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4 de agosto de 2011

¿La cultura no tiene momento fijo?

Tags: Cuba, cultura, TICs, enajenación, literatura, música

El otro día iba yo en un ómnibus de la ruta del P4. Atestado, a la hora en que
mataron a Lola, en una de estas radiantes tardes de verano. Las personas, que
luego de haber esperado largo tiempo en distintas paradas, se habían podido
subir superando a otros menos pujantes en las consiguientes moloteras, no iban
de buen humor. Casi todos estresados, acalorados, pensando seguramente mal del
gobierno, por lo menos del ministerio del transporte. Y yo, no.

Yo, desde que llegué a la parada, había sacado mi librito de cuentos de
Junichiro Tanizaki. Relajadamente me había puesto a leer, abstrayéndome del mal
ambiente. En el momento de llegada del ómnibus, aplicando las lecciones del arte
marcial oriental, conseguí que la fuerza de los demás fuera la que me hiciera
entrar por la esquiva puerta. Agarrado de cualquier forma a un tubo con una
mano, seguí disfrutando de los ambientes de geishas, samuráis y valles sembrados
de arroz, en lo que unas mujeres prorrompían en obscenidades a mis espaldas, en
ardiente discusión por un asiento de embarazada. Yo, abstraído. Unos señores
mayores más adelante, vomitando sapos y culebras posteriores a un intercambio de
empujones, y la magia de la literatura me las transformaba en haikus. El chofer
enojado denostando a los morosos en el pago con frases poco pedagógicas, y yo
abstraído, pensando en cómo contarle a mis amigos, aficionados a la lectura como
yo, el singular romance de Flor de Cerezo en Primavera.

Qué culto, qué buena manera de aprovechar el tiempo, eh. Si lo presento así,
claro, según la filosofía de algunos periodistas intelectualosos de nuestros
medios nacionales. Ahora, cambiemos algunas palabras.

Literatura, por música. Libro, por dispositivo reproductor MP3 o audífonos de
celular con la prestación cancionil (ojalá, eh). Junichiro Tanizaki por Elton
John, Vivaldi, Michael Jackson, Enya, Buena Fe o Los Aldeanos. Amigos
aficionados a la lectura, por seguidores de una cuenta -soñada, por ahora- en
alguna red social.

Ipso facto, puedo visualizar los ceños de aquellos periodistas de ahorita, cómo
se fruncen. Ya no verían el abstraído, distraído, soñador, que practica aquello
de que la cultura no tiene momento fijo. Ahora verían a un obtuso consumista,
que pierde las oportunidades de estrechar relaciones reales con las personas de
verdad, para refugiarse en un mundo ficticio, y enajenante.

Consecuentes e inconsecuentes por igual, que me perdonen si prefiero cualquier
mundo al de aquel P4 a la hora a la que mataron a Lola.

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El enemigo brutal

[tags Cuba, Raúl Castro, democracia, debate, socialismo, imperialismo,
burocracia, contrainteligencia, contrarrevolución, lineamientos, sociedad civil,
Rogelio M. Díaz Moreno]

Cuando Raúl Castro dejó pasar el 26 de julio sin considerar que valiera la pena
pararse en el estrado a decir algo que no fuera interesante, y mandó en su lugar
a Machado Ventura, yo tuve la esperanza de que se estuviera reservando para la
Asamblea Nacional del Poder Popular, como ya hizo una vez. En efecto, el pasado
lunes, en el espacio institucional preferido por él, el General en Jefe puso a
todo el mundo a alucinar con su discurso.

Más allá de la bomba de la reforma migratoria, de la que no sabemos mucho en
realidad, o de la anécdota de la justa restitución de la compañera afectada
aparentemente por prejuicios antirreligiosos, a mí me motivó de manera singular
el significado del pronunciamiento de Raúl, cuando dijo literalmente, "Más de
una vez he expresado que nuestro peor enemigo no es el imperialismo ni mucho
menos sus asalariados en suelo patrio, sino nuestros propios errores". Fíjense
si fue literal, que lo puse aquí copiando y pegando de la versión publicada en
Juventud Rebelde. Y de esa concepción, y de las ideas que giran alrededor de
eso, se pueden sacar conclusiones que no cabrían en muchos folios, mucho menos
en este reducido escrito. Eso sí, empiezo por advertir que no me voy a cansar de
sacarle lascas a esa frase.

