proliferan los odios, cuando es de todos sabido que las UMAP y la parametración existieron, fueron la expresión de un machismo secular que contaminó nuestro proyecto social por varios años y cuyas heridas todavía no sanan del todo. 

Por último, Mena intenta definir a las personas no heterosexuales como ajenas al tejido de la sociedad cubana. Una familia por él imaginada como absolutamente heterosexual y ajena a la diversidad es ofendida desde las pantallas con una subtrama de la telenovela de turno. Los equipos médicos que prestan ayuda solidaria en el extranjero son la expresión más acabada de nuestro ideal social, y, ¡claro!, en esos equipos todas las personas son heterosexuales.

En fin, todo el artículo es un resumen magistral de los gastados argumentos de quienes no tienen el valor de reconocer públicamente su temor a lo diferente, de quienes no quieren ver que las personas no heterosexuales salimos de las mismas familias cubanas e integramos la misma fuerza laboral que construye la riqueza del país día a día. No puede haber peros a la apertura de “más espacios para la lucha contra la homofobia, transfobia y otras fobias”, porque el objetivo final de Cuba debe ser “el culto a la dignidad plena del hombre”, y a mujer, añado yo, no el displicente perdón de la mayoría a la diferencia. No basta con que en Cuba no se condene a muerte por los actos homosexuales, luchamos porque a orientación sexual y la identidad de género dejen de ser causa de señalamiento, que dejen de valorarse sus derechos y necesidades como elementos de un lujo extraño, porque hay en el país “preocupaciones más urgentes en qué ocuparnos”. No hay en el soci
 alismo posible mientras algunos afirmen que la lucha contra la discriminación es superflua. 

Jesús Mena Aragon emula muy bien a quienes en la década del sesenta del siglo XX afirmaron que con conceder igualdad legal a las personas no blancas bastaba, que hacer campaña contra la discriminación racial solo incomodaba a la familia. Cicuenta años después nuestro partido hubo de reconocer que las diferencias raciales si marcan a la población porque no se atacaron los prejuicios de raíz. Hoy no caeremos en la misma tentación. Se reconozca o no la igualdad de derechos entre las familias homoparentales y heteroparentales en el nuevo Código de la Familia las personas no heterosexuales seguirán en las telenovelas, las noticias, en las calles, porque somos parte del tejido de la nación y tenemos derecho a andar por ella sin avergonzarnos de lo que somos. 

Un último detalle. En claro ejercicio de censura y violación de las reglas del debate social al que invita la plataforma del 5 de septiembre los comentarios sobre este texto no han sido publicados si no apoyaban al columnista. Eso, además de engaño a quienes navegan, es una falta de ética imperdonable. 

Por todas estas razones reclamo la amonestación del compañero Jesús Mena Aragon y de quienes en el equipo editorial autorizaron la publicación de tan irrespetuoso y contrarrevolucionario texto. Y uso el adjetivo a conciencia, pues considero que la prensa revolucionaria no puede hacerle el juego a expresiones de solapada homofobia típicas de la más reaccionaria ideología patriarcal. Si quienes integran la redacción de su medio no lo notan, quienes leemos se lo tenemos que señalar.

30 de julio de 2010

Las diferencias entre quienes sacan las cuentas

La noticia y su tono triunfalista no me dejan del todo pasmado, lo que me deja así es de quién parte una y otro, qué poca memoria queda de lo que se solía sostener hace muy poco tiempo. “El salario medio disminuyó en 0.9% y la productividad aumentó en 4.3%”. ¿Lo dice un malvado empresario burgués ante su junta de accionistas, orgulloso de su gestión? ¿Le cae arriba nuestra prensa, proclamándolo como demostración de los males del capitalismo explotador de los pobrecitos proletarios? No, lo dice la compañera Margarita González, nuestra Ministra de Trabajo y Seguridad Social, delante de la Asamblea Nacional del Poder Popular, que celebra en estos días una de sus dos sesiones anuales. Lo publica feliz nuestro Granma y varios otros órganos cubanos e internacionales.

La Comisión de Asuntos Económicos, que representa al pueblo cubano, realizó a continuación un “provechoso intercambio”. Espero que hayan recordado durante este intercambio del que no tenemos más detalles, que el salario del año pasado era, como lo ha reconocido públicamente el compañero presidente de nuestro Estado y Gobierno, Raúl Castro Ruz, INSUFICIENTE, obligando a las personas a completarlo por medios de todos los colores, incluidos los poco éticos. Espero que se haya revelado como necesario que bajaran un poco, más bien un gran poco, los precios de las mercancías que vende el Estado en tiendas de todas las monedas, para hacerlos más asequibles al pueblo, excepto el exiguo puñado de alimentos subsidiados del racionamiento “de la libreta”. Espero que en ese intercambio hayan saltado especialmente los miembros de la Central de Trabajadores de Cuba. Espero que la conclusión final haya sido (no lo sé, no puedo saberlo si no lo publican) que está bien que la productividad del trabajo haya subido más, pero que no está bien que la variación del salario sea en la dirección de apretar más las necesidades de las personas.

La Asamblea ha proseguido, los organismos del Estado son juzgados según los informes que ellos mismos elaboran sobre su trabajo. Las mejores esperanzas de que aparezca algún análisis verdaderamente crítico vienen solo cuando Raúl se anima y pone el dedo en alguna llaga. Mientras tanto, seguimos echándole la culpa al bloqueo de que en las tierras (no entregadas a particulares) siga creciendo el marabú.

Donde dice tierras, léase también talleres y servicios. Dice un rumor que parece que está en estudio cooperativizar los paraderos de guaguas, seguramente el Estado aseguraría el combustible y les vendería las piezas de repuesto. Teniendo en cuenta que los pocos operadores particulares autorizados de transporte público andan con camiones de los años ´50, pienso yo que la idea es buena. Esto es, si se hubiera puesto en práctica por ejemplo en 1985, todavía hoy anduvieran aquellas guaguas Ikarus, y el país se hubiera ahorrado cientos de millones de dólares en importaciones de todo lo demás que ha rodado por nuestras calles desde entonces hasta ahora; en piezas de repuesto robadas y en combustible sustraído de las terminales. Es posible que se opongan los funcionarios que centralizaban el manejo de la divisa para todas esas compras y viajaban por Praga y por París y Londres y San Petersburgo y Beijing a ver suministradores y equipos y discutir ofertas y negociar con vendedores dadivosos. Funcionarios cuyo salario, sin duda, no disminuyó este año.