Porque si ya nuestro peor enemigo no es el imperialismo –y sus subordinados
locales-, sino otro, urge dedicar al combate contra ese otro enemigo mayor los
recursos de la nación que sean necesarios, en cuantía mayor aún que los que se
dedican a la lucha contra el viejo enemigo que ya no es el mayor. Que no es poco
decir: para empezar, contrarrestar la amenaza imperial es la principal tarea
asignada en Cuba a las Fuerzas Armadas. También la mayor organización de masas
de nuestro país, los Comités de Defensa de la Revolución, con 7 millones de
afiliados más o menos, ubican en esos viejos enemigos su razón principal de
existencia. De ministerio en ministerio se contempla un panorama uniformemente
belicoso: todo el sistema educacional está montado sobre una ideología que
repite hasta el cansancio la necesidad de ser antimperialistas; el sistema de
Salud Pública circula documentos rectores donde se señala con más saña a la Casa
Blanca que al dengue; las instituciones culturales parecen deslomarse
defendiendo la humanidad, y esos son los que uno más conoce.

Así que si se va a ser consecuente con lo que dijo el Presidente, hay que
dedicar recursos a combatir "los errores" con mayor prioridad, energías y
dedicación aún que lo que se les dedica al viejo enemigo, porque ahora el nuevo
representa un peligro mayor para la sociedad cubana y el socialismo que se
anhela. Y no debe ser sencillo concebir, o dirigir, fuerzas más poderosas que el
Ejército, el Gobierno, el Estado todo, enfocado contra ese nuevo enemigo. Si de
veras se reunieran fuerzas de esa magnitud, de verdad que pobrecito el nuevo
enemigo, lo van a hacer puré de talco. Más aún, teniendo en cuenta que,
teniéndolo aquí adentro, cerquita, no tendrá para dónde escapar o dónde esconderse.

El quid está… bueno, hay muchos quids, y están en muchas partes. Para empezar,
el Presidente tiene que usar un lenguaje políticamente correcto. Yo, que soy un
pelagatos, me puedo tomar mayores libertades. Para empezar, puedo señalar que
donde Raúl dijo sólo "los errores", va todo el contenedor de otros agentes que
ha señalado en otras ocasiones, cada vez más descarnadamente. Para ilustrar, y
usando otros términos de este mismo discurso: "la resistencia burocrática, la
barrera psicológica formada por la inercia, el inmovilismo, la simulación o
doble moral, la indiferencia e insensibilidad y que estamos obligados a rebasar
con constancia y firmeza".

Cuando usted pone estos elementos en conjunto y constata cómo han conllevado a
todas las distorsiones presentes en la sociedad cubana actual, se da cuenta de
que no son simplemente "errores", o el fruto de la improvisación, o el
descontrol. El quid está en que casi todo eso es parte de la estrategia,
premeditada o espontánea pero inevitable, de una clase que aspira a enraizarse
parasitando el organismo republicano, bajo la etiqueta socialista o capitalista,
da igual, con tal de mantener ellos y sus descendientes todos los privilegios
alcanzables mediante la administración de todos los recursos e instituciones que
caigan bajo su mano.

Esta clase es la responsable de la resistencia que ha llevado a Raúl a expresar
decenas de veces, con rabia contenida, cómo los distintos acuerdos y propósitos
que podrían representar avances en la construcción de la sociedad soñada, quedan
engavetados, relegados, contenidos mediante murallas de justificaciones,
aplazamientos, golpes de mano de una burocracia ducha en la guerra de desgaste.
Esta clase, que llamamos burocracia a falta de un término mejor, constituye ese
enemigo que es el mayor de los enemigos para el pueblo cubano trabajador, más
que el imperialismo y sus acólitos. No son simplemente los errores porque, como
sabemos, casi nunca son realmente errores. Para seguir aprovechando el discurso
de Raúl, ¿acaso fue un "error" la medida tomada con la compañera cuyo caso se
refirió en esa ocasión?(1) Podemos estar seguros que la expulsión de esa
compañera fue absolutamente intencional; que los que se vistieron de
comecandelas criticando su condición religiosa pretendían sacarla del paso con
el pretexto que fuera, pues desde hace buen tiempo en nuestro país, está
bastante claro que las creencias filosóficas particulares de las personas, su
voluntad para practicar o no los ritos de cualquier religión, son una parte
inseparable de sus más elementales derechos. Así que aquí tenemos simplemente a
unos funcionarios inescrupulosos, poseedores de determinada posición de poder,
incómodos con una persona por X motivos, que se deshacen de esta con una excusa
que ni ellos mismos se la creen. Y también tenemos que las estructuras de
reclamación intermedias participan del mismo pastel, pues no corrigen la
arbitrariedad. Como tampoco fue un "error" la expulsión del destacado
intelectual, Esteban Morales, del PCC, ya afortunadamente rectificada. Como
tampoco es un "error" que la industria nacional no acabe de asumir la producción
de cientos de productos –implementos deportivos, instrumentos musicales, útiles
del hogar y otros, para mencionar solo los casos que han salido por el noticiero
de televisión, sino que en lugar de ello, funcionarios viajan año tras año a
firmar contratos con suministradores extranjeros, granjeándose comisiones y
otras prebendas. Como tampoco fue un "error" la importación de aquella máquina
barredora de nieve. Como tampoco fue un error el estancamiento del proceso
llamado del Perfeccionamiento Empresarial. Como tampoco son simples errores la
incapacidad nata de las estructuras de Acopio para hacer frente a la recolección
y comercialización de la producción agropecuaria –detrás de cada campesino que
perdió una siembra de arroz ya madurada, hay un soborno que no se pagó al que
trapichea con las máquinas cosechadoras. Como tampoco fueron simples errores los
del relajo formado en Cubana de Aviación; las arbitrariedades y desfalcos
cometidos al fragor de la llamada Batalla de Ideas, y muchos otros más de cada
rama económica y social del país que los especialistas pudieran explicar.

Hay entonces una fauna mucho más poderosa y malévola, detrás de lo que se
califica, por el momento, como "errores" y como "la resistencia burocrática, la
barrera psicológica formada por la inercia, el inmovilismo, la simulación o
doble moral, la indiferencia e insensibilidad". Todo eso es lo que constituye
hoy un enemigo para el socialismo en Cuba, más grande que el mismísimo imperialismo.

Y si con el imperialismo nos consideramos en una especie de guerra permanente,
por la cual forzosamente no se puede vivir en las mismas condiciones que
cualquier otro país que viva en paz, qué decir del enfrentamiento con esa otra
clase enemiga. Siendo un enemigo más infame, por cuanto apuñala por la espalda
las esperanzas de sus compatriotas. Estando tanto más cerca por cuanto que está
en nuestro mismo suelo patrio. Obviamente nos ha hecho tanto o más daño que
aquel otro, el que está por lo menos a una distancia definida de noventa millas.
Y con una astucia maquiavélica, el enemigo más cercano ha conseguido que casi
siempre se culpe de todos los males, hasta ahora, al más lejano. Si hay algo de
lo que carece el pueblo –pero no ese enemigo cercano- es culpa del enemigo
lejano. Si los trabajadores simples no pueden tener internet, viajar por el
mundo y regresar a su patria, ejercer derechos elementales con sus pertenencias,
con sus iniciativas, sus energías, sus propias vidas –teniendo el enemigo
cercano acceso a todo eso- es culpa del enemigo lejano.

Para evitar que ese enemigo cercano siga emponzoñando a muerte nuestras
existencias, se requiere profundizar, radicalizándolo mucho más, el proceso de
modernización del sistema cubano. Hay que hacer mucho más que liberar ciertas
formas de trabajo por cuenta propia, y repartir tierras, y permitir el ejercicio
de algunos derechos de propiedad. Hay que hacer mucho más, porque tomar
decisiones como vender pedazos de país sin deliberación popular es
extremadamente peligroso. Por muchas razones y necesidades acumuladas, es que el
proceso de rescate nacional tiene que ser radicalizado. Radicalizado, esto es,
llevándolo a la raíz, al pueblo trabajador. Trabajadores obreros, estudiantes,
campesinos e intelectuales, todos recuperando la sociedad que una vez intentaron
construir para sus hijos. No hay que innovar tanto en realidad, no en cuanto a
los principios básicos al menos, porque algunos clásicos del marxismo como Rosa
Luxemburgo y Lenin en sus mejores tiempos, ya indicaron cómo el camino soñado
pasa por la democracia en la toma de decisiones y el nombramiento de todas las
autoridades, revocables en todo momento; libertad de expresión, la transparencia
de la gestión y rendición de cuentas de todos los niveles de autoridades
necesarios y legalmente establecidos al pueblo al que deben representar y, sobre
todo, servir.

Nadie crea que el enemigo cercano va a abandonar las posiciones de poder y los
privilegios que conllevan, sin una lucha mortal. Cuando, previa a la
intervención de Raúl, Marino Murillo hizo su informe sobre la economía cubana,
que lamentablemente no se encuentra fácilmente en la web, habló de volar en
pedazos ciertas estructuras burocráticas que se interponían en el camino de la
producción de los campesinos y el mercado del turismo. Quiero creer que esa es
una señal de la comprensión que se está imponiendo acerca de la única manera
posible de lidiar con la burocracia. Quiero creer en las palabras de Raúl cuando
repite que nadie estará por encima de la ley. Pero sobre todo, quisiera que se
acabara de tornar evidente para todos, que la lucha contra el enemigo cercano no
se puede llevar a cabo sin las fuerzas adecuadas, que tienen que resultar
necesariamente otras que no se encarrilen por los mismos mecanismos de la
burocracia y el paternalismo interesado; la lucha tiene que ser en posiciones
que no sean las escogidas y preparadas durante muchos años por el enemigo. El
poder del pueblo trabajador, expresado en la voz del pueblo, debe encontrar su
manifestación en la acción revolucionaria de obreros, campesinos, intelectuales,
disponiendo y administrando los medios de producción material y espiritual en
los que laboran, directamente, sin intermediarios de fidelidades problemáticas.

Tengo la convicción de que solo si se sigue este camino, podremos vencer a los
peores enemigos, y nuestro triunfo sobre ellos nos permitirá dar un salto
colosal hacia el proyecto soñado.

(1) Se omitió el nombre y la localidad de esta persona. Raúl explicó que ciertas
autoridades la habían removido de su puesto apoyándose de manera indirecta y muy
ladina en su condición religiosa; y su reclamación no fue escuchada por las
instancias de revisión hasta que no se dirigió a las Oficinas del Presidente del
Consejo de Estado.

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25 de julio de 2011

La tierra, la escuela y la casa en el universo paralelo

Tags: Cuba, universo paralelo, debate social, agricultura, educación, vivienda

En el Universo Paralelo del que hablo de vez en cuando consiguieron mi dirección de correos y me mandaron otra actualización. Ahora me cuentan que ellos también tuvieron situaciones parecidas a las nuestras en el asunto de las tierras improductivas, las educación y la vivienda, y cómo las abordaron.
 
Lo primero fue que no esperaron tanto tiempo. Sí, porque ellos parece que se toman en serio eso de resolver los problemas sin esperar que pasen años y años y quinquenios y décadas; los funcionarios se sienten obligados a pedir disculpas cuando no resuelven los problemas, y a mantener una contabilidad del daño producido a la sociedad por la no solución pronta de los nudos –vaya, que practican eso de representar y servir a la gente. Allá, como aquí, había un dirigente que recalcaba que los campesinos  independientes producían las dos terceras partes del alimento, con menos de la cuarta parte de la superficie supuestamente cultivada y demás recursos agrícolas; en vez de dejar al hombre predicando en el desierto durante 20  o 30 años e insistir todo ese tiempo en el discurso de la conciencia, la disciplina y el control, tiraron más tempranamente el equivalente a nuestro Decreto 259, repartiendo la tierra improductiva entre los que verdaderamente tenían la voluntad y capacidad de desbrozar el marabú y meterse en el surco para hacerlo parir. De paso fueron un poco más integrales, pues le garantizaron al productor un mercado de aperos y demás insumos necesarios a precios, no subsidiados pero sí bastante menos exorbitantes que los de acá. Finalmente, cogieron el toro de la comercialización por los cuernos, desintegrando su equivalente a nuestra estructura de Acopio que dejaba, como la nuestra, perderse cada cosecha un poquito grande, y la sustituyeron por mecanismos autónomos, que combinaron elementos públicos –fiscalizados por el Estado pero evaluados por la Sociedad Civil– y privados, de manera que unos y otros aportan sus mejores ventajas a la hora de ejecutar con eficiencia una tarea, y promover el beneficio del consumidor.
 
De esta manera, capearon mucho mejor que nosotros las sucesivas crisis que también caen en los sistemas estelares distantes. Con el aumento de la producción alimentaria local, casi se autoabastecieron en la mayoría de los renglones, y no necesitaron hacer desembolsos millonarios en la importación de productos obtenibles localmente. Los recursos que no se perdieron por esa vía, pudieron emplearse en el desarrollo económico y social, con énfasis en la educación.
 
En particular, atendieron a los maestros. Aunque se adquirió un número de medios audiovisuales, a nadie se le ocurrió que pudieran sustituir a los docentes. A éstos los remuneraron mejor, y se les ofrecieron otras recompensas como facilidades de reservas hoteleras –estas, sí subsidiadas–, círculos sociales recreativos, acceso a disfrute de espectáculos culturales, etc. El Sindicato de los educadores tenía un papel activo e iba gestionando las distintas variantes, atendiendo las indicaciones de los niveles inferiores, que no descuidaron tampoco el atender necesidades básicas de viviendas, salubridad... De esta forma, los mejores educandos de cada generación se sentían atraídos loo suficiente como para aportar una fracción significativa al relevo laboral, y no aparecieron problemas demasiado agudos de falta de maestros. Trabajando con más sentido común y mirando el bien de la nación, se busca continuamente la manera de elevar la calidad y el rigor en la enseñanza. Los exámenes, que no se han dejado de aplicar nunca, muestran que no todos los muchachos y muchachas le ponen el mismo ahínco al estudio, y decantan inexorablemente los caminos que siguen según el esfuerzo invertido de cada uno. No se cayó en el idealismo de que todos fueran a la Universidad, ni priorizar en esta las carreras de Humanidades. Hermosas e importantes como estas resultan, creen los habitantes de aquel Universo que se desarrollarán mejor en un ambiente con una base productiva asegurada con suficientes obreros, técnicos y especialistas de las ciencias exactas.
 
Y por último, me contaron que en aquel lejano sistema solar no aplicaron todos esos controles a las viviendas de las personas (o los derogaron poco después de verificar su inoperatividad), que generaron otras tantas ilegalidades y sobornos a los incontrolables oficiales de la Vivienda. Las personas administraron la propiedad de su inmueble como mejor les pareció, con la única salvedad de cuando se involucraban menores u otras personas dependientes, caso en que la fiscalía local corría de oficio con el deber de asegurar que no salieran perjudicados. Esto no resolvió de por sí las tensiones e insatisfacciones, pero canalizó un número de alivios y soluciones de la manera más sencilla y expedita, a la vez que el Estado recaudó una suma no desdeñable en impuestos sobre las transacciones y se ahorró los salarios de los chupasangres de las oficinas de Vivienda.
 
Las cosas de ese Universo Paralelo, ciencia ficción pura.

17 de julio de 2011

Más disquisiciones alrededor de una polémica relativa a la información y la participación en una Revolución

Tags: burocracia, censura, Cuba, democracia, Erasmo Calzadilla, manipulación, Periódico Granma, Raúl Castro, Rogelio M. Díaz Moreno, totalitarismo, Havana Times, Observatorio Crítico, Anneris Ivette Leyva, socialismo, participación, periodismo, Enrique Ubieta
 
A contrapelo de la regla general que establece que los artículos de un diario no poseen sino una efímera validez, todavía es posible revivir cierta conmoción ante el material publicado por el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, el periódico Granma,en su edición del 8 de julio pasado (1). Se recordará que en dicho material, la periodista Anneris Ivette Leyva manifiesta su asombro y rechazo por la actitud de la gran mayoría de los sectores oficiales, institucionales y gubernamentales, que bloquean y obstaculizan el cumplimiento del deber de los profesionales de la información, esto es, ofrecer al pueblo los hechos y realidades de su vida cotidiana. La reportera ofrece varios ejemplos de los trabajos que pasan sus colegas para cumplir sus más elementales deberes, y reclama el cambio de actitud ya exigido por el compañero Raúl Castro Ruz en varias ocasiones, de eliminar los secretismos excesivos que solo sirven para esconder responsabilidades mal desempeñadas, en tanto la población sufre las consecuencias.
 
Es verdad que a la periodista se le escapa reconocer que ella y sus compañeros no fueron todo lo agresivos que podían haber sido, pero ante la montaña de dificultades que enumera, cualquiera puede comprender que de pretender saltarse los mecanismos pasivos de censura les iban a caer arriba los activos, y las personas tienen familias que mantener, carreras que proteger, etcétera, etcétera, para jugársela de esa manera por fuera de los canales y vías establecidas. Tal cúmulo de obstáculos para la labor periodística solo puede removerlo la voluntad del más alto nivel político, como ha comprendido cabalmente el compañero Presidente, Raúl Castro, quien ha llamado a poner fin a tal estado de cosas en los términos más severos en más de una oportunidad (2).
 
La labor sostenida por los profesionales de la información hasta el momento no cuenta para nada con la admiración del General en Jefe, quien ha tenido para ella las expresiones menos halagüeñas. En el Informe al VI Congreso del Partido, se recordará, el también Primer Secretario se refirió al "hábito del triunfalismo, la estridencia y el formalismo al abordar la actualidad nacional" de los medios nacionales, tachando sus materiales como "aburridos, improvisados y superficiales". (3)
 
Aplicado a un equipo de pelota, sería como decir que no batea, comete errores a la defensa y a sus lanzadores le entran a palos. La diferencia está en que lo que está en juego es mucho más que un título de la Olimpiada. Lo que está en juego, en palabras del mismo compañero Raúl, es "el esfuerzo de generaciones enteras, desde el indio Hatuey (...) hasta Fidel, que nos ha conducido genialmente por estas situaciones tan complicadas desde el triunfo de la Revolución" y queda muy poco tiempo para arreglar los problemas acumulados por decenios de errores, indisciplinas, autoindulgencias y deformaciones de los ideales y proyectos de la Revolución: "O rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos". (4)
 
A pesar de lo anterior, o más bien como ilustración del fenómeno, muchas fuerzas retorcidas andan sueltas tratando de carcomer la cadena que sienten que se les está tendiendo a los intereses espúreos que constituyen el mayor peligro para nuestra Revolución, factores muy bien identificados en otro histórico discurso del compañero Fidel Castro, el 17 de Noviembre del año 2005. Y no son despreciables estas fuerzas negativas, por el contrario, tienen recursos y un nivel de penetración en el campo revolucionario que les permitió lograr, así fuera de manera temporal, la separación de un intelectual y comunista del calibre de Esteban Morales, de las filas del PCC. El respetado pensador y militante interiorizó de manera ejemplar el llamado de Fidel en aquella ocasión:  "Debemos estar decididos: o derrotamos todas esas desviaciones y hacemos más fuerte la Revolución destruyendo las ilusiones que puedan quedar al imperio, o podríamos decir: o vencemos radicalmente esos problemas o moriremos" y redobló sus esfuerzos de análisis y denuncia, sin esperar el permiso u orientaciones del nivel superior5. Fuerzas oscuras se sintieron atacadas, e intrigaron hasta lograr que se sancionara a Morales con la pérdida del carnet del Partido, sanción escandalosamente injusta que hace poco fue reivindicativamente retirada por una comisión de apelaciones.
 
Aunque el ejemplo de Esteban Morales es el más visible, después de un instante mínimo de recapitulación y análisis se puede reconocer un buen conjunto de grupos y factores pugnando por participar en las definiciones sociopolíticas de la sociedad cubana de manera refrescante, renovadora y, definitivamente, decantadas hacia aquel socialismo que no se deja de soñar, aquel que garantiza y potencia los más altos niveles de libertad, democracia y participación popular en la construcción del bienestar común. Tales elementos están marcados por el hecho de engendrarse sin la ayuda, más bien en contra de las condiciones de un sistema burocrático y dogmático que ha conseguido un estado funesto de enajenación de una parte significativa de los cubanos, que lo mismo se manifiesta en el divorcio entre las bases y la presidencia de una importante organización de masas6, que en los elevados niveles de emigración de la población cubana -reflejada en las estadísticas de la ONE- que busca en otras latitudes las oportunidades y flexibilidades que no encuentra en su terruño, a pesar del altísimo costo personal que implica la salida definitiva del país. Obviamente, esta burocracia busca desalentar y reprimir por todos los medios a su alcance las manifestaciones de protesta, análisis independiente y cuestionamiento revolucionario de sus mal enquistados poderes y representaciones. La enemistad de esos poderes es temible, pues pueden hacerle la vida un yogurt a sus enemigos, privándolos del trabajo, accesos a medios públicos e informáticos, posibilidades de viajes al extranjero y toda forma de reconocimiento social, en la más tradicional actitud ya conocida en los años del Quinquenio Gris y los regímenes estalinistas y del llamado Socialismo Real en Europa Oriental.
 
Con muy poco a su favor, nada más que el valor, grupos como Havana Times y el Observatorio Crítico (HT, OC) se empeñan en no dejar caer el reto de participar en la vida sociopolítica del país para convertirlo en un lugar más luminoso, más libre, más socialista. Son un producto de su tiempo y sus limitaciones, compuesto fundamentalmente por personas jóvenes que abren los brazos a las experiencias de todos los que han propulsado en el pasado y en el presente, el crecimiento de un Socialismo Participativo y Democrático. Como todas las personas honestas, desean que cambien las cosas que perjudican al país, así que empiezan a combatirlas por medio de la palabra, de la denuncia, sin esperar por otras orientaciones cuyo nacimiento es muy improbable en el seno del aberrante mecanismo que generó esos problemas en primera instancia.
 
Como personas mayoritariamente jóvenes y ocupándose de ganar la vida honradamente en trabajos socialmente útiles vinculados con la producción y la prestación de servicios al pueblo, no alcanzan por supuesto los niveles académicos y de visibilidad e influencia de alguien como Esteban Morales -quien además tiene una genialidad poco frecuente-,  pero están ahí y ponen su granito de arena. Son también más fáciles de hostigar impunemente. Y como la burocracia otorga generosos créditos a quienes la sirven fielmente, pronto surgen asalariados de las letras que apuntan los cañones contra los grupos que le amenazan, a manera de introducción de posteriores represalias.
 
Lo más penoso del caso actual es que el que lleva la voz cantante en los ataques contra HT y OC es uno de los que debieran sentirse avergonzados por la azotaina propinada por el Primer Secretario del Partido, cuando pronunció aquellas sentencias en la clausura del VI Congreso respecto a la prensa nacional. Como periodista de un medio oficial, Enrique Ubieta participa de las deficiencias de estos medios y su incapacidad para estar a la altura que le exigen los tiempos y las necesidades del proceso revolucionario. En lugar de llenarse de vergüenza, como debe hacer alguien que se considere un verdadero revolucionario cuando lo ponen de vuelta y media, Ubieta se dedica a mirar por encima del hombro a Erasmo Calzadilla y demás compañeros, a lanzar invectivas y acusaciones contra ellos y convocar de tal forma a los demonios de la Inquisición.
 
Todo esto ocurre en los momentos en que, como se evidencia en el artículo de Granma al que nos referimos al principio, se efectúa una confrontación estratégica entre la burocracia y los sectores intelectuales o simplemente conscientes que se proponen recuperar para el pueblo el ejercicio de los derechos de la información, de la crítica revolucionaria, del análisis sociopolítico sincero y profundo de las realidades de nuestro país, incluyendo los problemas que afectan al pueblo, como eje central del esfuerzo que se realiza para la superación de esos problemas. En vez de aportar sus capacidades en este épico esfuerzo, Ubieta las enfoca más bien en la descalificación y el enlodamiento de algunos de los participantes, aquellos con relativamente pocas oportunidades de defenderse y por lo tanto más vulnerables a las zancadillas enemigas.
 
Los argumentos que usa Ubieta son pobres y tristes, pero como sabemos no se necesita mucho para justificar la práctica del ostracismo sobre una personalidad incómoda. Continúa machacando sobre la circunstancia del apoyo del estadounidense Circles Robinson al proyecto HT,  desdeñando como "absolutamente secundario" el hecho de que existen tremendas diferencias entre los distintos sectores del país norteño, como han explicado mil veces Fidel y Raúl . Todo lo que sea de allá "es malo"; para este periodista son lo mismo el Lincoln que liberó a los esclavos que el Teodoro Roosevelt del gran garrote; Henry Reeve que los invasores de Méjico; el senador MacCarthy que los esposos Rosenberg; el Ku-Klux-Klan que sus víctimas, y la CIA y los Pastores por la Paz.
 
Después de esto Ubieta realiza una serie de piruetas de lenguaje con frases sacadas de los materiales de Calzadilla, para intentar demostrar que este último se encuentra del lado incorrecto de la antinomia Revolución-Contrarrevolución. Yo he leído con atención esos mismos materiales, y no veo una forma de llegar a tales conclusiones, no sin malas intenciones y propósitos previos de destruir. El hecho de que Calzadilla declare de modo explícito su desagrado con la derecha y con el capitalismo -como se evidencia en la mayoría de los escritos de estas fuentes- de nada le vale a Ubieta, quien ha decidido seguir refiriéndolo a una posición que a él le resulta más simple y abordable, una en la que lo puede tratar como al enemigo -con las tenebrosas consecuencias que ello puede conllevar.
 
De esta manera, Ubieta cree dejar la arena lista para que todos puedan ver que aquellos que discuten con él son títeres del imperialismo y agentes antisocialistas. Obviamente, el suyo es el único camino justo, pues comulga correctamente en todos los ritos donde otorgan los puntos de la prueba de "revolucionariedad": asumir disciplinadamente el gobierno como única fuerza anticapitalista (o socialista, que para Ubieta es lo mismo), apoyar la implementación de las medidas correctas, y defenderlo con mucha pasión. Hasta un rinconcito te dejarán para hacer tu pequeña crítica. Y todo, sazonado con las oportunas citas de Marx para demostrar lo despistados que andan los que se crean listillos en vez de doblar el lomo.
 
Ahora bien, resulta que la letra de esta canción –la de la condena al camarada que le da armas al enemigo y sirve, así sea involuntariamente, a los malos por su comportamiento anarquista-  la venimos oyendo desde hace muchos años. Y al son de esa música hemos venido bailando todo este tiempo, hasta llegar al borde del precipicio del cual alerta ahora el compañero Raúl. Se ahogaron las discrepancias en nombre de una unidad ficticia; a los que cometían el pecado de emitir notas disonantes, se les acalló en un intento vano de disimular las desgracias productivas, culturales e ideológicas de cada política errónea implementada en nombre de los más altos ideales; se premió en grado superlativo la habilidad para simular una imagen complaciente, más que la capacidad de obtener resultados concretos y valederos. Y mientras Fidel alertaba sobre los problemas presentes, reflexionaba Raúl con ironía y dolor en el discurso en la Asamblea, los demás "aplaudimos los discursos, gritamos viva la Revolución, y después las cosas siguen iguales".
 
De esta manera, a mí me cuesta trabajo comprender cómo alguien que blasona de un carácter de revolucionario en el grado en el que lo hace Ubieta, no esté del lado de los que critican y combaten estos males y deformaciones, sino todo lo contrario. Sería bueno encontrar una explicación de lo que estaba haciendo tan exaltado reportero mientras ahogaban al público en un pantano de "materiales aburridos, improvisados y superficiales"7. Y no es que no haya habido casos de otros periodistas, escritores e intelectuales que sostuvieron otras actitudes, admirables y admiradas, como las de José Alejandro Rodríguez, Alfredo Guevara, Fernando Martínez Heredia y el ya mencionado Esteban Morales. A estos yo sí les respeto su carácter revolucionario, que además no andan exhibiendo por ahí como si fuera un título nobiliario que les diera el derecho, por ejemplo, a ser libres y a tener acceso a Internet -cuando el 80% de la población cubana no lo tiene (estadísticas de la ONE). Estos aludidos han roto cualquier cantidad de lanzas contra los molinos de la burocracia, la desidia de instancias gubernamentales de todos los niveles, y se han arriesgado a pagar las consecuencias. Con sus estudios, sus escritos, críticas y condenas, demuestran que apoyar el Socialismo no consiste en ser incondicional de un gobierno integrado por personas con debilidades y vicios semejantes a los de los demás mortales, así como con virtudes y valores. En tanto este gobierno favorezca la fragua de una vía seria, democrática, hacia la libertad y el socialismo, se gana el apoyo y la confianza de las personas a las que debe representar y servir; las desviaciones, actos de corrupción y prepotencia deben ser combatidas de la manera más enérgica para evitar que nos acabemos de despeñar en la regresión capitalista después de un par de zancadillas del dogmatismo y el maniqueísmo. La labor de crítica, de análisis y promoción del debate intelectual es una tarea de primerísima importancia, y todos los que la asumen (Raúl Castro, Esteban Morales, Anneris Ivette Leyva, y también figuras más modestas como HT y Erasmo Calzadilla) están desempeñando con ella un trabajo capital. Para un revolucionario, la situación de obstaculización de este trabajo que describe la periodista (Ivette Leyva) en el órgano oficial del PCC debiera resultar intolerable, pero yo no he oído quejarse a Ubieta; si por casualidad existen poderosas fuerzas que no se lo permiten, entonces este no es tan libre como presume, y está mintiendo.
 
Notas:
 
1- ANNERIS IVETTE LEYVA, "El derecho a la información" http://granma.co.cu/2011/07/08/nacional/artic11.html
2- Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del Sexto Período Ordinario de Sesiones de la Séptima Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 18 de diciembre de 2010, "Año 52 de la Revolución"
3- INFORME CENTRAL AL VI CONGRESO DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA. http://www.cuba.cu/gobierno/rauldiscursos/2011/esp/r160411e.html
4- Discurso de Raúl Castro, el mismo que en la ref. 3.
5- Esteban Morales, CORRUPCION: ¿LA VERDADERA CONTRARREVOLUCIÓN?. http://www.uneac.org.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&tipo=noticia&id=3123
6- http://www.almamater.cu/sitio%20nuevo/paginas/universidad/2011/abril/presfeu.html
7- Correcto, eso dice el informe al VI Congreso.